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Month: July, 2013

Beverly Mathis: Larger than Life

Beverly Mathis

Berverly Mathis: Un ser gigante

 Aunque retirada, Beverly Mathis continúa recogiendo comida  para  familias necesitadas, repartiendo zapatos entre los niños descalzos, colaborando en obras filantrópicas con sus hermanas universitarias de Delta Sigma Theta, sirviendo en la iglesia, entrenando voluntarios, llevando ancianitas al médico y viajando al otro lado del planeta para estar presente en la ceremonia de graduación de un ex alumno, quien la recuerda y le agradece aquel tiempo transcurrido en la escuela  cuando la luz de esta maestra iluminó para siempre su vida.

 A Beverly le queda de Tennessee  el hermoso acento sureño, y de las horas dedicadas a escuchar La Palabra  le ha quedado la entonación propia de los pastores: vibrante, cautivadora y  poderosa. Así, con esos mismos adjetivos yo describiría a toda su persona. She is larger than life.

Durante dieciséis años fue la directora de la escuela Kermit Roosevelt Booker , situada en el corazón de una comunidad pobre y como todo lugar estragado por la desigualdad social, afectado por mil tragedias: drogas, hogares rotos, desempleo y un nivel académico extremadamente bajo en los adultos y en consecuencia, también en los niños.

¿Puede alguien lograr levantar a esta población por encima de las tristes expectativas que se tiene de ella, por encima de las funestas estadísticas que todavía se repiten generación tras generación?…¡Berverly Mathis lo logró!

 Lo logró gracias a una tenacidad sin comparación y a la aplicación efectiva de sus vastos conocimientos sobre la educación temprana (35 años de experiencia), gracias a la cual ella ha acumulado una larga lista de galardones, reconocimientos y premios.

Pero mayor aún que su preparación es su inmenso amor por los niños. Un amor que no cesó ni en los momentos más oscuros de su lucha contra el cáncer y que la impulsó a tocar de puerta en puerta, muchas veces acompañada de sus hijas Ashley y Tya*, buscando mecenas, conversando con los padres y abogando, abogando, abogando.

En sus años al mando de Booker nunca le tembló el pulso para interrumpir los juegos de dominós de las esquinas: “las clases empiezan tal día ¡no dejen de traer a sus niños!,” ni para irrumpir en las iglesias, persuadiendo a los líderes religiosos de  plantar en las mentes de la audiencia la pregunta: ¿cuándo fue la última vez que usted fue de visita al salón de clases de sus hijos?… 

De pie  frente al portón de la escuela, bajo el sol, contra viento y marea, la directora  no dejaba pasar un día sin regalar una sonrisa y dar una bienvenida calurosa, aunque ella supiera que no todos los padres cruzarían el umbral de la escuela…o el de sus propias casas. Por eso entrenó a los alumnos a levantarse, vestirse y caminar hasta la escuela al oír estallar en las bocinas  las letras inspiradoras de la canción I believe I can fly. Y si no había ropa limpia para vestirse, entrenaba los niños  a levantarse y ponerse cualquier cosa ya que en la escuela los cambiarían. Y si de lleno los chiquitos no venían, ella se trepaba por una ventana y entraba a buscarlos; alguna vez dentro de una casa a oscuras donde los gusanos crecían sobre una pila de platos usados.

El suyo fue un trabajo titánico! Pero un trabajo que pagó sus frutos produciendo mejorías académicas impresionantes, un clima de trabajo provechoso  para los maestros,  y un incremento exponencial en la  participación  de las familias y de la comunidad  en la escuela.

Un trabajo que Bervely Mathis dice nunca haber sido tal:  -“No he tenido que trabajar ni un día de  mi vida. Lo que hago es tan maravilloso, amo tanto dedicarme a los niños, que no puedo llamarlo un trabajo, sino mi llamado.”

La Doctora Mathis es una leyenda viviente y la prueba palpable que la influencia de una sola persona puede de hecho cambiar  el curso de miles de vidas… de toda una vecindad.  Hoy la celebramos ¡con tambor y panderetas! por haber dedicado su vida entera a demostrar que la educación es la clave para romper completamente con las cadenas de los nacidos en la desigualdad.

http://www.eltiempolasvegas.com/articles/2013/07/25/ciudad_and_estado/doc51f16b69a237a197458085.txt

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*Tya & Asley  fueron favorecidas  con la beca estatal Millennium creada por el gobernador Kenny Guinn, de quien Beverly es una gran admiradora.

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Rosita Castillo- Valor y Audacia Sin Par

                              Rosita22

El pánico y los mitos relacionados con el contagio y  la transmisión del SIDA, nacidos en el furor de la epidemia, son cosas del pasado. Eran ideas de  entonces, de finales de los 80’s; no obstante,  hay quienes aún creen que el portador del virus HIV es un sentenciado a muerte.  Rosita Castillo ha dedicado gran parte de su vida a  la concientización pública de esta enfermedad y a educar sobre los muchos otros mitos existentes en torno a la sexualidad.

Rosita es abuela de Lorenzo y Homero, a quienes considera sus grandes amores, y madre de dos hijas: Reyna María y Krystal. Como su madre, Doña María Paz, Rosita es un ejemplo de  valor y   audacia sin par. Es una mujer capaz de  aventurarse por entre los callejones  de Seattle, a donde los adictos   solían compartir las jeringuillas que propagaban el HIV, y armada solamente de su poder de convicción, lograr reformar la conducta y cambiar los hábitos de este grupo marginal.

Pero más allá de su trabajo como trabajadora social existe  Rosita-la voluntaria, la solidaria, la amiga. Una Rosita que al ver a un semejante desahuciado y rechazado por su familia, decide adoptarlo  y velar por que se cumpla su último deseo: tener  un final digno,  lejos de la fosa común donde se arrojan  las almas que no tienen dolientes. Rosita con sus propias manos le teje a José,  agonizante, una colcha de lilas y rosas y se ocupa de llevar su cuerpo a la catedral para el póstumo adiós. Cuando a José le alcanzan las fuerzas, ella lo lleva a comer a su restaurante favorito. Y por eso antes de marcharse él  le pide un deseo más: “Rosita,  talla sobre mi tumba una rosa en honor de tu nombre.”

Y es esa flor sobre la piedra silente la que habla del amor de esta buena samaritana. Esa flor es un símbolo que demuestra que antes del título  universitario, antes de los galardones dados por la Cruz Roja y antes de sentarse en las sillas de los ministerios de salud, antes de todo eso, Rosita ya abría su hogar en medio de la noche para dar refugio a una mujer abusada; o se iba a la penitenciaria de Walla Walla a servir a aquellos a quienes el sistema  continúa negando el derecho a protegerse sexualmente.

A pesar de los años transcurridos, a la oficina siguen llegando cartas de uno que otro presidiario dando las gracias  por el apoyo que Rosita le prestó.  Y años y años después de unas charlas, todavía llegan llamadas  de personas  salvadas gracias al descubrimiento temprano de un  cáncer en el seno o un cáncer cervical.

Algunas de esas llamadas son el resultado de una cadena de voces: la voz  de una promotora entrenada por Rosita, o de una voluntaria, o de una vecina que la escuchó  por la radio.

-¡Pasen el mensaje!-les dice.

Y el mensaje ha pasado de boca en boca, tocando  a miles de oyentes. Y en ocasiones  ha llegado a tiempo a los oídos  de un inmigrante transgénero, de una madre hispana, de un adolecente a quien este conocimiento le salva la vida. Y de ahí que el mantra de Rosita sea: “El conocimiento da poder.”

¡Y es por darnos de ese poder que hoy la celebramos!

http://eltiempolasvegas.com/articles/2013/07/11/ciudad_and_estado/doc51df476337036704466713.txt