Coco'sWords

Hablemos de todo un poco

¿Quién no asustó a Valeria Silva?: La Equidad Racial

Image

Institutionalized racism – intentional or not – has affected every generation of students and will continue to do so until leaders have the courage to identify and interrupt it.” (El racismo institucionalizado, intencional o no, ha afectado cada generación de estudiantes y continuará haciéndolo hasta que los líderes tengan el coraje de identificarlo e interrumpirlo), expresó Valeria Silva, la Superintendente del distrito escolar de Saint Paul, (Minnesota) durante The Leadership Summit realizada el pasado 7 de Febrero en la cuidad de Reno. (Nevada) Valeria es la única latina en los Estados Unidos al frente de una superintendencia escolar situada en un ámbito urbano de gran tamaño y es la líder responsable de iniciar en 2011 una campaña para cerrar en la brecha académica en su distrito, que está compuesto por cuarenta mil estudiantes. Los resultados de sus esfuerzos son impresionantes, revolucionarios y sin precedentes. Bajo la batuta de Valeria, Saint Paul ha sido capaz de elevar la tasa de graduación de sus estudiantes de color de un 34% a cerca de un 70%. De la misma manera, ha conseguido que los estudiantes cuyo primer idioma no es el inglés, conocidos como English Language Learners o ELL, superen la barrera impuesta por el idioma y para lograrlo la superintendente ha reeducado a su gabinete, reinventado cómo se imparte la docencia en los salones de clases y ha creado una atmósfera en la cual se preservan los valores culturales de los constituyentes, refugiados políticos en su mayoría llegados del África, Asia y Latinoamérica. A esta altura, usted se preguntará: ¿qué es el racismo institucionalizado? Pues, por definición, “es el término que describe los patrones sociales que imponen la opresión y/o condiciones negativas en contra de ciertos grupos basado en la raza o etnia de los mismos.” (Civiliberty.com)  En otras palabras, es la razón detrás del comentario que Mercedes recibió de su consejero escolar: “Mira, la mayoría de chicas mexicanas de tu edad se embarazan antes de terminar la preparatoria. No te partas mucho la cabeza pensando sobre cómo llegaras a la universidad, que las estadísticas no se equivocan.” Y es también la razón por la cual los jóvenes de la raza negra son el blanco  de más acciones disciplinarias en las escuelas que el resto del estudiantado. Estas acciones, en muchos casos expulsiones y suspensiones, son un fenómeno tan común que se les ha dado el nombre de “la desproporcionalidad,”  que es, a su vez, el resultado de un sistema de creencias alimentado de estereotipos y de miedos. Un sistema que ha castigado con mayor severidad a nuestros niños de color y que ha sepultado bajo el peso de pobrísimas expectativas las aspiraciones de chicas como Mercedes. La sociedad que se aferra a tal sistema de creencias debe cuestionarse el alma y debe empezar a entender que vivimos en un mundo post-racial y, en consecuencia, el mito de una cultura dominada por los blancos es cosa del pasado. Ese es el lema y la visión de Valeria Silva y, aquí entre nos, debería convertirse en la norma dentro del distrito escolar del condado de Clark y fuera, en nuestra sociedad. El día que logremos esto, habremos alcanzado la equidad racial.

El dilema del depresivo

depresion
Una de cada diez personas en los Estados Unidos está pasando por una depresión o ha sufrido de una depresión profunda en el transcurro del último año, según un análisis publicado por Health.com y logrado gracias a la recopilación de datos aportados por las agencias federales dedicadas a la salud. Así mismo el Centro de Control y Prevención de Enfermedades reportó que quienes tienden a padecer de esta condición son, con mayor frecuencia: personas de la raza negra o hispanos, individuos de 45 a 64 años de edad, mujeres, desempleados, quienes no terminaron la secundaria, los divorciados y/o aquellos que carecen de seguro médico. Cuando hablamos de depresión, entiéndase que es un estado de infelicidad y de desesperanza cuyos síntomas incluyen falta de energía, insomnio, falta de concentración y, en ocasiones, tendencias suicidas. A propósito y al margen, Las Vegas recibió el oscuro galardón de ser “la capital del suicidio de América” pues la tasa de suicidios aquí dobla la del resto del país. (National Public Radio, 2008)
La depresión, apunta una de las teorías, se debe a un desbalance químico en el cerebro y para balancearlo los psiquiatras recetan drogas como Lexapro, Prozac y Zoloft. Los doctores, las instrucciones escritas en el frasco y el sentido común – que es el menos común de los sentidos, como dice mi madre- recomiendan que no se mezclen estos medicamentos con el alcohol. Sin embargo, no ocurre así necesariamente porque, para cuando un deprimido(a) saca la fuerza de cargar con sus huesos hasta el consultorio de un médico, es muy probable que de antemano haya estado consumiendo una que otra sustancia lícita o ilícita con el fin de embotarse los sentidos. Considerando que el alcohol es una droga legalizada, está socialmente aceptada y se puede encontrar 24/7, la posibilidad de que el paciente se tropiece con una botella o se vea expuesto a un par de copas no es tan remota. Desde luego, el psiquiatra advertirá a su cliente sobre el peligro de tomar bebidas alcohólicas durante el tratamiento, y el cliente, como lo hizo mi amigo, el croupier, asentiría sin rechistar a tal demanda. Luego, viendo que el antidepresivo no surge efecto de inmediato o simplemente no surge efecto y punto, mi amigo, llamémosle C. se volcará en la bebida. Como resultado C. se sentirá aun más deprimido, que es una de las múltiples consecuencias de ligar el alcohol con los antidepresivos. Llegado a este punto, dejará de tomarse la medicina y se dedicará a consumir whisky, porque de acuerdo a su lógica “no debe mezclar.” Después rectificará, volverá al doctor, pedirá que le cambie el medicamento “por otro mejor”, el doctor le escribirá una nueva receta y el ciclo empezará de nuevo, una y otra vez y otra vez. Mientras tanto, las razones que lo han hecho recaer tantas veces no han sido atendidas y mucho menos resueltas. Ese algo que es la causa de su infelicidad, de su desesperanza, de su dependencia al alcohol, sigue intacto. Nadie parece haber contemplado que durante las tres, cuatro, cinco semanas que los medicamentos se tardan en restaurar el supuesto balance cerebral, C. no tiene nada a qué aferrarse. Él, como muchos de nuestros residentes, vive en extrema soledad y asilamiento. Entonces, me pregunto: ¿Habrá una solución para su dilema? ¿Quizás más soporte médico o comunitario?…A raíz de los recortes presupuestarios, cada día hay menos programas de salud mental disponibles en la comunidad y C. está desempleado, no tiene seguro médico y el poco dinero que recibe se le va en comprar single malt whiskie. ¿Ahora qué? Quisiera que alguien me lo explique.

Last night I heard the screaming, loud voices behind the wall

Image

Last night I heard the screaming/Loud voices behind the wall/Another sleepless night for me/ It won’t do no good to call/The police always come late/If they come at all.”  Tracy Chapman’s  Behind the Wall

Anoche se escucharon gritos detrás de la pared de uno de los tantos apartamentos localizados al oeste de Charleston boulevard. Gemidos desgarrados, largos chillidos respondieron a una cantaleta de insultos lanzados por la garganta furiosa de un hombre. Dada la especificidad de los denigrantes epítetos, supimos que iban dirigidos a su mujer. De seguido, se oyó el inequívoco eco de unos golpes, una y otra vez, después una pausa, y luego llanto, llanto, llanto. Mientras tanto, en los balcones adyacentes se apagaron las luces. En las cortinas venecianas, unos dedos recelosos abrían ranuras por donde los testigos contemplaban el abuso, pero nadie sacó la cabeza ni siquiera para pendenciar abiertamente  y mucho menos con la intención de intervenir, tampoco nadie llamó la policía. Usted, quizás, se preguntará: ¿Y por qué no llamaron las autoridades, por qué nadie se inmiscuyó? …

Pues bien, hace unos tres años el hijo de mi vecina, un joven violento con un historial de problemas relacionados al consumo de drogas, atacó a su mamá. Desesperada, de pie en medio de la calle, la señora pidió a gritos por ayuda: ¡Por favor, llamen a la policía!, gritó. Así que yo la llamé, creyendo cumplir con el deber de cualquier samaritana promedio. Cuando el muchacho vio llegar la patrulla, se calmó. La madre no presentó cargos y el oficial tocó a mi puerta para hacerme preguntas y luego se marchó. Me encantaría decirles, llegados a este punto, que colorín colorado este cuento se ha acabado, pero no. A la mañana siguiente del incidente, mi carro, el cual tengo que estacionar fuera del garaje, había sido vandalizado. El agente del seguro me pidió que hiciera un reporte. Metro regresó para producir el papelito. Cuando le expliqué al uniformado lo que ocurrió el día anterior, argumentándole que era bastante evidente que el acto de vandalismo procedía del hijo de la vecina, el oficial me contestó que aunque él sospechaba lo mismo, no podía hacer absolutamente nada pues yo carecía de evidencias para probar tal alegación.  Nunca antes y nunca después de ese percance otro carro en todo el vecindario ha sido vandalizado. Durante los meses que siguieron, esas personas ya no me saludaban. Su permanencia al lado mío estuvo marcada por constantes rayones sobre la pintura de mi vehículo, la desaparición de algunas macetas del jardín y a Cesar, mi gato, lo hirieron varias veces con perdigones. De manera misteriosa estos actos (de represalia) cesaron cuando la vecina se mudó. Por eso, si usted me pregunta ¿por qué anoche se quedaron al margen esos testigos que miraban detrás de las venecianas? Le respondo: porque aquí hemos tenido que aprender a sobrevivir. Porque es humano proteger al prójimo, pero es insensato y peligroso hacerlo cuando los que están obligados a servirnos y protegernos no nos cubren la espalda, no nos protegen de las represalias. Porque gracias a la ineficacia e ineptitud de este sistema, nos estamos convirtiendo en monstruos. Por eso.

Resoluciones para el nuevo año

resolution2014

Según publicó dos semanas atrás la Universidad de Scranton en su periódico de psicología, el cuarenta y cinco por ciento de los habitantes de los Estados Unidos hace alguna o varias resoluciones para el nuevo año. Entre las resoluciones más populares, señalan las estadísticas del estudio, se encuentran: bajar de peso, organizase mejor, gastar menos y ahorrar más dinero, mantenerse en forma y dejar de fumar. Desde luego, los medios de comunicación hacen eco de estas preocupaciones al saturar los canales con mensajes destinados a ayudarnos con el cumplimiento de estas metas. Y de ahí que el bombardeo mercadológico no sea pura coincidencia, como quizás usted ya habrá podido notar a través de la lluvia de anuncios sobre píldoras para rebajar, parches de nicotina, equipos de hacer ejercicio, etcétera, que nos baña durante esta época del año.  Si nos detenemos a pensar por un segundo, la adquisición de toda esta mercadería echa por tierra la resolución de gastar menos y ahorrar más, pero ¿qué sería del mundo capitalista si paráramos de comprar cachivaches? Sería el gran final de los sales y los garage sale, lo cual dejaría a mi tía sin un deporte que practicar los domingos, cuando esté aburrida.

Una cosa que ni usted ni yo no encontraremos en igual abundancia son aquellos mensajes relacionados con las causas que han originado la obesidad, los descontrolados impulsos de consumo, la ansiedad que nos mueve a fumar y la inactividad física que es producto, parcialmente, de una pobre planeación urbanística que no facilita en esta ciudad ir a pie hasta los lugares de trabajo ni transportarse en bicicleta de un punto a otro con relativa seguridad y ¡ni hablar de moverse con eficiencia en tren o autobús! Pero, ¿qué sería de la economía actual si la gente contara con la opción de transportarse sin la necesidad de adquirir uno o varios vehículos privados? Desaparecerían las razones que justifican la dependencia nacional del petróleo extranjero, la contaminación ambiental producida por nuestro querido amigo: el monóxido de carbono, los oficiales que castigan  nuestras  violaciones de tránsito, entre otras bendiciones.  O sea, una hecatombe de proporciones mayúsculas, porque  se supone que nuestro planeta NO necesita menor contaminación y que este país NO requiere de un cese a las expediciones bélicas que “en pos de la democracia” se le hacho a los países petroleros del medio oriente, y finalmente, ¡quién!, me pregunto, ¿quién no ama recibir una multa por conducir a cuarenta millas por hora en una zona residencial cuyo límite es de treinta y cinco? Sobre todo cuando el oficial en cuestión podría estar cazando timadores y proxenetas, es decir carteristas y chulos, cinco cuadras más abajo en lugar de estar halándole las orejas a gente decente que va a recoger sus niños a la escuela.

En fin, que a la hora de escribir mi lista de resoluciones para el 2014, me propongo reflexionar sobre el origen de mi sobrepeso antes de seguir ciegamente los argumentos del último comercial de televisión, ya que el año pasado me compré una bicicleta estática y llevo más de seis meses que no la he vuelto a montar.

El boom de las gatas

fat-cat3
de Hergit Penzo Llenas

Erase una vez un reino lejano, bello como un oasis. Allí, llegados desde las cuatro esquinas del mundo antiguo, los súbditos compraban sus palacios aun antes de que la construcción empezara. Aquellos que atendían los caprichos de los asiduos visitantes rebozaban en ganancias prontamente derrochadas, sus bolsillos de tan llenos, parecían explotarse. Luego llegó el tiempo de las vacas flacas.
De las esperadas cuarenta horas reglamentarias, el bisturí corporativo empezó a cortar tajadas, como el dios dinero manda. Ante su perplejidad, a una persona le montaron sobre la espalda, a parte de la propia, tres, cuatro o cinco cargas. Pero ella no se quejaba, y se las apañaba para no perder la única entrada de efectivo que le quedaba. Así que, mientras más le exigían, más daba.
Con los años anunciaron los voceros, desde la gran atalaya, que en el reino la suerte mejoraba. ¡Qué alegría, amigos míos! ¡Mirad el mar de beduinos caminando frente a las fuentes que bailan! ¿Volverán mis compañeros a ocupar sus viejos puestos, ahora que desbordan los portones de la entrada?, le preguntó osadamente a su patrón un señor de cara redonda, bronceada.
-¡No hombre! de eso nada, si tú no puedes con tus asignaciones, mejor te largas. Hay veinte mil hambrientos que mañana te reemplazan. ¿O es que no ves que ahora mismo a cientos dimos de baja?
-¡Los visitantes se enferman, las órdenes se retrasan! ¿por qué a nadie se le ocurre llamar a Pedro para que vuelva a su plaza? se quejaba aquel señor… sin que nadie le escuchara.
Entonces, cuenta la leyenda, fue el gran boom de las gatas. En el reino tan bonito, antes lujo, brillo y plata, no se cambiaban las sábanas. En las cocinas de tanto cortar esquinas, creció el moho verdecito y parieron en sus nidos sendas crías las moradas cucarachas.
-¡Pensar que a esta tierra yo amaba! decían los súbditos tristes, perdidas las esperanzas. Las gatas, bestias glotonas, se comieron los planes de retiro, los bonos, los salarios, las vacaciones, los días de enfermedad, el horario de las tropas, las manzanas. Después, de puro canibalismo, acabaron masticando el buen servicio, la higiene, la sensatez, la sonrisa de las almas.
Siglos más tarde, cuando los arqueólogos desenterraron los restos de esta cuidad dorada, encontraron cuatro esqueletos felinos del tamaño de una montaña… y cien mil calaveritas humanas cubiertas de andrajos. Y de esta manera insana los obesos roedores destruyeron aquel reino, antes lujo, brillo y plata.

Porque el que nada siembra…

mom_and_daughter_jpg_size__xxlarge_letterbox
¡Yo seré la primera persona en mi familia que irá a la universidad! afirmó una estudiante de último año de la escuela secundaria Rancho el pasado 5 de diciembre, cuando tuvo lugar una feria educativa sobre el tema de la educación superior. Allí estuvieron congregados representantes de diferentes universidades, agencias no lucrativas, las fuerzas armadas, escuelas vocaciones y colegios comunitarios, quienes informaron al estudiantado sobre los recursos y programas que estaban ofreciendo. En vista de que mi papel era hablar sobre becas, le pregunté a la citada estudiante si sabía cómo obtenerlas. –Sí.
-¿Has pedido a dos o tres maestros que te escriban cartas de recomendación?
-¡Claro!
-¿Tienes listo el ensayo que vas a utilizar para solicitar las becas?
-¡Por supuesto, ya le he pedido a una maestra que me lo ayude a corregir, porque sé que no debe tener faltas, me contestó con una sonrisa de oreja a oreja
-¿Y la transcripción de tus calificaciones?
-Aquí están, mire, y abrió una carpeta con las copias de los documentos sujetos con una grapa.
-¡Qué bien! veo que estás lista, le dije, muy contenta al ver que ella estaba muy enterada del asunto.
Unos minutos más tarde me tocó hacerle las mismas preguntas a un chico. Sus respuestas fueron: “¿ah?, ¿eh?, no y ‘I didn’t know I need it.”
–Tienes que hablar con tu consejero escolar para orientarte mejor, le digo.
–No sé quién es el consejero, contestó.
-¿Qué te gustaría hacer cuando termines la secundaria?
–No sé.
-¿Y tus padres, qué dicen?
–Nada.
-¿Cómo que nada?
-Ellos no se meten con eso, me respondió enfadado y se marchó.
¿Por qué a algunos jóvenes les entusiasma la idea de alcanzar una educación superior y a otros los pone de mal humor hablar de eso? ¿Por qué, dos adolecentes expuestos a la misma información, reaccionan de manera tan opuesta ante ella? De acuerdo a la Doctora Mathis, una veterana con treinta y cinco años de experiencia en el mundo de la educación, lo que hace la diferencia entre un estudiante motivado a continuar sus estudios y otro que lo no está, es el tipo de expectativa que de él tiene su familia. Si la expectativa reza: aunque aquí nadie obtuvo un título universitario, tú sí vas a tener uno, el estudiante tendrá claro que eso es lo que se espera de él y sabrá, entonces, hacia donde tiene que dirigirse. Por el contrario, si no hay una meta, si no existen expectativas depositadas en su futuro, los jóvenes no sabrán qué es lo que tienen que hacer con el resto de su vida académica. Por eso, señores, es importantísimo plantar la semilla de aspiraciones altas y bien definidas en la mente de los hijos, porque el que nada siembra… bueno, ustedes saben.

http://eltiempolv.com/opini%C3%B3n/aqu%C3%AD-entre-nos

http://www.eltiempolasvegas.com/articles/2013/12/12/opinion/doc52aa4794c4988315007455.txt

Tiempo de re-regalar

regalo de navidad
Se acerca la navidad. Época de regalar. Con loco frenesí, nuestros familiares salen a buscarnos presentes y viceversa. Luego, habrá que meter los regalos en una caja, envolverlos, ponerlos debajo del arbolito y esperar ese día glorioso en el cual, con cara de asombro y una gran sonrisa, alguien abrirá el paquete con sincero o fingido regocijo, y diga: ¡pero mira qué bonito!
Una vez consumadas las fiestas navideñas, es tiempo de reciclar. Paso inventario a todos los regalos recibidos y llego a la inquietante conclusión de que solo me gustan dos, de los siete. Entonces, una resolución de año nuevo cobra vida: voy a deshacerme de aquello que de muy buena intención me han obsequiado y no me gusta. En Norteamérica se conoce esta práctica con el nombre de regift, o sea re-regalar. Por supuesto, este acto de “reaprovechamiento de los bienes” lo hago siempre de buen corazón, porque deseo que al destinatario le guste (más de lo que me gusto a mí) ese obscuro objeto que le estoy re-regalando.
Aunque antes lo ponía en duda, ahora sé que es cierto: “one man’s garbage is another man’s treasure,” pues siempre encuentro un destinatario sinceramente feliz de aceptar el producto reciclado en cuestión. ¿Dónde encuentro el feliz destinatario? -¡En la subasta del elefante blanco que organiza el club Toastmaster!
En el mes de enero los miembros del club donan aquellos presentes que están interesados en “reciclar” y estos, a su vez, son subastados. Con los fondos recaudados le hacemos un cheque a una organización sin fines de lucro o apoyamos al mismo club, que es también una entidad no lucrativa. De esta manera, matamos dos pájaros de un tiro: le donamos dinero a una misión importante para nosotros y, ¡maravilla! nos desembarazamos del sentido de la culpabilidad que sentimos al desprendernos de algo que un ser querido nos ha obsequiado. Aquí entre nos, me parece una solución salomónica.

¿Cómo se despide a un maestro?

bad teacher

-¿Cuál es el procedimiento que ustedes siguen a la hora de despedir un maestro?, le preguntó Lily Eskelsen García al administrador de una escuela pública en su visita a Finlandia, país que se ha convertido en el modelo a estudiar para reformadores alrededor del mundo y que, de nuevo, ha sido el ganador del primer lugar en el Programme for International Student Assessment (por sus siglas en inglés PISA). PISA es una encuesta rigurosa que mide los logros académicos de estudiantes -originarios de 57 naciones- que están cursando la secundaria. Los estudiantes son evaluados en matemáticas, lectura, ciencias y en su habilidad para resolver problemas.
A su vez, Lily Eskelsen García, otrora maestra de primaria en Utah, es la vicepresidente de la National Education Association, conocida por sus siglas en inglés como la NEA, la cual es una organización laboral que agrupa a más de tres millones de miembros. Además, Lily fue una de las personalidades invitadas para hablar ante un selecto grupo de líderes de Nevada, en la tercera cumbre organizada por The Leadership Institute, el pasado jueves, 14 de noviembre (grababa por Nevada PBS).
En respuesta a la interrogante planteada por la líder sindical sobre cómo se despediría a un maestro, el administrador nórdico contestó con otra pregunta: -¿Y es que ustedes [en los Estados Unidos] contratan malos maestros?…
Esa es la pregunta del millón.
“En Finlandia, es más difícil entrar a la facultad de enseñanza que a la de leyes. El magisterio es considerado como una profesión muy distinguida y aquellos que en ella trabajan son considerados parte de una élite,” dijo la oradora, agregando que “para llegar a convertirse en un educador profesional, una persona debe pasar por un proceso minucioso de reclutamiento y de preparación que incluye la adquisición de un grado de maestría en la materia que se va a impartir.”
Dicho de otra forma, cuando los maestros son elegidos con mucho cuidado y están altamente capacitados, el dilema de deshacerse de las manzanas dañadas se resuelve casi por sí solo. Y esta es una noción que a nosotros nos convendría aprender de los finlandeses, (vea What the U.S. can’t learn from Finland about ed reform publicada en The Washignton Post) aunque ellos deban su éxito educacional a las innovaciones que asimilaron, nada más y nada menos, de los Estados Unidos.¡Oh, qué ironía!

El GED: a penas un buen diploma

??????????

Cami Anderson, la famosa superintendente de distrito escolar de Newark (New Jersey), visitó Las Vegas hace unos meses. Durante su visita, la reformadora compartió su opinión sobre varios temas relativos a la educación, entre ellos el General Educational Development o GED, como se le conoce comúnmente.
EL GED es un proceso que ayuda a prepararse para pasar un examen que incluye cinco áreas de competencia académica: matemáticas, ciencias, estudios sociales, lectura y escritura. El mismo equivale, casi, a un diploma de graduación de la secundaria o el bachillerato.
Al remontarse a los orígenes del GED, Cami explicó cómo la creación de esta iniciativa respondió a la necesidad de encontrar una solución al problema de los soldados que fueron enviados a la Segunda Guerra Mundial. Éstos no alcanzaron a terminar la escuela y al retornar de los campos de batalla estaban pasados de edad para regresar a los salones de clases. Es decir, que el GED se inventó como un atajo para acelerar el proceso de reintegración a la fuerza laboral de los veteranos, aunque en la actualidad se utilice como alternativa “válida” para aquellos estudiantes que han desertado de las aulas.
La palabra válida aparece entre comillas porque, según la educadora: “El GED, hoy día, no es más que “a Good Enough Diploma,” lo que en este contexto se traduciría como un diploma a penas bueno o justo. A penas bueno para que a uno lo acepten en el ejército o a penas justo para ingresar a una academia vocacional donde se enseñan oficios como la plomería o similares. Dicho sea de paso, y de acuerdo a las proyecciones de los economistas, este tipo de oficios “van a representar una de las cinco posibles plazas de empleo en la sociedad norteamericana del futuro,” nos explicó la oradora.
O sea, que el GED no es suficientemente bueno para tener acceso a TODAS las opciones disponibles en el mercado laboral del mañana, opciones que sí estarían al alcance de alguien que haya alcanzado una formación académica más avanzada.
La prensa local ha estado divulgando la noticia de que al final de 2013 se van a implementar cambios que harán del examen en cuestión uno más profundo y complejo. Y aquí entre nos, ya era hora de que lo ajustaran a nuestros tiempos, pues “desde la II Guerra Mundial seguía siendo el mismo”. Sin embargo, ¡cuidadito! que un Good Enough Diploma no basta para alcanzar el sueño americano, porque es sabido (y está suficientemente demostrado) que existe una relación directa entre una excelente educación y un mayor número de oportunidades en la vida.
http://eltiempolv.com/articles/2013/11/14/opinion/doc52854da93b995064730533.txt

¿Hay que esperar por un mundo ideal?

poor-school

http://eltiempolasvegas.com/articles/2013/11/07/opinion/doc527c1465e0bd6649266152.txt
¿Hay que esperar por un mundo ideal?
Si viviéramos en un mundo ideal no sería necesario que existieran grupos en defensa de los derechos humanos u organizaciones para combatir el hambre, ni entidades que se ocuparan de ayudar la educación pública, porque en un mundo ideal la gente no sería abusada, maltratada o discriminada por el prójimo, la distribución de las riquezas sería equitativa y la educación de nuestros niños sería un derecho inalienable y una gran prioridad.

Pero como vivimos en un mundo que no es perfecto, existen agencias cuya función es la de suplir aquellos bienes y servicios que una sociedad determinada ha sido incapaz de proveer para ella misma. Una de esas agencias es The Public Education Foundation, donde laboro, la cual se ocupa de movilizar a la comunidad y de localizar recursos para mejorar las oportunidades educativas de los niños en las escuelas públicas.

Al explicarle el otro día a una amiga española -que vive en Alemania- sobre la naturaleza de mi trabajo, su respuesta fue, más o menos, la siguiente: -Pero, tía, ¿cómo es posible que la educación pública, un deber y una responsabilidad del estado, necesite de la comunidad para cumplir con su obligación?… ¡Eso es una aberración!

Como ven, Cristina es un poco dramática, no obstante, tiene razón. En un mundo ideal mi empleo no existiría. Yo tendría que buscar otra manera de ganarme la vida. Desde luego, yo lo haría con mucho gusto con tal de que todos los niños, especialmente los de este distrito, tuvieran igualdad de oportunidades para triunfar en la escuela, en la vida.

Al compartir con mi amiga algunos detalles sobre nuestro actual sistema educativo, solo conseguí alarmarla más: ¡Qué barbaridad! ¡No lo entiendo!, me decía cuando le hablaba sobre la falta de fondos para sostener apropiadamente las escuelas, la poca comunicación e integración entre los padres y la escuela, el número reducido de maestros para tantos alumnos, la tasa de graduación, la cual es una de las más bajas del país, ¡en fin!

Y aquí entre nos, no la puedo culpar por su alarma, porque ¿cómo podría ella ponerse en nuestro lugar, si recibió una excelente formación en unas escuelas públicas bien dotadas, a pesar de que su mundo no es todavía el ideal?…