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Category: Opción escolar

Si me das, yo también te doy

De Hergit “Coco” Lenas

La introducción de un proyecto de ley que ayudaría a familias a pagar por una escuela privada fue anunciada la semana pasada por la Secretaria de Educación Betsy DeVos, quien busca expandir de esa manera el menú de opciones a la hora de los padres elegir donde enviar sus hijos a estudiar. Este proyecto aspira a ser un nuevo cauce de ingresos el cual emplearía las estructuras de programas estatales de este tipo, ya existentes en diversos Estados de la nación norteamericana, para que personas y/o empresas puedan hacer contribuciones a organizaciones sin fines de lucro conocidas como Scholarship Granting Organizations o SGOs, como se les llama por sus siglas en inglés. Éstas, a vez, redistribuirán las recaudaciones en forma de becas. Por su parte, los padres podrían solicitar sus becas a través de los procesos establecidos por las SGOs y una vez aprobados, pagarían por la colegiatura de una educación privada tanto a nivel de la primaria como de la preparatoria. Así mismo, podrían emplear estos fondos para cubrir la matricula en institutos técnicos y vocacionales.
Por otra parte, los donantes recibirían un incentivo que consiste en un crédito federal no reembolsable dólar por dólar, que es decir: por cada dólar donado se les otorgaría un dólar de crédito ¡y ni un centavo más! cuando hagan su declaración de impuestos. O sea, que con esta ley los mecenas y filántropos recibirán un crédito por sus contribuciones.
Este plan inyectaría cinco mil millones de dólares anuales a estos programas, sin tocar los presupuestos destinados a mantener las escuelas públicas, ni alterar los montos invertidos en aquellos estudiantes que asisten a una escuela pública.
Además, los estados decidirían si quieren o no participar de esta iniciativa. De acuerdo a esta propuesta de ley, si optan por participar, los estados estarían obligados a otorgar un 90% de las recaudaciones en forma de becas y el 10% restante se emplearía para los gastos relativos a correr estos programas: personal, campañas de concientización, gastos administrativos y demás.
La propuesta fue auspiciada por el Senador Tez Cruz y el representante Bradley Byrne y se la conoce como la Education Freedom Scholarships. Ellos tienen ahora la tarea de lograr que pase por las diversas cámaras y comités para su aprobación. Vale aclarar que esta propuesta no pretende crear un nuevo programa federal, sino crear una nueva forma de emplear los códigos fiscales.
Suponiendo que les vaya bonito, lo cual no es garantía dado el clima imperante en las colinas de Washington D.C., esta nueva fórmula facilitaría la creación de más oportunidades y más beneficios económicos para millones de estudiantes que quisieran- pero no pueden- acceder a una educación privada.

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Educación sexual en las escuelas

De Hergit “Coco” Llenas

La taza de jóvenes embarazadas en los Estados Unidos es significativamente más alta que la de otros países industrializados. Mientras que en Holanda 14 de cada 1,000 chicas se embaraza a temprana edad, aquí la cifra es 57 de cada 1,000.
No obstante, en aquellos Estados donde se enseña educación sexual usando términos biológicos precisos, las tazas son más bajas. Por ejemplo, en New Jersey, se requiere presentar la educación sexual en terminología médica y resulta que sólo 14.8 de cada 1,000 chicas quedan embarazadas; en contra posición: Mississippi, donde no es mandatario explicar las cosas muy claras, ¡sorpresa! 42.6 de cada 1,000 adolescentes quedan encinta año tras año.
Gracias al movimiento conocido como #MeToo, el tema de educar sexualmente a los estudiantes está tomando envergadura, pero de manera irregular. Esto se debe a que cada Estado lo está haciendo a su manera. “La educación sexual todavía se mantiene como un mosaico de sistemas dispares que varían profundamente de Estado en Estado”, dijo Nora Gelperin quien es la directora de Educación Sexual y Entrenamiento de la Juventud para una organización que defiende el concepto de una educación sexual honesta. Y por honesta, aclara, “es que vaya más allá del uso de preservativos u orientaciones sobre enfermedades venéreas y abarque –además- aspectos éticos de las relaciones y también cómo protegerse y planear para el futuro”.
Únicamente 24 Estados exigen educación sexual en las escuelas. De estos, 10 demandan el uso de lenguaje médico, según el Guttmacher Institute. Los restantes 26 Estados no están legalmente obligados a impartir este tipo de docencia ni a llamar al pan-pan y al vino-vino.
Entre estos últimos, puede que se reemplacen las clases de orientación y educación sexual por políticas de abstinencia, aunque “los estudios han demostrado que confiar exclusivamente en la abstinencia no reduce el riesgo de embarazo a destiempo ni el ritmo de actividad sexual en los adolescentes”, según explicó Catherine Brown, una investigadora del Center for American Progress, es una organización de tendencias liberales.
De hecho, John Santelli, investigator de cabecera en Columbia University, enfatiza que los estudiantes deben aprender a “comunicar su consentimiento, a reconocer y emplear un protocolo de permisos mutuos, incluyendo la negación y el saber evitar avances físicos, verbales y sexuales”. Alineados con esta visión, en Oklahoma, se introdujo una ley conocida como Lauren’s Law que requiere entrenar a los maestros en cómo impartir clases sobre el consentimiento y la salud emocional de las relaciones.
En California, los distritos están implementando el acto Healthy Youth, el cual demanda la “integración y comprensión de material sobre salud sexual y prevención de SIDA que sea detallada e inclusiva” para los estudiantes de intermedia.

A pesar de no haber uniformidad y aunque reina la desinformación, con el movimiento #MeToo, junto con la aplicación de nuevas leyes, está consiguiendo concientizar a más jóvenes en nuestras comunidades. De todas formas “creo que va a tomar tiempo…tendrá que haber una evolución en las normas y un mayor entendimiento de lo que es necesario hacer para ayudar a los jóvenes a comprender lo que son las relaciones íntimas”, concluyó la señora Brown.
Mientras ese día llega, ayudaría que los padres les hablen a sus hijos sin tapujos de este tema, porque al fin y al cabo ¿no vale más prevenir que lamentar?

Desvistiendo un santo

De Hergit “Coco” Llenas

Mientras los haitianos cruzan la frontera y emigran a la República Dominicana, los dominicanos cruzan el Canal de la Mona para llegar a las costas de Puerto Rico y los puertorriqueños, a su vez, se montan en un avión para ubicarse en la Florida y otros Estados del continente americano. Este éxodo masivo de los últimos lleva tantos años que el fenómeno tiene nombre propio: la diáspora boricua. Esta diáspora se agravó en el 2017 cuando el huracán María azotó la isla. En los días que siguieron al desastre natural, según diversos estudios, se estimó que 175,000 habitantes abandonaron la Isla del Encanto, dejando atrás sus casas medio destruidas, un paisaje apocalíptico de árboles sin hojas y centenares de planteles escolares semi-despoblados.
Con una salud económica profundamente deteriorada, con la ayuda federal y el pago de los seguros moviéndose a cuenta gotas, Puerto Rico es todavía un escenario de troncos colapsados sobre los techos de las viviendas, edificios sin techo y solares baldíos llenos de desechos. Eso es lo tangible. Lo intangible ha sido un trauma cuya secuela psicológica ha sumido a la población en una actitud de sálvese quien pueda. Ahora Boriquén no sospecha, pero sabe a ciencia cierta de su desamparo.
Ante la imposibilidad de arreglar la situación a tiempo, se desvistió un santo para vestir a otro.
Así, familias enteras se re-ubicaron, trayendo a nuevos distritos escolares un influjo masivo de estudiantes muchos de los cuales no hablan el inglés. Para los distritos que han absorbido estos estudiantes, la tarea de adaptación no ha sido un paseo en el parque. Esto se debe a muchas razones: la falta de maestros entrenados para lidiar con niños que son English Language Learners (ELL), la sobrepoblación súbita de los salones de clases, la integración y/o choque cultural para ambos, las familias y los administradores de escuelas, entre otras más. Eso por un lado.
Por el otro, el santo desnudo dejado atrás anda gestionando ponerse ropas nuevas, lo que implicaría -de acuerdo al plan de recuperación- convertir a Puerto Rico en un destino turístico de primera en el Caribe, en lo relativo a la economía. En cuento a la educación, el proceso ha consistido en el cierre de escuelas, la re-estructuración del distrito a fin de descentralizarlo, la apertura a nuevos modelos de escuelas y/o programas tales como la Libre Selección de Escuelas y escuelas charter o alianzas como se les llaman allí.
Si de verdad del choque viene la luz, las posibilidades de inversión en bienes inmuebles, de re-invención de la educación, de rehabilitación de la economía prometen encaminar el país por el sendero del progreso. Sin embargo, para lograrlo se va a requerir algo de continuidad, lo que resulta más fácil de decir que de hacer dada la tendencia cultural de nuestros pueblos a pasar borrón y cuenta nueva cada vez que podemos. Una costumbre que nos ha estancado en una adolescencia perpetua de proyectos a medio terminar y visiones sin materializar que algún día, yo espero, podamos finalmente superar.

Las universidades y los incentivos: un arma de doble filo

De Hergit “Coco” Llenas

En la medida que cambian los grupos demográficos en los Estados Unidos, varían también las necesidades de las instituciones que les sirven. Así, a lo largo y ancho de esta nación se ha visto un incremento en la tasa de la graduación escolar de los hispanos, lo que ha creado un nuevo flujo de matriculados en las organizaciones que ofrecen una educación post-secundaria; ya sean universidades de cuatro años o colegios universitarios que preparan los estudiantes con un diploma asociado de dos años.
De hecho, hacer que estos jóvenes adquieran una educación universitaria es actualmente el foco de las políticas gubernamentales en este país, cuya meta para el año 2020 es llegar a tener el número más alto del mundo de personas graduadas.
Con este fin, en el 2008, se creó un incentivo federal para asignar recursos adicionales a aquellas instituciones que atienden a nuestra gente, dado que los latinos representamos el grupo minoritario de mayor crecimiento poblacional, al tiempo que somos uno de los más bajos en logros académicos.
Si una entidad cuenta -por lo menos- con un 25% del estudiantado de origen hispano, puede solicitar la designación de Hispanic-Serving Institution (HIS). Una vez aprobada, las universidades son elegibles para recibir subvenciones del gobierno federal.
Muchos colegios y universidades compiten por convertirse en HIS tanto por el deseo de calificar para más fondos como por razones mercadológicas, puesto que las comunidades minoritarias las consideran más atractivas, lo que ayuda a subir la matriculación.
No obstante, llevar el título de HIS no es garantía de buen servicio. Muchas veces alcanzar el porcentaje mínimo para adquirir o conservar el estatus no viene de la mano con los programas e iniciativas necesarios para asistir de manera adecuada a la población Latinx.
Gina García, de la Universidad de Pittsburg, habló al respeto: “A veces, el nombre HSI no pasa de ser una etiqueta hueca. A pesar del aumento en el número de HSIs, hay que criticar la tendencia imperante en algunas de estas a inscribir muchos hispanos sin conseguir que los resultados finales sean de verdad equitativos”.
Es decir, que se enfocan en inscribir nuestros hijos, pero no en graduarlos de una carrera. Y esto se debe a la falta de soporte real para ayudar los estudiantes a lidiar con los obstáculos que vienen con la vida universitaria y la identidad latina. De ahí que, sea de vital importancia que la designación responda a un esfuerzo cohesivo, integral e inclusivo que aspire al éxito a través de la graduación, en lugar de un juego de números donde lo que importan son los recursos recibidos y no los resultados obtenidos.
La vitalidad económica de los estados ¡y de la nación! depende de una sociedad educada. Más y más puestos laborales demandan un grado universitario. Para los hispanos poder participar en igualdad de condiciones en el mercado de trabajo del futuro, es imprescindible que mantengan el paso, graduándose en masa. Y eso no está ocurriendo tan a menudo como se esperaba porque, en muchos casos, las Hispanic-Serving Institutions han hecho de las subvenciones federales un negocio en vez de un servicio.

Dinero perdido


Cada año se dedican quince mil millones de dólares federales ($15,000,000,000) al programa de distribución de fondos escolares conocido como Title I, diseñado para dar más a quien tiene menos, a fin de cerrar la brecha académica y mitigar los efectos de la pobreza. Cincuenta y tantos años y múltiples estudios más tarde, la evidencia ha demostrado que Title I es inefectivo, poco equitativo y para nada transparente, según lo plantea la doctora Susan Pendergrass, directora de investigaciones en el área de políticas educativas para el Show-Me Institute, localizado en St. Louis, Missouri. Los resultados de su exhaustivo análisis han sido publicados recientemente bajo el nombre de “Bringing Title I into the Twenty-first Century”. (https://www.federationforchildren.org/wp-content/uploads/2018/12/Bringing-Title-I-into-21st-Century.pdf)
De acuerdo a la doctora, con el pasar de los años y a fuerza de cambios y/o adiciones, la ley ha perdido su intención inicial. Explicó que Title I debe su nombre al ser el primer acto de una ley de 35 páginas conocida como el Elementary and Secondary Education Act (ESEA). La ESEA fue creada en el 1965 y escrita por Fracis Keppel. Keppel fue el comisionado de educación para el presidente Lyndon B. Johnson, quien inició “la guerra contra la pobreza”. Un año antes de su incepción, en el 1964, otro acto vino a cambiar el panorama de los Estados Unidos: the Civil Rights Act, responsable de terminar –entre otras cosas- con la segregación racial en lugares públicos. Este acto de ley permitió que blancos y negros tuvieran acceso a las mismas escuelas públicas. Negados a aceptar la integración, los blancos huyeron a los suburbios, abandonando las zonas urbanas. El casco metropolitano de las grandes ciudades quedó entonces poblado por minorías raciales quienes ¡también! representaban los segmentos más desposeídos de la sociedad debido en gran parte a la discriminación laboral imperante.
En teoría, Title I vendría al auxilio de esta población, pero en la práctica, a la simple formula básica de asignación de fondos propuesta por la ESEA se le agregaron cientos de páginas de otras provisiones: the Concentration Grant, the Targeted Grant, and the Education Finance Incentive Grant (EFIG). La suma de las fórmulas que cada una de estas nuevas leyes añadió al programa, convirtió la tarea de identificar a los estudiantes más necesitados en una tela de araña tan compleja que las variaciones entre Estado y Estado dejan a los expertos boqui-abiertos.
Como resultado, y conforme a los datos recolectados entre 1992 y 2003 por el National Assessment of Educational Progress (NAEP), cuya función es administrar los exámenes para el Departamento de Educación de los Estados Unidos, “the size of achievement gaps between low-income and non-low-income students have remained steady for about 15 years”. Es decir, Title I no ha dado frutos.
No obstante, Title I puede ser modernizado. ¿Cómo?… Tendrás la respuesta en mi próxima entrega cuando exploraremos el derecho de los padres a escoger como posible alternativa para servir de manera más eficaz a los niños con desventajas socio-económicas de la misma forma que lo han hecho otras ayudas federales.
de Hergit “Coco” Llenas

Abuelos en la educación


Basta con mirar a nuestro alrededor para encontrar sobradas evidencias de la juventud que adolece esta nación, cuya historia a penas data de cientos y no de miles de años.
Sociedades más antiguas, como la japonesa o la Latina (que se remonta a los tiempos del imperio romano) poseen la sabiduría de los siglos y han mantenido algunos valores intactos que son fundamentales para una sociedad sana, como el amor y respeto por las personas mayores. En estas culturas, los abuelos son parte integral de la familia y participan activamente en la crianza y en la educación de las nuevas generaciones.
Estudiando esta interacción, los sociólogos, psicólogos y antropólogos han encontrado que es beneficiosa tanto para el niño como para el anciano. Al último, le transmite alegría de vivir. Y a los chicos, por lo general, da la oportunidad de aprender de alguien más paciente que sus padres.
En algunos lugares se están llevando a cabo pequeños experimentos donde los abuelos han sido llamados a participar de las hortalizas y jardines escolares, entre otros proyectos. Tal fue el caso de la escuela elemental Crestwood, en Nevada, donde la administración ha entendido el valor que añaden las abuelas(os) al proceso educativo.
Localizada en el corazón de un barrio poblado por familias mexicanas, Crestwood supo capitalizar en la tercera edad. “Muchos de los abuelitos tienen la experiencia de saber trabajar la tierra. Ellos cuidan y mantienen este jardín mejor que nadie”, me participaba la directora del plantel. Pero más allá de ayudar como voluntarios para el cuidado de las plantas, “el jardín nos ha servido para reconectar a estos niños con la naturaleza y con el conocimiento que de ella tienen sus ancestros. Además, este espacio nos ofrece una herramienta para enseñar todo tipo de lecciones”, añadió Miss Richardson.
Una de las lecciones más importantes ha sido el planteamiento de una mentalidad de crecimiento. “Los cascos urbanos de muchas ciudades de este país, incluyendo Las Vegas, son junglas de cemento. Nuestros estudiantes están desconectados de la abundancia que ofrecen los campos, los bosques. Observar como una semillita busca salir por debajo de una roca, como el agua busca su curso alrededor de una barrera, muestra el poder de la persistencia, de tener grit. Y cuando estas lecciones son adornadas con anécdotas contadas por las abuelitas, el vínculo afectivo, la historia familiar y la filosofía de superación del curriculum escolar se funden para crear una experiencia de aprendizaje rica y profundísima, continuó explicando la directora.
A manera de conclusión, las abuelitas son lo mejor que le ha pasado a esta escuela en mucho tiempo, exclamó la emprendedora y entusiasta señora directora.
En esta época de fiestas y re-encuentros familiares, hagamos una pausa para reflexionar sobre el papel de nuestros abuelos y cómo podemos integrarlos más en las rutinas de aprendizaje de nuestros hijos, ¡quien sabe los frutos que recogeremos de esa cosecha!
de Hergit “Coco” Llenas

Exámenes de mitad de año


Lo que no se practica, se olvida. Han pasado casi tres décadas desde que me enseñaron como calcular fracciones. De manera que, cuando mi sobrina me pidió ayuda con una tarea de fracciones mixtas y búsqueda de variables, tuve que confesarle un poco avergonzada: “no recuerdo cómo resolver este problema”. La niña está cursando el sexto grado en una escuela magnet dedicada a impartir un contenido enfocado en ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas, o STEAM como se le conoce en inglés.
Anticipando un por si acaso, mientras almorzaba en un buffet de comida de la India unos días antes, había tomado la tarjeta de un tutor de matemáticas. El tutor en cuestión es un ingeniero retirado proveniente de Sri Lanka, profesor de algebra a nivel universitario y es también nuestra única esperanza para que mi sobrina pase sus exámenes de mitad de año con éxito. Dichas pruebas serán impartidas antes de las vacaciones de invierno; es decir, dentro de las próximas tres semanas. Contratar a un tutor de la talla de Mr. Chandra no es barato y encontrar un espacio dentro de su apretadísimo horario, no ha sido fácil. Según me comentaba, la demanda por sus servicios continúa en aumento.
“Mi idea era hacer tutorías como un part-time, pero con la implementación del currículo de common core, más y más padres me refieren pues no saben o no pueden asistir a sus hijos con sus deberes. Y conste que muchos de mis clientes son padres quienes trabajan como médicos o son dueños de negocios y así por el estilo, me explicó este hombre manso en su inglés salpicado de notas con sabor a curry, el cual he traducido aquí con menos colorido que el de su entrega original.
La carga académica sobre los hombros de nuestros estudiantes no es broma. Muchos padres lo saben. Sin embargo, aún conscientes de la urgencia de la situación, no todos poseen tanto los recursos financieros como los intelectuales para servir de apoyo a sus pequeños.
¿Qué suerte le depara a un niño cuya familia carecen del aval necesario para sustentar su éxito escolar? La educación de kínder a la preparatoria (k-12) es un colador. Por sus agujeros cada vez más estrechos, pasan aquellos estudiantes cuya situación económica le permite pagar por servicios que remedian las lagunas académicas, aquellos que cuentan con una estructura de soporte sólida y/o aquellos cuya disposición y actitud los hace trabajar más fuerte que los demás. La combinación de las tres condiciones anteriores sería -en teoría- la fórmula ideal. Aunque, a falta de dinero, las otras dos (esfuerzo personal y asistencia familiar) serían la posible alternativa.
En Gattaca, una película de ciencia ficción de los noventa, se pinta un futuro donde solo los humanos con un cierto ADN, uno que ha sido limpiado de faltas en los laboratorios, tienen acceso a los mejores trabajos. Los nacidos con un ADN natural que padecen de propensiones a ciertas debilidades físicas o mentales, esos son descartados y en consecuencia destinados a limpiar pisos. De igual manera, los doce primeros años de educación escolar están filtrando a nuestros hijos. Sobrevivirán los más dedicados y trabajadores, quienes son ayudados por los adultos en sus vidas y los de las clases más pudientes, quienes heredaran (con o sin talento) las fortunas de sus ancestros. ¿En cuál grupo caerán tus hijos?…

de Hergit “Coco” Llenas

Deseo navideño


Quisiera que mañana hubiera llegado. Me gustaría poder mirar el sistema educativo actual desde un punto de vista situado 30 años más adelante. Imagínate que estamos en el 2050. En los Estados Unidos cada niño, pobre o rico, tiene acceso a una educación de alta calidad y sus padres se han acostumbrado a decidir qué es lo mejor para ellos. El trazar líneas imaginarias que forzaban al estudiante a asistir a una escuela en particular ha sido un concepto borrado y olvidado. De hecho, la gente recuerda esas reglas y se ríe de su ridiculez.
Mientras son guiados por un museo de paredes grises, el cual parece más una prisión que una escuela, un chico indagará:
– “¿Quién vivía en esas jaulas?”
-“No sé. Me cuesta creer que aquí, entre sillas alineadas como si fueran una factoría de ensamblaje, se cultivara la innovación e invención humana”, respondería la madre. ¿Por qué permitimos que el sistema de fosilizara? ¡150 años repitiendo lo mismo! –se cuestionarían todos en silencio…
Bueno, si no viene del pueblo, el cambio puede tardar una eternidad en llegar. El pueblo es quien decide cuando es tiempo de salir del sótano para encontrar la luz, diría en voz alta el guía, como si hubiera escuchado los pensamientos de los demás.
Si no te sirve, mi hijo, ¡SALTE! Ese fue el grito que encendió la llama en el corazón de aquellos reformadores que lucharon por una salida, un escape para miles de niños atrapados en escuelas desastrosas. Esos pioneros abrieron el camino hacia una nueva frontera en la educación escolar fundamentada en el acceso a recursos para gozar de otras opciones, un derecho que vendría a ser como aquel tren clandestino que sacó a los esclavos del sur para que pudieran vivir en libertad.
Finalmente, el sistema empezó a reajustarse, a aceptar la co-existencia alternativas, hasta que el derecho de los padres a controlar el destino educativo de sus hijos se convirtió en lo normal.
De la misma manera que los cambios ocurrieron en otras áreas, la educación fue re-inventada, como se reinventaron los matrimonios inter-raciales o el derecho de la mujer a votar y la desegregación de las escuelas públicas. (¿Desegregación?, ¡un momento por favor!) ¿Por qué la brecha académica entre blancos y negros nunca acaba de cerrarse? ¿Por qué la senda entre escuela y prisión sigue pavimentada por chicos de piel morena?,¿por qué el sindicato luchó tan duro para impedir el progreso? La lógica que ha permitido la persistencia de un sistema de escuelas públicas monolítico sonará tan bárbaro en el 2050 como suena en la actualidad que en los tiempos medievales los médicos no se lavaran las manos antes de una operación por desconocer la existencia de bacterias.

En estas navidades, es mi deseo que, sin tener que esperar a un futuro lejano, en todo el país se adopten opciones escolares y que este sea uno de los tantos derechos que cualquier familia pueda gozar.

de Hergit “Coco” Llenas

Bajo una montaña de deudas


¿Qué hacer si la educación universitaria cuesta tanto en los Estados Unidos que no puedes solventarla? ¿Estarías dispuesto a empeñar tu futuro ingreso incurriendo en préstamos universitarios?, ¿buscarías programas de becas o una subvención como la Pell Grant? ¿trabajarías y estudiarías al mismo tiempo? Todos los escenarios citados son posibilidades a considerar cuando la realidad excluye una alternativa más simple: una educación superior gratuita.
A diferencia de los Estados Unidos, en muchos países europeos la educación post-secundaria es gratis. Las universidades públicas cobran nada o casi nada en Bélgica, Chipre, Dinamarca, Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Finlandia, Francia, Grecia, Hungría, Irlanda, Islandia, Italia, Letonia, Lituania, Noruega, Países Bajos, Polonia, Portugal, República Checa, Rumanía, Suecia, Suiza y Turquía.
Desde luego, para poder inscribirse hay que vivir allí, lo que implica una inversión en alimentos y vivienda. Por ejemplo, una universidad del prestigio de Harvard, cobra unos 69 mil dólares el semestre, lo que incluye $16,000 de habitación y comida. Otras entidades más jóvenes y menos reputadas, cuestan unos 7,500 por semestre. En ambos casos, el costo puede llegar a ser exorbitante para algunas familias de la clase trabajadora.
De acuerdo a Forbes, existen hoy día cerca de 44 millones de estudiantes endeudados hasta las narices. Se estima que el monto total de la deuda es de 1.5 trillones de dólares. Un trillón es mil veces un billón. Es decir: 1,000, 000,000,000. Esos doce ceros después del uno son -casi- un simbolismo de los años que le toma a un joven profesional saldar su deuda universitaria. Porque, en efecto, un recién graduado puede tomarse hasta más de una década para pagar poco a poco sus préstamos universitarios y los intereses que se amontonan sobre ellos; con la excepción de aquellos estudiantes de bajos recursos quienes, luego de llenar la Free Application for Federal Student Aid (FAFSA), obtuvieron un Pell Grant. Para el resto, pagar es mandatorio. Una gran corporación puede declararse en bancarrota y no saldar sus obligaciones, pero la gente común y corriente carece de protecciones legislativas para evitar pagar un préstamo adquirido a fin de alcanzar una carrera. Si se trata de este tipo de deudas, no hay perdón.
No obstante, existen algunas provisiones, como tomar un empleo en ciertas divisiones gubernamentales donde persiste una escasez de personal capacitado. A fin de estimular la entrada de más talento, el tío Sam perdona o reduce los préstamos universitarios siempre y cuando se le dedique un número X de años, -cuantos en total va a variar en función de la rama-.
Si no eres lo suficientemente pobre para recibir una subvención como la Pell o no te apetece la alternativa de asumir una deuda colosal y/o de ir a trabajar en ciertas áreas para el señor de sombrero y barbita, ahora posees el regalo de una información valiosa: puedes contemplar adquirir tu título fuera de los Estados Unidos.
de Hergit “Coco” Llenas

Opciones escolares: verdades y mitos

A pesar de que los padres demandan opciones en la educación de sus hijos, existen muchos mitos alrededor de este tema, especialmente cuando las opciones escolares son ofrecidas por instituciones privadas.
Uno de los mitos más populares sugiere que, cuando los padres optan por una beca, un vale educativo o cualquier otro mecanismo que le permite trasladar a sus hijos de una escuela pública a una privada, el sistema público se empobrece. En verdad, ocurre lo contrario.
Le cuesta más al contribuyente y al Estado educar a un niño en los distritos escolares tradicionales que fuera de ellos. La subvención para educar a cada pupilo combina el ingreso proveniente de tres fuentes públicas: el gobierno Federal, estatal y local o municipal.
A principios del año escolar, cuando la escuela hace el famoso conteo conocido en inglés como the headcount, esta busca establecer el número exacto de estudiantes que servirá durante un año escolar determinado. Por cada una de esas cabecitas contadas, el gobierno le manda a la escuela un cheque. El valor del cheque se conseguirá multiplicando el número total de niños (1,000 por ejemplo) por el costo por pupilo, al cual se llega calculando una serie de variables que no vamos a contemplar aquí y que incluye todos los servicios que el individuo recibe (docencia, comida, transportación, acomodaciones, libros, útiles, etc.). Digamos que en el Estado de Macondo se concluyó que el costo por pupilo es de $7,000. Entonces, la escuela X recibirá $7,000,000. (7,000 costo p/p x 1,000 estudiantes).
Ahora bien, si una empresa privada hace una donación a un programa de becas empleando una tax credit scholarship y esta beca se invierte en la colegiatura para pagar por una educación privada, el Estado de Macondo habrá educado un niño más quien no requirió un centavo de ninguna de las tres fuentes arriba citadas.
Digamos que, en lugar de pagar la colegiatura con una beca, el padre decide usar un vale educativo. Dicho vale no tendrá el mismo valor que el costo público por pupilo, si no que valdrá menos. ¿Por qué menos? De los doce programas de vales educativos en existencia en los Estados Unidos, ninguno puede tocar la parte de los fondos procedente del gobierno federal, teniendo que valerse únicamente de la porción local y -parcial o totalmente- de la estatal. De esta manera, un estudiante de escuela pública, cuyo costo por pupilo supongamos era de $7,000, al optar por un vale recibirá $5,700 ya que el vale no incluirá la parte correspondiente a fondos federales. De hecho, en los Estados donde actualmente actualmente se están implementando programas de vales educativos ha habido un ahorro de 13-120 millones de dólares anuales. Y esa es la realidad, no un mito.