Charters en la horca

by Hergit "Coco" Llenas

de Hergit “Coco” Llenas

¿Cuál es la diferencia entre una escuela gubernamental y una escuela charter?
Rara vez los padres y madres conocen la respuesta, a pesar de no ser nada complicada, aunque poco conocida. Una escuela charter es una escuela que admite gratuitamente a cualquiera estudiante. Repito no se paga un centavo ni se tiene que pasar por un proceso de admisión, al igual que una escuela gubernamental.
En lo que se refiere a las finanzas, el dinero empleado para subvencionar charter proviene de las arcas públicas. Es decir, que cada escuela recibe un cheque por cada silla ocupada y ese cheque sale del presupuesto destinado a la educación escolar de todos los niños, como ocurre cuando se trata de una escuela tradicional.
Ahora bien, la mayoría de las escuelas charters NO gozan de un edificio proporcionado por el distrito escolar. Tampoco tienen acceso a los autobuses amarrillos. En consecuencia, le cuesta menos al Estado educar nuestros hijos en ellas, pues la transportación la paga el padre y la renta, el operador. Por eso, es común que la mesa directiva se dedique a recaudar fondos privados para sostener ese, entre muchos otros gastos.
En cuanto a la administración, quienes gobiernan la escuela no son empleados de la burocracia distrital, sino educadores, padres, maestros, entre una variopinta lista de individuos que se unen al esfuerzo de hacer realidad una visión. La visión puede aspirar a capacitar en áreas específicas: sea bien en lectura y escritura, ciencias, carreras vocacionales, deportes, ¡en fin!, en cualquier concentración- si es que adopta una.
Por desligarse de los distritos y sus convenios gremiales, estas escuelas gozan de mayor latitud en cuanto a la selección del curriculum, horas de operación, selección y retención del personal, etcétera. Esto se traduce, por ejemplo, en la posibilidad de ser más creativos, de extender las horas de instrucción, de poder despedir a los maestros mediocres.
En lo relativo al acceso, las charters rompen con las limitaciones de enviar los niños a escuelas asignadas en función de un código postal, con lo cual abren sus puertas a cualquier niño, venga del barrio que venga.
Desde que el expresidente demócrata Barak Obama aplaudió su creación, las charters han crecido en demanda y en popularidad a tal punto de que es difícil encontrar una buena charter donde no haya una laaaaaaarga lista de espera.
Cualquiera pensaría que considerando: -que es menos costosa para el Estado, -más accesible para aquellos que viven en vecindarios de escuelas tradicionales reprobadas y/o reprobables, -y con más capacidad para la innovación y el ingenio, este tipo de escuela debería estar multiplicándose, en vez de reduciéndose. No obstante, el liderazgo demócrata se volcó contra de ellas en muchos lugares durante la sesión legislativa que recién acaba de concluir. En Nevada, votaron para que se suspendiera por cinco años la apertura de nuevas charters. A su vez, la plataforma educativa del candidato Bernie Sanders promete convertirse en su guillotinador.
No me aventuro a especular quienes ganan con estas restricciones, pero sin lugar a dudas, quienes pierden son los millones de niños beneficiándose ellas, así como los otros tantos deseosos de algún día poder hacerlo.

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