El otro: ¿peligroso?


Hubo tiempo, durante la guerra fría, cuando los estudiantes practicaban en las escuelas cómo buscar refugio en caso de un bombardeo. Luego, se incorporaron los ensayos de cómo escapar de un incendio o un terremoto o un tornado. En los casos anteriores, el origen del problema venía de afuera, producido por un desastre natural, un evento bélico y, si la cuestión era un fuego, pues por lo regular se debía al mal funcionamiento de algo que accidentalmente ocasionó las llamas. En la actualidad, las escuelas practican un nuevo tipo de respuesta para una nueva amenaza: el otro.
Según muestra la historia reciente, “el enemigo” es uno de los mismos alumnos que asisten a la escuela. El ataque proviene de un chico armado, un niño quien -después de los hechos- es descrito como solitario, aislado, extraño, raro, desajustado, etcétera. Cuando la prensa viene a hacer su festín sobre el terreno donde ha ocurrido una masacre escolar, los entrevistados coinciden en referirse al asesino como un individuo que estaba dando ciertas señales preocupantes, alguien cuya conducta era atípica. Sin embargo, a pesar de todas sospechas e inquietudes que el muchacho pudo despertar, nadie pudo evitar su crimen.
“En retrospectiva, efectivamente el estudiante bla-bla-blí-bla-bla-bá”, comentan ante las cámaras los administradores, los periodistas y los agentes de relaciones públicas del distrito, la cuidad, la policía. Como es costumbre, se culpan los sistemas, la segunda enmienda de la constitución, los maestros, pero pocas veces el índice apunta hacia el corazón. En él, sin lugar a dudas, tuvo que haber empezado todo, porque un corazón debe estar muy dañado para engendrar el horror de una matanza.
Hubo tiempo en el cual todavía existía la empatía, la compasión, la capacidad de ver al prójimo. En esos tiempos ¡no tan remotos! los tiroteos e historias de cuerpos acribillados por montón eran poco comunes. Ese tiempo fue reemplazado por la indiferencia, el miedo, la distracción del presente. En retrospectiva, quizás se hubiera podido evitar Parkland. ¡Si alguien hubiera hecho algo! Si en vez de sumarse al grupito de bullies, un alma hubiera intervenido. Si una mano se hubiera tendido, si tan solo un corazón se hubiera animado a crear una conexión verdadera, un puente… quizás, quizás, quizás. ¿Pudo ser otro el resultado? Nunca lo sabremos.
Sabemos del aumento del desafuero, de la creciente falta de amor, de la palpable incapacidad de nuestra sociedad para anclarse en el ahora y notar qué y quienes nos rodean y cuáles son sus necesidades. Con los ojos frente al volante, frente al televisor, frente al teléfono, frente al computador o fija la mirada en el piso (¿apatía o depresión?), nos hemos olvidado de ver a nuestros semejantes. Al empezar este 2019, ejercitemos ese viejo amor, el que solíamos tener por el prójimo. Tal vez entonces “el otro” dejará de ser La Amenaza. Con un poco de esperanza, ¡quien sabe! se convertirá en el amigo.
de Hergit “Coco” Llenas

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