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Hablemos de todo un poco

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La pasión de la enseñanza

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“Yo considero que es una falta de respeto al magisterio asumir que cualquier estudiante universitario inteligente, proveniente de cualquier reglón académico, esté listo para fungir como un maestro después de tomar unas cuantas semanas de entrenamiento. El modelo de Teach for America (TFA), dijo la doctora Aída Walqui, es una afrenta a la profesión de educador. Para enseñar no basta con una actitud al estilo de los voluntarios del Cuerpo de Paz: voy a tal sitio, hago una obra de bien y me siento a gusto. El magisterio es un arte y una ciencia, no es una actividad que cualquiera puede ejercer solo porque tiene deseos de ayudar a la comunidad.” ¿Qué es Teach for America? Es una  organización dedicada a eliminar la injusticia social en la cual viven millones de estudiantes nacidos en la pobreza y quienes carecen de una educación de calidad y por eso, según TFA, se quedan atrapados dentro de un ciclo perpetúo de miseria. Con el fin de elevar la calidad de la educación, la entidad no lucrativa busca, entrena y cultiva individuos comprometidos con la igualdad y los ubica dentro de los salones de clases en las escuelas de los barrios pobres, que es donde existe una mayor necesidad de ayuda. A su vez, la Dr. Walqui, es la Directora de Desarrollo Profesional para Maestros de WestED y está considerada como una lumbrera en el área de enseñanza y formación de maestros especializados en instruir estudiantes cuya primera lengua no es el inglés. Su crítica, citada al principio de esta columna, fue expresada  en una cima sobre alfabetización realizada el pasado martes en La Universidad Nevada Las Vegas (UNLV), la cual estuvo auspiciada por Nevada Succeeds. Su controversial punto de vista con respecto a Teach for America es compartido por otros educadores local y nacionalmente. De hecho, en alguna ocasión escuché  a una directora de escuela de nuestro distrito quejarse de “lo mucho que hay que invertir en desarrollarlos y entrenarlos (a los nuevos maestros de TFA) para que luego se vayan.” Pero como dicen en mi tierra: siempre hay que escuchar las dos campanas, y al otro lado de la controversia sobre este programa, nos encontramos con el planteamiento de que la pasión no se enseña, si no que se siente o no se siente. Y de ahí que, aunque los maestros de TFA son todos, o en su gran mayoría prácticamente inexperimentados, ellos están movidos por algo, una fuerza, una pasión hacia una causa y eso, aquí entre nos, no se aprende en un colegio de educación.  ¿Cuántos egresados de los colegios de educación son personas sin verdadero amor por la enseñanza y pésimos maestros? No pocos. ¿Cuántos jóvenes egresados de TFA logran un día convertirse en buenos o excelentes educadores? Algunos. Cabe argüir,  así mismo, que la ciencia del magisterio no es exacta, no es como las matemáticas: 2+2=4.  Es una ciencia que aspira a convertir las mejores prácticas en modelos efectivos, pero mientras más se profundiza y se investiga sobre estas prácticas, más variadas y discutidas resultan. ¿Quién tiene la razón?… ¿Dónde está la verdad?…La respuesta, por ahora, es ¡ya veremos!

1 877 8 HAMBRE

Hunger
Cada año, cuando cierran las escuelas, uno de cada cuatro niños pasa hambre. Esto no ocurre durante el transcurso del año escolar, ya que el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos, conocido por sus siglas en inglés como USDA, “provee comida para 21 millones de estudiantes que califican para programas de asistencia nutricional. Este número baja a 3.5 millones durante las vacaciones de verano, dejando a 17.5 millones de niños sin acceso a un desayuno y un almuerzo,” explicó Audrey Rowe, la Administradora Nacional del Servicio de Alimentos y Nutrición, también conocida como The Food and Nutrition Service o FNS. Y agregó: “este tipo de ayudas, incluyendo los cupones de comida – food stamps- ha crecido exponencialmente desde la década de los ochenta. En aquella época solo las personas desempleadas o deshabilitadas requerían de asistencia para cubrir sus necesidades alimenticias.

Ahora, una gran parte de los usuarios son personas que trabajan, pero sus salarios no les alcanzan para comer.” Por eso, con el fin de solucionar el problema del hambre en la población estudiantil durante el receso de verano, el FNS ha unido fuerzas con dos organizaciones: locales, las cuales estarán sirviendo a la comunidad como bancos de comida a través de sus planteles y por medio de otras agencias que forman parte de una coalición. Esta coalición consta con la participación de los Boys & Girls Clubs, algunas iglesias y el departamento de Parques, Recreaciones de ciertos condados, entre otras entidades. Para gozar de este servicio, “no se requiere ser miembro de los Boys & Girls Clubs ni estar afiliado a las iglesias que lo ofrecen.” Sin embargo, aunque la coalición ha aliviado el hambre de muchos menores, estos a penas constituyen un pequeño porcentaje del total de niños y adolescentes que necesitan esta ayuda.

De ahí que, representantes gubernamental encargados de la salud y nutrición infantil, ha lanzado una campaña cuyo propósito es ampliar la red de centros de comida. “De esta manera, más niños podrán recibir, al menos, dos platos de comidas nutritivas al día. Para encontrar un centro de servicio, hay que llamar al número es 1-877-8-HAMBRE o entrar en la página: http://www.summerfood.usda.gov.”
Aquí entre nos, es una verdadera alegría que se le esté buscando una solución al creciente problema del hambre, pero ¿no sería mejor que los trabajadores ganaran lo suficiente para poder comprar sus alimentos, sin tener que depender de la asistencia pública?

Celebrando Las Vegas

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Esta ciudad ha sido donde he vivido por más largo tiempo desde que salí de mi Santiago natal. Las Vegas es un lugar que he aprendido amar, aunque mi amor no fuera de esos que nacen a primera vista. Ahora, si me voy lejos, extraño esta ciudad por ofrecerme un servicio al cliente excelente, incomparable, fabuloso. Y, si se me antoja, puedo quedarme en ella y reservar una bella habitación en un hotel glamoroso y pagar de $30 a $40 dólares durante un martes o un miércoles. Las Vegas es una ciudad con estilo, así como California tiene sus pantalones kakis y sus camisetas blancas, el vegano se viste cual estrella, bien a lo movie star o a lo rock star, o a lo old star de incógnito o en “rehab”, que es un estilo en el cual convergen armoniosamente el lujo y el brillo, las cirugías plásticas, el western, con los tatuajes y las perforaciones. Todo va, nada sorprende, el hombre y mujer local parecen ser impermeables al qué dirán. Sí, es cierto que he atacado y le he exigido mucho a esta ciudad, como lo hacen los padres con los hijos, pero es porque la sueño cada día mejor. Quince años atrás la encontré en plena edad del crecimiento y no era más que una mesa de juego alrededor de la cual se ofrecían hot dogs, margaritas por un dólar y bodas al vapor. Entonces, este oasis no tenía museos, ni un teatro de la talla del Smith Center ni en su repertorio aparecían espectáculos de circo altamente elaborados y de gran belleza artística, los grandes chefs de New York y San Francisco no habían descubierto que el desierto era un pedazo de tierra fértil donde sembrar sus caras ambiciones gastronómicas y las divas del mundo no buscaban plantar sus raíces en nuestra arena. Y es que Las Vegas ha mudado la piel tantas veces, que ya le queda poco de su pellejo inicial. En esta nueva dermis, ella se exhibe como un centro de convergencia para eco-turistas, como motor de las mejores políticas y prácticas de conservación del agua, como un bazar de las mercaderías más finas del planeta, como una comunidad habitada por gente deseosa de ayudar, gente llegada de todas partes que, al igual que yo, se dijo un día: “no he venido para quedarme” y sin embargo, aquí estamos todavía: seducidos, embrujados, enamorados de ella, acostumbrados a la maravillosa conveniencia de encontrar los restaurantes, los gimnasios, los supermercados, los bares y las salas de baile abiertos de lunes a lunes hasta muy tarde (o durante las veinte y cuatro horas). Y usted se preguntará: ¿Y este canto a Las Vegas, a qué se debe?…pues esta semana estoy de cumpleaños y ando de muy buen humor. Por eso he optado por no despotricar contra la falta de esto y la carencia de aquello. Hoy, aquí entre nos, quiero celebrar mi hogar, celebrar su espíritu libre, peregrino, su forma de susurrarme al oído: “cuando estés en Roma, compórtate como los romanos”, pero cuando estés en Vegas, sé tú.(r)

Houston, we have a problem, Nevada requiere un EMERGE

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El costo promedio de la matricula en una universidad prestigiosa es aproximadamente de cincuenta mil dólares por semestre. Para una familia pobre, esa factura es prohibitiva. Pero, aunque no aparezca en la página frontal de ningún diario, lo cierto es que las universidades “de los ricos” están más dispuestas que cualquier otra a ofrecer una beca completa para costear la matriculación de estudiantes que se encuentran en una situación financiera desventajosa. La falta de representación de este tipo de estudiantes en esas universidades es alarmante: “ a penas 3% de los estudiantes en estos centros de educación superior provienen de familias de bajos recursos,” dijo Rick Cruz, quien es el asistente del superintendente en el distrito escolar independiente de la ciudad de Houston, (Texas) conocido por sus siglas en inglés como HISD. Para remediar la falta de acceso a la educación más cara que el dinero puede comprar en los Estados Unidos, sin tener pagar la factura en efectivo, Rick creó en 2010 un programa llamado EMERGE. EMERGE es una hermandad de educadores y líderes comunitarios que comparten la visión y el propósito de enviar una mayor cantidad de chicos (as) de bajos recursos a las universidades más reputadas de la nación. De hecho, Rick y su grupo ya ha logrado que sus alumnos sean aceptados, con todos los gastos académicos cubiertos, en Harvard, Yale, Rice, Dartmouth, Tufts y MIT, lo cual es especialmente significativo si tomamos en cuenta que el 100% de estos estudiantes provienen de hogares donde los padres son pobres y nunca completaron una carrera universitaria. Además, 90% de estos estudiantes son las primeros en toda su escuela en ser admitidos en una universidad de alto calibre. ¿Y cómo ha logrado esto el equipo de EMERGE? “Pues, a través de un proceso largo y meticuloso que se inicia tan pronto los estudiantes entran en la preparatoria. Antes que nada, a cada candidato se le asigna un mentor, quien, a su vez, es egresado de una de las universidades en cuestión y por lo tanto entiende qué es lo que hay que hacer para ser aceptado en una de ellas. Luego, se les proporciona a estas jóvenes promesas la ayuda financiera necesaria con el fin de que puedan pagar por actividades extra curriculares tales como estudios avanzados durante el verano y después de las horas escolares, a esto se le suman intensos talleres de liderazgo, de preparación para pasar los exámenes más rigurosos y clases sobre dónde y cómo encontrar becas completas. También se les ofrece asistencia personalizada para diseñar y ejecutar un plan sistemático para alcanzar las metas que los candidatos se han propuesto, así mismo se les da apoyo para llenar las solicitudes y se les lleva de visita a un campus (…) No es extraño que esa visita a Harvard o Yale sea la primera excursión fuera, no solo de Houston, sino del barrio, que la mayoría de esos jóvenes ha tenido en su vida,” explicó Cruz. EMERGE se propone enviar 800 estudiantes en el transcurso de los próximos cuatro años a las mejores universidades de América. ¡Enhorabuena, Houston! A ver si a nosotros se nos ocurre unir esfuerzos para crear algo tan poderoso y cohesivo por aquí.

De uno en uno

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Si nos tocara aterrizar en New York, Portland o Washington, D.C. nos encontraríamos con la novedad de que allí no hay por qué preocuparse si alguien nos viene a recoger o si no tenemos dinero para un taxi, porque contaríamos con un sistema de trenes capaz de mobilizarnos de manera rápida, económica y efectiva, que es un servicio del cual carecemos aquí. La buena noticia es que the Regional Transportacion Commission, conocida por sus siglas en inglés como RTC, anunció los planes de un proyecto para remediar este problema, ya que, ahora mismo los 36,351,469 visitantes que anualmente pasan por esta marrillovosa meca del turismo, al igual que usted y yo, están obligados a transportrarse de uno en uno haciendo uso de un vehículo privado, alquilado o no: tomando un taxi, pagando una limosina y a veces utilizando los vans o shuttles de cortesía proporcionados por algunos hoteles. “A Las Vegas le urge un sistema de transportación público moderno que se ajuste a la demandas del turista de este siglo, si pretende mantener su competitividad frente a otras ciudades ”, explicó durante un almuerzo auspiciado por la Cámara de Comercio Latina la gerente general de RTC, Tina Quigley. Este projecto , según comentaba la dinámica ejecutiva, es un esfuerzo conjunto con Las Vegas Convention & Visitors Authority (LVCVA) y cuenta con la participicación de representantes del mundo de los negosios. Desde luego, un monorail -o algo similar-que conecte el aeropuerto con el strip,e incluso con el downtown, es un concepto poco popular entre los dueños de compañias de taxis y limosinas, pues así como están las cosas a ellos les está yendo muy bien. Por el contrario, a los propietarios de hoteles y casinos les ha interesado por muchos años la idea de conectar directamente el aeropuerto con los mega resorts.Pero con o sin agentes a favor, RTC parece comprometida en ofrezcerle a la comunidad más opciones de transportación pública, reducir la emisión de gases que dañan el medioambiente y ayudar a combatir la congestión de tráfico. Por eso, expuso Tina Quigley, RTC se propone ampliar las rutas de autobuses públicos locales y también desarrollar un corredor a lo largo de Maryland Parkway que facilite la circulación de estudiantes de la Univesidad Nevada Las Vegas (UNLV), de pacientes al Hospital Sunrise y de compradores al Mall, solo por citar algunos de los múltiples usos que tiene esta avenida, la cual es una de las más transitadas del valle. Ojalá que estos planes no se queden en una presentación de powerpoint, como ha sido el caso del famoso tren bala entre Las Vegas y Victorville, y que en un futuro cercano contemos con alternativas rápidas, económicas y efectivas para movilizarnos desde/ hacia McCarran y por algunos los puntos neurálgicos dentro de nuestra ciudad.

¿Quién no asustó a Valeria Silva?: La Equidad Racial

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Institutionalized racism – intentional or not – has affected every generation of students and will continue to do so until leaders have the courage to identify and interrupt it.” (El racismo institucionalizado, intencional o no, ha afectado cada generación de estudiantes y continuará haciéndolo hasta que los líderes tengan el coraje de identificarlo e interrumpirlo), expresó Valeria Silva, la Superintendente del distrito escolar de Saint Paul, (Minnesota) durante The Leadership Summit realizada el pasado 7 de Febrero en la cuidad de Reno. (Nevada) Valeria es la única latina en los Estados Unidos al frente de una superintendencia escolar situada en un ámbito urbano de gran tamaño y es la líder responsable de iniciar en 2011 una campaña para cerrar en la brecha académica en su distrito, que está compuesto por cuarenta mil estudiantes. Los resultados de sus esfuerzos son impresionantes, revolucionarios y sin precedentes. Bajo la batuta de Valeria, Saint Paul ha sido capaz de elevar la tasa de graduación de sus estudiantes de color de un 34% a cerca de un 70%. De la misma manera, ha conseguido que los estudiantes cuyo primer idioma no es el inglés, conocidos como English Language Learners o ELL, superen la barrera impuesta por el idioma y para lograrlo la superintendente ha reeducado a su gabinete, reinventado cómo se imparte la docencia en los salones de clases y ha creado una atmósfera en la cual se preservan los valores culturales de los constituyentes, refugiados políticos en su mayoría llegados del África, Asia y Latinoamérica. A esta altura, usted se preguntará: ¿qué es el racismo institucionalizado? Pues, por definición, “es el término que describe los patrones sociales que imponen la opresión y/o condiciones negativas en contra de ciertos grupos basado en la raza o etnia de los mismos.” (Civiliberty.com)  En otras palabras, es la razón detrás del comentario que Mercedes recibió de su consejero escolar: “Mira, la mayoría de chicas mexicanas de tu edad se embarazan antes de terminar la preparatoria. No te partas mucho la cabeza pensando sobre cómo llegaras a la universidad, que las estadísticas no se equivocan.” Y es también la razón por la cual los jóvenes de la raza negra son el blanco  de más acciones disciplinarias en las escuelas que el resto del estudiantado. Estas acciones, en muchos casos expulsiones y suspensiones, son un fenómeno tan común que se les ha dado el nombre de “la desproporcionalidad,”  que es, a su vez, el resultado de un sistema de creencias alimentado de estereotipos y de miedos. Un sistema que ha castigado con mayor severidad a nuestros niños de color y que ha sepultado bajo el peso de pobrísimas expectativas las aspiraciones de chicas como Mercedes. La sociedad que se aferra a tal sistema de creencias debe cuestionarse el alma y debe empezar a entender que vivimos en un mundo post-racial y, en consecuencia, el mito de una cultura dominada por los blancos es cosa del pasado. Ese es el lema y la visión de Valeria Silva y, aquí entre nos, debería convertirse en la norma dentro del distrito escolar del condado de Clark y fuera, en nuestra sociedad. El día que logremos esto, habremos alcanzado la equidad racial.

El dilema del depresivo

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Una de cada diez personas en los Estados Unidos está pasando por una depresión o ha sufrido de una depresión profunda en el transcurro del último año, según un análisis publicado por Health.com y logrado gracias a la recopilación de datos aportados por las agencias federales dedicadas a la salud. Así mismo el Centro de Control y Prevención de Enfermedades reportó que quienes tienden a padecer de esta condición son, con mayor frecuencia: personas de la raza negra o hispanos, individuos de 45 a 64 años de edad, mujeres, desempleados, quienes no terminaron la secundaria, los divorciados y/o aquellos que carecen de seguro médico. Cuando hablamos de depresión, entiéndase que es un estado de infelicidad y de desesperanza cuyos síntomas incluyen falta de energía, insomnio, falta de concentración y, en ocasiones, tendencias suicidas. A propósito y al margen, Las Vegas recibió el oscuro galardón de ser “la capital del suicidio de América” pues la tasa de suicidios aquí dobla la del resto del país. (National Public Radio, 2008)
La depresión, apunta una de las teorías, se debe a un desbalance químico en el cerebro y para balancearlo los psiquiatras recetan drogas como Lexapro, Prozac y Zoloft. Los doctores, las instrucciones escritas en el frasco y el sentido común – que es el menos común de los sentidos, como dice mi madre- recomiendan que no se mezclen estos medicamentos con el alcohol. Sin embargo, no ocurre así necesariamente porque, para cuando un deprimido(a) saca la fuerza de cargar con sus huesos hasta el consultorio de un médico, es muy probable que de antemano haya estado consumiendo una que otra sustancia lícita o ilícita con el fin de embotarse los sentidos. Considerando que el alcohol es una droga legalizada, está socialmente aceptada y se puede encontrar 24/7, la posibilidad de que el paciente se tropiece con una botella o se vea expuesto a un par de copas no es tan remota. Desde luego, el psiquiatra advertirá a su cliente sobre el peligro de tomar bebidas alcohólicas durante el tratamiento, y el cliente, como lo hizo mi amigo, el croupier, asentiría sin rechistar a tal demanda. Luego, viendo que el antidepresivo no surge efecto de inmediato o simplemente no surge efecto y punto, mi amigo, llamémosle C. se volcará en la bebida. Como resultado C. se sentirá aun más deprimido, que es una de las múltiples consecuencias de ligar el alcohol con los antidepresivos. Llegado a este punto, dejará de tomarse la medicina y se dedicará a consumir whisky, porque de acuerdo a su lógica “no debe mezclar.” Después rectificará, volverá al doctor, pedirá que le cambie el medicamento “por otro mejor”, el doctor le escribirá una nueva receta y el ciclo empezará de nuevo, una y otra vez y otra vez. Mientras tanto, las razones que lo han hecho recaer tantas veces no han sido atendidas y mucho menos resueltas. Ese algo que es la causa de su infelicidad, de su desesperanza, de su dependencia al alcohol, sigue intacto. Nadie parece haber contemplado que durante las tres, cuatro, cinco semanas que los medicamentos se tardan en restaurar el supuesto balance cerebral, C. no tiene nada a qué aferrarse. Él, como muchos de nuestros residentes, vive en extrema soledad y asilamiento. Entonces, me pregunto: ¿Habrá una solución para su dilema? ¿Quizás más soporte médico o comunitario?…A raíz de los recortes presupuestarios, cada día hay menos programas de salud mental disponibles en la comunidad y C. está desempleado, no tiene seguro médico y el poco dinero que recibe se le va en comprar single malt whiskie. ¿Ahora qué? Quisiera que alguien me lo explique.

Last night I heard the screaming, loud voices behind the wall

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Last night I heard the screaming/Loud voices behind the wall/Another sleepless night for me/ It won’t do no good to call/The police always come late/If they come at all.”  Tracy Chapman’s  Behind the Wall

Anoche se escucharon gritos detrás de la pared de uno de los tantos apartamentos localizados al oeste de Charleston boulevard. Gemidos desgarrados, largos chillidos respondieron a una cantaleta de insultos lanzados por la garganta furiosa de un hombre. Dada la especificidad de los denigrantes epítetos, supimos que iban dirigidos a su mujer. De seguido, se oyó el inequívoco eco de unos golpes, una y otra vez, después una pausa, y luego llanto, llanto, llanto. Mientras tanto, en los balcones adyacentes se apagaron las luces. En las cortinas venecianas, unos dedos recelosos abrían ranuras por donde los testigos contemplaban el abuso, pero nadie sacó la cabeza ni siquiera para pendenciar abiertamente  y mucho menos con la intención de intervenir, tampoco nadie llamó la policía. Usted, quizás, se preguntará: ¿Y por qué no llamaron las autoridades, por qué nadie se inmiscuyó? …

Pues bien, hace unos tres años el hijo de mi vecina, un joven violento con un historial de problemas relacionados al consumo de drogas, atacó a su mamá. Desesperada, de pie en medio de la calle, la señora pidió a gritos por ayuda: ¡Por favor, llamen a la policía!, gritó. Así que yo la llamé, creyendo cumplir con el deber de cualquier samaritana promedio. Cuando el muchacho vio llegar la patrulla, se calmó. La madre no presentó cargos y el oficial tocó a mi puerta para hacerme preguntas y luego se marchó. Me encantaría decirles, llegados a este punto, que colorín colorado este cuento se ha acabado, pero no. A la mañana siguiente del incidente, mi carro, el cual tengo que estacionar fuera del garaje, había sido vandalizado. El agente del seguro me pidió que hiciera un reporte. Metro regresó para producir el papelito. Cuando le expliqué al uniformado lo que ocurrió el día anterior, argumentándole que era bastante evidente que el acto de vandalismo procedía del hijo de la vecina, el oficial me contestó que aunque él sospechaba lo mismo, no podía hacer absolutamente nada pues yo carecía de evidencias para probar tal alegación.  Nunca antes y nunca después de ese percance otro carro en todo el vecindario ha sido vandalizado. Durante los meses que siguieron, esas personas ya no me saludaban. Su permanencia al lado mío estuvo marcada por constantes rayones sobre la pintura de mi vehículo, la desaparición de algunas macetas del jardín y a Cesar, mi gato, lo hirieron varias veces con perdigones. De manera misteriosa estos actos (de represalia) cesaron cuando la vecina se mudó. Por eso, si usted me pregunta ¿por qué anoche se quedaron al margen esos testigos que miraban detrás de las venecianas? Le respondo: porque aquí hemos tenido que aprender a sobrevivir. Porque es humano proteger al prójimo, pero es insensato y peligroso hacerlo cuando los que están obligados a servirnos y protegernos no nos cubren la espalda, no nos protegen de las represalias. Porque gracias a la ineficacia e ineptitud de este sistema, nos estamos convirtiendo en monstruos. Por eso.

Resoluciones para el nuevo año

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Según publicó dos semanas atrás la Universidad de Scranton en su periódico de psicología, el cuarenta y cinco por ciento de los habitantes de los Estados Unidos hace alguna o varias resoluciones para el nuevo año. Entre las resoluciones más populares, señalan las estadísticas del estudio, se encuentran: bajar de peso, organizase mejor, gastar menos y ahorrar más dinero, mantenerse en forma y dejar de fumar. Desde luego, los medios de comunicación hacen eco de estas preocupaciones al saturar los canales con mensajes destinados a ayudarnos con el cumplimiento de estas metas. Y de ahí que el bombardeo mercadológico no sea pura coincidencia, como quizás usted ya habrá podido notar a través de la lluvia de anuncios sobre píldoras para rebajar, parches de nicotina, equipos de hacer ejercicio, etcétera, que nos baña durante esta época del año.  Si nos detenemos a pensar por un segundo, la adquisición de toda esta mercadería echa por tierra la resolución de gastar menos y ahorrar más, pero ¿qué sería del mundo capitalista si paráramos de comprar cachivaches? Sería el gran final de los sales y los garage sale, lo cual dejaría a mi tía sin un deporte que practicar los domingos, cuando esté aburrida.

Una cosa que ni usted ni yo no encontraremos en igual abundancia son aquellos mensajes relacionados con las causas que han originado la obesidad, los descontrolados impulsos de consumo, la ansiedad que nos mueve a fumar y la inactividad física que es producto, parcialmente, de una pobre planeación urbanística que no facilita en esta ciudad ir a pie hasta los lugares de trabajo ni transportarse en bicicleta de un punto a otro con relativa seguridad y ¡ni hablar de moverse con eficiencia en tren o autobús! Pero, ¿qué sería de la economía actual si la gente contara con la opción de transportarse sin la necesidad de adquirir uno o varios vehículos privados? Desaparecerían las razones que justifican la dependencia nacional del petróleo extranjero, la contaminación ambiental producida por nuestro querido amigo: el monóxido de carbono, los oficiales que castigan  nuestras  violaciones de tránsito, entre otras bendiciones.  O sea, una hecatombe de proporciones mayúsculas, porque  se supone que nuestro planeta NO necesita menor contaminación y que este país NO requiere de un cese a las expediciones bélicas que “en pos de la democracia” se le hacho a los países petroleros del medio oriente, y finalmente, ¡quién!, me pregunto, ¿quién no ama recibir una multa por conducir a cuarenta millas por hora en una zona residencial cuyo límite es de treinta y cinco? Sobre todo cuando el oficial en cuestión podría estar cazando timadores y proxenetas, es decir carteristas y chulos, cinco cuadras más abajo en lugar de estar halándole las orejas a gente decente que va a recoger sus niños a la escuela.

En fin, que a la hora de escribir mi lista de resoluciones para el 2014, me propongo reflexionar sobre el origen de mi sobrepeso antes de seguir ciegamente los argumentos del último comercial de televisión, ya que el año pasado me compré una bicicleta estática y llevo más de seis meses que no la he vuelto a montar.

El boom de las gatas

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de Hergit Penzo Llenas

Erase una vez un reino lejano, bello como un oasis. Allí, llegados desde las cuatro esquinas del mundo antiguo, los súbditos compraban sus palacios aun antes de que la construcción empezara. Aquellos que atendían los caprichos de los asiduos visitantes rebozaban en ganancias prontamente derrochadas, sus bolsillos de tan llenos, parecían explotarse. Luego llegó el tiempo de las vacas flacas.
De las esperadas cuarenta horas reglamentarias, el bisturí corporativo empezó a cortar tajadas, como el dios dinero manda. Ante su perplejidad, a una persona le montaron sobre la espalda, a parte de la propia, tres, cuatro o cinco cargas. Pero ella no se quejaba, y se las apañaba para no perder la única entrada de efectivo que le quedaba. Así que, mientras más le exigían, más daba.
Con los años anunciaron los voceros, desde la gran atalaya, que en el reino la suerte mejoraba. ¡Qué alegría, amigos míos! ¡Mirad el mar de beduinos caminando frente a las fuentes que bailan! ¿Volverán mis compañeros a ocupar sus viejos puestos, ahora que desbordan los portones de la entrada?, le preguntó osadamente a su patrón un señor de cara redonda, bronceada.
-¡No hombre! de eso nada, si tú no puedes con tus asignaciones, mejor te largas. Hay veinte mil hambrientos que mañana te reemplazan. ¿O es que no ves que ahora mismo a cientos dimos de baja?
-¡Los visitantes se enferman, las órdenes se retrasan! ¿por qué a nadie se le ocurre llamar a Pedro para que vuelva a su plaza? se quejaba aquel señor… sin que nadie le escuchara.
Entonces, cuenta la leyenda, fue el gran boom de las gatas. En el reino tan bonito, antes lujo, brillo y plata, no se cambiaban las sábanas. En las cocinas de tanto cortar esquinas, creció el moho verdecito y parieron en sus nidos sendas crías las moradas cucarachas.
-¡Pensar que a esta tierra yo amaba! decían los súbditos tristes, perdidas las esperanzas. Las gatas, bestias glotonas, se comieron los planes de retiro, los bonos, los salarios, las vacaciones, los días de enfermedad, el horario de las tropas, las manzanas. Después, de puro canibalismo, acabaron masticando el buen servicio, la higiene, la sensatez, la sonrisa de las almas.
Siglos más tarde, cuando los arqueólogos desenterraron los restos de esta cuidad dorada, encontraron cuatro esqueletos felinos del tamaño de una montaña… y cien mil calaveritas humanas cubiertas de andrajos. Y de esta manera insana los obesos roedores destruyeron aquel reino, antes lujo, brillo y plata.