Coco'sWords

Hablemos de educación

Month: February, 2020

Carreras vocacionales

En los Estados Unidos existe un estigma cuando se trata de carreras vocacionales, según una encuesta publicada en noviembre que revela el mal entendimiento y la percepción negativa que existe en torno a las escuelas vocacionales, como lo expusiera Selene Rivera en su artículo: Hay demanda de trabajadores vocacionales, pero muchos jóvenes prefieren salarios mínimos.
Ninguna edad es muy temprana para comenzar a planear para el futuro de nuestros hijos. De hecho, lo ideal es comenzar a planear desde la escuela primaria. Sea un trabajo, una licenciatura, una escuela vocacional o técnica, hay que ir pensando en cómo ayudar al niño después de la graduación a encontrar su ruta o vocación.
Un estudiante puede tomar clases vocacionales desde el primer año de la escuela secundaria. A veces, esas clases apoyan el plan de estudios académico y son ofrecidas en escuelas especiales llamadas centros vocacionales. También los colegios comunitarios ofrecen programas vocacionales y técnicos de dos años, los cuales resultan ser una estupenda manera de capacitarse para una variedad de trabajos.
Una de las ventajas de escoger una escuela vocacional o comercial es poder adquirir una carrera a más bajo costo, pues “la deuda estudiantil en la cual se incurre es menor y facilita una entrada más rápida en la fuerza laboral que un título de cuatro años” según estableció un informe de Metal Supermarkets que es una firma internacional proveedora de metales.
“A pesar de las crecientes deudas de préstamos estudiantiles y la progresiva demanda mundial de puestos de trabajo calificados con gran seguridad laboral, la mayoría de los jóvenes todavía creen que asistir a la universidad tradicional es la única ruta hacia un futuro exitoso”, dice Stephen Schober, presidente y director ejecutivo de la compañía.
Para saber elegir un BUEN centro de formación vocacional o técnica, es menester preguntarse si la taza de graduación de dicho lugar es alta o baja. Es decir, ¿cuántos de sus estudiantes terminaron el programa? Pocos graduandos podría ser un indicativo de que a los estudiantes no les gusta el programa. Además, sería importante enterarse: -de las estadísticas de inserción laboral (que se traduce en el número de empleos encontrados una vez el estudiantado se gradúa). El nivel de endeudamiento al momento de la graduación (¿cuántos préstamos se tomaron para estudiar en esa escuela y qué porcentaje está atrasado con el pago?). Y qué opinan los estudiantes de sus experiencias como participantes de un programa determinado.
Mientras más informado logremos estar, mejor. De esta manera, se evita la falta de conocimiento sobre las escuelas y carreras profesionales, un desconocimiento que va en contra de las tendencias laborales actuales. Porque de acuerdo a Schober y al Departamento de Educación de Estados Unidos, las personas con educación comercial y técnica pueden tener más de probabilidades de ser empleados.
Planear el futuro de nuestros hijos

Padres unidos no serán vencidos

Entra un nuevo jugador a la arena de las políticas públicas dirigidas a la educación escolar (K-12). Se trata de los padres, quienes hasta la fecha han estado en la mesa de negociaciones más como parte del menú que como agentes de cambio con voz y opinión propias.

Las encuestas políticas muestran la creciente importancia de la educación en la mente de los votantes, especialmente en los sectores más marginados de la sociedad norteamericana. En el pasado, la falta de conocimiento para organizase y movilizarse ha frustrado los intentos de hacerse sentir, pero ¡eso está a punto de cambiar!

Gracias a dos latinas frustradas con el sistema, se ha formado un sindicato de padres con todos los elementos estructurales del sindicato obrero. De hecho, Keri Rodrigues (Massachusetts) y Alma “La Comadre” Márquez (California) fueron en otros tiempos organizadoras de campañas políticas y movimientos sindicales.

La visión de estas mamás-ninjas es conseguir que el balance de poder se incline de una vez y por todas del lado de las familias. Para lograrlo, la National Parents Union (Sindicato Nacional de Padres, en español) aspira a capacitar a nuevos líderes y a compartir estrategias ya probadas que transformen la voz de los padres en un instrumento tan sofisticado como numeroso. Quieren nivelar la falta de equidad imperante dentro de la maquinaria de las escuelas públicas.

Ambas mujeres han tenido que batallar con la manera hostil en que fueron tratadas cuando tuvieron algún cara a cara con el distrito y las escuelas. Su situación era absurda. Por un lado, a los padres se les acusa de no involucrarse lo suficiente en la educación de sus hijos y, por el otro, algunos se molestan cuando están muy involucrados.

“Nos tratan como si fuéramos incapaces de pensar por nosotras mismas”, dijo Rodríguez en una entrevista. Históricamente, las prácticas y políticas públicas se han enfocado en crear nuevas escuelas, subir los estándares, pagar mejores salarios a los maestros, y otras decisiones que se toman entre tecnócratas, sin preguntar a las familias de escasos recursos. A estas últimas, a su vez, les preocupa la violencia y las armas, el acoso escolar, las necesidades especiales de sus hijos o el aislamiento que sufren los pequeños con enfermedades mentales. Al parecer, existe una profunda desconexión entre los que deciden y aquellos sobre quienes se decide.

“Los padres no queremos envolvernos ni mantener comunicación con gente irrespetuosa”, continuó Rodríguez. “Nosotros no vamos a marchar en pos de modelos gubernamentales. De la única manera que esto va a funcionar es si escuchamos auténticamente a los padres”. De lograrlo, serán ellos quienes propongan soluciones a los de cuello y corbata, y no al revés. Esto, en mi opinión, tiene mucho más sentido.

@hergit11
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Madres y padres unidos, jamás serán vencidos

Madres y padres unidos jamás serán vencidos


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Madres y padres unidos, jamás serán vencidos


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Madres y padres unidos, jamás serán vencidos

Madres y padres unidos, jamás serán vencidos

Madres y padres unidos, jamás serán vencidos

Las becas de la oportunidad

En su discurso a la nación, hace unos días, el presidente Trump tocó el tema de las Opportunity Scholarships, un programa cuyo nombre técnico es Tax Credit Scholarship o becas de crédito fiscal que llevan muchos años en algunos estados de la Unión. ¿A qué se refiere el presidente cuando habla de las Opportunity Scholarships?

En Ohio, Nevada, Arizona, Luisiana, Florida, entre otros estados, las Becas de la oportunidad están facilitando el traslado de fondos del sector privado a la educación escolar. ¿Cómo funciona esto? Pues es sencillo: por cada dólar que una persona o compañía dona a una organización sin fines de lucro, el donador recibe un crédito sobre su contribución.

En otras palabras, que si donas a una organización que entrega becas (Scholarship Granting Organization o SGO), el Departamento de impuestos (IRS) te retornará total o parcialmente un crédito. En algunos casos, por cada dólar donado recibirás un crédito de 0.50 centavos (si la ley dice que el crédito es de 50%), 0.75 centavos (75%), o dólar por dólar (100%), dependiendo de lo que la legislatura haya establecido para cada estado respectivamente.

A su vez, estas leyes estipulan que los destinatarios de las becas deben demostrar su nivel de ingreso. Este lenguaje se incluyó expresamente para excluir a quienes ya poseen los recursos económicos para pagar por una educación privada. De manera que los beneficiarios de las Opportunity Scholarships sean familias no privilegiadas.

Así, en algunos estados solo califican para la beca aquellas familias cuyo ingreso no excede cierto monto pre-establecido por la ley, basado en la tabla que emite el gobierno federal, conocida en inglés como la Federal Poverty Line. Cada año, el gobierno indica cuáles son los márgenes correspondientes para la subsistencia, de acuerdo con el tamaño de la familia.

Mientras mayor sea el número de miembros, mayor el monto. Las familias que reciben almuerzo gratuito o reducido en las escuelas gubernamentales están muy familiarizadas con este concepto, porque únicamente cuando su ingreso no excede el 185% sobre la línea, pueden sus niños comer gratis o con descuento en la cafetería de la escuela.

Por ejemplo, supongamos que en mi casa vivimos dos personas, mi hijo y yo. Si miro la tabla, encontraré que dice: en una casa compuesta de dos personas, la línea federal de pobreza, o sea el ingreso mínimo para subsistir es, digamos, de $20,000. Si estoy ganando $20,000 dólares al año, me encuentro 100% sobre la línea, si gano el doble ($40,000) estoy 200% sobre la línea y si gano el triple ($60,000), estoy 300% sobre la línea.

De la misma manera, las becas de la oportunidad han sido diseñadas para que tomen ventaja las familias entre un 100% y un 300% sobre la línea, lo cual varía de estado en estado.

La promulgación de una ley federal convertiría este incentivo a las donaciones educativas en algo más homogéneo, ya que el porcentaje de crédito sería fijo, sin variar según el territorio. Al tiempo que permitiría a los filántropos de todo el país donar a cualquier SGO. Los SGO pasarían estas donaciones en forma de becas para asistir con el costo de una escuela privada a familias de la clase media trabajadora, quienes quizás de otra forma nunca tendrían acceso a una escuela pagada.

@hergit11

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Las becas de la oportunidad

LAS BECAS DE LA OPORTUNIDAD

Las Becas de la Oportunidad

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Las Becas de la Oportunidad

Las Becas de la Oportunidad

El censo 2020: ¿qué esperar?

Por: Hergit “Coco” Llenas

Un nuevo estudio del Departamento de Comercio de Estados Unidos ha comprobado que la información recolectada durante el censo de agosto de 1943 fue empleada para localizar los nombres y direcciones de ciudadanos de origen japonés. Luego fueron acorralados en campos de concentración, cuando la potencia del norte y Japón se fueron a la guerra. Eso lo explicó Margo Anderson, una historiadora de la Universidad de Wisconsin, y el estadista William Seltzer, de Fordham University en Nueva York.

Ahora mismo, se espera un censo. Se habla sobre las posibles repercusiones para nuestra gente si no se hacen contar. Nos dicen: no tendremos suficientes camas en los hospitales, ni cupo en las escuelas, ni los recursos necesarios para los centros de educación preescolar, ni las provisiones requeridas para suplir las necesidades alimenticias para quienes reciben asistencia social… En fin, una larga lista de consecuencias nefastas.

Visto desde la perspectiva estrictamente estadística, parecería imperioso decir: ¡hey, aquí estoy! Una premura que viene de la mano con algunas organizaciones hispanas/nacionales, auto-proclamadas como “nuestros representantes”, quienes urgen al inmigrante indocumentado a salir de las sombras.

Estas entidades quieren hacernos creer que la deportación es una característica propia de los conservadores y del presidente actual. Hablemos claro: Barack Obama deportó tres millones de almas, y no todos malos hombres. En esos “días gloriosos”, encontré niños huérfanos una escuela pública porque “la migra” se había llevado a sus padres.

Quisiera que reflexionáramos un instante: ¿es el censo la única manera de saber cuántos somos y dónde estamos? Por ejemplo, tomemos los algoritmos, las proyecciones, los métodos de interpolación, los cálculos, datos y comparaciones que actualmente sirven para decidir la tasa de ocupación de los hoteles de Las Vegas, las rutas de vuelos de las aerolíneas, cuántos carros nuevos se construirán, de acuerdo al número de nuevos conductores en un país, etcétera.

Entonces, ¿cómo es posible que, para pronosticar la necesidad de servicios públicos, se requiera ir de casa en casa cada diez años? Las grandes corporaciones, por ejemplo, saben de antemano, y con bastante exactitud, cuántas cárceles o galones de gasolina se necesitan en cualquier pueblo, en cualquier temporada, año tras año.

En plena era digital, en este momento de increíbles avances tecnológicos, ¿justo ahora me van a decir que la única manera de saber cuánta gente vive sobre suelo norteamericano es mandando a alguien a tocarme a la puerta? ¿Y los expedientes de nacimiento de los hospitales, los protocolos imperantes en los puertos que marcan quienes entran y no salen, el incremento en el número de multas o seguros de carros para no-residentes? ¿Nada de eso sirve para hacer un conteo? ¿En serio?

Para quien no posee una Green Card, hacerse contar es un dilema que va más allá de la buena voluntad de generar datos fehacientes para una oficina gubernamental. Y si me tocara estar en su lugar, seriamente, me lo tendría que pensar.

-Hergit Llenas es una mobilizadora, escritora y directora de Participación Hispana para The American Federation for Children

¿Qué esperar del Censo 2020?