Coco'sWords

Hablemos de todo un poco

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Porque el que nada siembra…

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¡Yo seré la primera persona en mi familia que irá a la universidad! afirmó una estudiante de último año de la escuela secundaria Rancho el pasado 5 de diciembre, cuando tuvo lugar una feria educativa sobre el tema de la educación superior. Allí estuvieron congregados representantes de diferentes universidades, agencias no lucrativas, las fuerzas armadas, escuelas vocaciones y colegios comunitarios, quienes informaron al estudiantado sobre los recursos y programas que estaban ofreciendo. En vista de que mi papel era hablar sobre becas, le pregunté a la citada estudiante si sabía cómo obtenerlas. –Sí.
-¿Has pedido a dos o tres maestros que te escriban cartas de recomendación?
-¡Claro!
-¿Tienes listo el ensayo que vas a utilizar para solicitar las becas?
-¡Por supuesto, ya le he pedido a una maestra que me lo ayude a corregir, porque sé que no debe tener faltas, me contestó con una sonrisa de oreja a oreja
-¿Y la transcripción de tus calificaciones?
-Aquí están, mire, y abrió una carpeta con las copias de los documentos sujetos con una grapa.
-¡Qué bien! veo que estás lista, le dije, muy contenta al ver que ella estaba muy enterada del asunto.
Unos minutos más tarde me tocó hacerle las mismas preguntas a un chico. Sus respuestas fueron: “¿ah?, ¿eh?, no y ‘I didn’t know I need it.”
–Tienes que hablar con tu consejero escolar para orientarte mejor, le digo.
–No sé quién es el consejero, contestó.
-¿Qué te gustaría hacer cuando termines la secundaria?
–No sé.
-¿Y tus padres, qué dicen?
–Nada.
-¿Cómo que nada?
-Ellos no se meten con eso, me respondió enfadado y se marchó.
¿Por qué a algunos jóvenes les entusiasma la idea de alcanzar una educación superior y a otros los pone de mal humor hablar de eso? ¿Por qué, dos adolecentes expuestos a la misma información, reaccionan de manera tan opuesta ante ella? De acuerdo a la Doctora Mathis, una veterana con treinta y cinco años de experiencia en el mundo de la educación, lo que hace la diferencia entre un estudiante motivado a continuar sus estudios y otro que lo no está, es el tipo de expectativa que de él tiene su familia. Si la expectativa reza: aunque aquí nadie obtuvo un título universitario, tú sí vas a tener uno, el estudiante tendrá claro que eso es lo que se espera de él y sabrá, entonces, hacia donde tiene que dirigirse. Por el contrario, si no hay una meta, si no existen expectativas depositadas en su futuro, los jóvenes no sabrán qué es lo que tienen que hacer con el resto de su vida académica. Por eso, señores, es importantísimo plantar la semilla de aspiraciones altas y bien definidas en la mente de los hijos, porque el que nada siembra… bueno, ustedes saben.

http://eltiempolv.com/opini%C3%B3n/aqu%C3%AD-entre-nos

http://www.eltiempolasvegas.com/articles/2013/12/12/opinion/doc52aa4794c4988315007455.txt

Tiempo de re-regalar

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Se acerca la navidad. Época de regalar. Con loco frenesí, nuestros familiares salen a buscarnos presentes y viceversa. Luego, habrá que meter los regalos en una caja, envolverlos, ponerlos debajo del arbolito y esperar ese día glorioso en el cual, con cara de asombro y una gran sonrisa, alguien abrirá el paquete con sincero o fingido regocijo, y diga: ¡pero mira qué bonito!
Una vez consumadas las fiestas navideñas, es tiempo de reciclar. Paso inventario a todos los regalos recibidos y llego a la inquietante conclusión de que solo me gustan dos, de los siete. Entonces, una resolución de año nuevo cobra vida: voy a deshacerme de aquello que de muy buena intención me han obsequiado y no me gusta. En Norteamérica se conoce esta práctica con el nombre de regift, o sea re-regalar. Por supuesto, este acto de “reaprovechamiento de los bienes” lo hago siempre de buen corazón, porque deseo que al destinatario le guste (más de lo que me gusto a mí) ese obscuro objeto que le estoy re-regalando.
Aunque antes lo ponía en duda, ahora sé que es cierto: “one man’s garbage is another man’s treasure,” pues siempre encuentro un destinatario sinceramente feliz de aceptar el producto reciclado en cuestión. ¿Dónde encuentro el feliz destinatario? -¡En la subasta del elefante blanco que organiza el club Toastmaster!
En el mes de enero los miembros del club donan aquellos presentes que están interesados en “reciclar” y estos, a su vez, son subastados. Con los fondos recaudados le hacemos un cheque a una organización sin fines de lucro o apoyamos al mismo club, que es también una entidad no lucrativa. De esta manera, matamos dos pájaros de un tiro: le donamos dinero a una misión importante para nosotros y, ¡maravilla! nos desembarazamos del sentido de la culpabilidad que sentimos al desprendernos de algo que un ser querido nos ha obsequiado. Aquí entre nos, me parece una solución salomónica.

¿Cómo se despide a un maestro?

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-¿Cuál es el procedimiento que ustedes siguen a la hora de despedir un maestro?, le preguntó Lily Eskelsen García al administrador de una escuela pública en su visita a Finlandia, país que se ha convertido en el modelo a estudiar para reformadores alrededor del mundo y que, de nuevo, ha sido el ganador del primer lugar en el Programme for International Student Assessment (por sus siglas en inglés PISA). PISA es una encuesta rigurosa que mide los logros académicos de estudiantes -originarios de 57 naciones- que están cursando la secundaria. Los estudiantes son evaluados en matemáticas, lectura, ciencias y en su habilidad para resolver problemas.
A su vez, Lily Eskelsen García, otrora maestra de primaria en Utah, es la vicepresidente de la National Education Association, conocida por sus siglas en inglés como la NEA, la cual es una organización laboral que agrupa a más de tres millones de miembros. Además, Lily fue una de las personalidades invitadas para hablar ante un selecto grupo de líderes de Nevada, en la tercera cumbre organizada por The Leadership Institute, el pasado jueves, 14 de noviembre (grababa por Nevada PBS).
En respuesta a la interrogante planteada por la líder sindical sobre cómo se despediría a un maestro, el administrador nórdico contestó con otra pregunta: -¿Y es que ustedes [en los Estados Unidos] contratan malos maestros?…
Esa es la pregunta del millón.
“En Finlandia, es más difícil entrar a la facultad de enseñanza que a la de leyes. El magisterio es considerado como una profesión muy distinguida y aquellos que en ella trabajan son considerados parte de una élite,” dijo la oradora, agregando que “para llegar a convertirse en un educador profesional, una persona debe pasar por un proceso minucioso de reclutamiento y de preparación que incluye la adquisición de un grado de maestría en la materia que se va a impartir.”
Dicho de otra forma, cuando los maestros son elegidos con mucho cuidado y están altamente capacitados, el dilema de deshacerse de las manzanas dañadas se resuelve casi por sí solo. Y esta es una noción que a nosotros nos convendría aprender de los finlandeses, (vea What the U.S. can’t learn from Finland about ed reform publicada en The Washignton Post) aunque ellos deban su éxito educacional a las innovaciones que asimilaron, nada más y nada menos, de los Estados Unidos.¡Oh, qué ironía!

El GED: a penas un buen diploma

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Cami Anderson, la famosa superintendente de distrito escolar de Newark (New Jersey), visitó Las Vegas hace unos meses. Durante su visita, la reformadora compartió su opinión sobre varios temas relativos a la educación, entre ellos el General Educational Development o GED, como se le conoce comúnmente.
EL GED es un proceso que ayuda a prepararse para pasar un examen que incluye cinco áreas de competencia académica: matemáticas, ciencias, estudios sociales, lectura y escritura. El mismo equivale, casi, a un diploma de graduación de la secundaria o el bachillerato.
Al remontarse a los orígenes del GED, Cami explicó cómo la creación de esta iniciativa respondió a la necesidad de encontrar una solución al problema de los soldados que fueron enviados a la Segunda Guerra Mundial. Éstos no alcanzaron a terminar la escuela y al retornar de los campos de batalla estaban pasados de edad para regresar a los salones de clases. Es decir, que el GED se inventó como un atajo para acelerar el proceso de reintegración a la fuerza laboral de los veteranos, aunque en la actualidad se utilice como alternativa “válida” para aquellos estudiantes que han desertado de las aulas.
La palabra válida aparece entre comillas porque, según la educadora: “El GED, hoy día, no es más que “a Good Enough Diploma,” lo que en este contexto se traduciría como un diploma a penas bueno o justo. A penas bueno para que a uno lo acepten en el ejército o a penas justo para ingresar a una academia vocacional donde se enseñan oficios como la plomería o similares. Dicho sea de paso, y de acuerdo a las proyecciones de los economistas, este tipo de oficios “van a representar una de las cinco posibles plazas de empleo en la sociedad norteamericana del futuro,” nos explicó la oradora.
O sea, que el GED no es suficientemente bueno para tener acceso a TODAS las opciones disponibles en el mercado laboral del mañana, opciones que sí estarían al alcance de alguien que haya alcanzado una formación académica más avanzada.
La prensa local ha estado divulgando la noticia de que al final de 2013 se van a implementar cambios que harán del examen en cuestión uno más profundo y complejo. Y aquí entre nos, ya era hora de que lo ajustaran a nuestros tiempos, pues “desde la II Guerra Mundial seguía siendo el mismo”. Sin embargo, ¡cuidadito! que un Good Enough Diploma no basta para alcanzar el sueño americano, porque es sabido (y está suficientemente demostrado) que existe una relación directa entre una excelente educación y un mayor número de oportunidades en la vida.
http://eltiempolv.com/articles/2013/11/14/opinion/doc52854da93b995064730533.txt

¿Hay que esperar por un mundo ideal?

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http://eltiempolasvegas.com/articles/2013/11/07/opinion/doc527c1465e0bd6649266152.txt
¿Hay que esperar por un mundo ideal?
Si viviéramos en un mundo ideal no sería necesario que existieran grupos en defensa de los derechos humanos u organizaciones para combatir el hambre, ni entidades que se ocuparan de ayudar la educación pública, porque en un mundo ideal la gente no sería abusada, maltratada o discriminada por el prójimo, la distribución de las riquezas sería equitativa y la educación de nuestros niños sería un derecho inalienable y una gran prioridad.

Pero como vivimos en un mundo que no es perfecto, existen agencias cuya función es la de suplir aquellos bienes y servicios que una sociedad determinada ha sido incapaz de proveer para ella misma. Una de esas agencias es The Public Education Foundation, donde laboro, la cual se ocupa de movilizar a la comunidad y de localizar recursos para mejorar las oportunidades educativas de los niños en las escuelas públicas.

Al explicarle el otro día a una amiga española -que vive en Alemania- sobre la naturaleza de mi trabajo, su respuesta fue, más o menos, la siguiente: -Pero, tía, ¿cómo es posible que la educación pública, un deber y una responsabilidad del estado, necesite de la comunidad para cumplir con su obligación?… ¡Eso es una aberración!

Como ven, Cristina es un poco dramática, no obstante, tiene razón. En un mundo ideal mi empleo no existiría. Yo tendría que buscar otra manera de ganarme la vida. Desde luego, yo lo haría con mucho gusto con tal de que todos los niños, especialmente los de este distrito, tuvieran igualdad de oportunidades para triunfar en la escuela, en la vida.

Al compartir con mi amiga algunos detalles sobre nuestro actual sistema educativo, solo conseguí alarmarla más: ¡Qué barbaridad! ¡No lo entiendo!, me decía cuando le hablaba sobre la falta de fondos para sostener apropiadamente las escuelas, la poca comunicación e integración entre los padres y la escuela, el número reducido de maestros para tantos alumnos, la tasa de graduación, la cual es una de las más bajas del país, ¡en fin!

Y aquí entre nos, no la puedo culpar por su alarma, porque ¿cómo podría ella ponerse en nuestro lugar, si recibió una excelente formación en unas escuelas públicas bien dotadas, a pesar de que su mundo no es todavía el ideal?…

Todos los huevos en una canasta

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Parecería que La Gran Recesión se ensañó contra nosotros. No obstante, en otros estados de la nación -Texas, por ejemplo-, la crisis a penas se ha sentido. Por el contrario, durante de los últimos cinco años, aquí hemos sido testigos de la casi extinción de la industria de la construcción, con el subsecuente incremento de la tasa de desempleo, lo que produjo un número sin precedente de casas expropiadas por los bancos, por sólo citar algunos de los efectos resultantes del desplome en el sector turístico, que es muy frágil si consideramos el impacto devastador que tienen sobre él eventos como el 9/11 o la “recesión” económica.

Del éxito del turismo, (gallina de los huevos de oro), depende en gran parte el éxito de la economía local. De ahí la vital importancia de “no poner todos los huevos en una sola canasta”, como reza el refrán popular, si no contar con varios renglones que aporten a nuestro desarrollo económico. Este concepto no es ignorado por estos lugares y es lo que conocemos como diversificación económica, gracias a la cual la ciudad de Austin, aproximadamente del mismo tamaño que Las Vegas, le ha ido muy bien en medio de esta debacle.
Austin cuenta, entre otros sectores, con: tecnología informática, negocios privados, servicios personales y gubernamentales (por ser la capital del estado de Texas), una rica vida universitaria aparte de una vibrante escena de bares y restaurantes.
Por largo tiempo se ha cacareado en Sin City sobre la urgencia de cambiar nuestro modelo actual, basado en el turismo, por uno que cuente con nuevas alternativas, como por ejemplo: la explotación de la energía solar, la edificación de planteles informáticos, a merced de la ausencia de desastres naturales o que más corporaciones muden sus casas matrices dentro de nuestra jurisdicción. Sin embargo, a pesar de tanto quiquiriquí, ni Las Vegas, ni Nevada han sido capaces de incubar proyectos concretos que logren ¡por fin! diversificarnos. Y, aquí entre nos, una se pregunta: ¿qué estaremos esperando?

http://eltiempolv.com/articles/2013/10/31/opinion/doc5272c84a83410416167337.txt

Las bibliotecas del Estado y el estado de las bibliotecas

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La segunda semana de octubre se celebró en Reno, Nevada, una de las dos reuniones anuales del Consejo Estatal de Bibliotecas y Alfabetización (State Council of Libraries and Literacy), el cual es responsable, entre otras cosas, de premiar -a través de subvenciones- las mejores iniciativas propuestas cada año por las bibliotecas públicas. La competencia por los fondos es feroz, ya que, al igual que los programas de alfabetización, los presupuestos bibliotecarios han sufrido recortes brutales en los últimos cinco años.
Pero como “la necesidad es madre del ingenio”, los directores de las bibliotecas se las han apañado para hacer más con menos. Con mucha perseverancia, que eso sí les sobra, estos hombres y mujeres han conseguido que sus instituciones sobrevivan, aunque para lograrlo hayan tenido que reinventarse. ¿Y qué es más representativo del espíritu de nuestro Silver State que la capacidad incansable para la reinvención, verdad?
A pesar de que tradicionalmente (y por error) las bibliotecas han sido percibidas como un lugar para tomar y devolver libros, hoy éstas operan como agentes al servicio de las múltiples demandas presentes en nuestra comunidad. ¿Le gustaría abrir un negocio y no sabe si un tipo de producto o servicio es requerido y/o está al alcance del bolsillo de tal o cual vecindario, quisiera aprender inglés, prepararse para el examen de ciudadanía, tomar clases por computadora, buscar trabajo usando la red? Todo esto lo puede hacer visitando uno de estos centros de conocimiento.
Imagínese, por ejemplo, que usted quisiera educarse sobre un tema en específico. Podría perder quince días buscando artículos a ciegas o podría ahorrarse tiempo pidiéndole a un profesional que lo ayude gratuitamente. ¿Qué haría?…
Et voilà!
Por eso la labor de estas entidades es invaluable, porque en un santiamén facilitan el acceso a la información, que para eso se han quemado las pestañas estudiando los empleados calificados que allí laboran. De ahí que, si bien a los voluntarios les ha tocado fungir el papel de sustitutos, no puedan reemplazarlos.
¡Qué bonito sería si los premios del concurso auspiciado por el consejo fueran suficientes para galardonar a todas a las bibliotecas! Y que más bonito todavía si éstas contaran con tanto apoyo gubernamental y privado que no necesitaran batirse por un puñado de dólares.
De momento, al menos, la competencia voraz ha servido de estímulo para generar nuevas ideas.

http://eltiempolv.com/articles/2013/10/24/opinion/doc5269885ef26d1954246941.txt

(Hergit Llenas es miembro del Consejo Estatal de Bibliotecas y Alfabetización del estado de Nevada desde hace tres meses).

Viaje a la fiesta de Globos en Albuquerque

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-¡Te va a encantar, chica!, me dijo Linda
-Hacía tiempo que quería ir a verla.
-¿Por cuántos días van?
-De viernes por la noche al domingo por la tarde. ¿Crees que es poco tiempo?
-Algo apretado, pero les alcanza si no hay brisa.
-Yo hubiera preferido tomarme una semana, pero Atena tiene un trabajo nuevo y no se atreve a pedir permiso.
-¿Y dónde está ahora?
-En A&B como directora de Relaciones Públicas.
-Ya, toma.
-¿Qué me has traído?
-El brochure del hotel, un mapa de Albuquerque y el calendario de actividades de la Fiesta Internacional de Globos. Es del año pasado, 2011, pero igual sirve para que te hagas la idea.
-¡Genial!
-¡Verás qué padre! ¿Qué día sales?
-El cinco de octubre.
-Toma muchas fotos. ¡Es tremendo espectáculo!, me dice con una sonrisa jocosa y se marcha.

Llegada la fecha, mi prometida y yo salimos para el aeropuerto con dos horas de adelanto. No nos topamos con mucho tráfico ni hubo una espera muy larga al pasar los puestos de seguridad en el McCarran International Airport, así que llegamos tempranísimo a la puerta de embarque que nos correspondía. Entonces, divisamos un bar cercano.
– ¿Una cerveza para matar el tiempo?, me propone la rubia platino.
-¡Claro!
Tres cervezas más tarde me siento muy relajada. Me voy a echar una siestecita en el avión, pienso. No obstante, un niño llorando y pateando en el asiento de atrás me arruinó el plan.

Aterrizamos en Albuquerque cerca de la medianoche. Nos anima descubrir el ambiente tan festivo, con globitos colgando por todas partes. La terminal era pequeña, fácil de caminar. Solo aquellos que veníamos en ese vuelo deambulábamos por el lugar, rompiendo el silencio con el eco de nuestros pasos. Detrás de los mostradores no había rastros del personal. Tocamos una campanita unas cien veces antes de que apareciera el representante de la compañía Rent a Car. Un señor calvo, con los ojos vidriosos, sale por la puerta del fondo, opuesta a la ventanilla de servicio. Era obvio que se acababa de despertar porque ostentaba sobre la mejilla derecha, como un sello, las marcas de algún tejido.
De inmediato, nos pide que firmemos aquí y allá.
-¿Cuál de las dos va a manejar?, pregunta.
-Ambas, dice mi media naranja.
-En ese caso, tendrán que pagar más, responde.
-¿Por qué?
-Para poder manejar dos personas el mismo vehículo, sin que les afecte la tarifa, tienen que estar casadas.
-O sea, ¿qué es un privilegio “exclusivo” para heterosexuales?, replica Atena, escribiendo con un gesto las comillas en el aire cuando articula la palabra.
Le doy un pellizco para que se calle, a sabiendas de que no se callará. Por mi parte, estoy demasiado cansada para ponerme a discutir sobre justicia social con el calvito de camisa arrugada. Me mantengo al margen del pleito.
El hombre dice: – Las reglas son las reglas.
No vale protestar, el contrato y sus términos, se quedan igual. Recogemos un coche de cuatro puertas y veinte minutos después llegamos al hotel.

El lobby lucía muy alegre. Estaba adornado, igualmente, con globos en miniatura. Tocamos la campanita unas cuantas veces. La recepcionista sale a recibirnos con las greñas alborotadas.
-Deme su identificación personal y tarjeta de crédito, por favor.
-Buenas noches, le dice Atena.
No le contesta.
Le doy lo que me pide.
-No encuentro su reservación, responde. ¿Me da su número de confirmación?
Tiro las maletas al suelo, abro la cartera. Hurgando, saco una docena de cosas antes de dar con la dichosa hoja. Mientras, la muchacha dice:
-Pos no tenemos cupo. Todos los hoteles de la ciudad están sold out. Este es un fin de semana muy busy, celebramos la Fiesta Internacional de balloons.

Mi amada está a punto de decir algo, cuando alargo el brazo y extendiendo el papel hacia la chica, quien luego se dedica a punchar y punchar el teclado por una eternidad.
Finamente, me entrega dos llaves y un bosquejo -que parece un laberinto- con las instrucciones de cómo llegar a nuestra habitación. Le doy las gracias. Recojo el equipaje, la cartera, las llaves, la confirmación y el mapa.
-Si es tan amable, llámenos para despertarnos en tres horas, le pide Atena.
-Okay.
Suena el ¡RING! y pego un brinco que me tumba de la cama. Estaba en el último de los sueños. El susto me deja con taquicardia. Nos alistamos de prisa, entusiasmadas. ¡Estamos locas por ver el ascenso de los globos en el alba!
De vuelta en la recepción alcanzo a ver unas cafeteras de aluminio contra la pared.
-Es un dólar por una taza, demanda una señora flaca. Le doy un billete de veinte.
-No tengo cambio, responde.
-¿Dónde puedo cambiar el dinero?
-Pregunte en la recepción.
La recepcionista tampoco tiene cambio.
-¡Qué se la va a hacer!, suspiro alejándome.

El minibús del hotel nos lleva al estacionamiento de donde parten los autobuses con destino al evento. Según oímos, unas cincuenta mil personas seremos transportadas por esta vía.
En la larga fila, observamos a la gente cargando sillas portables, mantas, múltiples envases térmicos y nos burlarnos de ellas. ¡Caramba! ¿Cuál es la necesidad de viajar con tantas cosas?…
Al rato, estamos montadas en el autobús con destino al campo. Allí, un valle inmenso es el hogar de cientos de canastas rellenas de telas multicolores que aguardan el momento para echarse a volar.
Titiritando de frío, caminamos alucinadas entre columnas y columnas de globos. Yo no le quitaba las manos de encima a la cámara fotográfica, con el dedo, cual gatillo, sobre el botón de disparar. ¡No me iba a perder por nada del mundo ese instante glorioso cuando una miríada sicodélica de esferas saliera flotando al unísono, como las voces de un coro, con la aurora de trasfondo!
El sol subió, pero los globos no.
– ¡¿Qué?!
-Que cancelaron el evento, señoras.
-¿Y por qué?
-Porque hay demasiado viento, ¿no ve?

Dimos más vueltas que un trompo antes de descubrir a las veinticinco, de las cincuenta mil personas, ya alineadas para regresar a la ciudad. Esperaban su turno sentadas en sus sillas plegadizas, arropadas en sus gruesas mantas de lana, calentándose con el té o el café que habían traído en sus envases térmicos. Atena y su servidora éramos, quizás, las únicas dos idiotas vestidas con unas finas camisetas de algodón en este descampado abatido por unas cortantes ráfagas más frías que el hielo. Mi valkiria me deja cuidando nuestro sitio en la cola y se marcha en busca de algo que pudiera calentarnos. Regresó con un cartón de papas fritas cubiertas de ese chile verde que tanto le encanta.
Nativa de San Antonio, Texas, creció comiendo picante. Yo, sin embargo, no estoy acostumbrada a eso. En definitiva, el chile nos eleva la temperatura, aunque brevemente. Tardamos dos horas y media para acceder al ómnibus que nos retornará a la ciudad.
Una vez en el pueblo, acordamos quedarnos despiertas. ¡Vamos a aprovechar al máximo! ¡Vamos a empaparnos de cultura local! Tomamos nuestro carro y nos vamos al centro.

Resulta que el comercio aún no estaba abierto. Los letreros aclaraban: abrimos a las 11.30 a.m. Miro el reloj, son las nueve de la mañana. Sin rumbo, como dos náufragas, navegamos las callecitas coquetas hasta que el primer restaurante abre las puertas. Muertas del hambre, nos lanzamos adentro de cabeza. Salvo las papitas, no le habíamos echado nada sólido al estómago desde el día anterior. Desayunamos el platillo más popular: carne de cerdo en chile rojo. La hartura nos pega durísimo. Inundada por un cansancio brutal, tiro la toalla:
-Vámonos a descansar.
-¡Excelente idea!, responde mi amazona.

Al anochecer teníamos planeado ir a ver El resplandor. Una de las revistas turísticas lo describía de la siguiente manera: “En la luz moribunda del poniente, incorporados sobre su llama fulgurante, brillan, cual lámparas chinas suspendidas en el espacio, una multitud de vejigas radiantes.”
A las cinco de la tarde estábamos de nuevo en pie. ¡Por fin veremos los globos!
De paso, paro en la tienda de la recepción para comprar un alka seltzer. Sin proponérmelo, me envuelvo en una conversación con Joanne, la dueña del local. Me cuenta algunas de sus experiencias como voluntaria de la fiesta. También, me recomienda que instale en mi teléfono el app con el programa de la misma.
-A fin de que te mantengas informada, porque si el viento sopla a más de diez millas por hora, la suspenden, ¿sabes?…
-¡Esta tecnología me hubiera servido tanto esta mañana!, gracias, le digo.
-Muchas gracias, repite Atena.
Casi al instante de instalar el app, me manda un boletín meteorológico: la velocidad del viento actual es de doce millas por horas.
-¿Qué piensas cariño? ¿nos vamos o nos quedamos?
-No sé.
– Vamos a preguntarle a Joanne.
Nuestra amiga nos dice que es muy probable que cancelen todo.
-Mejor nos vamos a ver tiendas, chula, ¿no?
-Sería una pena ir hasta las afueras en balde.
-¿Nos quedamos?
-Nos quedamos.

Anduvimos el casco viejo de punta a punta. Cuando los pies no nos daban para más, nos sentamos a cenar en un café al aire libre. El menú ofrecía una gama de platillos de tierra y de mar, la mayoría condimentados con chile.
-¿Sabe si suspendieron El resplandor?, le pregunto al camarero.
-Acabo de escuchar que se dio.
-¡Carajo, nos lo perdimos!, refunfuño mal humorada.
-Bueno, todavía tenemos mañana por la mañana, me consuela mi otra mitad.
-¡Es nuestra última oportunidad!

Imploro para que al día siguiente las condiciones del tiempo sean ideales.
Nos acostamos antes de las diez. Queremos estar descansadas cuando suene el teléfono a las cuatro de la madrugada.
Duermo apaciblemente, pero un dolor en las tripas me devuelve la conciencia. Un mugido quedo al principio, seguido de una serie de bramidos y cólicos feroces. Salgo disparada para el baño. Alcanzo a llegar con las justas, antes de que ocurra un vergonzoso accidente. No bien termino de desahogarme, empiezo a vomitar. El chile me sale a chorros, cual lava ardiente, por una y otra salida.
Me tiendo en el suelo, la frescura de las losetas me reconforta mientras abrazo la taza blanca. Luego me le siento encima y después la vuelvo a abrazar. En ese sube y baja me paso varias horas. Estoy empapada de sudor, -y de cultura- mi tez, normalmente rosadita, ha adquirido un tono amarillo verdoso. Botando chile hasta por los poros, trato de incorporarme, pero advierto que me faltan las fuerzas.
-¡Atena!, grito, creyendo que me voy a desmayar.
Atena abre la puerta con los ojos azules desorbitados.
-¡Muévete, muévete que estoy mal! vocifera empujándome, al tiempo que toma posesión del altar.
Nos turnamos.
A las cuatro llaman de la recepción. Arrastrándome, intento alcanzar el teléfono, mas no puedo, no sé para qué lo quiero, tal vez para pedir auxilio, no me acuerdo. Poco a poco me logro trepar en la cama. Creo que pierdo el conocimiento o me duermo durante intervalos de media hora.
He colocado el cubo de la basura al lado de la cama en caso de que tenga que seguir expulsando. Atena se ha enrollado al inodoro como una gata.
Eventualmente, enciendo la televisión. Los locutores de las seis anuncian, súper contentos, que soltaron los globos.
Quisiera ponerme a llorar, pero temo no tener suficiente líquido en el cuerpo para dos lágrimas.
¿Cómo haremos para soportar el vuelo sin descomponernos?, pienso en ese momento.

Invertimos cuarenta dólares en antidiarreicos para poder abordar el avión esa tarde.
Deseosa de ver, por lo menos, un globo volando, echo una ojeada esperanzada a medida que ascendemos. No obstante, aparte de unas cuantas nubes, no veo nada.

Crónicas de una mulata trotamundos
de Hergit Penzo Llenas
http://www.meridianoCoco.com

Racismo

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Las actitudes racistas causan problemas en todas partes del mundo. Tomemos de ejemplo a México, donde por generaciones se ha tratado a la población indígena cual si perteneciera a un linaje inferior, marginalizada por los blancos quienes se apropiaron de sus tierras, -entre otras cosas- o el caso de los Estados Unidos, que no por tener un presidente afroamericano deja de discriminar contra la gente de color. De hecho, en las últimas semanas los líderes comunitarios de la Gran Manzana han acaparado la atención de las noticias nacionales en protesta contra la ley stop and frisk (o parar y cachear, si tradujéramos la expresión literalmente). Bajo el amparo de esta disposición, la policía neoyorquina tiene el derecho de sujetar e interrogar a cualquier individuo que considere sospechoso. En múltiples coberturas televisadas por CNN, los líderes reclaman que no es pura coincidencia el que los hombres hispanos y negros sean el blanco frecuente de este escrutinio policial, a menudo arbitrario. Por su parte, en Francia, la derecha continúa ganando adeptos gracias a los argumentos utilizados para convencer al votante del terror a la islamización de Europa. Igualmente, en la República Dominicana, una media isla en las Antillas habitada mayoritariamente por personas de piel oscura, se discrimina a los haitianos por ser “prietos”. En fin, existen actualmente incontables tensiones étnicas alrededor del planeta: entre chinos y tibetanos, palestinos e israelíes, españoles y norteafricanos, “gringos” y latinos, iraquíes y kurdos, negros contra caucásicos en Sudáfrica, y ahí mismo, lo opuesto.

Para buscar soluciones a este problema se han creado un raudal de propuestas internacionales. Una de ellas, ICARE , sirve de conector para 2000 entidades de este tipo en 114 países. Entre sus afiliadas, sobresale por su renombre y prestigio global, The United Nations Educational, Scientific, and Cultural Organization, conocida comúnmente por sus siglas en inglés como la UNESCO, la cual, a su vez, creo una iniciativa llamada la Coalición Internacional de Ciudades contra el Racismo, la Discriminación y la Xenofobia. Esta coalición es una red compuesta por alianzas regionales representadas en África, Asia, Europa, América Latina y el Caribe, el Mundo Árabe, Norteamérica y los Estados Unidos. Cada una de las ciudades sumadas a este esfuerzo ha dicho creer en el siguiente principio: “Las teorías de diferenciación racial son científicamente falsas, moralmente condenables, socialmente injustas y peligrosas, y no existe justificación alguna, teórica ni práctica, en ningún lugar, para la discriminación racial” (Coalición Latinoamericana y Caribeña de Ciudades contra el Racismo, Unesco). A fin de poner en prácticalo anteriormente expuesto, el grupo ha elaborado un programa de diez puntos que cubre áreas tales como la educación, la vivienda, el empleo y las actividades culturales. La implementación del proyecto, dicen, será ajustada de acuerdo al lugar donde se ponga en ejecución. El diseño de un modelo aplicable a la realidad de Latinoamérica y del Caribe se produjo en octubre de 2006 en la ciudad de Montevideo (Uruguay) y contó con la participación de La Habana (Cuba), Morón (Argentina), Panamá (Panamá), Quito (Ecuator), Port au Prince (Haití), Santo André (Brazil), Valparaiso (Chile) y la anfitriona misma, Montevideo. Desde entonces, otras 200 ciudades se han unido, incluyendo la ciudad de Santo Domingo (República Dominicana) donde nací y la cual visité recientemente.

Durante mi visita fui testigo de un caso de stop and frisk a la criolla. Un guardia de seguridad le cortó el paso agresivamente a un muchacho de rasgos negroides, quien caminaba por la acera de enfrente. ¡Por poco lo arrolla con la motocicleta que conducía cuando se le atravesó! El joven iba vestido con pulcritud y no hizo ningún gesto brusco ni cualquiera otra cosa que llamara la atención. Tras algunas preguntas, el “watchiman” lo dejo ir. Al pasarme por el lado, escuché decir al interrogado unas palabras incomprensibles, porque las dijo en patois (dialecto derivado del francés y mezclado con lenguas africanas) y entre dientes. Y eso fue todo, no protestó audiblemente, aunque si hubiera querido rebelarse no le habrían faltado razones, por el contrario, le habrían sobrado motivos. Y explico por qué. Para empezar, en Quisqueya no existe una legislación similar a la estadunidense que justifique detener a cualquiera solo por parecer sospechoso. Luego, en vista de que los vigilantes privados no tienen jurisdicción sobre las vías públicas, el motociclista carecía de asidero legal para cuestionarlo. Y por último, ¡el tipo no había hecho absolutamente nada, salvo pasar por la acera de enfrente! Por desgracia, esta clase de incidentes son muy frecuentes en mi país. Documentados o no, a nuestros vecinos haitianos se les dificulta acceder a las playas, a las discotecas, a los autobuses, así como al simple derecho de pasearse con tranquilidad por las calles dominicanas. El conflicto racial entre las dos naciones no ha cedido, a pesar de los diferentes pactos internacionales a los cuales ambas se han suscrito.

Beverly Mathis: Larger than Life

Beverly Mathis

Berverly Mathis: Un ser gigante

 Aunque retirada, Beverly Mathis continúa recogiendo comida  para  familias necesitadas, repartiendo zapatos entre los niños descalzos, colaborando en obras filantrópicas con sus hermanas universitarias de Delta Sigma Theta, sirviendo en la iglesia, entrenando voluntarios, llevando ancianitas al médico y viajando al otro lado del planeta para estar presente en la ceremonia de graduación de un ex alumno, quien la recuerda y le agradece aquel tiempo transcurrido en la escuela  cuando la luz de esta maestra iluminó para siempre su vida.

 A Beverly le queda de Tennessee  el hermoso acento sureño, y de las horas dedicadas a escuchar La Palabra  le ha quedado la entonación propia de los pastores: vibrante, cautivadora y  poderosa. Así, con esos mismos adjetivos yo describiría a toda su persona. She is larger than life.

Durante dieciséis años fue la directora de la escuela Kermit Roosevelt Booker , situada en el corazón de una comunidad pobre y como todo lugar estragado por la desigualdad social, afectado por mil tragedias: drogas, hogares rotos, desempleo y un nivel académico extremadamente bajo en los adultos y en consecuencia, también en los niños.

¿Puede alguien lograr levantar a esta población por encima de las tristes expectativas que se tiene de ella, por encima de las funestas estadísticas que todavía se repiten generación tras generación?…¡Berverly Mathis lo logró!

 Lo logró gracias a una tenacidad sin comparación y a la aplicación efectiva de sus vastos conocimientos sobre la educación temprana (35 años de experiencia), gracias a la cual ella ha acumulado una larga lista de galardones, reconocimientos y premios.

Pero mayor aún que su preparación es su inmenso amor por los niños. Un amor que no cesó ni en los momentos más oscuros de su lucha contra el cáncer y que la impulsó a tocar de puerta en puerta, muchas veces acompañada de sus hijas Ashley y Tya*, buscando mecenas, conversando con los padres y abogando, abogando, abogando.

En sus años al mando de Booker nunca le tembló el pulso para interrumpir los juegos de dominós de las esquinas: “las clases empiezan tal día ¡no dejen de traer a sus niños!,” ni para irrumpir en las iglesias, persuadiendo a los líderes religiosos de  plantar en las mentes de la audiencia la pregunta: ¿cuándo fue la última vez que usted fue de visita al salón de clases de sus hijos?… 

De pie  frente al portón de la escuela, bajo el sol, contra viento y marea, la directora  no dejaba pasar un día sin regalar una sonrisa y dar una bienvenida calurosa, aunque ella supiera que no todos los padres cruzarían el umbral de la escuela…o el de sus propias casas. Por eso entrenó a los alumnos a levantarse, vestirse y caminar hasta la escuela al oír estallar en las bocinas  las letras inspiradoras de la canción I believe I can fly. Y si no había ropa limpia para vestirse, entrenaba los niños  a levantarse y ponerse cualquier cosa ya que en la escuela los cambiarían. Y si de lleno los chiquitos no venían, ella se trepaba por una ventana y entraba a buscarlos; alguna vez dentro de una casa a oscuras donde los gusanos crecían sobre una pila de platos usados.

El suyo fue un trabajo titánico! Pero un trabajo que pagó sus frutos produciendo mejorías académicas impresionantes, un clima de trabajo provechoso  para los maestros,  y un incremento exponencial en la  participación  de las familias y de la comunidad  en la escuela.

Un trabajo que Bervely Mathis dice nunca haber sido tal:  -“No he tenido que trabajar ni un día de  mi vida. Lo que hago es tan maravilloso, amo tanto dedicarme a los niños, que no puedo llamarlo un trabajo, sino mi llamado.”

La Doctora Mathis es una leyenda viviente y la prueba palpable que la influencia de una sola persona puede de hecho cambiar  el curso de miles de vidas… de toda una vecindad.  Hoy la celebramos ¡con tambor y panderetas! por haber dedicado su vida entera a demostrar que la educación es la clave para romper completamente con las cadenas de los nacidos en la desigualdad.

http://www.eltiempolasvegas.com/articles/2013/07/25/ciudad_and_estado/doc51f16b69a237a197458085.txt

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*Tya & Asley  fueron favorecidas  con la beca estatal Millennium creada por el gobernador Kenny Guinn, de quien Beverly es una gran admiradora.