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Month: June, 2014

Pobre mamá

mother with child

Las madres deben ser buenas, sacrificadas, abnegadas, entregadas, amorosas, limpias, dispuestas a quitarse el pan de la boca, sufridas, justas, ecuánimes, incansables, de una conducta intachable, íconos del buen ejemplo, etcétera, etcétera, etcétera. Eso es lo que la sociedad, la cultura y los medios de información masiva han acordado que es una madre ejemplar. La realidad es que, como ser humanos hechos de carne y hueso, las madres tienen un montón de defectos. Las que no son violentas son mal habladas o egoístas o tacañas o descuidadas o todas las anteriores o ninguna de las anteriores, pero sí otras cosas por el estilo y muchas otras más que por razones de espacio -y por no cargarles más el dado- no vamos a mencionar. Aunque se empeñen y lo traten de evitar, las madres marcan a sus hijos, los acomplejan, malcrían, envanecen, los tratan con favoritismo y los llenan de ínfulas y regalos lo mismo que los llenan de golpes e insultos. Y es por eso que a cada uno nos tocó tener una madre que hizo lo mejor que pudo con lo que tuvo en el momento en que debió lidiar con tal o cual situación, o sea que fue ella y sus circunstancias, como diría Don Ortega y Gasset. Esta mujer se encontró a sí misma a medio camino entre el ideal que la norma le exigió que fuera, la madre que como persona bien intencionada aspiraba a ser y aquella que al final le salió de adentro. A veces, a causa de esta última, las madres se culpan, a menudo en silencio, por esa otra que fueron hace veinte o treinta años atrás, o uno o dos hijos atrás, cuando no habían acumulado la sabiduría, la experiencia, la madurez que tienen ahora. Las pobres, se sienten responsables de lo que usted y yo hemos resultado ser, porque, ¡ay, Jesús! se han llegado a creer que son las únicas responsables y las solas arquitectas de nuestros destinos. Y de ahí que algunas de nuestras madres guarden en el armario un montón de sinsabores por el papel que ellas jugaron en crear eso que somos, que como suele ocurrir, no es la versión que ellas soñaban de nosotros, si no un híbrido que guarda poca o considerable similitud con sus añoranzas y mucho mayor resemblanza con aquello que a usted y a mí nos dio la gana de ser. Sin embargo, el desencanto se da a la inversa, ya que es mutuo. No son pocos los hijos que cargan un ansia existencial, una crisis interna que lleva el nombre de su progenitora escrito en cada esquina. Esos hijos se sienten defraudados al comparar el modelo de “madre ejemplar” con la suya. Tal modelo, taladrado entre ceja y ceja con las maquinarias de consumo masivo: los dibujos de Disney, las películas de Hollywood, el cine de oro mexicano, las telenovelas, las comparaciones con la madre del vecino – pues no es secreto que las comparaciones son también de consumo masivo- dicho modelo, decía, es un mito. Está basado en expectativas irreales, expectativas que pertenecen al mundo de la ficción y no a esta tierra. Al igual que el resto del mundo, las madres evolucionan y progresan. Muchas ya no son ni siquiera la sombra de aquella archivada en nuestras memorias. A ellas, a nosotras, a todos nos engañaron con el cuento de hadas del perfecto amor filial y la abnegación sin par, un cuento que, aquí entre nos, es una realidad inalcanzable y un hueso muy duro de roer.

http://eltiempolv.com/opini%C3%B3n/aqu%C3%AD-entre-nos-15

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Carne presta para la rapiña

predator
A parte enseñarnos algunos de los hábitos exóticos y no tan exóticos del proceso de cortejo y reproducción de los animales salvajes, el Discovery channel también ha servido para familiarizarnos con las estrategias de cacería de los depredadores más efectivos que habitan las selvas de este planeta. Una de ellas, que ha probado su infalibilidad tanto entre cazadores solitarios como los que atacan en manada, es seleccionar como una presa a un ejemplar que por cansancio, enfermedad o inexperiencia se ha separado del grupo y se encuentra aislado de los miembros del clan en capacidad de defenderlo. Para el cazador, este estado de distanciamiento e incomunicación es la primera ventaja que él tiene sobre su presa. En nuestra sociedad, al igual que entre las bestias silvestres, ocurre lo mismo. Según reportó Forbes, en Miami al Medicare y Medicad le facturaron fraudulentamente cerca de $237 millones de dólares durante 2011. Las facturas provenían de compañías, en su mayoría fantasmas, cuyo blanco principal eran personas de la tercera edad. Los ancianos resultaban ser la clientela ideal pues sufrían de una salud debilitada, una mente –a veces- distraída y vivían muy frecuentemente en soledad. En otras palabras, eran carne presta para la rapiña. Esta rapacidad se extiende a otros ámbitos y a otras víctimas. Tan pronto demostramos un poco de solvencia económica o cierta “independencia” financiera, al inmigrante, al estudiante universitario, a todos nosotros nos bombardean con promociones producidas por compañías de tarjetas de crédito. Aprovechándose de la falta de educación financiera, la terrible desinformación imperante dentro de la comunidad hispana, abusando de la ausencia potencial de una red familiar y/o social que nos de soporte, los dueños del dinero plástico nos acorralan con un sencillo argumento que parece inofensivo, compre ahora y pague después. Las reglas de ese juego siempre están escritas en mini letritas usando un lenguaje lleno de siglas y acrónimos: APR, DPR (annual percentage rate, daily periodic rate), etcétera. Así mismo, la explicación de la oferta y sus penalidades suele estar ubicada, y no por casualidad, en la parte trasera de una página tan visualmente saturada que da dolor de cabeza el leerla. ¡Por eso casi nadie la lee! Y eso, of course, es lo que busca el acreedor. Los grandes capitales elijen un diseño gráfico tan intrincado, no por salvar un árbol al ahorrase la tirada de una segunda página donde aparezcan las letras en tamaño legible, si no para que uno pierda el interés por leer los diminutos términos presentados en una hoja de papel atiborrada. Cualquier diseñador o especialista en mercadotecnia le puede confirmar esto, ya que está probado y requete-probado que la densidad de la página afecta la motivación del lector. Este viejo truco no pasa de moda. Los prestamistas hipotecarios y vendedores de bienes raíces que engatusaron a medio mundo cuando Las Vegas gozaba de su gran boom inmobiliario se lo saben de memoria. Aquí entre nos, en esta jungla de concreto, hasta las pólizas de las aseguradoras tienen más rayas que un tigre gracias a su arsenal de condiciones tan intrincadas como el diseño arriba mencionado. Estas últimas, menos inocentes que depredadoras, acumulan millones defraudando al consumidor. Así, pues, ¡mucho ojo! No se aparte de la manada y manténgase conectado e informado.
http://eltiempolv.com/opini%C3%B3n/aqu%C3%AD-entre-nos-16

Para matar el ocio del verano

dona beija

A algunos les gustan las mexicanas, a otros las venezolanas o las colombianas, pero a mí desde joven me encantaron las brasileñas. Si las miramos de cerca, no son unas muy diferentes de las otras, pues al fin y al cabo, son puro melodrama. ¡Melodramáticas!, así se describen todas las telenovelas del mundo, sin importar su nacionalidad, ya que todas coinciden en presentar las emociones y los estereotipos humanos con mucha fuerza y gran aspaviento. Hace veinte y tantos años – y es muy posible que todavía hoy – los papeles principales eran representados por actores blancos y hermosos, los criados solían ser oscuros, la madre o una chica de alcurnia encarnaban al mismísimo Satanás, la protagonista era siempre pura e inocente, en tanto que el protagonista lo personificaba un galán musculoso, valiente y varonil quien estaba eternamente atrapado entre dos amores hasta el final de la serie, cuando, como era de esperarse, él elegía “la prota”. Así mismo, a casi nadie le faltaban un maquillaje impecable aunque se estuviera levantando de la cama a primera hora de la mañana ni se le chorreaba el negro de las pestañas a pesar de haberse metido en la piscina de pies a cabeza. La amnesia, el incesto, la pobreza de unos contra la riqueza de otros, la traición, la mentira, la infidelidad, los celos y otros temas por el estilo eran una constante. Por más años de los que me atrevería a admitir en público, me pegaba una hartura de diez horas semanales de culebrones, como le dicen en España, pero una noche me cansé. Y es que me daba la impresión de estar viendo la misma cosa una y otra vez, solo que con escenarios, vestuarios y rostros diferentes. Fue por ese entonces que mi padre me regaló mi primera colección de libros de ficción: La cabaña del tío Tom, Diez mil leguas de viaje submarino, Mujercitas, La vuelta al mundo en 80 días, etcétera. ¡Y menos mal! porque no sé adónde hubiera ido yo a parar con la mente ociosa y el cuerpo burbujeante de hormonas como una coca cola. Desde ese día, cuando le dije adiós a Dona Beija y demás diosas del Olimpo telenovelero, los libros me han salvado del aburrimiento, de la ignorancia y de las malas compañías. Como quien dice, me han salvado la vida. Aquí entre nos, es el mejor regalo que recibí de mi padre y es uno de los mejores obsequios que puedes hacerle a tus hijos este verano y ¿por qué no? a ti mismo.

 

El mito de la virginidad

virginity

Un mito, en tanto que tal puede ser real o imaginario, ya que la verdad del mito no está en su contenido, sino en el hecho de ser una creencia aceptada por vastos sectores sociales. (Florescano, Mitos Mexicanos)

Estudios estadísticos demuestran que “la edad de iniciación sexual de las mexicanas ha disminuido en la últimas décadas (…) Como consecuencia, los embarazos en las adolescentes son tan alarmantes que se han convertido en uno de los asuntos fundamentales de las políticas de población.” (Menkes, Sexualidad y embarazo adolescente en México). Sin embrago, la sociedad mexicana prefiere hacerse de la vista gorda ante la rampante evidencia de que las señoritas de su casa no se casan “señoritas,” pues desde muy temprana edad están activas sexualmente, con lo que las dejan a la merced de la ignorancia y la falta de información con respecto a la prevención de enfermedades sexuales y el embarazo.

Para los varones, por el contrario, la situación es totalmente diferente. Por lo general, ellos también experimentan una iniciación sexual precoz, mas en sus casos la pérdida de la virginidad es considerada como algo aceptable, celebrado e inclusive en el seno familiar se les instruye cómo hacerlo. En consecuencia, al hablar de virginidad, el concepto se aplica solo a la mujer, puesto que la virginidad masculina en tanto que premio u humillante pérdida no es existe. Esta doble moral juzga la virginidad femenina diferente a la iniciación sexual masculina, ya que restringe una y estimula la otra. Dicen los expertos, que este alto precio puesto sobre la virginidad femenina es producto de usar la sexualidad como un valor de cambio. Además, añaden, oculta el deseo machista de poseer un ideal de mujer “pura.” A fin de ilustrar este concepto, tomemos de ejemplo el uso del condón en la juventud mexicana. Se encontró que los jóvenes usan el condón únicamente cuando van a tener relaciones sexuales ocasionales “con el tipo de mujer poco comprometida” (Menkes, 252)

De ahí que la sexualidad haya sido revestida de innumerables atribuciones morales enunciadas como el Bien y el Mal. Esta carga simbólica sobre la sexualidad, y en especial de la virgen, parece tener de igual manera un sustrato en razones de tipo biológico. En vista que la reproducción se lleva a cabo en el cuerpo femenino, “el control de la capacidad reproductiva de las mujeres, y por lo tanto también de su sexualidad, es fundamental para la permanencia de cualquier cultura (…) La virginidad femenina aparece entonces como un ámbito que posee tal carácter sagrado que es profanado con el primer coito durante el cual el varón aparece como el instrumento de tal transgresión; el emisario de la maldad.” (Amuchastegui-Herrera, Ana. Valores Sexuales y virginidad en México) Así, la calificación del erotismo como “malo” aparece con frecuencia en la cultura popular mexicana. La protagonista de las telenovelas, por citar una referencia, suelen ser vírgenes y sus enemigas en contraste, mujeres muy sexuales. No obstante, como dijo Barthes, “la mejor de las armas contra el mito es, quizás, desmitificarlo a su vez. Es producir un mito artificial: y este mito reconstituido será la mitología verdadera” (Mitologías)

¿Quién, entonces, representaría la mitología verdadera?…Pues una mujer que exhibe una sexualidad sin trabas, un ente liberado y deliberado en su comportamiento y elecciones sexuales. Una mujer que se burle de la doble moral, que acabe con el disimulo que la sociedad le exige mantener a través de modelos religiosos antiguos, que no corresponden a la actualidad, y que son eternizados por una actitud machista que se niega a medir a la mujer con la misma vara con la que mide al hombre. Es decir, una mujer que no esté forzada a privarse de las mismas libertades sexuales que, por generaciones, los hombres han venido disfrutando sin ningún prejuicio tanto en México como en el resto de la América Latina. Pero sobretodo, y aquí entre nos esto es lo más importante, una mujer educada e informada sobre los recursos a su alcance para cuidarse de un embarazo indeseado y de las enfermedades sexuales. Un aprendizaje que debería empezar en casa, si a las hijas nos trataran igual que a los hijos.