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¿Por qué su código postal le puede perjudicar?

de Hergit Penzo Llenas
Directora Nacional de Participación Hispana
para la American Federation for Children

En una de mis vidas anteriores fui vendedora de bienes raíces. Mis clientes solían ser primeros compradores de clase media o media/baja. Con frecuencia, las familias que tenían hijos en edad escolar me llegaron a proponer que les encontrara cualquier cosa dentro del marco del precio que estaban dispuestos a pagar, sin importar mucho qué fuera o cómo se viera, siempre y cuando estuviera ubicada en una dirección cuya escuela asignada se destacara por su alto rendimiento académico. Entonces, en vez de ir a indagar a los motores de búsqueda que sirven a los profesionales del mundo inmobiliario, me iba a las páginas del distrito escolar a estudiar los reportes sobre las escuelas.
En más de una ocasión, mis familias tuvieron que claudicar el sueño de una casa y conformarse con un apartamento en un barrio “fino”, léase muy residencial.
Y esto era así porque las escuelas premiadas con cinco estrellas o consideraras tipo “A” (o cualquier otro tipo de métrica empleada para determinar el valor del desempeño escolar); estaban localizadas, por lo general, lejos de los vecindarios pobres y dentro de los suburbios donde viven las clases más pudientes.
Llegados a este punto, quizás se pregunte: ¿Y por qué?, ¿por qué están las escuelas con mejores recursos ubicadas en centros urbanos donde viven aquellos que gozan de mejores salarios e ingresos cuando debería ser lo contrario? Es decir, allí donde hay una necesidad más grande, deberían haber escuelas con mayor cantidad de recursos.
Para subvencionar las escuelas públicas existen fórmulas, éstas determinan de dónde salen los fondos. Las tres fuentes principales para mantener el costo de una escuela pública son: el gobierno estatal, el gobierno federal y el condado. El condado recauda fondos principalmente a través de la recolección de impuestos sobre la vivienda, entre otros.
Ahora bien, un ciudadano que vive en un vecindario donde el precio promedio de las casas es de medio millón de dólares pagará un porcentaje más alto de impuestos que otro ciudadano cuya residencia esté valorada, digamos en $115,000. De ahí que, la porción de impuestos que recauda el condado para mantener la escuela pública en un lugar caro será más alta que la porción de impuestos pagados por residencias ubicadas en barrios de gente trabajadora. Como resultado, se crea un tipo de segregación socio-económica.
Aquellos que tienen, aportan y reciben muchos más. Y las que no tienen para aportar mucho, reciben poco. En otras palabras, hay igualdad, porque la fórmula es aplicada a todos por igual, pero no hay EQUIDAD. Por definición, equidad significa “dar a cada uno lo que se merece en función de sus méritos o condiciones” y también “cualidad que consiste en no favorecer en un trato a una persona perjudicando a otra.”
En vista de que la fórmula es la fórmula, y eso no ha podido -hasta la fecha- cambiarlo nadie, las familias de bajos recursos están destinadas a no romper nunca con las cadenas de la desigualdad económica, siendo condenadas a mandar a sus hijos a escuelas con menos recursos, lo que puede derivar en un mediocre desempeño educativo. Y es por esa razón que su servidora y The American Federation for Children creen y luchan por defender opciones escolares para todos. A fin de que nuestros niños, especialmente aquellos más desfavorecidos, puedan tener acceso a una educación de alta calidad independientemente del código postal donde les haya tocado vivir.

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Ser bilingüe: ¿ayuda?

de Hergit Penzo Llenas
Directora Nacional de Participación Hispana
para American Federation for Children

Hay padres que piensan: si le enseño a mis hijos a leer en español, luego se les va a hacer más difícil aprender a leer en inglés. De hecho, ¡es lo contrario!
Sin embargo, cuan provechosa sea la práctica del español en casa, dependerá en gran medida de cómo los adultos empleemos la lengua y cuales hábitos adoptemos en el hogar.
En general, y según afirman diversos estudios lingüísticos enfocados en la relación entre la lengua y el desarrollo de ciertas funciones cerebrales, el aprendizaje de un segundo o tercer de idioma es beneficioso para nuestros niños. Dichos estudios coincidieron en que los bilingües resolvemos problemas con mayor rapidez, tenemos una percepción más amplia del mundo y sabemos ponernos en el zapato del otro; es decir, tendemos a ser más empáticos cuando nos comparan con aquellas personas que solo dominan un idioma.
Ahora bien, dependiendo del uso que los padres hacemos del idioma, en especial durante los años formativos del niño, vamos a encontrar mayores o menores grados de aportes positivos. Por ejemplo, expresarse en oraciones enteras ayuda al pequeño a desarrollar su lenguaje. No es lo mismo emitir un monosílabo que comunicarles una idea completa. Si tu criaturita te pregunta: ¿mami, hay leche?, un simple “no” podría parecer suficiente, mas no es la respuesta ideal. Para ayudar a un niño a formar un vocabulario rico y a expresarse con sentido, es aconsejable que los adultos empleemos -o intentemos emplear tantas veces como sea posible- frases como: no, la leche se nos acabó esta mañana, pero tu papá ya salió a comprar más.
Sin importar nuestro idioma, es conveniente leer a nuestros niños y ¡mejor todavía si empezamos en edad pre-escolar! Pensar que por no saber inglés no puedes hacerlo, es un error. Aunque en la infancia temprana los niños no conozcan el alfabeto, sí serán capaces de entender cómo se lee por la forma en que tomas el libro, la dirección que se mueven tus ojos (de izquierda a derecha) y otras señales corporales (el dedo moviéndose bajo las palabras) que le ayudan a empezar a reconocer las mecánicas básicas asociadas con la lectura.
Además, se ha encontrado que la primera lengua sirve de mapa para el aprendizaje de la segunda. El estudiante que ha sido entrenado para descodificar una lengua, posee una ventaja sobre el estudiante que nunca ha sido expuesto a ninguna. De ahí que, es de rigor introducir en casa la lectura aun sea en la lengua natal, si es que aspiras a ver triunfar a tus hijos en una de las tareas más difíciles que embarca el joven cerebro de un humano: aprender a leer.

Rastreando el dinero

de Hergit Penzo Llenas
Directora Nacional de Participación Hispana
para American Federation for Children

A pocos días de haber sido dada a conocer la noticia de una nueva ley que permitiría crear en Puerto Rico escuelas charters (alianzas) y programas estatales de vales (o vouchers), el sindicato de maestros ha entablado una demanda en su contra.

Esta práctica es ya común por parte de este gremio, el cual tanto dentro como fuera de la isla, se ha dedicado por décadas a sofocar sistemáticamente todo proyecto legislativo que busque introducir otras opciones escolares para los estudiantes desde el kínder hasta el último año de la preparatoria.

Y usted –quizás- se preguntará: ¿cuál es el interés que tiene el sindicato de maestros de mantener las cosas como están?… Pues, los mensajes pagados por la multimillonaria agrupación dicen que lo hacen por salvar a nuestros niños de las garras de intereses que no tienen al estudiante como su foco de atención.

Aunque la verdadera razón detrás de la inversión de millones de dólares en campañas de difamación, más gastos de cortes y abogados, es mantener intacta una estructura que les genera miles de millones de dólares en recolección de fondos a nivel nacional, lo cual les convierte en uno de los gremios más ricos y poderosos del país.

Cada maestro que trabaja en una escuela pública está sujeto a pagarle mensualmente un costo de membresía al sindicato. A cambio, el sindicato negocia los términos laborales en acuerdos hechos con los distritos escolares. Dichos contratos establecen las condiciones de trabajo, los salarios y otras regulaciones que rigen al maestro empleado por una escuela pública.

Ahora bien, en un mercado abierto, donde los maestros podrían elegir dónde ir a ejercer su carrera, en un mercado que no dependa de la oferta de plazas creadas por un monopolio –el distrito-, se rompe la obligación de pagarle membresía al sindicato, puesto que los profesores podrían escoger entre un menú de empleadores diferentes. De igual manera, los padres, a su vez, podrían optar por inscribir a sus niños donde mejor les convenga, teniendo en cuenta las necesidades individuales de cada uno.

Siguiendo una lógica disparatada, el sindicato de maestros aboga por un sistema monolítico de escuelas públicas tradicionales que debe responsabilizarse de educar los niños de un país bajo un sistema de una sola talla que les sirva a todos. Esta lógica descarta la pluralidad de iniciativas enfocadas a servir al estudiante, para enfocarse en cómo servirse a sí misma.

Si seguimos de cerca el rastro del dinero, podemos ver con claridad que la motivación aquí no es el bienestar de nuestros hijos, pero la conservación y preservación de una estructura monetaria que se debilitaría con la introducción de cambios e innovaciones dentro del sistema educativo tradicional.

Este circo vergonzoso montado por el sindicato de maestro se repite ahora en Puerto Rico, como lo hiciera anteriormente ¡unas treinta veces! en el territorio continental.
A los padres de la Isla del Encanto les resta organizase y no permitir que les arranquen de las manos estas oportunidades tan necesarias para el futuro de sus hijos. Así que ¡a la carga, mis valientes!

de Hergit “Coco” Llenas

¿Hay que armar a los maestros?


de Hergit Penzo Llenas
Directora Nacional de Participación Hispana
para American Federation for Children

La tragedia ocurrida el día de San Valentín en La Florida ha vuelto a poner sobre el tapete el tema de controlar el acceso a las armas de fuego. Cada vez que ocurre una matanza, una ola de furor se levanta, inflamando las conversaciones, para luego estrellarse contra el acantilado del olvido y desaparecer hasta que la próxima masacre acontece. Esta capacidad, de saltar desde la celebridad hasta el anonimato, ya es característica del tema y francamente se ha convertido en un círculo vicioso.
El 20 de abril del 1999, el tiroteo en la escuela preparatoria de Columbine (Colorado) produjo un vendaval. Luego, el truculento episodio que cobró la vida de trece niños, paso a ser noticia olvidada. Después vino Aurora, con sus 12 muertos y 58 personas heridas de bala. Unos meses más tarde el fenómeno se repitió en la escuela Sandy Hook, cobrándole la vida a veinte niños entre seis y siete años de edad, a lo cual le siguió San Bernardino (14 muertos, 21 heridos), Orlando (49 muertos, 58 heridos), Las Vegas (58 muertos, 851 heridos) y ahora Stoneman Douglas en Parkland, Florida (17 muertos, 17 heridos).
¿Romperá por fin esta última catástrofe el círculo vicioso?…
Desgraciadamente, si la historia nos ha enseñado algo, es lo contrario: el asunto cobra carácter de urgencia para poco después esfumarse.
Con 270 millones de armas en manos de civiles, el dilema de quién y cómo debe tener acceso a un arma de fuego se ha quedado -y tememos se quedará todavía- sin resolver. No obstante, hay otras cosas que podríamos hacer.
En lugar de armar a los maestros con pistolas, podríamos armarlos de herramientas para detectar en sus estudiantes tendencias hacia comportamientos violentos o erráticos, a fin de que puedan prevenir, antes que lamentar, una situación.
Para citar un ejemplo: hubo un momento en mi vida que estuve separada de mi familia. En ese entonces me sentía profundamente desarraigada, muy perdida. Para expresar mi frustración, recurrí a pelearme con mis compañeritos en la escuela. Al detectar un cambio en mi conducta, Doña Lucia de Jesús Alvares, mi maestra de tercer grado, se interesó por saber cuales circunstancias estaban afectándome. En ese momento tan angustiante de mi infancia, esta señora dulcísima, clara y fuerte se convirtió en mi mejor amiga. Haber tenido su atención y su amor me ayudó a sobrevivir, a entender que no estaba desamparada, lo que marcó una diferencia significativa en mi comportamiento y en toda mi existencia.
Por eso entiendo que la solución a las balas no son más balas. Antes de dotar a los maestros con un gatillo, creo que deberíamos procurar armarlos con sistemas de soporte, con entrenamientos, con espacios y tiempos dedicados a invertir en el desarrollo emocional y psicológico de sus alumnos. Hacen faltas soluciones holísticas que abarquen al individuo completo que es cada niño. Así, y no a tiros, lograremos evitar más tragedias.

De: Hergit Llenas

¡Ay, Puerto Rico!


de Hergit Penzo Llenas
Directora Nacional de Participación Hispana
para American Federation for Children

Los estudios demuestran que los niños de color (negros y latinos), continúan quedándose atrás en comparación con los estudiantes de la raza blanca y asiática. Este atraso es conocido como la brecha académica. Esta brecha académica no se ha cerrado en décadas; en consecuencia, nuestros niños hispanos no pueden competir en igualdad de condiciones en el mercado laboral ni en la realización del sueño americano.  

Para palear esta crisis y empujados por el estado de emergencia que los huracanes dejaron a su paso, la Secretaría de Educación de Puerto Rico está queriendo añadir al menú de opciones escolares las escuelas alianzas (o charter, como se les conoce en inglés).
Ahora mismo, la señora secretaría, Julia Keleher, cuenta con el soporte del Gobernador de la isla y con el apoyo de padres boricuas que vinieron desde el continente a compartir sus experiencias como usuarios de este modelo educativo.
Entre los testimonios compartidos, el Reverendo Michael Carrión, tocó las fibras de todos los corazones al narrar su odisea cuando estaba trabajando para crear una escuela para los niños y jóvenes del South Bronx, un vecindario plagado por las gangas, la pobreza y la violencia. Después de fracasar dos veces en el intento de lograr la autorización para abrir el plantel, el dinámico líder puertorriqueño consiguió que le otorgaran el permiso. Hoy día, su escuela charter es un modelo a seguir a la hora de mostrar un ejemplo de cómo se lograr cambiar la trayectoria de una población que vive en condiciones de alto riesgo.
Así mismo, una comitiva de padres, maestros y directores vinieron desde Filadelfia en representación de una escuela charter bilingüe llamada Antonia Pantoja. Las experiencias de este grupo iluminaron en San Juan a una audiencia poco acostumbrada a escuchar otras maneras de implementación, soporte académico e innovación que sí tienen cabida dentro de una charter, gracias a la amplia latitud que este tipo de escuela ofrece para la individualización de la enseñanza.
Como si fuera poco, Osvaldo García, el director y fundador de Passport, una charter para estudiantes que sufren de autismo, habló de la esperanza de mejores servicios ofrecidos a través de este tipo de iniciativas. En su exposición, compartió los detalles de cómo se consigue un más alto nivel de calidad al descentralizar las escuelas de la burocracia impuesta por los distritos.
Muchas familias puertorriqueñas aspiran a enviar a sus hijos a escuelas privadas o a otras escuelas distintas a las que le fueron asignadas en función del lugar dónde viven, pero no tienen el dinero para pagar por una educación privada y -bajo las leyes operantes- carecen de acceso a una charter.
La administración presente tiene la voluntad de mejorar esta realidad, pero (y como ya es costumbre), el sindicato de maestros ha lanzado una campaña para desacreditar esta propuesta, haciéndola pasar como un atentado de privatización que quiere acabar con la educación pública. A sabiendas de que las escuelas charter son públicas, gratuitas y abiertas a todos.
Nelson Mandela dijo: “Education is the most powerful weapon which you can use to change the world.” Es decir, la educación es el arma más poderosa que podemos usar para cambiar el mundo. Puerto Rico está listo para cambiar el suyo. Ojalá que las fuerzas opositoras y sus campañas de mentiras no sepulten de nuevo la idea de darle a la Isla del Encanto las oportunidades que tanto sus niños necesitan.

Misericordia de Benito Pérez Galdós, un estudio de registros

Lenguaje verbal y orden social en Misericordia

En su representación realista de la vida de Madrid, Benito Pérez Galdós plasma en Misericordia las distintas formas de hablar de las gentes, creando una asociación entre el nivel social de los sujetos y el uso del español. El uso correcto o incorrecto del habla sirve en Misericordia como un identificador que marca las clases sociales entre criados y patrones, el pobre en comparación con el rico e incluso los pobres entre sí. Las descripciones, entre otros recursos literarios, habrían bastado para dar a entender la desigualdad social entre los personajes. No obstante, Galdós va más lejos en su afán por explicar la profundidad de la brecha. Para lograrlo, se vale de la forma cómo se expresa cada uno. Así, Galdós nos expone a las “capas ínfimas” y “los tipos más humildes” (Pérez Galdós, prefacio) de la sociedad española. Y para ello emplea un lenguaje que crea no sólo una caracterización de los personajes, sino también el lugar que ellos ocupan en el orden social. Por un lado, su estudio de la realidad abarca el sabor oral y por otro, plantea una problemática social. Al presentar el contraste entre ambas -la expresión y la condición- de una clase frente a la otra, Galdós pone en evidencia la disparidad social. El autor consigue esto a través de diversas variaciones lingüísticas. Para los fines de este trabajo, trataremos en específico los dialectos. Se definirá dialecto como “una comunidad lingüística cuyos miembros se comunican entre sí de manera consistente y hablan todos de manera semejante”. (Halliday, 239) Otro entendido lo describe como uno de los tipos de variedad idiomática que está incluida en el dominio de otra variedad mayor y que muestra una fuerte tendencia a repetirse. (Montes, 248) Desde el punto de vista de la sociolingüística, los dialectos son estructuras que revelan “el carácter jerárquico de la sociedad en términos de procedencia, sexo, generación, oficio, casta y clase. (López Morales, 238) Esa manera de hablar, pues, “funciona como un índice clasificatorio”. (206) La validez de dicho índice quedó demostrada con las investigaciones de Labov, quien descubrió que “el habla varía entre los miembros de una comunidad de acuerdo a la clase social” a la que pertenecen. (Halliday, 238) Considerando que hay variaciones/dialectos de muchos tipos, aclaramos que excluiremos lo familiar, lo nacional, lo urbano, para prestar atención exclusivamente al uso del lenguaje de acuerdo al nivel social de los personajes.
Desde las primeras páginas notamos múltiples incorrecciones en las que incurren los indigentes que hacen guardia en el lado Norte de la parroquia de San Sebastián. Galdós se sirve del lenguaje “no principalmente por su valor funcional, comunicativo, sino porque representa parte inseparable de una realidad determinada.” (Rogers, 248) Esa realidad es una fotografía tan fiel, que su estilo ha sido catalogado como “realismo científico”. (Wright, 96) En Misericordia encontramos que la gente de clase alta presta más atención al habla personal, entretanto, la gente que habita los estratos sociales más bajos adopta formas defectuosas del idioma, comete errores de pronunciación, se inventa ciertas palabras o a veces no las entiende; especialmente cuando éstas pertenecen a un registro más elevado. (Los registros son modos distintos de decir las cosas, [Halliday, 240]) De ahí que en personas de bajos recursos (Flora, Demetria, Eliseo y Casiana) aparezcan constantemente omisiones de la letra d al final de palabras, supresiones de la c entre vocal y consonante, empleo de la i para reemplazar otras letras, pronunciación errónea de nombres y verbos, además de barbarismos tales como mismamente. Por ejemplo, unos instantes antes de entablar un diálogo con el Don Carlos, Pulido se queja de lo “fulastre” que había sido el año. Durante su lamento, conjuga los verbos parecer y hacer, de la siguiente manera: “me paice a mí” y “quieren que no haiga pobres”. (4) Así mismo, cuando emplea palabras como: festividad, pobreza, palpitante, víctimas, Congreso, congregaciones, mendigos y discursos, las convierte en: “festividá”, “probeza”, “pulpitante”, “vítimas”, “congriogaciones”,” mentigos”. y “discursiones”. (4) Tan pronto Pulido ha concluido su perorata, aparece don Carlos, quien le regala una “perra grande.” Al mismo tiempo le dice: “No te la esperabas hoy: di la verdad. ¡Con este día!” Y luego: “Es verdad. Yo no falto. Gracias a Dios, me voy defendiendo, que no es flojo milagro con estas heladas y este pícaro viento del Norte (…)”. (4)
Tanto en el gesto de entregar la moneda como en las descripciones de cada personaje: Pulido “mal envuelto en raída capa de paño pardo” (4) y don Carlos “que viste una luenga capa”, (4) el escritor establece que un individuo está en mejor posición económica que el otro. Mas, es usando como recurso el habla fallida del ciego que la posición social superior de Don Carlos es puesta en relieve. Halliday, en su artículo El lenguaje como semiótica, plantea que pertenecer a la burocracia exige mantener un dialecto “estándar”, es decir, nacional. (241) Este sigue o aspira a seguir la norma. Entiéndase por norma como “el eslabón intermedio que nos permite unir la teoría de la lengua-sistema con la lengua-idioma”, (Montes, 251) y como “un patrón de comportamiento lingüístico impreso en el individuo por la tradición de su medio”. (250) En el caso de Don Carlos, vemos que emplea un castellano estandarizado. Dicho estándar, agrega Morales, goza de mayor prestigio, sea éste real o supuesto. (35) Este prestigio establece el lugar superior que el burgués don Carlos ocupa en el orden social. (Montes, 241)
Pero aunque el dialecto funge como indicador social, no siempre sirve para establecer la jerarquía entre los limosneros. Benigna, mujer pobre, demuestra poseer una superioridad moral y verbal sobre los demás mendigos. Moral, por negarse a participar de sus chismes y por rechazar la práctica que tienen de atacarse entre sí. Verbal, porque aun dentro de un registro coloquial, hace un uso más estandarizado de la lengua. Es decir, que no habla el mismo dialecto que el resto. De hecho, se le describe por sus modales más finos “y su buena educación” (8). Estas virtudes también estarán presente en el dialecto que emplea. Según lo explica el narrador: “Como en toda región del mundo hay clases, sin que exceptúen de esta división capital las más ínfimas jerarquías, allí no eran todos los pobres lo mismo”. Ciertamente, las ancianas dominaban sobre las nuevas. (7) Sin embargo, con la excepción de Benigna, el dialecto hablado por todos allí presentaba características similares a las de Pulido. Nótese el contraste entre la protagonista y los demás indigentes. Y cómo Benigna, una de las nuevas, es la que mejor se expresa.
-Benigna: “Tengo que hablar contigo, porque tú solo puedes sacarme de un gran compromiso; tú solo, porque los demás conocimientos de la parroquia para nada sirven”. (12) “Eres el hombre más apañado que hay en el mundo. No he visto otro como tú. Ciego y pobre, te arreglas tú mismo tu ropita; enhebras una aguja con la lengua más pronto que yo con mis dedos”. (13)
-Flora: “Pero qué, ¿no creéis lo que vos dije? La caporala es rica, mismamente rica, tal como lo estáis oyendo, y todo lo que coge aquí a las que semos de verdadera solemnidá.” (8) “Ha sido melitar, tiene siete cruces sencillas y cinco riales…”. (8)
-Demetria: “¡Vaya si golía!…”. (8) “De si tien o no tien dinero en el Banco”. (9)
-Eliseo: “Aquí se viene a lo que se viene, y a guardar la circuspición”. (9) “Ea, que estamos en la casa de Dios, señoras. Guarden respeto y decencia unas para otras, como manda la santísima dotrina”. (12)
-Casiana: “(…) y si ella hubiá tenido conduta, no le faltarían cosas buenas en que acabar tranquila…”. (12) “Aquí no se habla mal de nadie”. (12)
El poder de unos sobre los otros seguía las pautas de un sistema de señoría impuesto por las mendigas de la parroquia. Por tanto, no es producto del lenguaje. Ya hemos visto como Benigna no adopta el mismo dialecto -inferior o sin prestigio- de los otros mendigos, pero en términos de su posición social, está colocada en un eslabón menor con respecto a las que gozan de mayor antigüedad.
También con relación a Doña Francisca Benigna es una subordinada, no sólo por su condición de criada, sino además por la forma estandarizada que adopta la doña y el tono de mando que asume para dirigirse a ella. Las dinámicas de poder entre una y otra quedan expuestas en las siguientes líneas: “¡Vaya unas horas!”, le reclama cuando llega tarde a la casa (17), y luego: “¡Ea! date prisa, que siento debilidad” (19). Así mismo, en lugar de pedirle “prepárame la medicina” (29), secamente se lo ordena. Una de las ocasiones donde se palpa cuan aguda es la desigualdad entre ambas, es en la escena donde Paca, molesta con Benigna por ser la receptora de los halagos de Ponce, le dice: “Siempre serás lo que fuistes (…) hay que ponerte siempre a distancia, no dejarte salir de tu baja condición, para que no te desmandes, para que no te subas a las barbas de los superiores.” (75) Con este tono despótico e imperativo, Paca establece y reclama su control y su superioridad sobre la sirvienta.
En la vorágine de la sociedad pre capitalista madrileña, algunos subieron y muchos quedaron abajo, atrapados en la indigencia. (Wietelmann, 237) Francisco Ponce –Francisquito- fue unos de esos que descendió a lo último de la pobreza. A pesar de ello, el galán asume un dialecto que es común entre los adinerados. En la obra de teatro Pigmaleón de George Bernard Shaw (adaptada al cine más tarde), el profesor de fonética Higgins apuesta convertir una pobre florista en duquesa. Se propone lograrlo enseñándole a la chica una nueva manera de expresarse, adecuada al dialecto propio de las clases pudientes. Esta obra de carácter social se ocupa de examinar cómo la distinción de clases es marcada por el habla, mientras que cuestiona la sociedad por juzgar a la gente como entes inferiores o superiores en función de su pronunciación y etiqueta. Galdós, a través del personaje de Francisco, propone burlarse de la supuesta ascendencia noble del personaje a través del dialecto que utiliza. A fin de que aclarar al lector esta intención, el narrador explica: “Sólo en nuestra sociedad heterogénea, libre de escrúpulos y distinciones, se da el caso de que un hidalguete, poseedor de cuatro terruños, o un empleadillo de mediano sueldo, se confundan con marqueses y condes de sangre azul”. (46) El hablante, Ponce, es un “pelagatos”, (46) pero su registro quiere dar a entender lo contrario. A pesar de su precaria situación económica, se niega a ser reconocido como un muerto de hambre. De hecho, su compueblana Paca, le adjudica el título de “caballero”, (“un caballero de principios, y que sabe tratar con las damas”. [28]) Obsérvese el estilo florido y salpicado de palabras prestadas del francés que adopta esta “alma de Dios” al contar sus reminiscencias, cuando está hablando con la joven Obdulia; quien naciera en la opulencia, pero cayera en desgracia:
“No digo más que lo siento. Esa mujer ideal no se me ha olvidado, desde que la vi en París, paseando en el Bois con el Emperador. La he visto mil veces después, cuando flaneo solito por esas calles soñando despierto, o cuando me entra el insomnio, encerrado las horas muertas en mis habitaciones. Paréceme que la estoy viendo ahora, la que veo siempre…Es una idea, es un… no sé qué. Yo soy un hombre que adora los ideales, que no vive solo de la vil materia. Yo desprecio la vil materia, yo sé desprenderme del frágil barro…”
La interlocutora le comprende y le aúpa: “Entiendo, entiendo…Siga usted,” le dice. Deducimos, por su respuesta, que para Obdulia el registro de Ponce no es extraño. Y Ponce, a su vez, nos inspira lástima y risa por la ridiculez de su pomposa manera de hablar que no es más que un intento patético por aparentar ser un burgués muy fino. El uso de “bois” -que significa bosque- y “flaneo” -que proviene de ser un flâneur, es decir una persona que se pasea sin prisa observando y gozando del paisaje- en boca del lánguido galán enfatizan la incongruencia y exageran la desconexión que existe entre la variante lingüística y la posición social de Francisquito.
Mientras Obdulia se deja transportar a un mundo irreal con las historias de Francisco Ponce y parecer comprender todo lo que dice, a Benigna le ocurre lo opuesto. Ella ve con claridad que es un pobretón y no entiende -a veces- lo que dice. Una expresión de Ponce, en particular, le resulta extraña e indescifrable: “Siempre echándola a usted de menos, Benina…y muy desconsolado cuando brilla usted por su ausencia,” le dice él, y ella le responde: ¡Que brillo por mi ausencia!… ¿Pero qué disparates está usted diciendo, Sr. de Ponte? O es que no entendemos nosotras, las mujeres de pueblo, esos términos tan fisnos…”. (44)
La pirueta del lenguaje la confunde y ella no logra descodificar la frase “brillar por su ausencia”, en consecuencia, deduce que es un disparate. Benigna es clara, directa y habla sin rodeos. (Rogers, 252) Ella conoce bien quien es Ponce:
“Voy a tener otra vez el gusto de dar de comer a ese pobre hambriento, que no confiesa su hambre por la vergüenza que le da…¡Cuánta miseria en este mundo Señor! Bien dicen que quien más ha visto, más ve. Y cuando cree una es el acabose de la pobreza, resulta que hay otros mas miserables, porque una se echa a la calle, y pide, y le dan, y come, y con medio panecillo se alimenta…Pero estos que juntan la vergüenza con la gana de comer, y son delicados y medrosicos para pedir; estos que tuvieron posibles y educación, y no quieren rebajarse…¡ Dios mío, qué desgraciados son!”, nos dice. (45)
No obstante, como mujer de pueblo que dice ser, Benigna no ha adquirido un grado de lenguaje que le permita acceder al código empleado por Ponce. El sociolingüista López Morales plantea que la clase obrera posee “un código restringido”. De ahí que en Benigna aparezcan las características propias de su clase: bajo nivel de competencia en términos de sintaxis y vocabulario. (57- 58) Su restricción la limita, por eso no descodifica la frase dicha por Francisquito. También, nótese cómo Galdós va modificando y ajustando el lenguaje de acuerdo a las circunstancias y/o el interlocutor. Graciela Andrade comenta sobre este fenómeno y dice considerarlo como una de las propiedades más notables del escritor. (31) De tal manera, el dialecto de Benigna se considera menos culto cuando interactúa con Ponce y más educado cuando se la compara con los mendigos.
Del grupo de mendigos uno, Almuneda, se destaca por su amistad con Benigna y por lo particular de su dialecto. Almuneda dice ser eibrio de nacionalidad (36), eibrio es como él pronuncia la palabra hebreo. Su español tergiversado lo hace, tal vez, el personaje más inolvidable y pintoresco de Misericordia. En sus diálogos encontramos una transferencia de la lengua materna, o mezcla de varios idiomas producto del “gran vaivén geográfico y lingüístico entre tres culturas, la Cristiana-judía-islámica/Africana ha distinguido a España de sus vecinos europeos”, (Wright, 101-103) A continuación presentamos un ejemplo: “Dar yo ti…vida…Perdoñar mi…Yorar yo meses mochas, si tú no perdoñando mi…Estar loco…yo quierer ti…Si tú no quierer mí, Almuneda matar di él sigo.” (70)
Estigmatizado por su condición de hombre marginado y marginal, Almuneda está doblemente marcado debido su procedencia, puesto que “las diferencias étnicas desempeñan un papel importante en los cambios lingüísticos, y los mismos estigmatizan” (al inmigrante). (López Morales, 255) Incluso hasta la misma Benigna, al pensar en la tierra de origen del africano, asume que “hablan una lengua de todos los demonios, y que seguramente se diferenciarían de ella por las costumbres, por la religión y hasta por el vestido, pues allá, de fijo andaban con taparrabo…” (71) Más adelante, concluye que es “una tierra maldecida” y “una religión de los demonios coronados” (72) No obstante, esto no supone un rechazo por parte de Benigna, quien llega a solidarizarse con Almuneda al punto de pedirle a Doña Paca que le de albergue junto con él. “Eres buena, buenísima; pero no abuses, hija; no me digas que venías a casa con el moro de los dátiles, porque creeré que te has vuelto loca,” le contesta. (114) Benigna sale en defensa de su amigo: “Si hubo misericordia con el otro, ¿por qué no ha de haberla con este? ¿O es que la caridad es una para el caballero de levita, y otra para el pobre desnudo?” Los argumentos no conmueven a Paca. Para reiterar lo inamovible de su decisión, termina diciendo: “No, hija, no: es cuestión de estómago y de nervios…De asco me moriría, bien lo sabes.” (115) La situación de Almuneda se tornará aun peor cuando se descubra que padece de lepra. En este personaje, convergen ceguera, enfermedad, pobreza y procedencia para retratar la más precaria de todas las situaciones encontradas en Misericordia. Es, de todos mendigos, quien ha caído más bajo. La suma de tantos pesares lo aparta y lo hace singular, aunque nada parece distinguirlo con mayor fuerza que su forma dialectal. Diríamos que es imposible imaginarse a Almuneda separado de su jerigonza híbrida y especial.
En conclusión, encontramos que los miembros de la clase alta tienden a expresarse empleando un dialecto conocido como “estándar”, que se caracteriza por “un mayor grado de vigilancia” al habla personal. (Halliday, 239) Dicho estándar es visto como un símbolo de prestigio. Los dialectos de las clases bajas, al alejarse del estándar, son consideradas como dialectos inferiores por las faltas o perturbaciones a la lengua que tienden a presentar. Al contrastar los intercambios lingüísticos entre uno y otro grupo, se revelan los niveles jerárquicos establecidos por la sociedad. Así, el dialecto empleado por cada personaje funciona como un indicador de la estructura social, ubicándolo en el lugar que ocupan dentro de ella. Encontramos que desde las primeras páginas, que Galdós marca la diferencia de clases contrastando el dialecto empleado por los mendigos con el de un personaje burgués llamado don Carlos. Don Carlos adopta como dialecto el castellano “estándar.” Luego, vemos que los mendigos no están igualados en la pobreza. Se aprecia en Benigna un mayor apego a las normas, aunque dentro del marco de un registro coloquial. El dialecto de Benigna difiere de aquel que hablan los demás mendigos de la parroquia. La heroína posee una mejor educación y mejores modales, pero esto no significa que tenga más autoridad. Por su parte, la patrona de Benigna demuestra su superioridad social al adoptar, primero el dialecto estándar y también por emplear un tono despótico e imperativo. Así mismo, apreciamos el efecto de desconexión que resulta cuando se usa un dialecto que no corresponde a la realidad del personaje. Como resultado, Francisquito es retratado como un desubicado social. Finalmente, en la figura de Almuneda, hallamos el más acentuado ejemplo de disparidad. En él convergen las desgracias de ser pobre, ciego, leproso y extranjero. Su procedencia acerva la tragedia, pues ser moro, en la España de Misericordia, es ser menos. Para transmitirnos la marginalidad del personaje, el autor se inventa un dialecto tan distintivo que resulta imposible evocar el personaje separado de él.

Trabajos Citados
Alfieri, Graciela Andrade. “El lenguaje familiar de Pérez Galdós.” Hispanófila XXII (1964): 28- 37. ProQuest. Web. 13 Apr. 2016.
Barr, Lois Baer. “Social Decay and Disintegration in Misericordia.” Anales Galdosianos 17 (1982): 97-104. ProQuest. Web. 12 Apr. 2016.
Chamberlin, Vernon A. “Deleitar Enseñando: Humor and the Didactic in Galdos’s Misericordia.” Simposio: A Quarterly Journal in Modern Literatures 48.3 (1994): 174-83. ProQuest. Web. 12 Apr. 2016.
Geisler, Eberhard., and Fracisco Povedano, eds. Benito Pérez Galdós: Aportaciones ocasión de su 150 aniversario. Iberoamericana, 1996. Frankfurt. Alemania. Impreso.
Halliday, M.A.K. El lenguaje como semiótica social. Fondo de Cultura Económica, 1979. México. Impreso.
“Languages and Dialects”. The North American Review 104. 214 (1964): 30-64. University of Northern Iowa. Jstor. Web. 28 Mar. 2016.
López Morales, Humberto. Sociolingüística. Gredos, 1989. Madrid. España. Impreso.
Montes Giraldo, José Joaquín. “Lengua, dialecto y norma.” Instituto Virtual Cervantes XXXV.2 (1980): 238-257. Web. 10 Apr. 2016.
Pérez Galdós, Benito. Misericordia. Np, 2016. San Bernardino, CA. Impreso.
Ricard, Robert. Aspects de Galdós. Presses Universitaires de France, 1963. Paris. France. Impreso
Rogers, Douglas. “El lenguaje y personajes en Galdós.” Cuadernos Hispanoamericanos 206 (1967): 243-73. ProQuest. Web. 9 Apr. 2016.
 Sánchez García, Francisco Javier. “Sociolingüística y Sociología del lenguaje”. Promotora Española de Lingüística (2013). Web. Mar.28.2016.
Sobejano, Gonzalo. “Sobre la incógnita y realidad de Galdós.” Revista Hispánica Moderna XXX. 2 (1964): 90-107. ProQuest. Web. Mar. 28.
Wietelmann Bauer, Beth. “For Love and Money: Narrative Economies in Misericordia.” MLN 107.2 (1992): 235-49. ProQuest. Web. 12 Apr. 2016.
Wright, Amy. “La Mirada y los marginados en la Misericordia galdosiana.” Anales Galdosianos 44-45 (2009): 93-112. ProQuest. Web. 12 Apr. 2016.

¿Alguien dijo estrés?


de Hergit Penzo Llenas
Directora Nacional de Participación Hispana
para American Federation for Children

Mi amiga Jennifer tiene serias lagunas mentales. Me cuenta que cuando trata de recordar algunas cosas que le enseñaron en la escuela, no consigue recuperar mucha de la instrucción que recibió. Por ejemplo, ha tenido que aprenderse de nuevo los puntos cardinales y refrescar parte de la historia de su país: ¿quién fue Benito Juárez?, o ¿por qué se libró la batalla de Puebla?
De acuerdo la doctora Meyerson, su terapista, el caso de Jennifer es común en los niños que han sufrido estrés. “Estudios del funcionamiento del cerebro han demostrado que sobre la corteza cerebral se forman cicatrices al experimentar este síndrome. Las conexiones neurológicas creadas bajo estrés producen algo parecido a unos “caminos” por donde viajan los neurotransmisores. Estas rutas son tóxicas y cada vez que la persona -niño o adulto- vuelve a sentirse estresado, él o ella vuelve a desandar lo andado. Es decir, vuelve a sufrir los efectos dañinos del estrés”, explicó la doctora.
Indagando más a profundidad en la infancia de mi amiga, Dr. Meyerson pudo establecer, a través de los reportes escolares correspondientes al período de separación de sus padres, que Jennifer sostuvo un declive académico severo en esa época.
Durante el período de separación de mis padres, yo también pasé por una etapa de cero en conducta. Me torné ansiosa, agresiva y mis propios compañeritos me tildaban de busca-pleitos. Fue mi manera de expresar la frustración de perder lo que hasta ese punto había sido mi núcleo familiar.
Las separaciones maritales no son los únicos detonadores de estrés en un(a) menor. Se ha demostrado, así mismo, que haber nacido en condiciones de pobreza, donde hay violencia (doméstica y/o callejera), poca comida, falta de estabilidad, carencia de cuidados médicos, entre muchas otras cosas, provoca un nivel de estrés tan profundo que debilita la capacidad de memoria y aprendizaje del cerebro -que fue lo que le pasó a Jenny-.
Sin embargo, reza un viejo proverbio que no hay problema sin solución. Las soluciones para lidiar con este veneno son tantas, que si usted hace google: ¿cómo lidiar con el estrés?, recibirá unas 206,000 respuestas a su búsqueda. La mayoría de ellas recomiendan la meditación y el ejercicio como remedios indispensables.
No obstante, menos y menos de nosotros disponemos del tiempo, la dedicación y/o la disciplina para invertir en ejercitarnos y detenernos unos minutos al día para simplemente reflexionar.
A pesar de que la tecnología nos ha regalado la máquina de fregar platos, de lavar ropa y el micro-ondas, nosotros parecemos vivir más y más de prisa cada día, disponiendo de menos horas de calidad para el silencio y las actividades deportivas, lo cual va degenerando en un cúmulo de estrés que nos está perjudicando y perjudicando a nuestros hijos.
Ahora que se aproximan las vacaciones navideñas, hagamos un esfuerzo por robarle un espacio a las veinticuatro horas para practicar un poco la desintoxicación del estrés.
Los resultados, dicen los entendidos, aparecerán muy pronto reflejados en las calificaciones de sus hijos y en la calidad de su vida diaria. ¡Felices pascuas!

program implementation meets reality

 

by Hergit Penzo Llenas
National Director of Latino Outreach
American Federation for Children

Over the last two years, I have heard talk of a phenomenon described as “the apathy of the low-income family” when it comes to the betterment of and involvement in their child’s education. This statement usually comes from individuals who have not had the opportunity to work with these kinds of families. But I have. In my experience, the problem is not apathy, but, in fact, it runs much deeper than that. Let me explain.

On September 2015, a few months after the Nevada legislation passed the Education Savings Account program (ESA), I met Nancy, a Mexican immigrant, mother of three well-mannered girls, and a stay-at-home mom whose husband works in landscaping. 

On that warm afternoon in September, I was manning my first informational booth at an event in Las Vegas when Nancy approached my table. We talked about the ESA, a new and revolutionary program, which would allow her to have access to state funds to pay for ANY(!) educational choices she deemed suitable for her three girls: private school, home based education, virtual academies, online learning, tutoring, even therapies. We also discussed the legal challenges that programs like this had faced in many states. Afterwards, I gave her some flyers in Spanish and my business card. Nancy told me she was willing to take her chances and give it a try.

A few days later, she contacted me:

 –Coco, ¿por favor, me podrías ayudar a llenar los papeles de la ESA? (could you, please, help me fill out the ESA application?), she asked. Mi inglés es limitado y no quiero cometer un error (My English is limited, and I do not want to make a mistake.)

-¡Claro!, con mucho gusto (Of course! It would be my pleasure.), I answered, super excited to be able to assist my first client.

We agreed that we would meet at her house the next day at 9 am.

Since I was expected to inform families about the application process, I had previously surfed the Nevada Treasurer’s website to learn how to navigate the portal. It took me about 20-25 minutes to complete the ESA application process. Based on this practice run, I estimated that helping Nancy with the applications of her two school-aged girls would not take longer than an hour.

I was wrong. It took us almost the entire morning!

Little did I know that: 1. Although Nancy owned a computer, she was not computer literate. 2. The scanner and her desk top could not “talk to each other” given that she lost the connecting cable, and the device was not Wi-Fi ready. 3. The cable-less scanner would ONLY allow us to save the scanned documents on a flash drive, which Nancy did not have nor had she ever heard of such a thing. After looking for the cable for a while, and once we figured out that we could not save the documents, we headed to the nearest Office Depot to purchase a flash drive. The drive between the store and Nancy’s house was 20 minutes each way. It was close to 11 am when we made it back to her house.
We then started to fill out the application online. On a few occasions, we were “dropped” from the website, and had to start all over again. Long story short, when we finally completed the two applications, it was almost noon. A process that took me 20 minutes to complete at home ended up being a three-hour ordeal for her and a four-hour task for me (adding the travel time back and forth from my house to hers).

Let’s imagine if Nancy would’ve had to figure this process out by herself. Chances are that it would have taken even longer or she would have given up before finishing. Furthermore, even though the language was a limiting factor, her lack of computer skills was the real problem. For many families that I’ve come in contact with, not having a computer and Wi-Fi at home made matters worse.

Thankfully, we eventually started creating workshops in facilities around the state that were equipped with computers, Wi-Fi, volunteers and scanners to assist applicants with the application process. Working families showed up in big numbers prepared and enthusiastic about making a difference in their children’s education.

Apathy was never the issue and rarely is for parents who love their children.  Access to the knowledge to navigate the system, lack of resources, disinformation, language limitations, feeling intimidated by paperwork and forms, among many other factors are usually what deters parents from participating. In our fight to ensure that parents across this country are given the right to choose how their child is educated, let’s keep this in mind before tagging certain groups with labels such as apathetic.   

“No se trata de cuanto ganas, si no de cuanto gastas”


De Hergit Penzo Llenas
Directora Nacional de Molización Hispana
para la American Federation for Children

“No se trata de cuanto ganas, si no de cuanto gastas”, me dijo mi padre un día de invierno hace casi 25 años. Este consejo ha sido uno de los pilares que han regido mi vida y, definitivamente, una de las razones de la estabilidad financiera que haya podido tener.
Un lustro atrás ganaba apenas unos $12 la hora, es decir menos de $25,000 verdes al año. No obstante, me alcanzaba para cubrir mis gastos y pasear un poquito. Desde luego, no era la Vida-Loca ni mucho menos, pero igual no malpasaba e incluso guardaba un dólar para el día lluvioso o como dicen los americanos: “a rainy day” que es lo mismo que “tener un pe$o para la vergüenza”, como decía Herman Penzo, mi viejo.
“Puedes tener un millón en el banco, mas si te compras un helicóptero de 1.5 millones, te quedas pobre al instante. Sin embargo, si ganas $20 y gastas $15, siempre tendrás un monto positivo del cual echar mano, aunque este sea de $5 pesos. Así de sencillo explicaba el dilema, ¡el secreto!, de la liquidez financiera mi progenitor.
¡Y es que así de sencillo es!… si alguien se toma el tiempo de explicárnoslo y
–MUCHISIMO MÁS IMPORTANTE- no los enseña con su ejemplo.

¿Y a qué viene todo esto?
Pues viene al caso porque nuestros hijos aprenden de nosotros, los adultos en su vida, cómo entender y manejarse con el dinero. Para quienes leyeron “Poor Dad, Rich Dad” (padre rico, padre pobre, en cristiano) este concepto no es del todo ajeno. Tampoco lo es para quienes escuchan predicar el evangelio de la abundancia a través de las charlas como las de Abraham Hicks y otros pastores de variopintas denominaciones.

La falta de conocimiento financiero ha convertido la comunidad hispana en una de las presas mas fáciles de atrapar en las redes de los embaucadores, farsantes, patanes y charlatanes sobre esta bella tierra. Esta falta de entendimiento es, a su vez, pasado de padre a hijo, de hija a nieto, hasta el infinito. De ahí que, los depredadores hagan su fiesta entre y a costa de nosotros.
¡Mucho ojo! A espabilarse. No permitamos que nuestras futuras generaciones tropiecen con la misma piedra. ¡Es hora de levantar los pies! Si usted tiene demasiadas excusas para educarse debidamente sobre el tema de qué es el dinero, cómo trabaja y cuando es propicio tomar riesgos para multiplicarlo, si está demasiado cansada, aburrido, ocupada o sobrecogido por la FALTA de estabilidad financiera en su vida, entonces, POR LO MENOS, permita que sus hijos tomen clases o lean libros sobre alfabetización financiera (finantial literacy). Facilite que se eduquen, “que se empapen” sobre el tema.
Porque, aquí entre nos, ¡ya está bueno!
Ya está bueno de endeudarse hasta las narices, de no tener o perder el crédito, de someternos a tasas de interés exorbitantes, de que nuestros hijos salgan de las universidades con una deuda que les tomará 20 o 3 años saldar.

Este sistema está hecho para que nos lleguen mil solicitudes de crédito por correo y cero, nada, ninguna para educarnos sobre la complejidad de los préstamos, hipotecas, notas bancarias, APRs, ciclos, términos, proporcionalidad entre deuda e ingreso y un montón de otras reglas que gobiernan la economía personal, local, mundial y global -dicho se ha de paso-.
Entonces, ¡manos a la obra, pues!

Vamos a pescar

Hay un proverbio que reza: “dale a un hombre un pescado y le quitaras el hambre ese día. Mas si se enseñas a pescar, le matarás el hambre de por vida.”
Nosotros, los hombres y mujeres que llegamos a los Estados Unidos venimos huyéndole a una realidad que se niega a darnos las herramientas para aprender a pescar. Venimos buscando el conocimiento para prosperar. Y a veces lo logramos. Si carecíamos de un trabajo, aquí lo encontramos, si no teníamos casa propia, aquí la compramos, si andabamos a pie, aquí adquirimos un vehiculo y si en la casa no había televisión o había solo una, aquí nos compramos un par de pantalla planas.
Cuando miramos a nuestro alrededor, reconocemos con alegría que los niños tienen qué comer, dónde dormir y una tele para jugar con la consola de video. Es decir, tienen mucho más de lo que quizás sus padres tenían a la misma edad. Llegados a ese punto, a veces, algunos nos damos por satisfechos.
Agregamos una parrillada a la orilla de un lago el domingo y unas cervezas frías al final de la tarde. Y así, como a una hormiga a la cual se le acaba el universo al borde de la hoja, nos contentamos con vivir este sueño pequeño: un universo que abarca cama, casa, comida y trabajo.
Mientras tanto, a fuera de esas cuatro paredes de lucha, apetitos y descanzos hay otro mundo. Ese mundo es tan grande como lo es la selva amazónica con relación a una hojita. Es un mundo lleno de posibilidades, en el cual sueños mayores esperan. Y usted lo sabe. Sabe que la vida es otra cosa. Que hay un rincón del alma todavía sin saciar. Desconociendo como llenar ese espacio de algo significativo, nos volcamos en el marido, en comprar chucherías, en ver novelas, en pasivamente orar por algo, lo que sea que ocupe la mente por un rato. Sin embargo, todo lo citado con anterioridad no sacia ese vacio. Pero optamos por no pensar en eso; o quizas, cuando reflexionamos, no nos gusta escuchar la vocecita que nos dice: “sabes que tu existencia no es vivir en la rutina”.
Colmadas las necesidades básicas, del otro lado de la animal supervivencia, queda una tierra prometida. Esa tierra prometida es un lugar próspero y fecundo, en la cual la creatividad humana es puesta a prueba para generar soluciones ingeniosas a los miles problemas que nos quedan por solucionar en este país, en particular en el Estado de Tennessee y específicamente en la ciudad de Memphis, donde las tres cuartas (3/4) partes de los niños en 8avo grado no están leyendo a nivel.
Hoy, quisiera hacerle una invitación a dar un paso fuera de la hoja que constituye su universo personal, a fin de participar en un movimiento revolucionario. Únase a quienes buscamos crear cambios en la educación local. No espere a que alguien atrape el pescado y se lo entregue. Salga con nosotros a pescar. Encuéntrenos en Facebook bajo School Choice Now o escribanos a CLLenas@FederationFor Children.org