aquientrenos

Home of Hergit Llenas Online

Category: Cultura Popular

Memoria histórica en Balada triste de trompeta y El laberinto del fauno

Foto extraída de elEspanol.com

¿Memoria colectiva o histórica en Balada triste de trompeta y El laberinto del fauno?
De Hergit “Coco” Llenas

Una vez terminada la Guerra Civil, España pactó con el silencio. No obstante, y como explica Gina Sherriff, a medida que el tiempo de la dictadura iba quedando atrás, los españoles buscaron mirar al pasado: “as Spaniards moved further from the dictatorship era, historians, writers and artists began to privilege the re-telling of the past half-century from the perspective of those who lost the war” (128). En El laberinto del Fauno y Balada triste de trompeta, Guillermo del Toro y Álex de la Iglesia retoman el pasado y con sus obras recuentan los hechos. Sin embargo, cabe preguntarse si acaso al hacerlo reconfiguran con sus obras la memoria colectiva. Partiendo de lo que entendemos por memoria colectiva, planteamos que ese no es el caso.
Técnicamente hablando, según Carolyn P. Boyd: “real remembering is a psychological process that takes place only in the individual mind and involves only those events that the individual has experienced directly. Outside of individual experience, ‘memory’ is a metaphor for mediated knowledge of past events. It is therefore inaccurate and misleading to refer to ‘collective memory,’ except in those instances where all members of a collectivity who have lived through the same event perform an act of collective remembrance1 (134).
Asumiendo que la definición de Boyd es correcta, entonces solo el grupo de sobrevivientes de la guerra es elegible para reconfigurar la memoria colectiva al servirse de esta expresión artística para recordar. No obstante, el lanzamiento de ambos filmes ocurre en el siglo XXI. El laberinto del fauno abrió en las salas de cine en el 2006 y en el 2010, Balada triste de trompeta. Considerando que la guerra civil empezó en julio del 1936 y terminó abril de 1939, casi toda la generación que sufrió este evento bélico ya no estaba con vida. En consecuencia, los espectadores/consumidores de estas películas fueron las futuras generaciones que nunca experimentaron directamente el trauma de la Guerra Civil, como lo indicó Sheriff al referirse a esa “younger generation that did not experience it firsthand” (128).
De hecho, entre esa generación joven y la que experimentó el trágico acontecimiento no solo existe una brecha creada por el pacto de silencio y por el paso de los años, sino también por la mediación gubernamental en el proceso de recontar los hechos, como expone Boyd: “Through symbols and stories, or governing myths, history teaching and textbooks legitimate existing political arrangements and provide clues to national identity and destiny. Not surprisingly, under the Franco regime state control of the history curriculum and textbooks reached its highest levels since the creation of the public school system in the 1850s” (138).
Esta brecha es aún más significativa puesto que, comparada con otras naciones, España tuvo un proceso más lento hacia la búsqueda de justicia y una revisión de la historia oficial en su transición hacia la democracia. En contraste con algunos países latinoamericanos y europeos, en España la recuperación de las voces silenciadas tardó en llegar (Boyd 142). Antes, hubo un período de estancamiento y caos, al cual se refiere Sherriff cuando cita a Pelaz López y Tomasoni: “metaphorically as ‘una suerte de paralelismo entre un viejo y desvencijado circo y la decadente dictadura a comienzos de los setenta’ and reflecting Spains aging leadership, complex power dynamics and moral confusion in the early 1970s” (135).
En todo caso, sería más propio decir que las películas citadas reconfiguran la memoria histórica. Este concepto implica “historia” porque esta es construida externamente y no por quienes participaron como agentes o testigos de una época determinada, sumada a la “memoria”, que es producida internamente por un individuo (Sherriff 129). Visto de esa manera, tanto como en El laberinto del Fauno como en Balada triste de trompeta se re-imagina una experiencia del pasado, lo que constituye “an inherendy ideological process, requiring a single point of view that presumes to synthesize the historical experience”. En ese sentido, estos filmes cumplen con la función binaria de transmitir el trauma histórico y formar una memoria post-traumática de dicho evento, que son las características propias de cine histórico (Hirsch 3).
En resumen, no se puede afirmar que haya habido una reconfiguración de la memoria colectiva puesto que para que se diera la misma, primero debió haber existido un grupo que experimentó la guerra en carne propia, el cual habría tenido que conjurar la memoria de los hechos en un acto de recordatorio colectivo. Esto último no ocurrió en España. La generación que presenció la guerra murió callada. Sus sucesores heredaron la historia oficial contada según los libros de texto impresos por la dictadura. Si se compara a España con otros países, la versión oficial tardaría mucho en ser revisada. En el extranjero, la juventud respondió con mayor premura a la hora de cuestionar cómo se recordaba la historia. Así que, para hablar de una reconfiguración de la memoria, sería más adecuado emplear el término memoria histórica, en lugar de memoria colectiva, en cuanto que las películas constituyen una representación/transmisión de la guerra que busca reformar la memoria desde el exterior y no hay participación directa de los agentes implicados, sino de sus descendencias.

Obras citadas
Balada triste de trompeta. Dirigida por Álex de la Iglesia, producida por Vérane Frédiani, Gerardo Herrero, Frank Ribiére, interpretada por Carolina Bang y Carlos Areces. Televisión Española, et all, 2010.
Boyd, Carolyn P. “The Politics of History and Memory in Democratic Spain”. The ANNALS of the American Academy of Political and Social Science. Sage, 2008. (133-48). Sagepub. http://ann.sagepub.com/content/617/1/133.
El laberinto del fauno. Dirigida por Guillermo del Toro, producida por Guillermo del Toro, et all, interpretada por Ivana Baquero, Sergi López y Mariel Verdú. Telecinco Cinema, et all, 2006.
Hirsch, Joshua. Trauma and the Holocaust. Philadelphia: Temple UP, 2004. Impreso.
Sherriff, Gina. “Franco’s Monsters: The Fantasy of Childhood in ‘El laberinto del fauno’ and ‘Balada triste de trompeta”. Confluencia. University of Northern Colorado, 2015. (127-39). JSTOR. https://www.jstor.org/stable/43490110

¿Es Pedro almodovar parte de la movida?

“but we are a country of extremes: a very old society and a very young democracy”
Rosa Montero

(foto de IMDb)

¿Es Pedro Almodóvar parte de la movida?

Para explicar si las obras de Pedro Almodóvar están suscritas a la movida, hay que primero definir qué fue esta y cómo en Mujeres al borde de un ataque de nervios y en La ley del deseo están latentes y presentes los marcadores culturales que caracterizaron este movimiento.
Cuando Franco muere en 1975, España despierta de un letargo de casi cuatro décadas. Durante esos años, el país estuvo sumido bajo la censura, el catolicismo y unos parámetros morales que no permitían que las distintas manifestaciones de arte, incluyendo el cine, pudieran destaparse. Con el advenimiento de la democracia, nace en las grandes ciudades de España una nueva ola definida por su ruptura con los rígidos cánones impuestos por la dictadura que hoy se conoce como la movida.
La movida propuso una estética kitsch e incorporó, a la española, los elementos del movimiento punk, ya existentes en los Estados Unidos e Inglaterra. Los punks eran irreverentes, rebeldes, en contra de las religiones, las modas tradicionales y los valores tradicionalistas. Vilarós describe a los personajes de este período de transición post-franquista como “desordenados, desmadrados y escandalosamente ruidosos, homosexuales, drogadictos, prostitutas, desposeídos, locos, marginales …” (183).
Los papeles escritos por Almodóvar para ambas películas encajan perfectamente en esta lista de gentes “raras” que señala Vilarós, las cuales habrían sido consideradas como personas no gratas dentro de la sociedad de Franco. El protagonista de La ley del deseo es un director homosexual, su novio Juan es bisexual y el chico que se enamora del director está loco. Uno de los policías que investiga el caso de la muerte de Juan se encuentra con unas rayas de cocaína y las consume mientras lleva a cabo sus tareas de investigación. La hermana del director es una travesti que se acostaba con su propio padre y además se dedica a criar una niña cuya madre infiel está ausente.
A su vez, en la trama de Mujeres al borde de un ataque de nervios se amalgama una variopinta y delirante cadena de disonancias personales y sociales: el abuso de los somníferos, las obsesiones, los celos, las infidelidades, un ataque en manos de terroristas chiitas, la crianza de animales en plena zona urbana, la virginidad como cruz que amarga a la mujer, por citar solo algunos de los puntos que aparecen en pantalla. Los personajes de la película cohabitan fuera del matrimonio (Pepa e Iván), Candela dice haber pasado un fin de semana de maratón sexual con un musulmán que conoce el mismo día, Carlos está comprometido para casarse, pero no pierde la oportunidad de besar a Candela cada vez que se le ocurre y Marisa es una chica urgida en liberar una energía sexual contenida que se manifiesta a través de un sueño erótico.
“Almodóvar, the film-maker, started translating into a distinct film style a number of the punk strategies of the movida” (Toribio 277) e incorpora “themes previously absent from popular cinematic representation and even excluded from mainstream media discourse effectively became a celebration of destabilization; for example, the enjoyment by his characters of practices that clearly constitute antisocial behavior. Punk was successful in making visible, for example, objects associated with pornography and sexual taboos… (280). Así, Almodóvar es un provocador que cuestiona y se burla de la mentalidad reprimida, conversadora y mojigata que coaccionaba la libertad de expresión en los tiempos del franquismo. Sus filmes son punk, chocantes, explícitos, sexuales, es decir, propios de la movida.

Obras citadas
Almodóvar, Pedro. “La ley del deseo”. AlexanderStreet.com, Reparto Eusebio Poncela & Carmen Maura. 20 Sept. 2019, https://video.alexanderstreet.com/watch/law-of-desire.
Almodóvar, Pedro. “Mujeres al borde de un ataque de nervios”. AlexanderStreet.com, Reparto Carmen Maura & Antonio Banderas. 20 Sept. 2019, https://video.alexanderstreet.com/watch/women-on-the-verge-of-a-nervous-breakdown.
Montero, Rosa. “Capítulo 18: Democracy & Cultural Change”. Editoras Helen Graham y Jo Labanyi. Oxford: Oxford University Press, 1995. (315-320). Impreso.
Toribio, Nuria Triana. “A Punk Called Pedro: La Movida in the Films of Pedro Almodóvar.” Contemporary Spanish Culture Studies 2000: 274-282. Impreso
Vilarós, Teresa M. Mono del desencanto. Una crítica cultural de la transición española (1973-1993). 1era Edición, Siglo XXI, 1998. Impreso.

program implementation meets reality

 

by Hergit Penzo Llenas
National Director of Latino Outreach
American Federation for Children

Over the last two years, I have heard talk of a phenomenon described as “the apathy of the low-income family” when it comes to the betterment of and involvement in their child’s education. This statement usually comes from individuals who have not had the opportunity to work with these kinds of families. But I have. In my experience, the problem is not apathy, but, in fact, it runs much deeper than that. Let me explain.

On September 2015, a few months after the Nevada legislation passed the Education Savings Account program (ESA), I met Nancy, a Mexican immigrant, mother of three well-mannered girls, and a stay-at-home mom whose husband works in landscaping. 

On that warm afternoon in September, I was manning my first informational booth at an event in Las Vegas when Nancy approached my table. We talked about the ESA, a new and revolutionary program, which would allow her to have access to state funds to pay for ANY(!) educational choices she deemed suitable for her three girls: private school, home based education, virtual academies, online learning, tutoring, even therapies. We also discussed the legal challenges that programs like this had faced in many states. Afterwards, I gave her some flyers in Spanish and my business card. Nancy told me she was willing to take her chances and give it a try.

A few days later, she contacted me:

 –Coco, ¿por favor, me podrías ayudar a llenar los papeles de la ESA? (could you, please, help me fill out the ESA application?), she asked. Mi inglés es limitado y no quiero cometer un error (My English is limited, and I do not want to make a mistake.)

-¡Claro!, con mucho gusto (Of course! It would be my pleasure.), I answered, super excited to be able to assist my first client.

We agreed that we would meet at her house the next day at 9 am.

Since I was expected to inform families about the application process, I had previously surfed the Nevada Treasurer’s website to learn how to navigate the portal. It took me about 20-25 minutes to complete the ESA application process. Based on this practice run, I estimated that helping Nancy with the applications of her two school-aged girls would not take longer than an hour.

I was wrong. It took us almost the entire morning!

Little did I know that: 1. Although Nancy owned a computer, she was not computer literate. 2. The scanner and her desk top could not “talk to each other” given that she lost the connecting cable, and the device was not Wi-Fi ready. 3. The cable-less scanner would ONLY allow us to save the scanned documents on a flash drive, which Nancy did not have nor had she ever heard of such a thing. After looking for the cable for a while, and once we figured out that we could not save the documents, we headed to the nearest Office Depot to purchase a flash drive. The drive between the store and Nancy’s house was 20 minutes each way. It was close to 11 am when we made it back to her house.
We then started to fill out the application online. On a few occasions, we were “dropped” from the website, and had to start all over again. Long story short, when we finally completed the two applications, it was almost noon. A process that took me 20 minutes to complete at home ended up being a three-hour ordeal for her and a four-hour task for me (adding the travel time back and forth from my house to hers).

Let’s imagine if Nancy would’ve had to figure this process out by herself. Chances are that it would have taken even longer or she would have given up before finishing. Furthermore, even though the language was a limiting factor, her lack of computer skills was the real problem. For many families that I’ve come in contact with, not having a computer and Wi-Fi at home made matters worse.

Thankfully, we eventually started creating workshops in facilities around the state that were equipped with computers, Wi-Fi, volunteers and scanners to assist applicants with the application process. Working families showed up in big numbers prepared and enthusiastic about making a difference in their children’s education.

Apathy was never the issue and rarely is for parents who love their children.  Access to the knowledge to navigate the system, lack of resources, disinformation, language limitations, feeling intimidated by paperwork and forms, among many other factors are usually what deters parents from participating. In our fight to ensure that parents across this country are given the right to choose how their child is educated, let’s keep this in mind before tagging certain groups with labels such as apathetic.   

“No se trata de cuanto ganas, si no de cuanto gastas”


De Hergit Penzo Llenas
Directora Nacional de Molización Hispana
para la American Federation for Children

“No se trata de cuanto ganas, si no de cuanto gastas”, me dijo mi padre un día de invierno hace casi 25 años. Este consejo ha sido uno de los pilares que han regido mi vida y, definitivamente, una de las razones de la estabilidad financiera que haya podido tener.
Un lustro atrás ganaba apenas unos $12 la hora, es decir menos de $25,000 verdes al año. No obstante, me alcanzaba para cubrir mis gastos y pasear un poquito. Desde luego, no era la Vida-Loca ni mucho menos, pero igual no malpasaba e incluso guardaba un dólar para el día lluvioso o como dicen los americanos: “a rainy day” que es lo mismo que “tener un pe$o para la vergüenza”, como decía Herman Penzo, mi viejo.
“Puedes tener un millón en el banco, mas si te compras un helicóptero de 1.5 millones, te quedas pobre al instante. Sin embargo, si ganas $20 y gastas $15, siempre tendrás un monto positivo del cual echar mano, aunque este sea de $5 pesos. Así de sencillo explicaba el dilema, ¡el secreto!, de la liquidez financiera mi progenitor.
¡Y es que así de sencillo es!… si alguien se toma el tiempo de explicárnoslo y
–MUCHISIMO MÁS IMPORTANTE- no los enseña con su ejemplo.

¿Y a qué viene todo esto?
Pues viene al caso porque nuestros hijos aprenden de nosotros, los adultos en su vida, cómo entender y manejarse con el dinero. Para quienes leyeron “Poor Dad, Rich Dad” (padre rico, padre pobre, en cristiano) este concepto no es del todo ajeno. Tampoco lo es para quienes escuchan predicar el evangelio de la abundancia a través de las charlas como las de Abraham Hicks y otros pastores de variopintas denominaciones.

La falta de conocimiento financiero ha convertido la comunidad hispana en una de las presas mas fáciles de atrapar en las redes de los embaucadores, farsantes, patanes y charlatanes sobre esta bella tierra. Esta falta de entendimiento es, a su vez, pasado de padre a hijo, de hija a nieto, hasta el infinito. De ahí que, los depredadores hagan su fiesta entre y a costa de nosotros.
¡Mucho ojo! A espabilarse. No permitamos que nuestras futuras generaciones tropiecen con la misma piedra. ¡Es hora de levantar los pies! Si usted tiene demasiadas excusas para educarse debidamente sobre el tema de qué es el dinero, cómo trabaja y cuando es propicio tomar riesgos para multiplicarlo, si está demasiado cansada, aburrido, ocupada o sobrecogido por la FALTA de estabilidad financiera en su vida, entonces, POR LO MENOS, permita que sus hijos tomen clases o lean libros sobre alfabetización financiera (finantial literacy). Facilite que se eduquen, “que se empapen” sobre el tema.
Porque, aquí entre nos, ¡ya está bueno!
Ya está bueno de endeudarse hasta las narices, de no tener o perder el crédito, de someternos a tasas de interés exorbitantes, de que nuestros hijos salgan de las universidades con una deuda que les tomará 20 o 3 años saldar.

Este sistema está hecho para que nos lleguen mil solicitudes de crédito por correo y cero, nada, ninguna para educarnos sobre la complejidad de los préstamos, hipotecas, notas bancarias, APRs, ciclos, términos, proporcionalidad entre deuda e ingreso y un montón de otras reglas que gobiernan la economía personal, local, mundial y global -dicho se ha de paso-.
Entonces, ¡manos a la obra, pues!

El encanto de la costa o el porqué de muchos divorcios

PLAYA_este
“Capital es capital y Santiago un platanal” reza un proverbio criollo que describe, con cierta fidelidad, el atraso de la provincia en comparación con Santo Domingo, una ciudad portuaria y turística. Al parecer, el contraste que se da entre la ideosincracia de la gente del interior y aquellos que gozan de un malecón no es exclusivo de mi tierra, pues también se evidencia en muchos otros pueblos del mundo retirados del mar y más específicamente apartados de las playas visitadas por extrangeros. Tras dos décadas de ausencia tuve la oportunidad de reencotrarme con el hombre de la costa, quien en Quisqueya es muy diferente al de las regiones situadas entre montañas. Aun hoy día, cuando la tecnología permite poner al alcance de la mano chorros de información, nuestros provincianos tardan en adoptar las nuevas modalidades que impone la vanguardia occidental. Siendo esto más evidente en la manera cómo las viejas costumbres y tradiciones pesan sobre los roles masculino y femenino. Por ejemplo, en el litoral caribeño, donde tanto los hombres como las mujeres trabajan en los complejos hoteleros de cantineros, camareros, croupiers, guías de excursiones y demás, ambos sexos producen un salario y -a veces- reciben comisiones y propinas. Esto hace que las mujeres no siempre y no totalmente dependan de sus hombres para poner comida sobre la mesa. Lo que no implica en lo absoluto que se basten, solo que sus ingresos le garantizan una participación más o menos de igual a igual en la economía hogareña. El “más o menos” citado con anterioridad alude a la odiosa y muy generalizada práctica de pagar a las mujeres un salario más bajo que a los hombres, pero eso es harina de otro costal. Por el momento, nos enfocaremos en ciertas modalidades expresivas que encontramos en algunos hombres casados durante una visita a la isla el pasado mes de Junio, las cuales diferían considerablemente entre sí cuando el caballero en cuestión era el único ente proveedor en la casa o no. Es decir, cuando para pagar los gastos de su supervivencia, la señora estaba o no a merced del señor. Pude notar que, acostumbrado a una mujer creadora de recursos, el costeño adopta un discurso en el cual se detectan menos, pocas o ninguna alusiones y quejas sobre la dependencia monetaria de la esposa y/o que la misma fuera interpretada como una sudorninación. Al restarle este elemento a las mecánicas matrimoniales, parecería que en las ciudades situadas a la orilla del mar se produjera una reevalución de los roles y una redistribución del poder. Las mujeres producen o podrían producir dinero y los hombres tienden a respetarla por ello. Permanecen juntos por razones que no vienen atadas a la vil subsistencia, aunque quizás tengan que ver con el progreso, a la conveniencia o al interés mutuo. Sin embargo, inclusive en estos casos, la esposa es percibida como una socia-compañera-camarada que lucha hombro a hombro y merece respeto, fidelidad y consideración. En cambio, en el interior el discurso tiende a plantear que: “es la madre de mis hijos”, “me está dando o me ha dado su juventud”, “es una buena mujer”, “me necesita”, “nunca ha trabajado,” etc. Frases que son código para explicar una relación de pareja mantenida por tradición, por lástima, por compromiso o por lo que sea ya que la mujer requiere de su marido pues no alcanza a suplir sus necesidades sin él, lo cual la tiende a colocar en una posición desventajosa. De ahí que, me atrevo a inferir, en las zonas turístico-costeñas existe un mayor balance del poder en las parejas. Y es que, aquí entre nos, cuando una ya es dueña de los medios para mantenerse y conciente de lo que eso significa, las dinámicas de pareja cambian y si son malas, se acaban.

http://eltiempolv.com/opini%C3%B3n/aqu%C3%AD-entre-nos-31

Adorable chatarra

ramen noodles

de Hergit Penzo Llenas
Los nortemaricanos le dicen Ramen noodles y en México Maruchan y es una sopa de fideos tan popular que la encontramos en su envoltura de plástico cuadriculada y multicolor tanto en los mercados étnicos y como también en los gigantescos super Walmarts. Además se la localiza dentro del microondas de miles de estudiantes que asisten de costa a costa a las universidades y la hallamos sobre la mesa de muchos inmigrantes recién llegados a los Estates o no tan just cruzados del río o apeados del avión. Los universitarios la consumen porque se han alejado del nido materno y no tienen quién les prepare un plato calientito y nutricional -como el Señor manda. Los segundos, simplemente, ejercen su real derecho a ingresar en el ámbito culinario de la exquisita comida de a dólar. Los fideos Maruchan, así secos, ondulados cual melena dominicana, amarillentos y deliosamente cargados de sal, harina y grasa son la opción por excelencia de todo haragán o toda persona muy corta de dinero, de tiempo o corta en habilidades para alimentarse con algo que requiera el cortar y mezclar varios ingredientes alimenticios. Sin embargo, aún hasta los que saben cocinar o gozan de un alma piadosa que les cocine, pasan por la fase, mejor dicho, ¡por el proceso inexorable! de descubrir y luego consumir en menor o mayor grado cantidades masivas de esta invención china, la cual ha sido distribuida en el globo gracias a los japoneses. Y es que, aquí entre nos, ¿quién ha osado privarse de la decadente desgustación de un cartón de estos archifamosos fideos? …
Habrá uno que otro que argumente que las siguientes dos palabras: alimenticio y nutritivo si han de aparecer citadas cerca de la marca en cuestión, sería únicamente en radical oposición a la misma. Para esos misioneros a raja tabla, lectores de Food Matters, asiduos espectadores de documentales en Netflix al estilo Supersize me y otros testimoniales por el estilo, para ellos es un absurdo dedicarle a una sopa instantánea un poco de dulce atención. Puesto que, según opinan, el acto de embutirse un paquete de Ramen noodles puede describirse de una forma: malo. De hecho, muy malo. Tan malo como comerse un pollo frito del coronel, una hamburgesa de McSabeQuién o unas papas fritas del King-noséqué.
Tarde o temprano, el proceso inexorable, la atracción fatal hacia la comida chatarra nos mata, si no la matamos primero. Con suerte, el colesterol, la diabetis, la talla del patalón, las fotos de hace unos años nos hacen recapacitar. Un día nos miramos al espejo y entendemos que no solo de Ramen noodles vive el hombre. No obstante, antes de ese instante de suprema revelación, nos atragantamos con una sopera repleta de Machuran y con cuanta porquería nos engordamos ¡perdón! encontramos en el camino. Y si usted me pregunta: ¿por qué?
Pues, yo diría ¡que es parte esencial de convertirse en un graduado o en un fiel ciudadano norteamericano!
http://eltiempolv.com/opini%C3%B3n/aqu%C3%AD-entre-nos-31

¡Por eso maté a mi tía!

killed aunt

-¡Por eso maté a mi tía!, escuché decir a una señorita en la pantalla.
¿Quién se atreve a confesar semejante crimen en la televisión de manera tan desfachatada?, me pregunté realmente intrigada. Al dar la vuelta, me percaté de que se trataba de la villana de una telenovela, quien poseía una capacidad extraordinaria para sacar de quicio al hombre al cual le profesaba su amor. El galán, desesperado por las intrigas urdidas por ella, la agarró por el cuello y la zarandeó con fuerza varonil durante uno de los episodios emitidos la semana pasada.
Normalmente, yo hubiera adoptado una posición de testigo ocular indiferente, archivando este “incidente” en la carpeta de asuntos tele-noveleros sin importancia. Sobre todo, al entender que desde la perspectiva del escritor, el subconsciente colectivo necesitaba expresar su frustración contra esa criminal que había asesinado a un miembro de su propia familia. El argumento narrativo se prestaba, pues, para que la fuerza brutal del macho la castigara por nosotros, para hacer justicia.
Dos días después, me vi en la necesidad de hablar sobre un asusto personal con mi madre. Esto ocurrió entre las nueve y las once de la noche, que es el bloque de tiempo sagrado durante el cual los aficionados a este tipo de teatro no admiten interrupciones, al menos no las admiten de buen agrado. Mientras esperaba los comerciales, tuve que sufrir unas cuantas escenas del drama. En una de ellas, el protagonista, harto de las amenazas que le hacía la mujer que mató a su tía, la apretó por el brazo y le dio una buena sacudida. Lo mismo ocurrió la próxima noche, cuando por puro espíritu investigativo, me dediqué -por tercera vez- a ver el blockbuster. Descubrí, sin gran sorpresa, que ya fuera por esto o por aquello, a la chica la maltrataban a diario.
-Madre, ¿no notas algo?, pregunté.
-Sí, las medias nylon están muy oscuras para ese vestido tan claro, me contestó.
-¿Nada más?
-¡Qué esa muchacha tiene los ojos muy bonitos!
En otras palabras, para la teleaudiencia bien entrenada, o sea mi madre y otras personas como ella, estos actos de violencia intrafamiliar son algo común y cotidiano, tan parte del ensamblaje de estos productos de consumo masivo ¡que pasan completamente inadvertidos!
Eduardo Correa en su diario oficial llamado Prevención de Violencia Intrafamiliar, define esta última como “el acto de poder u omisión recurrente, intencional o cíclico, con el que se domina, somete, controla o agrede física, verbal, psicoemocional o sexualmente a cualquier miembro de la familia, dentro o fuera de su domicilio (…)” Las oficinas de gobierno mexicano han reportado últimamente altos índices de violencia.
Dice Correa que son tan altos, porque “probablemente están relacionados con el desempleo y el incremento de los niveles de estrés producidos por la creciente pobreza y el abuso del alcohol.” Los expertos señalan que “esta forma de violencia es un abuso que refuerza las jerarquías de género y edad.” De ahí que, en el 91% de los casos, la violencia es generada por un hombre, como reportó INMUJERES durante el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres. (México)
Aquí entre nos, en nuestra ciudad, la violencia doméstica es un problema tan grave como lo está siendo al sur de la frontera. Para remediarlo, nos toca empezar a mirar la violencia como el crimen y la injusticia que es y no como algo natural. Piense en eso la próxima vez que golpeen a una chica en su telenovela favorita. Porque si queremos solucionar este problema, nos toca ajustar nuestra perspectiva al respecto. Eso sería lo primero, y más fácil,  más rápido que intentar erradicar las causas mayores: pobreza, desempleo y abuso del alcohol, de las cuales tenemos todavía para un rato.

Pobre mamá

mother with child

Las madres deben ser buenas, sacrificadas, abnegadas, entregadas, amorosas, limpias, dispuestas a quitarse el pan de la boca, sufridas, justas, ecuánimes, incansables, de una conducta intachable, íconos del buen ejemplo, etcétera, etcétera, etcétera. Eso es lo que la sociedad, la cultura y los medios de información masiva han acordado que es una madre ejemplar. La realidad es que, como ser humanos hechos de carne y hueso, las madres tienen un montón de defectos. Las que no son violentas son mal habladas o egoístas o tacañas o descuidadas o todas las anteriores o ninguna de las anteriores, pero sí otras cosas por el estilo y muchas otras más que por razones de espacio -y por no cargarles más el dado- no vamos a mencionar. Aunque se empeñen y lo traten de evitar, las madres marcan a sus hijos, los acomplejan, malcrían, envanecen, los tratan con favoritismo y los llenan de ínfulas y regalos lo mismo que los llenan de golpes e insultos. Y es por eso que a cada uno nos tocó tener una madre que hizo lo mejor que pudo con lo que tuvo en el momento en que debió lidiar con tal o cual situación, o sea que fue ella y sus circunstancias, como diría Don Ortega y Gasset. Esta mujer se encontró a sí misma a medio camino entre el ideal que la norma le exigió que fuera, la madre que como persona bien intencionada aspiraba a ser y aquella que al final le salió de adentro. A veces, a causa de esta última, las madres se culpan, a menudo en silencio, por esa otra que fueron hace veinte o treinta años atrás, o uno o dos hijos atrás, cuando no habían acumulado la sabiduría, la experiencia, la madurez que tienen ahora. Las pobres, se sienten responsables de lo que usted y yo hemos resultado ser, porque, ¡ay, Jesús! se han llegado a creer que son las únicas responsables y las solas arquitectas de nuestros destinos. Y de ahí que algunas de nuestras madres guarden en el armario un montón de sinsabores por el papel que ellas jugaron en crear eso que somos, que como suele ocurrir, no es la versión que ellas soñaban de nosotros, si no un híbrido que guarda poca o considerable similitud con sus añoranzas y mucho mayor resemblanza con aquello que a usted y a mí nos dio la gana de ser. Sin embargo, el desencanto se da a la inversa, ya que es mutuo. No son pocos los hijos que cargan un ansia existencial, una crisis interna que lleva el nombre de su progenitora escrito en cada esquina. Esos hijos se sienten defraudados al comparar el modelo de “madre ejemplar” con la suya. Tal modelo, taladrado entre ceja y ceja con las maquinarias de consumo masivo: los dibujos de Disney, las películas de Hollywood, el cine de oro mexicano, las telenovelas, las comparaciones con la madre del vecino – pues no es secreto que las comparaciones son también de consumo masivo- dicho modelo, decía, es un mito. Está basado en expectativas irreales, expectativas que pertenecen al mundo de la ficción y no a esta tierra. Al igual que el resto del mundo, las madres evolucionan y progresan. Muchas ya no son ni siquiera la sombra de aquella archivada en nuestras memorias. A ellas, a nosotras, a todos nos engañaron con el cuento de hadas del perfecto amor filial y la abnegación sin par, un cuento que, aquí entre nos, es una realidad inalcanzable y un hueso muy duro de roer.

http://eltiempolv.com/opini%C3%B3n/aqu%C3%AD-entre-nos-15

Carne presta para la rapiña

predator
A parte enseñarnos algunos de los hábitos exóticos y no tan exóticos del proceso de cortejo y reproducción de los animales salvajes, el Discovery channel también ha servido para familiarizarnos con las estrategias de cacería de los depredadores más efectivos que habitan las selvas de este planeta. Una de ellas, que ha probado su infalibilidad tanto entre cazadores solitarios como los que atacan en manada, es seleccionar como una presa a un ejemplar que por cansancio, enfermedad o inexperiencia se ha separado del grupo y se encuentra aislado de los miembros del clan en capacidad de defenderlo. Para el cazador, este estado de distanciamiento e incomunicación es la primera ventaja que él tiene sobre su presa. En nuestra sociedad, al igual que entre las bestias silvestres, ocurre lo mismo. Según reportó Forbes, en Miami al Medicare y Medicad le facturaron fraudulentamente cerca de $237 millones de dólares durante 2011. Las facturas provenían de compañías, en su mayoría fantasmas, cuyo blanco principal eran personas de la tercera edad. Los ancianos resultaban ser la clientela ideal pues sufrían de una salud debilitada, una mente –a veces- distraída y vivían muy frecuentemente en soledad. En otras palabras, eran carne presta para la rapiña. Esta rapacidad se extiende a otros ámbitos y a otras víctimas. Tan pronto demostramos un poco de solvencia económica o cierta “independencia” financiera, al inmigrante, al estudiante universitario, a todos nosotros nos bombardean con promociones producidas por compañías de tarjetas de crédito. Aprovechándose de la falta de educación financiera, la terrible desinformación imperante dentro de la comunidad hispana, abusando de la ausencia potencial de una red familiar y/o social que nos de soporte, los dueños del dinero plástico nos acorralan con un sencillo argumento que parece inofensivo, compre ahora y pague después. Las reglas de ese juego siempre están escritas en mini letritas usando un lenguaje lleno de siglas y acrónimos: APR, DPR (annual percentage rate, daily periodic rate), etcétera. Así mismo, la explicación de la oferta y sus penalidades suele estar ubicada, y no por casualidad, en la parte trasera de una página tan visualmente saturada que da dolor de cabeza el leerla. ¡Por eso casi nadie la lee! Y eso, of course, es lo que busca el acreedor. Los grandes capitales elijen un diseño gráfico tan intrincado, no por salvar un árbol al ahorrase la tirada de una segunda página donde aparezcan las letras en tamaño legible, si no para que uno pierda el interés por leer los diminutos términos presentados en una hoja de papel atiborrada. Cualquier diseñador o especialista en mercadotecnia le puede confirmar esto, ya que está probado y requete-probado que la densidad de la página afecta la motivación del lector. Este viejo truco no pasa de moda. Los prestamistas hipotecarios y vendedores de bienes raíces que engatusaron a medio mundo cuando Las Vegas gozaba de su gran boom inmobiliario se lo saben de memoria. Aquí entre nos, en esta jungla de concreto, hasta las pólizas de las aseguradoras tienen más rayas que un tigre gracias a su arsenal de condiciones tan intrincadas como el diseño arriba mencionado. Estas últimas, menos inocentes que depredadoras, acumulan millones defraudando al consumidor. Así, pues, ¡mucho ojo! No se aparte de la manada y manténgase conectado e informado.
http://eltiempolv.com/opini%C3%B3n/aqu%C3%AD-entre-nos-16

Tiempo de re-regalar

regalo de navidad
Se acerca la navidad. Época de regalar. Con loco frenesí, nuestros familiares salen a buscarnos presentes y viceversa. Luego, habrá que meter los regalos en una caja, envolverlos, ponerlos debajo del arbolito y esperar ese día glorioso en el cual, con cara de asombro y una gran sonrisa, alguien abrirá el paquete con sincero o fingido regocijo, y diga: ¡pero mira qué bonito!
Una vez consumadas las fiestas navideñas, es tiempo de reciclar. Paso inventario a todos los regalos recibidos y llego a la inquietante conclusión de que solo me gustan dos, de los siete. Entonces, una resolución de año nuevo cobra vida: voy a deshacerme de aquello que de muy buena intención me han obsequiado y no me gusta. En Norteamérica se conoce esta práctica con el nombre de regift, o sea re-regalar. Por supuesto, este acto de “reaprovechamiento de los bienes” lo hago siempre de buen corazón, porque deseo que al destinatario le guste (más de lo que me gusto a mí) ese obscuro objeto que le estoy re-regalando.
Aunque antes lo ponía en duda, ahora sé que es cierto: “one man’s garbage is another man’s treasure,” pues siempre encuentro un destinatario sinceramente feliz de aceptar el producto reciclado en cuestión. ¿Dónde encuentro el feliz destinatario? -¡En la subasta del elefante blanco que organiza el club Toastmaster!
En el mes de enero los miembros del club donan aquellos presentes que están interesados en “reciclar” y estos, a su vez, son subastados. Con los fondos recaudados le hacemos un cheque a una organización sin fines de lucro o apoyamos al mismo club, que es también una entidad no lucrativa. De esta manera, matamos dos pájaros de un tiro: le donamos dinero a una misión importante para nosotros y, ¡maravilla! nos desembarazamos del sentido de la culpabilidad que sentimos al desprendernos de algo que un ser querido nos ha obsequiado. Aquí entre nos, me parece una solución salomónica.