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Category: Cultura Popular

program implementation meets reality

 

by Hergit Penzo Llenas
National Director of Latino Outreach
American Federation for Children

Over the last two years, I have heard talk of a phenomenon described as “the apathy of the low-income family” when it comes to the betterment of and involvement in their child’s education. This statement usually comes from individuals who have not had the opportunity to work with these kinds of families. But I have. In my experience, the problem is not apathy, but, in fact, it runs much deeper than that. Let me explain.

On September 2015, a few months after the Nevada legislation passed the Education Savings Account program (ESA), I met Nancy, a Mexican immigrant, mother of three well-mannered girls, and a stay-at-home mom whose husband works in landscaping. 

On that warm afternoon in September, I was manning my first informational booth at an event in Las Vegas when Nancy approached my table. We talked about the ESA, a new and revolutionary program, which would allow her to have access to state funds to pay for ANY(!) educational choices she deemed suitable for her three girls: private school, home based education, virtual academies, online learning, tutoring, even therapies. We also discussed the legal challenges that programs like this had faced in many states. Afterwards, I gave her some flyers in Spanish and my business card. Nancy told me she was willing to take her chances and give it a try.

A few days later, she contacted me:

 –Coco, ¿por favor, me podrías ayudar a llenar los papeles de la ESA? (could you, please, help me fill out the ESA application?), she asked. Mi inglés es limitado y no quiero cometer un error (My English is limited, and I do not want to make a mistake.)

-¡Claro!, con mucho gusto (Of course! It would be my pleasure.), I answered, super excited to be able to assist my first client.

We agreed that we would meet at her house the next day at 9 am.

Since I was expected to inform families about the application process, I had previously surfed the Nevada Treasurer’s website to learn how to navigate the portal. It took me about 20-25 minutes to complete the ESA application process. Based on this practice run, I estimated that helping Nancy with the applications of her two school-aged girls would not take longer than an hour.

I was wrong. It took us almost the entire morning!

Little did I know that: 1. Although Nancy owned a computer, she was not computer literate. 2. The scanner and her desk top could not “talk to each other” given that she lost the connecting cable, and the device was not Wi-Fi ready. 3. The cable-less scanner would ONLY allow us to save the scanned documents on a flash drive, which Nancy did not have nor had she ever heard of such a thing. After looking for the cable for a while, and once we figured out that we could not save the documents, we headed to the nearest Office Depot to purchase a flash drive. The drive between the store and Nancy’s house was 20 minutes each way. It was close to 11 am when we made it back to her house.
We then started to fill out the application online. On a few occasions, we were “dropped” from the website, and had to start all over again. Long story short, when we finally completed the two applications, it was almost noon. A process that took me 20 minutes to complete at home ended up being a three-hour ordeal for her and a four-hour task for me (adding the travel time back and forth from my house to hers).

Let’s imagine if Nancy would’ve had to figure this process out by herself. Chances are that it would have taken even longer or she would have given up before finishing. Furthermore, even though the language was a limiting factor, her lack of computer skills was the real problem. For many families that I’ve come in contact with, not having a computer and Wi-Fi at home made matters worse.

Thankfully, we eventually started creating workshops in facilities around the state that were equipped with computers, Wi-Fi, volunteers and scanners to assist applicants with the application process. Working families showed up in big numbers prepared and enthusiastic about making a difference in their children’s education.

Apathy was never the issue and rarely is for parents who love their children.  Access to the knowledge to navigate the system, lack of resources, disinformation, language limitations, feeling intimidated by paperwork and forms, among many other factors are usually what deters parents from participating. In our fight to ensure that parents across this country are given the right to choose how their child is educated, let’s keep this in mind before tagging certain groups with labels such as apathetic.   

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“No se trata de cuanto ganas, si no de cuanto gastas”


De Hergit Penzo Llenas
Directora Nacional de Molización Hispana
para la American Federation for Children

“No se trata de cuanto ganas, si no de cuanto gastas”, me dijo mi padre un día de invierno hace casi 25 años. Este consejo ha sido uno de los pilares que han regido mi vida y, definitivamente, una de las razones de la estabilidad financiera que haya podido tener.
Un lustro atrás ganaba apenas unos $12 la hora, es decir menos de $25,000 verdes al año. No obstante, me alcanzaba para cubrir mis gastos y pasear un poquito. Desde luego, no era la Vida-Loca ni mucho menos, pero igual no malpasaba e incluso guardaba un dólar para el día lluvioso o como dicen los americanos: “a rainy day” que es lo mismo que “tener un pe$o para la vergüenza”, como decía Herman Penzo, mi viejo.
“Puedes tener un millón en el banco, mas si te compras un helicóptero de 1.5 millones, te quedas pobre al instante. Sin embargo, si ganas $20 y gastas $15, siempre tendrás un monto positivo del cual echar mano, aunque este sea de $5 pesos. Así de sencillo explicaba el dilema, ¡el secreto!, de la liquidez financiera mi progenitor.
¡Y es que así de sencillo es!… si alguien se toma el tiempo de explicárnoslo y
–MUCHISIMO MÁS IMPORTANTE- no los enseña con su ejemplo.

¿Y a qué viene todo esto?
Pues viene al caso porque nuestros hijos aprenden de nosotros, los adultos en su vida, cómo entender y manejarse con el dinero. Para quienes leyeron “Poor Dad, Rich Dad” (padre rico, padre pobre, en cristiano) este concepto no es del todo ajeno. Tampoco lo es para quienes escuchan predicar el evangelio de la abundancia a través de las charlas como las de Abraham Hicks y otros pastores de variopintas denominaciones.

La falta de conocimiento financiero ha convertido la comunidad hispana en una de las presas mas fáciles de atrapar en las redes de los embaucadores, farsantes, patanes y charlatanes sobre esta bella tierra. Esta falta de entendimiento es, a su vez, pasado de padre a hijo, de hija a nieto, hasta el infinito. De ahí que, los depredadores hagan su fiesta entre y a costa de nosotros.
¡Mucho ojo! A espabilarse. No permitamos que nuestras futuras generaciones tropiecen con la misma piedra. ¡Es hora de levantar los pies! Si usted tiene demasiadas excusas para educarse debidamente sobre el tema de qué es el dinero, cómo trabaja y cuando es propicio tomar riesgos para multiplicarlo, si está demasiado cansada, aburrido, ocupada o sobrecogido por la FALTA de estabilidad financiera en su vida, entonces, POR LO MENOS, permita que sus hijos tomen clases o lean libros sobre alfabetización financiera (finantial literacy). Facilite que se eduquen, “que se empapen” sobre el tema.
Porque, aquí entre nos, ¡ya está bueno!
Ya está bueno de endeudarse hasta las narices, de no tener o perder el crédito, de someternos a tasas de interés exorbitantes, de que nuestros hijos salgan de las universidades con una deuda que les tomará 20 o 3 años saldar.

Este sistema está hecho para que nos lleguen mil solicitudes de crédito por correo y cero, nada, ninguna para educarnos sobre la complejidad de los préstamos, hipotecas, notas bancarias, APRs, ciclos, términos, proporcionalidad entre deuda e ingreso y un montón de otras reglas que gobiernan la economía personal, local, mundial y global -dicho se ha de paso-.
Entonces, ¡manos a la obra, pues!

El encanto de la costa o el porqué de muchos divorcios

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“Capital es capital y Santiago un platanal” reza un proverbio criollo que describe, con cierta fidelidad, el atraso de la provincia en comparación con Santo Domingo, una ciudad portuaria y turística. Al parecer, el contraste que se da entre la ideosincracia de la gente del interior y aquellos que gozan de un malecón no es exclusivo de mi tierra, pues también se evidencia en muchos otros pueblos del mundo retirados del mar y más específicamente apartados de las playas visitadas por extrangeros. Tras dos décadas de ausencia tuve la oportunidad de reencotrarme con el hombre de la costa, quien en Quisqueya es muy diferente al de las regiones situadas entre montañas. Aun hoy día, cuando la tecnología permite poner al alcance de la mano chorros de información, nuestros provincianos tardan en adoptar las nuevas modalidades que impone la vanguardia occidental. Siendo esto más evidente en la manera cómo las viejas costumbres y tradiciones pesan sobre los roles masculino y femenino. Por ejemplo, en el litoral caribeño, donde tanto los hombres como las mujeres trabajan en los complejos hoteleros de cantineros, camareros, croupiers, guías de excursiones y demás, ambos sexos producen un salario y -a veces- reciben comisiones y propinas. Esto hace que las mujeres no siempre y no totalmente dependan de sus hombres para poner comida sobre la mesa. Lo que no implica en lo absoluto que se basten, solo que sus ingresos le garantizan una participación más o menos de igual a igual en la economía hogareña. El “más o menos” citado con anterioridad alude a la odiosa y muy generalizada práctica de pagar a las mujeres un salario más bajo que a los hombres, pero eso es harina de otro costal. Por el momento, nos enfocaremos en ciertas modalidades expresivas que encontramos en algunos hombres casados durante una visita a la isla el pasado mes de Junio, las cuales diferían considerablemente entre sí cuando el caballero en cuestión era el único ente proveedor en la casa o no. Es decir, cuando para pagar los gastos de su supervivencia, la señora estaba o no a merced del señor. Pude notar que, acostumbrado a una mujer creadora de recursos, el costeño adopta un discurso en el cual se detectan menos, pocas o ninguna alusiones y quejas sobre la dependencia monetaria de la esposa y/o que la misma fuera interpretada como una sudorninación. Al restarle este elemento a las mecánicas matrimoniales, parecería que en las ciudades situadas a la orilla del mar se produjera una reevalución de los roles y una redistribución del poder. Las mujeres producen o podrían producir dinero y los hombres tienden a respetarla por ello. Permanecen juntos por razones que no vienen atadas a la vil subsistencia, aunque quizás tengan que ver con el progreso, a la conveniencia o al interés mutuo. Sin embargo, inclusive en estos casos, la esposa es percibida como una socia-compañera-camarada que lucha hombro a hombro y merece respeto, fidelidad y consideración. En cambio, en el interior el discurso tiende a plantear que: “es la madre de mis hijos”, “me está dando o me ha dado su juventud”, “es una buena mujer”, “me necesita”, “nunca ha trabajado,” etc. Frases que son código para explicar una relación de pareja mantenida por tradición, por lástima, por compromiso o por lo que sea ya que la mujer requiere de su marido pues no alcanza a suplir sus necesidades sin él, lo cual la tiende a colocar en una posición desventajosa. De ahí que, me atrevo a inferir, en las zonas turístico-costeñas existe un mayor balance del poder en las parejas. Y es que, aquí entre nos, cuando una ya es dueña de los medios para mantenerse y conciente de lo que eso significa, las dinámicas de pareja cambian y si son malas, se acaban.

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Adorable chatarra

ramen noodles

de Hergit Penzo Llenas
Los nortemaricanos le dicen Ramen noodles y en México Maruchan y es una sopa de fideos tan popular que la encontramos en su envoltura de plástico cuadriculada y multicolor tanto en los mercados étnicos y como también en los gigantescos super Walmarts. Además se la localiza dentro del microondas de miles de estudiantes que asisten de costa a costa a las universidades y la hallamos sobre la mesa de muchos inmigrantes recién llegados a los Estates o no tan just cruzados del río o apeados del avión. Los universitarios la consumen porque se han alejado del nido materno y no tienen quién les prepare un plato calientito y nutricional -como el Señor manda. Los segundos, simplemente, ejercen su real derecho a ingresar en el ámbito culinario de la exquisita comida de a dólar. Los fideos Maruchan, así secos, ondulados cual melena dominicana, amarillentos y deliosamente cargados de sal, harina y grasa son la opción por excelencia de todo haragán o toda persona muy corta de dinero, de tiempo o corta en habilidades para alimentarse con algo que requiera el cortar y mezclar varios ingredientes alimenticios. Sin embargo, aún hasta los que saben cocinar o gozan de un alma piadosa que les cocine, pasan por la fase, mejor dicho, ¡por el proceso inexorable! de descubrir y luego consumir en menor o mayor grado cantidades masivas de esta invención china, la cual ha sido distribuida en el globo gracias a los japoneses. Y es que, aquí entre nos, ¿quién ha osado privarse de la decadente desgustación de un cartón de estos archifamosos fideos? …
Habrá uno que otro que argumente que las siguientes dos palabras: alimenticio y nutritivo si han de aparecer citadas cerca de la marca en cuestión, sería únicamente en radical oposición a la misma. Para esos misioneros a raja tabla, lectores de Food Matters, asiduos espectadores de documentales en Netflix al estilo Supersize me y otros testimoniales por el estilo, para ellos es un absurdo dedicarle a una sopa instantánea un poco de dulce atención. Puesto que, según opinan, el acto de embutirse un paquete de Ramen noodles puede describirse de una forma: malo. De hecho, muy malo. Tan malo como comerse un pollo frito del coronel, una hamburgesa de McSabeQuién o unas papas fritas del King-noséqué.
Tarde o temprano, el proceso inexorable, la atracción fatal hacia la comida chatarra nos mata, si no la matamos primero. Con suerte, el colesterol, la diabetis, la talla del patalón, las fotos de hace unos años nos hacen recapacitar. Un día nos miramos al espejo y entendemos que no solo de Ramen noodles vive el hombre. No obstante, antes de ese instante de suprema revelación, nos atragantamos con una sopera repleta de Machuran y con cuanta porquería nos engordamos ¡perdón! encontramos en el camino. Y si usted me pregunta: ¿por qué?
Pues, yo diría ¡que es parte esencial de convertirse en un graduado o en un fiel ciudadano norteamericano!
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¡Por eso maté a mi tía!

killed aunt

-¡Por eso maté a mi tía!, escuché decir a una señorita en la pantalla.
¿Quién se atreve a confesar semejante crimen en la televisión de manera tan desfachatada?, me pregunté realmente intrigada. Al dar la vuelta, me percaté de que se trataba de la villana de una telenovela, quien poseía una capacidad extraordinaria para sacar de quicio al hombre al cual le profesaba su amor. El galán, desesperado por las intrigas urdidas por ella, la agarró por el cuello y la zarandeó con fuerza varonil durante uno de los episodios emitidos la semana pasada.
Normalmente, yo hubiera adoptado una posición de testigo ocular indiferente, archivando este “incidente” en la carpeta de asuntos tele-noveleros sin importancia. Sobre todo, al entender que desde la perspectiva del escritor, el subconsciente colectivo necesitaba expresar su frustración contra esa criminal que había asesinado a un miembro de su propia familia. El argumento narrativo se prestaba, pues, para que la fuerza brutal del macho la castigara por nosotros, para hacer justicia.
Dos días después, me vi en la necesidad de hablar sobre un asusto personal con mi madre. Esto ocurrió entre las nueve y las once de la noche, que es el bloque de tiempo sagrado durante el cual los aficionados a este tipo de teatro no admiten interrupciones, al menos no las admiten de buen agrado. Mientras esperaba los comerciales, tuve que sufrir unas cuantas escenas del drama. En una de ellas, el protagonista, harto de las amenazas que le hacía la mujer que mató a su tía, la apretó por el brazo y le dio una buena sacudida. Lo mismo ocurrió la próxima noche, cuando por puro espíritu investigativo, me dediqué -por tercera vez- a ver el blockbuster. Descubrí, sin gran sorpresa, que ya fuera por esto o por aquello, a la chica la maltrataban a diario.
-Madre, ¿no notas algo?, pregunté.
-Sí, las medias nylon están muy oscuras para ese vestido tan claro, me contestó.
-¿Nada más?
-¡Qué esa muchacha tiene los ojos muy bonitos!
En otras palabras, para la teleaudiencia bien entrenada, o sea mi madre y otras personas como ella, estos actos de violencia intrafamiliar son algo común y cotidiano, tan parte del ensamblaje de estos productos de consumo masivo ¡que pasan completamente inadvertidos!
Eduardo Correa en su diario oficial llamado Prevención de Violencia Intrafamiliar, define esta última como “el acto de poder u omisión recurrente, intencional o cíclico, con el que se domina, somete, controla o agrede física, verbal, psicoemocional o sexualmente a cualquier miembro de la familia, dentro o fuera de su domicilio (…)” Las oficinas de gobierno mexicano han reportado últimamente altos índices de violencia.
Dice Correa que son tan altos, porque “probablemente están relacionados con el desempleo y el incremento de los niveles de estrés producidos por la creciente pobreza y el abuso del alcohol.” Los expertos señalan que “esta forma de violencia es un abuso que refuerza las jerarquías de género y edad.” De ahí que, en el 91% de los casos, la violencia es generada por un hombre, como reportó INMUJERES durante el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres. (México)
Aquí entre nos, en nuestra ciudad, la violencia doméstica es un problema tan grave como lo está siendo al sur de la frontera. Para remediarlo, nos toca empezar a mirar la violencia como el crimen y la injusticia que es y no como algo natural. Piense en eso la próxima vez que golpeen a una chica en su telenovela favorita. Porque si queremos solucionar este problema, nos toca ajustar nuestra perspectiva al respecto. Eso sería lo primero, y más fácil,  más rápido que intentar erradicar las causas mayores: pobreza, desempleo y abuso del alcohol, de las cuales tenemos todavía para un rato.

Pobre mamá

mother with child

Las madres deben ser buenas, sacrificadas, abnegadas, entregadas, amorosas, limpias, dispuestas a quitarse el pan de la boca, sufridas, justas, ecuánimes, incansables, de una conducta intachable, íconos del buen ejemplo, etcétera, etcétera, etcétera. Eso es lo que la sociedad, la cultura y los medios de información masiva han acordado que es una madre ejemplar. La realidad es que, como ser humanos hechos de carne y hueso, las madres tienen un montón de defectos. Las que no son violentas son mal habladas o egoístas o tacañas o descuidadas o todas las anteriores o ninguna de las anteriores, pero sí otras cosas por el estilo y muchas otras más que por razones de espacio -y por no cargarles más el dado- no vamos a mencionar. Aunque se empeñen y lo traten de evitar, las madres marcan a sus hijos, los acomplejan, malcrían, envanecen, los tratan con favoritismo y los llenan de ínfulas y regalos lo mismo que los llenan de golpes e insultos. Y es por eso que a cada uno nos tocó tener una madre que hizo lo mejor que pudo con lo que tuvo en el momento en que debió lidiar con tal o cual situación, o sea que fue ella y sus circunstancias, como diría Don Ortega y Gasset. Esta mujer se encontró a sí misma a medio camino entre el ideal que la norma le exigió que fuera, la madre que como persona bien intencionada aspiraba a ser y aquella que al final le salió de adentro. A veces, a causa de esta última, las madres se culpan, a menudo en silencio, por esa otra que fueron hace veinte o treinta años atrás, o uno o dos hijos atrás, cuando no habían acumulado la sabiduría, la experiencia, la madurez que tienen ahora. Las pobres, se sienten responsables de lo que usted y yo hemos resultado ser, porque, ¡ay, Jesús! se han llegado a creer que son las únicas responsables y las solas arquitectas de nuestros destinos. Y de ahí que algunas de nuestras madres guarden en el armario un montón de sinsabores por el papel que ellas jugaron en crear eso que somos, que como suele ocurrir, no es la versión que ellas soñaban de nosotros, si no un híbrido que guarda poca o considerable similitud con sus añoranzas y mucho mayor resemblanza con aquello que a usted y a mí nos dio la gana de ser. Sin embargo, el desencanto se da a la inversa, ya que es mutuo. No son pocos los hijos que cargan un ansia existencial, una crisis interna que lleva el nombre de su progenitora escrito en cada esquina. Esos hijos se sienten defraudados al comparar el modelo de “madre ejemplar” con la suya. Tal modelo, taladrado entre ceja y ceja con las maquinarias de consumo masivo: los dibujos de Disney, las películas de Hollywood, el cine de oro mexicano, las telenovelas, las comparaciones con la madre del vecino – pues no es secreto que las comparaciones son también de consumo masivo- dicho modelo, decía, es un mito. Está basado en expectativas irreales, expectativas que pertenecen al mundo de la ficción y no a esta tierra. Al igual que el resto del mundo, las madres evolucionan y progresan. Muchas ya no son ni siquiera la sombra de aquella archivada en nuestras memorias. A ellas, a nosotras, a todos nos engañaron con el cuento de hadas del perfecto amor filial y la abnegación sin par, un cuento que, aquí entre nos, es una realidad inalcanzable y un hueso muy duro de roer.

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Carne presta para la rapiña

predator
A parte enseñarnos algunos de los hábitos exóticos y no tan exóticos del proceso de cortejo y reproducción de los animales salvajes, el Discovery channel también ha servido para familiarizarnos con las estrategias de cacería de los depredadores más efectivos que habitan las selvas de este planeta. Una de ellas, que ha probado su infalibilidad tanto entre cazadores solitarios como los que atacan en manada, es seleccionar como una presa a un ejemplar que por cansancio, enfermedad o inexperiencia se ha separado del grupo y se encuentra aislado de los miembros del clan en capacidad de defenderlo. Para el cazador, este estado de distanciamiento e incomunicación es la primera ventaja que él tiene sobre su presa. En nuestra sociedad, al igual que entre las bestias silvestres, ocurre lo mismo. Según reportó Forbes, en Miami al Medicare y Medicad le facturaron fraudulentamente cerca de $237 millones de dólares durante 2011. Las facturas provenían de compañías, en su mayoría fantasmas, cuyo blanco principal eran personas de la tercera edad. Los ancianos resultaban ser la clientela ideal pues sufrían de una salud debilitada, una mente –a veces- distraída y vivían muy frecuentemente en soledad. En otras palabras, eran carne presta para la rapiña. Esta rapacidad se extiende a otros ámbitos y a otras víctimas. Tan pronto demostramos un poco de solvencia económica o cierta “independencia” financiera, al inmigrante, al estudiante universitario, a todos nosotros nos bombardean con promociones producidas por compañías de tarjetas de crédito. Aprovechándose de la falta de educación financiera, la terrible desinformación imperante dentro de la comunidad hispana, abusando de la ausencia potencial de una red familiar y/o social que nos de soporte, los dueños del dinero plástico nos acorralan con un sencillo argumento que parece inofensivo, compre ahora y pague después. Las reglas de ese juego siempre están escritas en mini letritas usando un lenguaje lleno de siglas y acrónimos: APR, DPR (annual percentage rate, daily periodic rate), etcétera. Así mismo, la explicación de la oferta y sus penalidades suele estar ubicada, y no por casualidad, en la parte trasera de una página tan visualmente saturada que da dolor de cabeza el leerla. ¡Por eso casi nadie la lee! Y eso, of course, es lo que busca el acreedor. Los grandes capitales elijen un diseño gráfico tan intrincado, no por salvar un árbol al ahorrase la tirada de una segunda página donde aparezcan las letras en tamaño legible, si no para que uno pierda el interés por leer los diminutos términos presentados en una hoja de papel atiborrada. Cualquier diseñador o especialista en mercadotecnia le puede confirmar esto, ya que está probado y requete-probado que la densidad de la página afecta la motivación del lector. Este viejo truco no pasa de moda. Los prestamistas hipotecarios y vendedores de bienes raíces que engatusaron a medio mundo cuando Las Vegas gozaba de su gran boom inmobiliario se lo saben de memoria. Aquí entre nos, en esta jungla de concreto, hasta las pólizas de las aseguradoras tienen más rayas que un tigre gracias a su arsenal de condiciones tan intrincadas como el diseño arriba mencionado. Estas últimas, menos inocentes que depredadoras, acumulan millones defraudando al consumidor. Así, pues, ¡mucho ojo! No se aparte de la manada y manténgase conectado e informado.
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Tiempo de re-regalar

regalo de navidad
Se acerca la navidad. Época de regalar. Con loco frenesí, nuestros familiares salen a buscarnos presentes y viceversa. Luego, habrá que meter los regalos en una caja, envolverlos, ponerlos debajo del arbolito y esperar ese día glorioso en el cual, con cara de asombro y una gran sonrisa, alguien abrirá el paquete con sincero o fingido regocijo, y diga: ¡pero mira qué bonito!
Una vez consumadas las fiestas navideñas, es tiempo de reciclar. Paso inventario a todos los regalos recibidos y llego a la inquietante conclusión de que solo me gustan dos, de los siete. Entonces, una resolución de año nuevo cobra vida: voy a deshacerme de aquello que de muy buena intención me han obsequiado y no me gusta. En Norteamérica se conoce esta práctica con el nombre de regift, o sea re-regalar. Por supuesto, este acto de “reaprovechamiento de los bienes” lo hago siempre de buen corazón, porque deseo que al destinatario le guste (más de lo que me gusto a mí) ese obscuro objeto que le estoy re-regalando.
Aunque antes lo ponía en duda, ahora sé que es cierto: “one man’s garbage is another man’s treasure,” pues siempre encuentro un destinatario sinceramente feliz de aceptar el producto reciclado en cuestión. ¿Dónde encuentro el feliz destinatario? -¡En la subasta del elefante blanco que organiza el club Toastmaster!
En el mes de enero los miembros del club donan aquellos presentes que están interesados en “reciclar” y estos, a su vez, son subastados. Con los fondos recaudados le hacemos un cheque a una organización sin fines de lucro o apoyamos al mismo club, que es también una entidad no lucrativa. De esta manera, matamos dos pájaros de un tiro: le donamos dinero a una misión importante para nosotros y, ¡maravilla! nos desembarazamos del sentido de la culpabilidad que sentimos al desprendernos de algo que un ser querido nos ha obsequiado. Aquí entre nos, me parece una solución salomónica.

Doña Ofelia Pérez: cada cultura que desaparece, disminuye la posibilidad de vida.

dona ofelia
Doña Ofelia Pérez ha dedicado su vida a la conservación de la danza de los matachines.
A pesar de sus años, ella cose y decora el vestuario de los danzantes con sus propias manos, usando los mismos materiales empleados hace siglos atrás.
Para Doña Ofelia es una abominación  usar carrilos hechos de plástico y zapatillas deportivas como parte del vestuario tradicional. Por eso, a fin de mantener la autenticidad de sus trajes, no le pesa ir a buscar el bambú al monte, ni construir el calzado de puro cuero de acuerdo a las técnicas autoctonas, aunque sean la más rudimentarias.
En su fiel apego a la tradición no hay obstáculo insalvable. Por ejemplo, cuando le ha faltado un lugar para sus prácticas, el grupo se ha ido a bailar en medio del calor del desierto. Y alli, los matachines, “gente que llevan el tambor por dentro“, reviven su danza ancestral sobre la arena candente -a veces- peleandose con el viento.
En el Laberinto de la Soledad Octavio Paz dice: “Cada visión del mundo que se extingue, cada cultura que desaparece, disminuye la posibilidad de vida.

Doña Ofelia y sus hijos, ocho en total, engrandecen la vida al mantener vigentes las raíces de su cultura y la herencia de su pueblo. De lo contrario, este arte quizás estaría muerto en nuestra comunidad.
Alguna gente me pregunta por qué no elegí una danza más glamorosa, comenta Doña Ofelia.
Y la respuesta es:
-”porque esta es la danza de mis antepasados. El abuelo se la enseñó a mis hijos, mis hijos a sus hijos y así lo hemos hecho de generación en generación.”

La fecha de apertura y de cierre de las actuaciones de los matachines varían considerablemente de cuidad en cuidad. En la nuestra, la celebración culminante ocurre en la casa de la familia Pérez el día 12 de Diciembre cuando se celebra la fiesta de la Virgen de Guadalupe.
Al frente de la casa una figura de la virgen adorna la entrada y en ella se dan citas año tras año cientos de personas que vienen a cumplir sus “mandas” (las mandas son promesas hechas a la virgen)
Mariachis, amigos y vecinos cantan y oran en una celebración que empieza temprano en la madrugada y toca su fin muy tarde en la noche. Pero aunque la celebración termina, el legado de Doña Ofelia Pérez permanece…y por eso ¡hoy la celebramos!

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