Misericordia de Benito Pérez Galdós, un estudio de registros

by Hergit "Coco" Llenas

Lenguaje verbal y orden social en Misericordia

En su representación realista de la vida de Madrid, Benito Pérez Galdós plasma en Misericordia las distintas formas de hablar de las gentes, creando una asociación entre el nivel social de los sujetos y el uso del español. El uso correcto o incorrecto del habla sirve en Misericordia como un identificador que marca las clases sociales entre criados y patrones, el pobre en comparación con el rico e incluso los pobres entre sí. Las descripciones, entre otros recursos literarios, habrían bastado para dar a entender la desigualdad social entre los personajes. No obstante, Galdós va más lejos en su afán por explicar la profundidad de la brecha. Para lograrlo, se vale de la forma cómo se expresa cada uno. Así, Galdós nos expone a las “capas ínfimas” y “los tipos más humildes” (Pérez Galdós, prefacio) de la sociedad española. Y para ello emplea un lenguaje que crea no sólo una caracterización de los personajes, sino también el lugar que ellos ocupan en el orden social. Por un lado, su estudio de la realidad abarca el sabor oral y por otro, plantea una problemática social. Al presentar el contraste entre ambas -la expresión y la condición- de una clase frente a la otra, Galdós pone en evidencia la disparidad social. El autor consigue esto a través de diversas variaciones lingüísticas. Para los fines de este trabajo, trataremos en específico los dialectos. Se definirá dialecto como “una comunidad lingüística cuyos miembros se comunican entre sí de manera consistente y hablan todos de manera semejante”. (Halliday, 239) Otro entendido lo describe como uno de los tipos de variedad idiomática que está incluida en el dominio de otra variedad mayor y que muestra una fuerte tendencia a repetirse. (Montes, 248) Desde el punto de vista de la sociolingüística, los dialectos son estructuras que revelan “el carácter jerárquico de la sociedad en términos de procedencia, sexo, generación, oficio, casta y clase. (López Morales, 238) Esa manera de hablar, pues, “funciona como un índice clasificatorio”. (206) La validez de dicho índice quedó demostrada con las investigaciones de Labov, quien descubrió que “el habla varía entre los miembros de una comunidad de acuerdo a la clase social” a la que pertenecen. (Halliday, 238) Considerando que hay variaciones/dialectos de muchos tipos, aclaramos que excluiremos lo familiar, lo nacional, lo urbano, para prestar atención exclusivamente al uso del lenguaje de acuerdo al nivel social de los personajes.
Desde las primeras páginas notamos múltiples incorrecciones en las que incurren los indigentes que hacen guardia en el lado Norte de la parroquia de San Sebastián. Galdós se sirve del lenguaje “no principalmente por su valor funcional, comunicativo, sino porque representa parte inseparable de una realidad determinada.” (Rogers, 248) Esa realidad es una fotografía tan fiel, que su estilo ha sido catalogado como “realismo científico”. (Wright, 96) En Misericordia encontramos que la gente de clase alta presta más atención al habla personal, entretanto, la gente que habita los estratos sociales más bajos adopta formas defectuosas del idioma, comete errores de pronunciación, se inventa ciertas palabras o a veces no las entiende; especialmente cuando éstas pertenecen a un registro más elevado. (Los registros son modos distintos de decir las cosas, [Halliday, 240]) De ahí que en personas de bajos recursos (Flora, Demetria, Eliseo y Casiana) aparezcan constantemente omisiones de la letra d al final de palabras, supresiones de la c entre vocal y consonante, empleo de la i para reemplazar otras letras, pronunciación errónea de nombres y verbos, además de barbarismos tales como mismamente. Por ejemplo, unos instantes antes de entablar un diálogo con el Don Carlos, Pulido se queja de lo “fulastre” que había sido el año. Durante su lamento, conjuga los verbos parecer y hacer, de la siguiente manera: “me paice a mí” y “quieren que no haiga pobres”. (4) Así mismo, cuando emplea palabras como: festividad, pobreza, palpitante, víctimas, Congreso, congregaciones, mendigos y discursos, las convierte en: “festividá”, “probeza”, “pulpitante”, “vítimas”, “congriogaciones”,” mentigos”. y “discursiones”. (4) Tan pronto Pulido ha concluido su perorata, aparece don Carlos, quien le regala una “perra grande.” Al mismo tiempo le dice: “No te la esperabas hoy: di la verdad. ¡Con este día!” Y luego: “Es verdad. Yo no falto. Gracias a Dios, me voy defendiendo, que no es flojo milagro con estas heladas y este pícaro viento del Norte (…)”. (4)
Tanto en el gesto de entregar la moneda como en las descripciones de cada personaje: Pulido “mal envuelto en raída capa de paño pardo” (4) y don Carlos “que viste una luenga capa”, (4) el escritor establece que un individuo está en mejor posición económica que el otro. Mas, es usando como recurso el habla fallida del ciego que la posición social superior de Don Carlos es puesta en relieve. Halliday, en su artículo El lenguaje como semiótica, plantea que pertenecer a la burocracia exige mantener un dialecto “estándar”, es decir, nacional. (241) Este sigue o aspira a seguir la norma. Entiéndase por norma como “el eslabón intermedio que nos permite unir la teoría de la lengua-sistema con la lengua-idioma”, (Montes, 251) y como “un patrón de comportamiento lingüístico impreso en el individuo por la tradición de su medio”. (250) En el caso de Don Carlos, vemos que emplea un castellano estandarizado. Dicho estándar, agrega Morales, goza de mayor prestigio, sea éste real o supuesto. (35) Este prestigio establece el lugar superior que el burgués don Carlos ocupa en el orden social. (Montes, 241)
Pero aunque el dialecto funge como indicador social, no siempre sirve para establecer la jerarquía entre los limosneros. Benigna, mujer pobre, demuestra poseer una superioridad moral y verbal sobre los demás mendigos. Moral, por negarse a participar de sus chismes y por rechazar la práctica que tienen de atacarse entre sí. Verbal, porque aun dentro de un registro coloquial, hace un uso más estandarizado de la lengua. Es decir, que no habla el mismo dialecto que el resto. De hecho, se le describe por sus modales más finos “y su buena educación” (8). Estas virtudes también estarán presente en el dialecto que emplea. Según lo explica el narrador: “Como en toda región del mundo hay clases, sin que exceptúen de esta división capital las más ínfimas jerarquías, allí no eran todos los pobres lo mismo”. Ciertamente, las ancianas dominaban sobre las nuevas. (7) Sin embargo, con la excepción de Benigna, el dialecto hablado por todos allí presentaba características similares a las de Pulido. Nótese el contraste entre la protagonista y los demás indigentes. Y cómo Benigna, una de las nuevas, es la que mejor se expresa.
-Benigna: “Tengo que hablar contigo, porque tú solo puedes sacarme de un gran compromiso; tú solo, porque los demás conocimientos de la parroquia para nada sirven”. (12) “Eres el hombre más apañado que hay en el mundo. No he visto otro como tú. Ciego y pobre, te arreglas tú mismo tu ropita; enhebras una aguja con la lengua más pronto que yo con mis dedos”. (13)
-Flora: “Pero qué, ¿no creéis lo que vos dije? La caporala es rica, mismamente rica, tal como lo estáis oyendo, y todo lo que coge aquí a las que semos de verdadera solemnidá.” (8) “Ha sido melitar, tiene siete cruces sencillas y cinco riales…”. (8)
-Demetria: “¡Vaya si golía!…”. (8) “De si tien o no tien dinero en el Banco”. (9)
-Eliseo: “Aquí se viene a lo que se viene, y a guardar la circuspición”. (9) “Ea, que estamos en la casa de Dios, señoras. Guarden respeto y decencia unas para otras, como manda la santísima dotrina”. (12)
-Casiana: “(…) y si ella hubiá tenido conduta, no le faltarían cosas buenas en que acabar tranquila…”. (12) “Aquí no se habla mal de nadie”. (12)
El poder de unos sobre los otros seguía las pautas de un sistema de señoría impuesto por las mendigas de la parroquia. Por tanto, no es producto del lenguaje. Ya hemos visto como Benigna no adopta el mismo dialecto -inferior o sin prestigio- de los otros mendigos, pero en términos de su posición social, está colocada en un eslabón menor con respecto a las que gozan de mayor antigüedad.
También con relación a Doña Francisca Benigna es una subordinada, no sólo por su condición de criada, sino además por la forma estandarizada que adopta la doña y el tono de mando que asume para dirigirse a ella. Las dinámicas de poder entre una y otra quedan expuestas en las siguientes líneas: “¡Vaya unas horas!”, le reclama cuando llega tarde a la casa (17), y luego: “¡Ea! date prisa, que siento debilidad” (19). Así mismo, en lugar de pedirle “prepárame la medicina” (29), secamente se lo ordena. Una de las ocasiones donde se palpa cuan aguda es la desigualdad entre ambas, es en la escena donde Paca, molesta con Benigna por ser la receptora de los halagos de Ponce, le dice: “Siempre serás lo que fuistes (…) hay que ponerte siempre a distancia, no dejarte salir de tu baja condición, para que no te desmandes, para que no te subas a las barbas de los superiores.” (75) Con este tono despótico e imperativo, Paca establece y reclama su control y su superioridad sobre la sirvienta.
En la vorágine de la sociedad pre capitalista madrileña, algunos subieron y muchos quedaron abajo, atrapados en la indigencia. (Wietelmann, 237) Francisco Ponce –Francisquito- fue unos de esos que descendió a lo último de la pobreza. A pesar de ello, el galán asume un dialecto que es común entre los adinerados. En la obra de teatro Pigmaleón de George Bernard Shaw (adaptada al cine más tarde), el profesor de fonética Higgins apuesta convertir una pobre florista en duquesa. Se propone lograrlo enseñándole a la chica una nueva manera de expresarse, adecuada al dialecto propio de las clases pudientes. Esta obra de carácter social se ocupa de examinar cómo la distinción de clases es marcada por el habla, mientras que cuestiona la sociedad por juzgar a la gente como entes inferiores o superiores en función de su pronunciación y etiqueta. Galdós, a través del personaje de Francisco, propone burlarse de la supuesta ascendencia noble del personaje a través del dialecto que utiliza. A fin de que aclarar al lector esta intención, el narrador explica: “Sólo en nuestra sociedad heterogénea, libre de escrúpulos y distinciones, se da el caso de que un hidalguete, poseedor de cuatro terruños, o un empleadillo de mediano sueldo, se confundan con marqueses y condes de sangre azul”. (46) El hablante, Ponce, es un “pelagatos”, (46) pero su registro quiere dar a entender lo contrario. A pesar de su precaria situación económica, se niega a ser reconocido como un muerto de hambre. De hecho, su compueblana Paca, le adjudica el título de “caballero”, (“un caballero de principios, y que sabe tratar con las damas”. [28]) Obsérvese el estilo florido y salpicado de palabras prestadas del francés que adopta esta “alma de Dios” al contar sus reminiscencias, cuando está hablando con la joven Obdulia; quien naciera en la opulencia, pero cayera en desgracia:
“No digo más que lo siento. Esa mujer ideal no se me ha olvidado, desde que la vi en París, paseando en el Bois con el Emperador. La he visto mil veces después, cuando flaneo solito por esas calles soñando despierto, o cuando me entra el insomnio, encerrado las horas muertas en mis habitaciones. Paréceme que la estoy viendo ahora, la que veo siempre…Es una idea, es un… no sé qué. Yo soy un hombre que adora los ideales, que no vive solo de la vil materia. Yo desprecio la vil materia, yo sé desprenderme del frágil barro…”
La interlocutora le comprende y le aúpa: “Entiendo, entiendo…Siga usted,” le dice. Deducimos, por su respuesta, que para Obdulia el registro de Ponce no es extraño. Y Ponce, a su vez, nos inspira lástima y risa por la ridiculez de su pomposa manera de hablar que no es más que un intento patético por aparentar ser un burgués muy fino. El uso de “bois” -que significa bosque- y “flaneo” -que proviene de ser un flâneur, es decir una persona que se pasea sin prisa observando y gozando del paisaje- en boca del lánguido galán enfatizan la incongruencia y exageran la desconexión que existe entre la variante lingüística y la posición social de Francisquito.
Mientras Obdulia se deja transportar a un mundo irreal con las historias de Francisco Ponce y parecer comprender todo lo que dice, a Benigna le ocurre lo opuesto. Ella ve con claridad que es un pobretón y no entiende -a veces- lo que dice. Una expresión de Ponce, en particular, le resulta extraña e indescifrable: “Siempre echándola a usted de menos, Benina…y muy desconsolado cuando brilla usted por su ausencia,” le dice él, y ella le responde: ¡Que brillo por mi ausencia!… ¿Pero qué disparates está usted diciendo, Sr. de Ponte? O es que no entendemos nosotras, las mujeres de pueblo, esos términos tan fisnos…”. (44)
La pirueta del lenguaje la confunde y ella no logra descodificar la frase “brillar por su ausencia”, en consecuencia, deduce que es un disparate. Benigna es clara, directa y habla sin rodeos. (Rogers, 252) Ella conoce bien quien es Ponce:
“Voy a tener otra vez el gusto de dar de comer a ese pobre hambriento, que no confiesa su hambre por la vergüenza que le da…¡Cuánta miseria en este mundo Señor! Bien dicen que quien más ha visto, más ve. Y cuando cree una es el acabose de la pobreza, resulta que hay otros mas miserables, porque una se echa a la calle, y pide, y le dan, y come, y con medio panecillo se alimenta…Pero estos que juntan la vergüenza con la gana de comer, y son delicados y medrosicos para pedir; estos que tuvieron posibles y educación, y no quieren rebajarse…¡ Dios mío, qué desgraciados son!”, nos dice. (45)
No obstante, como mujer de pueblo que dice ser, Benigna no ha adquirido un grado de lenguaje que le permita acceder al código empleado por Ponce. El sociolingüista López Morales plantea que la clase obrera posee “un código restringido”. De ahí que en Benigna aparezcan las características propias de su clase: bajo nivel de competencia en términos de sintaxis y vocabulario. (57- 58) Su restricción la limita, por eso no descodifica la frase dicha por Francisquito. También, nótese cómo Galdós va modificando y ajustando el lenguaje de acuerdo a las circunstancias y/o el interlocutor. Graciela Andrade comenta sobre este fenómeno y dice considerarlo como una de las propiedades más notables del escritor. (31) De tal manera, el dialecto de Benigna se considera menos culto cuando interactúa con Ponce y más educado cuando se la compara con los mendigos.
Del grupo de mendigos uno, Almuneda, se destaca por su amistad con Benigna y por lo particular de su dialecto. Almuneda dice ser eibrio de nacionalidad (36), eibrio es como él pronuncia la palabra hebreo. Su español tergiversado lo hace, tal vez, el personaje más inolvidable y pintoresco de Misericordia. En sus diálogos encontramos una transferencia de la lengua materna, o mezcla de varios idiomas producto del “gran vaivén geográfico y lingüístico entre tres culturas, la Cristiana-judía-islámica/Africana ha distinguido a España de sus vecinos europeos”, (Wright, 101-103) A continuación presentamos un ejemplo: “Dar yo ti…vida…Perdoñar mi…Yorar yo meses mochas, si tú no perdoñando mi…Estar loco…yo quierer ti…Si tú no quierer mí, Almuneda matar di él sigo.” (70)
Estigmatizado por su condición de hombre marginado y marginal, Almuneda está doblemente marcado debido su procedencia, puesto que “las diferencias étnicas desempeñan un papel importante en los cambios lingüísticos, y los mismos estigmatizan” (al inmigrante). (López Morales, 255) Incluso hasta la misma Benigna, al pensar en la tierra de origen del africano, asume que “hablan una lengua de todos los demonios, y que seguramente se diferenciarían de ella por las costumbres, por la religión y hasta por el vestido, pues allá, de fijo andaban con taparrabo…” (71) Más adelante, concluye que es “una tierra maldecida” y “una religión de los demonios coronados” (72) No obstante, esto no supone un rechazo por parte de Benigna, quien llega a solidarizarse con Almuneda al punto de pedirle a Doña Paca que le de albergue junto con él. “Eres buena, buenísima; pero no abuses, hija; no me digas que venías a casa con el moro de los dátiles, porque creeré que te has vuelto loca,” le contesta. (114) Benigna sale en defensa de su amigo: “Si hubo misericordia con el otro, ¿por qué no ha de haberla con este? ¿O es que la caridad es una para el caballero de levita, y otra para el pobre desnudo?” Los argumentos no conmueven a Paca. Para reiterar lo inamovible de su decisión, termina diciendo: “No, hija, no: es cuestión de estómago y de nervios…De asco me moriría, bien lo sabes.” (115) La situación de Almuneda se tornará aun peor cuando se descubra que padece de lepra. En este personaje, convergen ceguera, enfermedad, pobreza y procedencia para retratar la más precaria de todas las situaciones encontradas en Misericordia. Es, de todos mendigos, quien ha caído más bajo. La suma de tantos pesares lo aparta y lo hace singular, aunque nada parece distinguirlo con mayor fuerza que su forma dialectal. Diríamos que es imposible imaginarse a Almuneda separado de su jerigonza híbrida y especial.
En conclusión, encontramos que los miembros de la clase alta tienden a expresarse empleando un dialecto conocido como “estándar”, que se caracteriza por “un mayor grado de vigilancia” al habla personal. (Halliday, 239) Dicho estándar es visto como un símbolo de prestigio. Los dialectos de las clases bajas, al alejarse del estándar, son consideradas como dialectos inferiores por las faltas o perturbaciones a la lengua que tienden a presentar. Al contrastar los intercambios lingüísticos entre uno y otro grupo, se revelan los niveles jerárquicos establecidos por la sociedad. Así, el dialecto empleado por cada personaje funciona como un indicador de la estructura social, ubicándolo en el lugar que ocupan dentro de ella. Encontramos que desde las primeras páginas, que Galdós marca la diferencia de clases contrastando el dialecto empleado por los mendigos con el de un personaje burgués llamado don Carlos. Don Carlos adopta como dialecto el castellano “estándar.” Luego, vemos que los mendigos no están igualados en la pobreza. Se aprecia en Benigna un mayor apego a las normas, aunque dentro del marco de un registro coloquial. El dialecto de Benigna difiere de aquel que hablan los demás mendigos de la parroquia. La heroína posee una mejor educación y mejores modales, pero esto no significa que tenga más autoridad. Por su parte, la patrona de Benigna demuestra su superioridad social al adoptar, primero el dialecto estándar y también por emplear un tono despótico e imperativo. Así mismo, apreciamos el efecto de desconexión que resulta cuando se usa un dialecto que no corresponde a la realidad del personaje. Como resultado, Francisquito es retratado como un desubicado social. Finalmente, en la figura de Almuneda, hallamos el más acentuado ejemplo de disparidad. En él convergen las desgracias de ser pobre, ciego, leproso y extranjero. Su procedencia acerva la tragedia, pues ser moro, en la España de Misericordia, es ser menos. Para transmitirnos la marginalidad del personaje, el autor se inventa un dialecto tan distintivo que resulta imposible evocar el personaje separado de él.

Trabajos Citados
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Chamberlin, Vernon A. “Deleitar Enseñando: Humor and the Didactic in Galdos’s Misericordia.” Simposio: A Quarterly Journal in Modern Literatures 48.3 (1994): 174-83. ProQuest. Web. 12 Apr. 2016.
Geisler, Eberhard., and Fracisco Povedano, eds. Benito Pérez Galdós: Aportaciones ocasión de su 150 aniversario. Iberoamericana, 1996. Frankfurt. Alemania. Impreso.
Halliday, M.A.K. El lenguaje como semiótica social. Fondo de Cultura Económica, 1979. México. Impreso.
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López Morales, Humberto. Sociolingüística. Gredos, 1989. Madrid. España. Impreso.
Montes Giraldo, José Joaquín. “Lengua, dialecto y norma.” Instituto Virtual Cervantes XXXV.2 (1980): 238-257. Web. 10 Apr. 2016.
Pérez Galdós, Benito. Misericordia. Np, 2016. San Bernardino, CA. Impreso.
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Rogers, Douglas. “El lenguaje y personajes en Galdós.” Cuadernos Hispanoamericanos 206 (1967): 243-73. ProQuest. Web. 9 Apr. 2016.
 Sánchez García, Francisco Javier. “Sociolingüística y Sociología del lenguaje”. Promotora Española de Lingüística (2013). Web. Mar.28.2016.
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Wietelmann Bauer, Beth. “For Love and Money: Narrative Economies in Misericordia.” MLN 107.2 (1992): 235-49. ProQuest. Web. 12 Apr. 2016.
Wright, Amy. “La Mirada y los marginados en la Misericordia galdosiana.” Anales Galdosianos 44-45 (2009): 93-112. ProQuest. Web. 12 Apr. 2016.

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