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Month: August, 2018

¿Por qué su código postal le puede perjudicar?

de Hergit Penzo Llenas
Directora Nacional de Participación Hispana
para la American Federation for Children

En una de mis vidas anteriores fui vendedora de bienes raíces. Mis clientes solían ser primeros compradores de clase media o media/baja. Con frecuencia, las familias que tenían hijos en edad escolar me llegaron a proponer que les encontrara cualquier cosa dentro del marco del precio que estaban dispuestos a pagar, sin importar mucho qué fuera o cómo se viera, siempre y cuando estuviera ubicada en una dirección cuya escuela asignada se destacara por su alto rendimiento académico. Entonces, en vez de ir a indagar a los motores de búsqueda que sirven a los profesionales del mundo inmobiliario, me iba a las páginas del distrito escolar a estudiar los reportes sobre las escuelas.
En más de una ocasión, mis familias tuvieron que claudicar el sueño de una casa y conformarse con un apartamento en un barrio “fino”, léase muy residencial.
Y esto era así porque las escuelas premiadas con cinco estrellas o consideraras tipo “A” (o cualquier otro tipo de métrica empleada para determinar el valor del desempeño escolar); estaban localizadas, por lo general, lejos de los vecindarios pobres y dentro de los suburbios donde viven las clases más pudientes.
Llegados a este punto, quizás se pregunte: ¿Y por qué?, ¿por qué están las escuelas con mejores recursos ubicadas en centros urbanos donde viven aquellos que gozan de mejores salarios e ingresos cuando debería ser lo contrario? Es decir, allí donde hay una necesidad más grande, deberían haber escuelas con mayor cantidad de recursos.
Para subvencionar las escuelas públicas existen fórmulas, éstas determinan de dónde salen los fondos. Las tres fuentes principales para mantener el costo de una escuela pública son: el gobierno estatal, el gobierno federal y el condado. El condado recauda fondos principalmente a través de la recolección de impuestos sobre la vivienda, entre otros.
Ahora bien, un ciudadano que vive en un vecindario donde el precio promedio de las casas es de medio millón de dólares pagará un porcentaje más alto de impuestos que otro ciudadano cuya residencia esté valorada, digamos en $115,000. De ahí que, la porción de impuestos que recauda el condado para mantener la escuela pública en un lugar caro será más alta que la porción de impuestos pagados por residencias ubicadas en barrios de gente trabajadora. Como resultado, se crea un tipo de segregación socio-económica.
Aquellos que tienen, aportan y reciben muchos más. Y las que no tienen para aportar mucho, reciben poco. En otras palabras, hay igualdad, porque la fórmula es aplicada a todos por igual, pero no hay EQUIDAD. Por definición, equidad significa “dar a cada uno lo que se merece en función de sus méritos o condiciones” y también “cualidad que consiste en no favorecer en un trato a una persona perjudicando a otra.”
En vista de que la fórmula es la fórmula, y eso no ha podido -hasta la fecha- cambiarlo nadie, las familias de bajos recursos están destinadas a no romper nunca con las cadenas de la desigualdad económica, siendo condenadas a mandar a sus hijos a escuelas con menos recursos, lo que puede derivar en un mediocre desempeño educativo. Y es por esa razón que su servidora y The American Federation for Children creen y luchan por defender opciones escolares para todos. A fin de que nuestros niños, especialmente aquellos más desfavorecidos, puedan tener acceso a una educación de alta calidad independientemente del código postal donde les haya tocado vivir.

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¿Un sucio secreto?

de Hergit Penzo Llenas
Directora Nacional de participación hispana
para la American federation for Children

Una de cada tres jóvenes que va a entrar en la escuela secundaria en el área metropolitana de Indianápolis ha reportado haber sido víctima de asalto sexual, según comentaba Tony Mason, Presidente de The Urban League (UL) en esta ciudad. –“Y estos son los casos reportados, pero hay mucho silencio alrededor de este tema. Sospechamos que la cifra es aún más alta,” añadió Guadalupe Kelle, quien está a cargo del programa de salud y bienestar para esta organización dedicada a dar soporte a la comunidad.
Aunque se han derrumbado muchos de los tabúes que dominaban la idiosincrasia de la sociedad latinoamericana, otros persisten a pesar de los tiempos.
Por ejemplo, en la época de la abuelita, era una vergüenza convertirse en una mujer divorciada, como lo era también casarse sin ser virgen. Y hasta hace unos pocos años, declararse abiertamente gay era un escándalo de proporciones mayúsculas. Sin embargo, cuando Ricky Martin vino a anunciar su destape, a nadie le pareció el final del mundo.
No obstante, si una jovencita ha sido violada o toqueteada, sus padres y/o allegados esconden la afrenta para -según ellos- “proteger al honor familiar”, forzando la víctima a guardar silencio sobre un tema que es tabú.
Explicaba la gran poeta Maya Angelou que este acto predatorio, especialmente cometido en niñas y jóvenes de tierna edad, convierte esa almita en un ser cínico, que pasa de no saber nada a no creer en nada. (“because rape on the body of a young person, more often than not, introduces cynicism, and there is nothing quite so tragic as a young cynic. Because it means the person has gone from knowing nothing to believing nothing.”)
¿Quiénes son los agresores? De acuerdo a Valeria Gurr, una experta en el área de prevención contra el abuso sexual de menores: “el violador, usualmente, es el novio de la madre, un tío, un primo, un amigo, un hermano u otra persona bienvenida y conocida en el seno de la familia. Rara vez es un completo extraño, aunque eso también puede darse. Por lo regular, es alguien mayor. Esa persona mayor inculca en el menor sentimientos de culpabilidad, complicidad, terror y/o temor, para evitar que lo delaten”.
A través de la imposición del silencio, se da impunidad al culpable, se daña la psiquis de la niña y se continúa perpetuando un tabú al cual ¡hace rato debió llegarle la hora!
Basta. Es hora de hablar sin morbosidad y desde el amor sobre las mujeres violadas en nuestras familias, con las mujeres violadas en nuestras escuelas, de las mujeres violadas en nuestra sociedad. Hay que sacar este esqueleto del armario si buscamos erradicar y curar una epidemia que está afligiendo tanto Indianápolis como el resto del país.