Coco'sWords

Hablemos de todo un poco

Todos los huevos en una canasta

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Parecería que La Gran Recesión se ensañó contra nosotros. No obstante, en otros estados de la nación -Texas, por ejemplo-, la crisis a penas se ha sentido. Por el contrario, durante de los últimos cinco años, aquí hemos sido testigos de la casi extinción de la industria de la construcción, con el subsecuente incremento de la tasa de desempleo, lo que produjo un número sin precedente de casas expropiadas por los bancos, por sólo citar algunos de los efectos resultantes del desplome en el sector turístico, que es muy frágil si consideramos el impacto devastador que tienen sobre él eventos como el 9/11 o la “recesión” económica.

Del éxito del turismo, (gallina de los huevos de oro), depende en gran parte el éxito de la economía local. De ahí la vital importancia de “no poner todos los huevos en una sola canasta”, como reza el refrán popular, si no contar con varios renglones que aporten a nuestro desarrollo económico. Este concepto no es ignorado por estos lugares y es lo que conocemos como diversificación económica, gracias a la cual la ciudad de Austin, aproximadamente del mismo tamaño que Las Vegas, le ha ido muy bien en medio de esta debacle.
Austin cuenta, entre otros sectores, con: tecnología informática, negocios privados, servicios personales y gubernamentales (por ser la capital del estado de Texas), una rica vida universitaria aparte de una vibrante escena de bares y restaurantes.
Por largo tiempo se ha cacareado en Sin City sobre la urgencia de cambiar nuestro modelo actual, basado en el turismo, por uno que cuente con nuevas alternativas, como por ejemplo: la explotación de la energía solar, la edificación de planteles informáticos, a merced de la ausencia de desastres naturales o que más corporaciones muden sus casas matrices dentro de nuestra jurisdicción. Sin embargo, a pesar de tanto quiquiriquí, ni Las Vegas, ni Nevada han sido capaces de incubar proyectos concretos que logren ¡por fin! diversificarnos. Y, aquí entre nos, una se pregunta: ¿qué estaremos esperando?

http://eltiempolv.com/articles/2013/10/31/opinion/doc5272c84a83410416167337.txt

Las bibliotecas del Estado y el estado de las bibliotecas

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La segunda semana de octubre se celebró en Reno, Nevada, una de las dos reuniones anuales del Consejo Estatal de Bibliotecas y Alfabetización (State Council of Libraries and Literacy), el cual es responsable, entre otras cosas, de premiar -a través de subvenciones- las mejores iniciativas propuestas cada año por las bibliotecas públicas. La competencia por los fondos es feroz, ya que, al igual que los programas de alfabetización, los presupuestos bibliotecarios han sufrido recortes brutales en los últimos cinco años.
Pero como “la necesidad es madre del ingenio”, los directores de las bibliotecas se las han apañado para hacer más con menos. Con mucha perseverancia, que eso sí les sobra, estos hombres y mujeres han conseguido que sus instituciones sobrevivan, aunque para lograrlo hayan tenido que reinventarse. ¿Y qué es más representativo del espíritu de nuestro Silver State que la capacidad incansable para la reinvención, verdad?
A pesar de que tradicionalmente (y por error) las bibliotecas han sido percibidas como un lugar para tomar y devolver libros, hoy éstas operan como agentes al servicio de las múltiples demandas presentes en nuestra comunidad. ¿Le gustaría abrir un negocio y no sabe si un tipo de producto o servicio es requerido y/o está al alcance del bolsillo de tal o cual vecindario, quisiera aprender inglés, prepararse para el examen de ciudadanía, tomar clases por computadora, buscar trabajo usando la red? Todo esto lo puede hacer visitando uno de estos centros de conocimiento.
Imagínese, por ejemplo, que usted quisiera educarse sobre un tema en específico. Podría perder quince días buscando artículos a ciegas o podría ahorrarse tiempo pidiéndole a un profesional que lo ayude gratuitamente. ¿Qué haría?…
Et voilà!
Por eso la labor de estas entidades es invaluable, porque en un santiamén facilitan el acceso a la información, que para eso se han quemado las pestañas estudiando los empleados calificados que allí laboran. De ahí que, si bien a los voluntarios les ha tocado fungir el papel de sustitutos, no puedan reemplazarlos.
¡Qué bonito sería si los premios del concurso auspiciado por el consejo fueran suficientes para galardonar a todas a las bibliotecas! Y que más bonito todavía si éstas contaran con tanto apoyo gubernamental y privado que no necesitaran batirse por un puñado de dólares.
De momento, al menos, la competencia voraz ha servido de estímulo para generar nuevas ideas.

http://eltiempolv.com/articles/2013/10/24/opinion/doc5269885ef26d1954246941.txt

(Hergit Llenas es miembro del Consejo Estatal de Bibliotecas y Alfabetización del estado de Nevada desde hace tres meses).

Viaje a la fiesta de Globos en Albuquerque

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-¡Te va a encantar, chica!, me dijo Linda
-Hacía tiempo que quería ir a verla.
-¿Por cuántos días van?
-De viernes por la noche al domingo por la tarde. ¿Crees que es poco tiempo?
-Algo apretado, pero les alcanza si no hay brisa.
-Yo hubiera preferido tomarme una semana, pero Atena tiene un trabajo nuevo y no se atreve a pedir permiso.
-¿Y dónde está ahora?
-En A&B como directora de Relaciones Públicas.
-Ya, toma.
-¿Qué me has traído?
-El brochure del hotel, un mapa de Albuquerque y el calendario de actividades de la Fiesta Internacional de Globos. Es del año pasado, 2011, pero igual sirve para que te hagas la idea.
-¡Genial!
-¡Verás qué padre! ¿Qué día sales?
-El cinco de octubre.
-Toma muchas fotos. ¡Es tremendo espectáculo!, me dice con una sonrisa jocosa y se marcha.

Llegada la fecha, mi prometida y yo salimos para el aeropuerto con dos horas de adelanto. No nos topamos con mucho tráfico ni hubo una espera muy larga al pasar los puestos de seguridad en el McCarran International Airport, así que llegamos tempranísimo a la puerta de embarque que nos correspondía. Entonces, divisamos un bar cercano.
– ¿Una cerveza para matar el tiempo?, me propone la rubia platino.
-¡Claro!
Tres cervezas más tarde me siento muy relajada. Me voy a echar una siestecita en el avión, pienso. No obstante, un niño llorando y pateando en el asiento de atrás me arruinó el plan.

Aterrizamos en Albuquerque cerca de la medianoche. Nos anima descubrir el ambiente tan festivo, con globitos colgando por todas partes. La terminal era pequeña, fácil de caminar. Solo aquellos que veníamos en ese vuelo deambulábamos por el lugar, rompiendo el silencio con el eco de nuestros pasos. Detrás de los mostradores no había rastros del personal. Tocamos una campanita unas cien veces antes de que apareciera el representante de la compañía Rent a Car. Un señor calvo, con los ojos vidriosos, sale por la puerta del fondo, opuesta a la ventanilla de servicio. Era obvio que se acababa de despertar porque ostentaba sobre la mejilla derecha, como un sello, las marcas de algún tejido.
De inmediato, nos pide que firmemos aquí y allá.
-¿Cuál de las dos va a manejar?, pregunta.
-Ambas, dice mi media naranja.
-En ese caso, tendrán que pagar más, responde.
-¿Por qué?
-Para poder manejar dos personas el mismo vehículo, sin que les afecte la tarifa, tienen que estar casadas.
-O sea, ¿qué es un privilegio “exclusivo” para heterosexuales?, replica Atena, escribiendo con un gesto las comillas en el aire cuando articula la palabra.
Le doy un pellizco para que se calle, a sabiendas de que no se callará. Por mi parte, estoy demasiado cansada para ponerme a discutir sobre justicia social con el calvito de camisa arrugada. Me mantengo al margen del pleito.
El hombre dice: – Las reglas son las reglas.
No vale protestar, el contrato y sus términos, se quedan igual. Recogemos un coche de cuatro puertas y veinte minutos después llegamos al hotel.

El lobby lucía muy alegre. Estaba adornado, igualmente, con globos en miniatura. Tocamos la campanita unas cuantas veces. La recepcionista sale a recibirnos con las greñas alborotadas.
-Deme su identificación personal y tarjeta de crédito, por favor.
-Buenas noches, le dice Atena.
No le contesta.
Le doy lo que me pide.
-No encuentro su reservación, responde. ¿Me da su número de confirmación?
Tiro las maletas al suelo, abro la cartera. Hurgando, saco una docena de cosas antes de dar con la dichosa hoja. Mientras, la muchacha dice:
-Pos no tenemos cupo. Todos los hoteles de la ciudad están sold out. Este es un fin de semana muy busy, celebramos la Fiesta Internacional de balloons.

Mi amada está a punto de decir algo, cuando alargo el brazo y extendiendo el papel hacia la chica, quien luego se dedica a punchar y punchar el teclado por una eternidad.
Finamente, me entrega dos llaves y un bosquejo -que parece un laberinto- con las instrucciones de cómo llegar a nuestra habitación. Le doy las gracias. Recojo el equipaje, la cartera, las llaves, la confirmación y el mapa.
-Si es tan amable, llámenos para despertarnos en tres horas, le pide Atena.
-Okay.
Suena el ¡RING! y pego un brinco que me tumba de la cama. Estaba en el último de los sueños. El susto me deja con taquicardia. Nos alistamos de prisa, entusiasmadas. ¡Estamos locas por ver el ascenso de los globos en el alba!
De vuelta en la recepción alcanzo a ver unas cafeteras de aluminio contra la pared.
-Es un dólar por una taza, demanda una señora flaca. Le doy un billete de veinte.
-No tengo cambio, responde.
-¿Dónde puedo cambiar el dinero?
-Pregunte en la recepción.
La recepcionista tampoco tiene cambio.
-¡Qué se la va a hacer!, suspiro alejándome.

El minibús del hotel nos lleva al estacionamiento de donde parten los autobuses con destino al evento. Según oímos, unas cincuenta mil personas seremos transportadas por esta vía.
En la larga fila, observamos a la gente cargando sillas portables, mantas, múltiples envases térmicos y nos burlarnos de ellas. ¡Caramba! ¿Cuál es la necesidad de viajar con tantas cosas?…
Al rato, estamos montadas en el autobús con destino al campo. Allí, un valle inmenso es el hogar de cientos de canastas rellenas de telas multicolores que aguardan el momento para echarse a volar.
Titiritando de frío, caminamos alucinadas entre columnas y columnas de globos. Yo no le quitaba las manos de encima a la cámara fotográfica, con el dedo, cual gatillo, sobre el botón de disparar. ¡No me iba a perder por nada del mundo ese instante glorioso cuando una miríada sicodélica de esferas saliera flotando al unísono, como las voces de un coro, con la aurora de trasfondo!
El sol subió, pero los globos no.
– ¡¿Qué?!
-Que cancelaron el evento, señoras.
-¿Y por qué?
-Porque hay demasiado viento, ¿no ve?

Dimos más vueltas que un trompo antes de descubrir a las veinticinco, de las cincuenta mil personas, ya alineadas para regresar a la ciudad. Esperaban su turno sentadas en sus sillas plegadizas, arropadas en sus gruesas mantas de lana, calentándose con el té o el café que habían traído en sus envases térmicos. Atena y su servidora éramos, quizás, las únicas dos idiotas vestidas con unas finas camisetas de algodón en este descampado abatido por unas cortantes ráfagas más frías que el hielo. Mi valkiria me deja cuidando nuestro sitio en la cola y se marcha en busca de algo que pudiera calentarnos. Regresó con un cartón de papas fritas cubiertas de ese chile verde que tanto le encanta.
Nativa de San Antonio, Texas, creció comiendo picante. Yo, sin embargo, no estoy acostumbrada a eso. En definitiva, el chile nos eleva la temperatura, aunque brevemente. Tardamos dos horas y media para acceder al ómnibus que nos retornará a la ciudad.
Una vez en el pueblo, acordamos quedarnos despiertas. ¡Vamos a aprovechar al máximo! ¡Vamos a empaparnos de cultura local! Tomamos nuestro carro y nos vamos al centro.

Resulta que el comercio aún no estaba abierto. Los letreros aclaraban: abrimos a las 11.30 a.m. Miro el reloj, son las nueve de la mañana. Sin rumbo, como dos náufragas, navegamos las callecitas coquetas hasta que el primer restaurante abre las puertas. Muertas del hambre, nos lanzamos adentro de cabeza. Salvo las papitas, no le habíamos echado nada sólido al estómago desde el día anterior. Desayunamos el platillo más popular: carne de cerdo en chile rojo. La hartura nos pega durísimo. Inundada por un cansancio brutal, tiro la toalla:
-Vámonos a descansar.
-¡Excelente idea!, responde mi amazona.

Al anochecer teníamos planeado ir a ver El resplandor. Una de las revistas turísticas lo describía de la siguiente manera: “En la luz moribunda del poniente, incorporados sobre su llama fulgurante, brillan, cual lámparas chinas suspendidas en el espacio, una multitud de vejigas radiantes.”
A las cinco de la tarde estábamos de nuevo en pie. ¡Por fin veremos los globos!
De paso, paro en la tienda de la recepción para comprar un alka seltzer. Sin proponérmelo, me envuelvo en una conversación con Joanne, la dueña del local. Me cuenta algunas de sus experiencias como voluntaria de la fiesta. También, me recomienda que instale en mi teléfono el app con el programa de la misma.
-A fin de que te mantengas informada, porque si el viento sopla a más de diez millas por hora, la suspenden, ¿sabes?…
-¡Esta tecnología me hubiera servido tanto esta mañana!, gracias, le digo.
-Muchas gracias, repite Atena.
Casi al instante de instalar el app, me manda un boletín meteorológico: la velocidad del viento actual es de doce millas por horas.
-¿Qué piensas cariño? ¿nos vamos o nos quedamos?
-No sé.
– Vamos a preguntarle a Joanne.
Nuestra amiga nos dice que es muy probable que cancelen todo.
-Mejor nos vamos a ver tiendas, chula, ¿no?
-Sería una pena ir hasta las afueras en balde.
-¿Nos quedamos?
-Nos quedamos.

Anduvimos el casco viejo de punta a punta. Cuando los pies no nos daban para más, nos sentamos a cenar en un café al aire libre. El menú ofrecía una gama de platillos de tierra y de mar, la mayoría condimentados con chile.
-¿Sabe si suspendieron El resplandor?, le pregunto al camarero.
-Acabo de escuchar que se dio.
-¡Carajo, nos lo perdimos!, refunfuño mal humorada.
-Bueno, todavía tenemos mañana por la mañana, me consuela mi otra mitad.
-¡Es nuestra última oportunidad!

Imploro para que al día siguiente las condiciones del tiempo sean ideales.
Nos acostamos antes de las diez. Queremos estar descansadas cuando suene el teléfono a las cuatro de la madrugada.
Duermo apaciblemente, pero un dolor en las tripas me devuelve la conciencia. Un mugido quedo al principio, seguido de una serie de bramidos y cólicos feroces. Salgo disparada para el baño. Alcanzo a llegar con las justas, antes de que ocurra un vergonzoso accidente. No bien termino de desahogarme, empiezo a vomitar. El chile me sale a chorros, cual lava ardiente, por una y otra salida.
Me tiendo en el suelo, la frescura de las losetas me reconforta mientras abrazo la taza blanca. Luego me le siento encima y después la vuelvo a abrazar. En ese sube y baja me paso varias horas. Estoy empapada de sudor, -y de cultura- mi tez, normalmente rosadita, ha adquirido un tono amarillo verdoso. Botando chile hasta por los poros, trato de incorporarme, pero advierto que me faltan las fuerzas.
-¡Atena!, grito, creyendo que me voy a desmayar.
Atena abre la puerta con los ojos azules desorbitados.
-¡Muévete, muévete que estoy mal! vocifera empujándome, al tiempo que toma posesión del altar.
Nos turnamos.
A las cuatro llaman de la recepción. Arrastrándome, intento alcanzar el teléfono, mas no puedo, no sé para qué lo quiero, tal vez para pedir auxilio, no me acuerdo. Poco a poco me logro trepar en la cama. Creo que pierdo el conocimiento o me duermo durante intervalos de media hora.
He colocado el cubo de la basura al lado de la cama en caso de que tenga que seguir expulsando. Atena se ha enrollado al inodoro como una gata.
Eventualmente, enciendo la televisión. Los locutores de las seis anuncian, súper contentos, que soltaron los globos.
Quisiera ponerme a llorar, pero temo no tener suficiente líquido en el cuerpo para dos lágrimas.
¿Cómo haremos para soportar el vuelo sin descomponernos?, pienso en ese momento.

Invertimos cuarenta dólares en antidiarreicos para poder abordar el avión esa tarde.
Deseosa de ver, por lo menos, un globo volando, echo una ojeada esperanzada a medida que ascendemos. No obstante, aparte de unas cuantas nubes, no veo nada.

Crónicas de una mulata trotamundos
de Hergit Penzo Llenas
http://www.meridianoCoco.com

Racismo

NO_AL_RACISMO

Las actitudes racistas causan problemas en todas partes del mundo. Tomemos de ejemplo a México, donde por generaciones se ha tratado a la población indígena cual si perteneciera a un linaje inferior, marginalizada por los blancos quienes se apropiaron de sus tierras, -entre otras cosas- o el caso de los Estados Unidos, que no por tener un presidente afroamericano deja de discriminar contra la gente de color. De hecho, en las últimas semanas los líderes comunitarios de la Gran Manzana han acaparado la atención de las noticias nacionales en protesta contra la ley stop and frisk (o parar y cachear, si tradujéramos la expresión literalmente). Bajo el amparo de esta disposición, la policía neoyorquina tiene el derecho de sujetar e interrogar a cualquier individuo que considere sospechoso. En múltiples coberturas televisadas por CNN, los líderes reclaman que no es pura coincidencia el que los hombres hispanos y negros sean el blanco frecuente de este escrutinio policial, a menudo arbitrario. Por su parte, en Francia, la derecha continúa ganando adeptos gracias a los argumentos utilizados para convencer al votante del terror a la islamización de Europa. Igualmente, en la República Dominicana, una media isla en las Antillas habitada mayoritariamente por personas de piel oscura, se discrimina a los haitianos por ser “prietos”. En fin, existen actualmente incontables tensiones étnicas alrededor del planeta: entre chinos y tibetanos, palestinos e israelíes, españoles y norteafricanos, “gringos” y latinos, iraquíes y kurdos, negros contra caucásicos en Sudáfrica, y ahí mismo, lo opuesto.

Para buscar soluciones a este problema se han creado un raudal de propuestas internacionales. Una de ellas, ICARE , sirve de conector para 2000 entidades de este tipo en 114 países. Entre sus afiliadas, sobresale por su renombre y prestigio global, The United Nations Educational, Scientific, and Cultural Organization, conocida comúnmente por sus siglas en inglés como la UNESCO, la cual, a su vez, creo una iniciativa llamada la Coalición Internacional de Ciudades contra el Racismo, la Discriminación y la Xenofobia. Esta coalición es una red compuesta por alianzas regionales representadas en África, Asia, Europa, América Latina y el Caribe, el Mundo Árabe, Norteamérica y los Estados Unidos. Cada una de las ciudades sumadas a este esfuerzo ha dicho creer en el siguiente principio: “Las teorías de diferenciación racial son científicamente falsas, moralmente condenables, socialmente injustas y peligrosas, y no existe justificación alguna, teórica ni práctica, en ningún lugar, para la discriminación racial” (Coalición Latinoamericana y Caribeña de Ciudades contra el Racismo, Unesco). A fin de poner en prácticalo anteriormente expuesto, el grupo ha elaborado un programa de diez puntos que cubre áreas tales como la educación, la vivienda, el empleo y las actividades culturales. La implementación del proyecto, dicen, será ajustada de acuerdo al lugar donde se ponga en ejecución. El diseño de un modelo aplicable a la realidad de Latinoamérica y del Caribe se produjo en octubre de 2006 en la ciudad de Montevideo (Uruguay) y contó con la participación de La Habana (Cuba), Morón (Argentina), Panamá (Panamá), Quito (Ecuator), Port au Prince (Haití), Santo André (Brazil), Valparaiso (Chile) y la anfitriona misma, Montevideo. Desde entonces, otras 200 ciudades se han unido, incluyendo la ciudad de Santo Domingo (República Dominicana) donde nací y la cual visité recientemente.

Durante mi visita fui testigo de un caso de stop and frisk a la criolla. Un guardia de seguridad le cortó el paso agresivamente a un muchacho de rasgos negroides, quien caminaba por la acera de enfrente. ¡Por poco lo arrolla con la motocicleta que conducía cuando se le atravesó! El joven iba vestido con pulcritud y no hizo ningún gesto brusco ni cualquiera otra cosa que llamara la atención. Tras algunas preguntas, el “watchiman” lo dejo ir. Al pasarme por el lado, escuché decir al interrogado unas palabras incomprensibles, porque las dijo en patois (dialecto derivado del francés y mezclado con lenguas africanas) y entre dientes. Y eso fue todo, no protestó audiblemente, aunque si hubiera querido rebelarse no le habrían faltado razones, por el contrario, le habrían sobrado motivos. Y explico por qué. Para empezar, en Quisqueya no existe una legislación similar a la estadunidense que justifique detener a cualquiera solo por parecer sospechoso. Luego, en vista de que los vigilantes privados no tienen jurisdicción sobre las vías públicas, el motociclista carecía de asidero legal para cuestionarlo. Y por último, ¡el tipo no había hecho absolutamente nada, salvo pasar por la acera de enfrente! Por desgracia, esta clase de incidentes son muy frecuentes en mi país. Documentados o no, a nuestros vecinos haitianos se les dificulta acceder a las playas, a las discotecas, a los autobuses, así como al simple derecho de pasearse con tranquilidad por las calles dominicanas. El conflicto racial entre las dos naciones no ha cedido, a pesar de los diferentes pactos internacionales a los cuales ambas se han suscrito.

Beverly Mathis: Larger than Life

Beverly Mathis

Berverly Mathis: Un ser gigante

 Aunque retirada, Beverly Mathis continúa recogiendo comida  para  familias necesitadas, repartiendo zapatos entre los niños descalzos, colaborando en obras filantrópicas con sus hermanas universitarias de Delta Sigma Theta, sirviendo en la iglesia, entrenando voluntarios, llevando ancianitas al médico y viajando al otro lado del planeta para estar presente en la ceremonia de graduación de un ex alumno, quien la recuerda y le agradece aquel tiempo transcurrido en la escuela  cuando la luz de esta maestra iluminó para siempre su vida.

 A Beverly le queda de Tennessee  el hermoso acento sureño, y de las horas dedicadas a escuchar La Palabra  le ha quedado la entonación propia de los pastores: vibrante, cautivadora y  poderosa. Así, con esos mismos adjetivos yo describiría a toda su persona. She is larger than life.

Durante dieciséis años fue la directora de la escuela Kermit Roosevelt Booker , situada en el corazón de una comunidad pobre y como todo lugar estragado por la desigualdad social, afectado por mil tragedias: drogas, hogares rotos, desempleo y un nivel académico extremadamente bajo en los adultos y en consecuencia, también en los niños.

¿Puede alguien lograr levantar a esta población por encima de las tristes expectativas que se tiene de ella, por encima de las funestas estadísticas que todavía se repiten generación tras generación?…¡Berverly Mathis lo logró!

 Lo logró gracias a una tenacidad sin comparación y a la aplicación efectiva de sus vastos conocimientos sobre la educación temprana (35 años de experiencia), gracias a la cual ella ha acumulado una larga lista de galardones, reconocimientos y premios.

Pero mayor aún que su preparación es su inmenso amor por los niños. Un amor que no cesó ni en los momentos más oscuros de su lucha contra el cáncer y que la impulsó a tocar de puerta en puerta, muchas veces acompañada de sus hijas Ashley y Tya*, buscando mecenas, conversando con los padres y abogando, abogando, abogando.

En sus años al mando de Booker nunca le tembló el pulso para interrumpir los juegos de dominós de las esquinas: “las clases empiezan tal día ¡no dejen de traer a sus niños!,” ni para irrumpir en las iglesias, persuadiendo a los líderes religiosos de  plantar en las mentes de la audiencia la pregunta: ¿cuándo fue la última vez que usted fue de visita al salón de clases de sus hijos?… 

De pie  frente al portón de la escuela, bajo el sol, contra viento y marea, la directora  no dejaba pasar un día sin regalar una sonrisa y dar una bienvenida calurosa, aunque ella supiera que no todos los padres cruzarían el umbral de la escuela…o el de sus propias casas. Por eso entrenó a los alumnos a levantarse, vestirse y caminar hasta la escuela al oír estallar en las bocinas  las letras inspiradoras de la canción I believe I can fly. Y si no había ropa limpia para vestirse, entrenaba los niños  a levantarse y ponerse cualquier cosa ya que en la escuela los cambiarían. Y si de lleno los chiquitos no venían, ella se trepaba por una ventana y entraba a buscarlos; alguna vez dentro de una casa a oscuras donde los gusanos crecían sobre una pila de platos usados.

El suyo fue un trabajo titánico! Pero un trabajo que pagó sus frutos produciendo mejorías académicas impresionantes, un clima de trabajo provechoso  para los maestros,  y un incremento exponencial en la  participación  de las familias y de la comunidad  en la escuela.

Un trabajo que Bervely Mathis dice nunca haber sido tal:  -“No he tenido que trabajar ni un día de  mi vida. Lo que hago es tan maravilloso, amo tanto dedicarme a los niños, que no puedo llamarlo un trabajo, sino mi llamado.”

La Doctora Mathis es una leyenda viviente y la prueba palpable que la influencia de una sola persona puede de hecho cambiar  el curso de miles de vidas… de toda una vecindad.  Hoy la celebramos ¡con tambor y panderetas! por haber dedicado su vida entera a demostrar que la educación es la clave para romper completamente con las cadenas de los nacidos en la desigualdad.

http://www.eltiempolasvegas.com/articles/2013/07/25/ciudad_and_estado/doc51f16b69a237a197458085.txt

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*Tya & Asley  fueron favorecidas  con la beca estatal Millennium creada por el gobernador Kenny Guinn, de quien Beverly es una gran admiradora.

Rosita Castillo- Valor y Audacia Sin Par

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El pánico y los mitos relacionados con el contagio y  la transmisión del SIDA, nacidos en el furor de la epidemia, son cosas del pasado. Eran ideas de  entonces, de finales de los 80’s; no obstante,  hay quienes aún creen que el portador del virus HIV es un sentenciado a muerte.  Rosita Castillo ha dedicado gran parte de su vida a  la concientización pública de esta enfermedad y a educar sobre los muchos otros mitos existentes en torno a la sexualidad.

Rosita es abuela de Lorenzo y Homero, a quienes considera sus grandes amores, y madre de dos hijas: Reyna María y Krystal. Como su madre, Doña María Paz, Rosita es un ejemplo de  valor y   audacia sin par. Es una mujer capaz de  aventurarse por entre los callejones  de Seattle, a donde los adictos   solían compartir las jeringuillas que propagaban el HIV, y armada solamente de su poder de convicción, lograr reformar la conducta y cambiar los hábitos de este grupo marginal.

Pero más allá de su trabajo como trabajadora social existe  Rosita-la voluntaria, la solidaria, la amiga. Una Rosita que al ver a un semejante desahuciado y rechazado por su familia, decide adoptarlo  y velar por que se cumpla su último deseo: tener  un final digno,  lejos de la fosa común donde se arrojan  las almas que no tienen dolientes. Rosita con sus propias manos le teje a José,  agonizante, una colcha de lilas y rosas y se ocupa de llevar su cuerpo a la catedral para el póstumo adiós. Cuando a José le alcanzan las fuerzas, ella lo lleva a comer a su restaurante favorito. Y por eso antes de marcharse él  le pide un deseo más: “Rosita,  talla sobre mi tumba una rosa en honor de tu nombre.”

Y es esa flor sobre la piedra silente la que habla del amor de esta buena samaritana. Esa flor es un símbolo que demuestra que antes del título  universitario, antes de los galardones dados por la Cruz Roja y antes de sentarse en las sillas de los ministerios de salud, antes de todo eso, Rosita ya abría su hogar en medio de la noche para dar refugio a una mujer abusada; o se iba a la penitenciaria de Walla Walla a servir a aquellos a quienes el sistema  continúa negando el derecho a protegerse sexualmente.

A pesar de los años transcurridos, a la oficina siguen llegando cartas de uno que otro presidiario dando las gracias  por el apoyo que Rosita le prestó.  Y años y años después de unas charlas, todavía llegan llamadas  de personas  salvadas gracias al descubrimiento temprano de un  cáncer en el seno o un cáncer cervical.

Algunas de esas llamadas son el resultado de una cadena de voces: la voz  de una promotora entrenada por Rosita, o de una voluntaria, o de una vecina que la escuchó  por la radio.

-¡Pasen el mensaje!-les dice.

Y el mensaje ha pasado de boca en boca, tocando  a miles de oyentes. Y en ocasiones  ha llegado a tiempo a los oídos  de un inmigrante transgénero, de una madre hispana, de un adolecente a quien este conocimiento le salva la vida. Y de ahí que el mantra de Rosita sea: “El conocimiento da poder.”

¡Y es por darnos de ese poder que hoy la celebramos!

http://eltiempolasvegas.com/articles/2013/07/11/ciudad_and_estado/doc51df476337036704466713.txt

 

27 madres y un papá:la semilla de un nuevo nivel de expectativa

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Venimos a este país a trabajar, a producir, a cubrir las necesidades elementales que nos fueron negadas en nuestros países de origen. De no haber tenido necesidades, no hubiéramos venido a los Estados Unidos. Nuestra ética de trabajo es ejemplar porque sabemos lo que es partirse el lomo con orgullo, laborando por largas horas y a veces por poco dinero.
“El trabajo ennoblece” decimos, “mientras hayan fuerzas” decimos, “ ni hijo no terminó la escuela, pero trabaja” decimos. Y ese amor al trabajo es un rasgo positivamente distintivo y al mismo tiempo es nuestro peor enemigo. Y les digo por qué:
De acuerdo al Instituto Nacional de Salud, (National Institutes of Health) el factor principal para el éxito académico de un niño, es la habilidad de lectura de la madre. La madre es quien modela y moldea el barro blando que es un niño. El niño aprenderá sus primeras palabras al escucharlas y repetirlas de la madre; siempre imitándola, siguiéndola, interactuando con ella.
Nuestras madres nos marcan, nos forman, nos hacen y si quieren, con una frase, nos deshacen: ¡Qué bruta, no sirves para nada!
Nuestras madres siembran en nosotros las primeras y más importantes expectativas: serás carpintero, serás abogada, serás un borracho, o serás el próximo presidente.

Cuán pequeña o cuán grande sea la semilla de esa expectativa, dependerá de las aspiraciones de la madre y cómo esas aspiraciones se proyecten en sus propios hijos. Mientras más aspira ella, más grandes son los sueños para la próxima generación.
Toda madre amorosa desea  que sus hijos no lleven una vida tan dura como la suya, quiere que sus hijos se preparen, que se hagan de una carrera, que se eduquen para que tengan un futuro mejor.
¿Cómo?, se preguntan.
-Pues educándose e involucrándose ellas primero , es la respuesta.
Yoli, madre de dos niños en primaria, dice: “yo quería darle más apoyo a mis hijos, pero ni siquiera terminé mis estudios. Por eso me inscribí en la escuela donde van mis hijos. Ahí estaban ofreciendo clases gratis de ingles y otras clases para instruir a los padres. He aprendido mucho. Se lo recomiendo a todos los papás y mamás. Las notas de mis hijos han mejorado mucho. Creo que ahora se esfuerzan más al ver lo mucho que yo me esfuerzo.”
Hollingsworth, Paul Culley, Sewell, W.P. Williams, Kit Carson, Tom Williams y muchas otras escuelas más ofrecen estos programas. De hecho, su servidora trabaja para The Public Education Foundation a cargo de uno de ellos que acaba de concluir, por el año escolar, el pasado mes de Mayo.
En esta fiesta de despedida del programa, 27 madres y un papá dieron su discurso. Cada discurso fue especialmente emotivo y diferente, pero en todos se encontraba la semilla de un nuevo nivel de expectativa para ellos y sus niños. Uno que da por entendido que aunque el trabajo dignifica, la educación ELEVA y por tanto, conformarse con un trabajo, sin educarse, es simplemente inaceptable.
Y por esa realización, tan poderosa, es que hoy ¡celebramos estas 27 madres y un papá!http://eltiempolasvegas.com/articles/2013/06/27/ciudad_and_estado/doc51cc8554a4ac8927686569.txt

Laura Gracia:el camino para alcanzar una meta no es siempre fácil

Laura Gracia-PIC

A sus 19 años Laura Gracia ha sido finalista de un concurso local de poesía, ganadora de cuatro becas universitarias otorgadas por la Public Education Foundation, graduada de la escuela Rancho con el rango de estudiante Valedictorian -o sea considerada entre las mejores de su clase- y coronada con el segundo lugar en careos o debates escolares en la división correspondiente a su escuela.

Voluntaria extraordinaria, con más de 200 horas de labor comunitaria durante el transcurso de año escolar 2012-13, Laura Gracia ha servido con entusiasmo y dedicación a la Sociedad de Lucha contra el Cáncer, Best Buddies, Music 4 Life, La Fundación contra la Diabetes Juvenil y la Asociación de Estudiantes en Ocupaciones de la Salud (Health Occupation Students Association, HOSA)
Como si fuera poco, sirvió de editora del libro anual de estudiantes de su escuela preparatoria y ayudó también con el diseño gráfico del mismo. Todo sin abandonar su pasatiempo favorito: la natación sincronizada, habilidad gracias a la cual ha podido trabajar como salvavidas y ganar algún dinero.
Laura ingresará en el otoño a la carrera de psicología en la Universidad de Nevada-Reno, pero el camino para alcanzar esta meta no ha sido fácil. Primero sobrevivió la pérdida de su querido abuelo; y luego, con la llegada de la recesión económica, sus padres se quedaron desempleados casi al mismo tiempo. A pesar de creer con pasión en el valor de la educación de sus dos hijas, ninguno de los dos pudo proveer los recursos necesarios para enviarlas a la universidad, pues de golpe se encontraron prácticamente en la ruina. La estabilidad del hogar sufriría aún más sacudidas con los altibajos que tanto estrés produjo en el matrimonio.

Cada adolescente – como usted recordará- libra una la batalla interna por la búsqueda de una identidad individual y por hallar un sitio dentro de la colectividad. Para Laura, mitad mexicana,mitad caucásica, dar con ese espacio donde pudiera ser ella y ser aceptada, fue particularmente difícil. En la escuela no cabía entre las latinas por parecer blanca, ni entre las blancas por llamar a su grandfather “abuelo”. Del cruce de culturas, de religiones, de genes, Laura emerge como una jovencita con más preocupaciones sobre su identidad que “las comunes”, si es que tal cosa existe… Sin embargo, a fuerza de carisma natural y puro instinto de supervivencia, logró ser querida y aceptada por muchos.
Su inteligencia, creatividad y empatía es proverbial. Su deseo de ayudar a los demás la destaca como una persona excepcional, ¡y por eso hoy la celebramos!
Y celebramos a Manuel Retama y a Unique y a los cientos de estudiantes que contra viento y marea, pidiendo becas, tocando puertas, dándose en cuerpo y alma, lograron el sueño de graduarse y ahora van encaminados hacia una educación superior.
Gracias a los todos los graduados de este año por demostrar que sí se puede!

Doña Ofelia Pérez: cada cultura que desaparece, disminuye la posibilidad de vida.

dona ofelia
Doña Ofelia Pérez ha dedicado su vida a la conservación de la danza de los matachines.
A pesar de sus años, ella cose y decora el vestuario de los danzantes con sus propias manos, usando los mismos materiales empleados hace siglos atrás.
Para Doña Ofelia es una abominación  usar carrilos hechos de plástico y zapatillas deportivas como parte del vestuario tradicional. Por eso, a fin de mantener la autenticidad de sus trajes, no le pesa ir a buscar el bambú al monte, ni construir el calzado de puro cuero de acuerdo a las técnicas autoctonas, aunque sean la más rudimentarias.
En su fiel apego a la tradición no hay obstáculo insalvable. Por ejemplo, cuando le ha faltado un lugar para sus prácticas, el grupo se ha ido a bailar en medio del calor del desierto. Y alli, los matachines, “gente que llevan el tambor por dentro“, reviven su danza ancestral sobre la arena candente -a veces- peleandose con el viento.
En el Laberinto de la Soledad Octavio Paz dice: “Cada visión del mundo que se extingue, cada cultura que desaparece, disminuye la posibilidad de vida.

Doña Ofelia y sus hijos, ocho en total, engrandecen la vida al mantener vigentes las raíces de su cultura y la herencia de su pueblo. De lo contrario, este arte quizás estaría muerto en nuestra comunidad.
Alguna gente me pregunta por qué no elegí una danza más glamorosa, comenta Doña Ofelia.
Y la respuesta es:
-”porque esta es la danza de mis antepasados. El abuelo se la enseñó a mis hijos, mis hijos a sus hijos y así lo hemos hecho de generación en generación.”

La fecha de apertura y de cierre de las actuaciones de los matachines varían considerablemente de cuidad en cuidad. En la nuestra, la celebración culminante ocurre en la casa de la familia Pérez el día 12 de Diciembre cuando se celebra la fiesta de la Virgen de Guadalupe.
Al frente de la casa una figura de la virgen adorna la entrada y en ella se dan citas año tras año cientos de personas que vienen a cumplir sus “mandas” (las mandas son promesas hechas a la virgen)
Mariachis, amigos y vecinos cantan y oran en una celebración que empieza temprano en la madrugada y toca su fin muy tarde en la noche. Pero aunque la celebración termina, el legado de Doña Ofelia Pérez permanece…y por eso ¡hoy la celebramos!

http://www.eltiempolasvegas.com/articles/2012/03/15/ciudad_and_estado/doc4f62464cc114e287803565.txt

Carlos Santana: Super Natural

Santana
Hace unos años tuve el privilegio de acompañar a un joven de la fundación Make A Wish a conocer al músico Carlos Santana en persona.
Fue una experiencia increíble!
Santana es muy pausado, centrado…su presencia llena el espacio de una energía calmada y muy luminosa.
Le habló a Jonathan, sobreviviente de cáncer, con tanta esperanza!
Le dijo de cómo el pensamiento positivo cambia al humano a nivel molecular. De cómo el ego, nuestro propio ego, es lo primero que debemos superar ya que el dolor, los pensamientos negativos, la tristeza, las ansias de suicidio, son el resultado de nuestro “yo” haciéndonos creer que “porque cremos que somos ‘muy especiales’ y merecemos algo mejor”.
-La individualidad, continuó, es la renuncia a la unidad que somos todos juntos y que somos con Dios.
Habló de cómo las guerras, la cólera y la soberbia que envenenan este planeta representan el amor al poder. Y que solo el poder del amor nos hace UNO con lo divino.
Santana conversó con tanta espiritualidad y humildad…y sin embargo, no es un hombre religioso.
Mencionó la muerte de Michael Jackson y de cómo Michael vivió una vida cambiando constantemente de máscara sin saber que desde el principio él siempre fue bello.Conceptos que ya hemos escuchado alguna vez, o leído tal vez…pero !qué vibración tan palpable cuando uno está en la presencia de alguien que los vive día a día!
Salí de ahí sintiendo que quería llorar, aunque no de la alegría ni de la impresión, si no de vergüenza.
Vergüenza conmigo misma, vergüenza ante las miserias que alguna vez elegí sentir a fin de justificar mis quejas.

Ser feliz es una elección“, dijo. “Uno escoge si quiere ser feliz o infeliz, es una opción personal.
Me vino a la memoria aquel viaje que hice a Santiago y de cómo me sorprendía ver la alegría del naranjero parado en un semáforo, bailando en las esquinas, y las risas de los hombres durante los juegos de dominó.

En Quisqueya, un país pobre, viviendo en situaciones sumamente desfavorecidas, este pueblo encuentra razones para ser feliz.
Siempre escuché decir que toda persona exitosa cuanta sus bendiciones y tiene una actitud agradecida con la vida. Me tocó verlo en un músico que ha sido capaz de sobrevivir por tres décadas, cuando una generación entera de otros músicos de su época han muerto o desaparecido.  Santana dice haber sobrevivido el paso del tiempo gracias a su flexibilidad. Porque entiende que debe “quitarse del medio” y dejar que se obre a través de él. “Todos hemos sido bendecidos con un don y nuestro único deber es dejar que éste se canalice a través de nosotros.”