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Hablemos de educación

Tag: k-12 education

UN ABISMO DIGITAL


El veinticinco por ciento de las familias en los Estados Unidos que ganan por debajo de treinta mil dólares ($30,000) al año no tienen acceso al internet. En septiembre de 2017, un Comité Mixto Económico del congreso ya había descubierto cuan profunda era esta problemática entonces- y más aún ahora.

El informe explicó que las minorías sufren en mayor proporción la falta de acceso al internet. Se encontró que 30% de las familias negras, 26% de las hispanas y 35% de las indígenas no tenían en sus hogares conexión con la red. Este cálculo no incluyó los teléfonos inteligentes que suelen contar con un plan de manejo de datos, pero que no alcanzan para servir a cada niño que está aprendiendo a distancia y a sus computadoras individuales.

En las zonas rurales, la imposibilidad de conectarse a una banda WI-FI se debe, en muchos casos, a la ausencia de antenas. Por eso, el Departamento de agricultura ofreció recientemente $86 millones de dólares en préstamos para expandir el internet en los campos de los Estados Unidos. Esa propuesta data de junio de este año y está aún detenida en el congreso.

En ciudades tan metropolitanas como New York, 38% de las familias de escasos recursos no tienen con qué pagar por este servicio. En un artículo de Mark Lieberman titulado Internet Access Is a Civil Rights Isssue, el autor recuenta la historia de los niños sentados en estacionamientos públicos buscando una banda gratuita a la cual engancharse, para así entrar al salón de clases virtual, que es el único salón al que están asistiendo millones de estudiantes en estos momentos.

En el país más rico del mundo, este tipo de brecha no es únicamente un asunto de disparidades. Es más, “es un asunto alarmante e inaceptable”, expresó Lieberman. Al mismo tiempo, existen soluciones. Entre ellas, se propone la creación de una red de internet que llegue a todos los hogares. Esto podría darse a través de estímulos federales, de iniciativas municipales y de proyectos público/privados.

Por ejemplo, en Chattanooga (Tennessee), se ofrece una alternativa pública al servicio privado. “La fibra óptica de la ciudad se esparce por 600 millas cuadradas y llega a cada casa y cada negocio de Chattanooga”, dijo con orgullo Andy Berke, el síndico de la ciudad. Dicha competencia ha ayudado a mantener los precios controlados y eso ha permitido que más personas se conecten con el servicio. Otro ejemplo, es el programa ofrecido por el Bureau of Indian Affairs, cuyo propósito es subvencionar un estudio de factibilidad para desarrollar y/o expandir un sistema de redes dentro del territorio tribal.

Mientras todas estas piezas caen en su lugar, creemos que las organizaciones comunitarias juegan un papel importantísimo en el trabajo de aliviar esta crisis. Así lo hizo Nevada School Choice Coalition (NSCC), una entidad sin fines de lucro y no partisana, responsable de entregar cientos de computadoras a familias necesitadas de Nevada.

Medidas como las de Chattanooga, NSCC o del Bureau of Indian Affairs necesitan ser amplificadas a fin de acabar con la brecha digital, que es como se ha nombrado el fenómeno de falta de acceso al internet. Un fenómeno que afectó a 15 millones de estudiantes de las escuelas públicas esta primavera, los cuales carecieron de conexiones adecuadas. ¡Y de ahí, la urgencia!

“Educar la mente sin educar el corazón no es educación en absoluto” (Aristóteles)

El confinamiento ha producido en los alumnos consecuencias psicológicas que van desde “la aparición de una mayor agresividad e irascibilidad, un incremento de rabietas, hasta un retroceso en el control de esfínteres en los más pequeños”, según han señalado algunos psicólogos clínicos y educativos cuyos estudios aparecen citados en Educaweb.com. Albert Einstein solía decir aprender es experimentar y todo el resto es información.  Así explicaba el genio la importancia de las emociones en el proceso de enseñanza-aprendizaje.

Desde antes de la pandemia, la educación ha estado experimentando un proceso de gran innovación durante el cual han aparecido nuevas metodologías. Estas metodologías miran al estudiante no como un simple receptor de la información, sino como un agente activo de su propio aprendizaje. De esta forma, dichos modelos incorporan a la agenda diaria elementos tales como la diversidad de intereses, motivaciones y capacidades. ¿Cómo luce esto?… partiendo de los intereses del alumnado, se crea un clima para trabajar en colaboración desde el cual se resuelven los problemas mediante el diálogo y el acto intencional de escuchar, lo cual parecería ser obvio y hasta sencillo.

No obstante, la práctica es casi ajena a la educación escolar por varias razones. En primer lugar, en muchas escuelas faltan guías para enseñar competencia emocional. Luego, el estilo académico imperante tiende a hacer del maestro (y no del niño) la figura central en las aulas; sobre todo en la etapa infantil donde el énfasis se concentra en aprender a leer y escribir. Después, en la primaria y secundaria, el profesor va de prisa para cumplir a tiempo con todos los contenidos del currículum. Esto no permite que haya un espacio designado para lidiar con las emociones, las cuales se quedan relegadas, si acaso a momentos de tutoría. Desde luego, no todos los planteles ofrecen a cada niño una hora semanal de tutoría. Por ende, la educación emocional se queda en el olvido.

Llegados a este punto, cabe preguntarse: ¿no se aborda la educación emocional únicamente por falta de tiempo o por falta de formación de los docentes?… “El profesorado necesita formarse en materia de educación emocional para poder disponer de los conocimientos y los recursos necesarios para abordar las emociones que surgen en el aula. De no estarlo, le será casi imposible conseguir que el alumnado sea emocionalmente competente tanto en lo relativo a su formación como a su vida familiar”, explicó Laura Carpintero López – quien es orientadora educativa-.
¿Cómo se puede impartir educación emocional de calidad si los docentes no se han educado con anterioridad en esa área?… Rafael Bisquerra plantea que la competencia emocional es esencial en los docentes para gestionar de manera adecuada el estrés y la ansiedad que a menudo genera su profesión. “Los maestros tenemos la obligación de abordar la educación de manera más equilibrada, lo cual implica integrar las emociones a la parte intelectual y de conducta”, agregó Carpintero López.

Para concluir, durante el confinamiento ha habido una toma de conciencia sobre las enormes repercusiones que tienen las emociones en el proceso de enseñanza-aprendizaje. A su vez, la neurociencia postula que de esta competencia depende también el éxito personal y social de nuestros niños. Por eso, ahora más que nunca hay que garantizar su desarrollo integral. De ahí que, lanzamos un reto para que se deje de poner la atención exclusivamente en los contenidos curriculares y en los resultados académicos y, a cambio, se ponga también la mirada en el proceso de enseñanza-aprendizaje y en la cantidad de emociones que de allí se generan.

Escolaridad desde cualquier parte

            De la misma manera que el concepto de trabajar desde la casa ha abierto nuevas oportunidades sobre cómo y desde dónde se desempeñan las labores, el concepto de escolaridad desde cualquier parte también está echando raíces en la conciencia popular. Y es que, si estamos forzados a aprender remotamente, ¿cuál es el uso de solo aceptar lo que ofrece la escuela de la esquina, si podemos escoger cualquier otra opción dentro del amplio menú de programa educativos en línea?

Hasta hace muy poco tiempo hablamos de educar en el hogar como algo que hacían por su cuenta algunos padres “raros”. Ahora, nos sorprendemos al ver la variedad y la sofisticación de los programas ofrecidos en el internet. Esto debería poner en alerta a los maestros de escuelas públicas, quienes tal vez no advierten que su postura en contra de la apertura de las escuelas no les beneficia en lo más mínimo.

Cualquiera pensaría que el orden natural de las cosas es que los padres, preocupados por la salud de sus hijos, se opusieran a mandarlos a las escuelas, y que los maestros se pelearan por recibirlos. En ese orden, el maestro mantiene su relevancia y se convierte en alguien esencial. Sin embargo, resulta que el asunto es al revés: El gremio que representa a los docentes insiste en que el miedo a enfermarse debe mantener a los maestros en sus casas y los persuade de no regresar a sus respectivos salones de clases, lo cual nos deja un poco perplejos. 


De súbito, al observar el despegueque están han experimentado los módulos escolares organizados orgánicamente por las familias y la alta matriculación de las escuelas parroquiales, es evidente que el magisterio dentro de los distritos corre la suerte de volverse irrelevante. 
En la medida en que más y más familias se dan de baja de las escuelas públicas e inscriben a sus  hijos en colegios privados, algunos condados -como por ejemplo en Montgomery (Maryland)- han intentado prohibir la reapertura de instituciones privadas. 

Y aunque esos esfuerzos han triunfado en otros municipios, lo cierto es que nada puede impedir que una familia saque a sus niños de la escuela gubernamental y los pongan a estudiar desde la casa o en espacios conocidos como learning pods, que son pequeños grupos de estudiantes que de reúnen a aprender juntos con la ayuda de un maestro o tutor

Sin proponérselo, los representantes gremiales están promulgando la falta de importancia del maestro. Por un lado, existe un riesgo real de contagio. Por el otro, ese mismo riesgo lo han tomado pormeses todos los trabajadores del país considerados indispensables. 

Si los maestros de las escuelas públicas no pueden arriesgarse, entonces dicho acto los auto-clasifica como no esenciales. De este no ser el caso, entonces sería prudente que ellos fueran los primeros en empujar por la reapertura pronta y segura de los planteles públicos, porque mientras más se lo piensan, más familias se deciden por el éxodo prematuro hacia escolaridad desde cualquier parte. Y eso podría llegar a ser muy bueno para los padres y no tan bueno para los maestros sindicalizados.

Una buena noticia para la democracia

La Suprema Corte de Justicia de Estados Unidos emitió una decisión en el caso de Espinoza versus Montana Department of Revenue, que podría cambiar el panorama de toda la nación en lo que respecta a opciones escolares. También sobre el derecho de los padres a ejercer la libre selección de escuelas, cuando se trata de la educación escolar (K-12) de sus hijos.

Montana es uno de los 37 estados en los que existe una enmienda conocida como “Blaine Amendment”, promulgada en 1875 con el fin de excluir de la distribución de fondos públicos a cualquier escuela que profesara una afiliación religiosa. Usando la enmienda como herramienta, a una madre de Montana —Kendra Espinoza— se le negó el derecho de mantener a uno de sus hijos en una escuela privada/religiosa, a través de una beca de crédito fiscal o tax credit scholarship. Junto a otros padres, la familia Espinoza entabló una demanda contra el estado de Montana.

Con el veredicto a favor de Kendra, la Corte ha reconocido la naturaleza discriminatoria de la enmienda, afirmando por fin la constitucionalidad de los programas de opciones escolares. Al mismo tiempo, la decisión de la Suprema Corte revirtió el veredicto que la corte estatal de Montana tomara en contra del programa de becas. “El origen de leyes como Blaine proviene del siglo XIX y nació de un sentimiento de discriminación contra aquellas personas que profesaban la religión católica”, dijo John Schilling, presidente de la Federación Americana para los Niños (AFC, por sus siglas en inglés).

Los opositores han empleado la enmienda para desarticular el poder de los padres a escoger otra escuela que no sea la pública-tradicional. Y tanto en Montana como en otros estados, han sido exitosos arrebatando del menú toda oferta escolar que no fuera la laica. Así, el fallo recalca el derecho a la libertad religiosa y con tal medida queda estipulado que la Constitución de este país no permite discriminar contra nadie debido a la fe que profesa. Y esta es buena noticia para la democracia.

Este es el tercero de una serie de casos judiciales que se han ganado a favor del acceso a programas de opciones escolares. En 2002, los vales educativos fueron declarados constitucionales y en 2011, la Corte rechazó el argumento de que las escuelas privadas tienen prohibido participar en programas de becas de crédito fiscal. Dichas becas emplean recaudaciones de fondos de empresas y personas privadas, quienes a cambio reciben un crédito a través del Departamento de Recaudación de Impuestos.

Entonces, ¿qué pasará en los 37 estados cuya Constitución incluye una enmienda Blaine?

Pues, con esta decisión se abre una puerta para tener conversaciones reales con respecto al derecho de elegir la alternativa educativa que mejor se adapte a las necesidades de los niños. Además, es una oportunidad para que las opciones escolares se expandan en todo el país, lo que permitiría que la gran mayoría de padres logren cumplir su objetivo.

Se anticipa que el siguiente paso de este movimiento de reforma educativa será conseguir un programa de becas de crédito fiscal federal que sea sostenible e inclusivo. Pero esa es la próxima frontera. Por hoy, celebremos la victoria del caso Espinoza y los efectos favorables que el fallo tendrá en la vida de las familias de Montana y más allá.

Una buena noticia para la democracia

Diversificación de la educación

Por Hergit “COCO” Llenas

Dice un proverbio que la fortuna favorece a los valientes. Si alguna vez ha habido una oportunidad para que los líderes de la educación reexaminen su manera de ver y de invertir los recursos necesarios para afrontar los retos del presente, esa oportunidad es ahora.

Bruce Hermie, un veterano director de escuela quien trabaja en el campo de reformas educativas para la American Federation for Children, dijo en un artículo publicado la semana pasada que, a raíz de la pandemia del Corona Virus, los educadores están navegando en aguas completamente desconocidas. Esto debido a “que todos los planes que se hicieron en enero con respecto a los presupuestos o al manejo de las plataformas digitales quedaron -de golpe- pulverizados”. Con el impacto fiscal que esta crisis ha tenido en las finanzas personales, institucionales, estatales y nacionales, cabe preguntarse ¿cuáles serán las ramificaciones a largo plazo que los inevitables cortes tendrán en el crecimiento y la vitalidad de las escuelas?

Ahora más que nunca es imperativo que los líderes de la educación piensen no solo en cómo sobrevivir la realidad inmediata, pero también en cómo encontrar la inspiración y la valentía imprescindibles para que, al salir de esta crisis, las escuelas afloren más fuertes y efectivas. De no ser así, los estudiantes, maestros y la comunidad pagaran un alto precio.

Recientemente, USA Today publicó una encuesta en la cual se encontró que 1 de cada 5 maestros dijo que no se va a reportar a trabajar este otoño. Otra encuesta, indicó que el 60% de los padres está dispuesto a continuar educando a sus hijos desde casa o buscar otras opciones escolares antes que enviarlos de regreso a un plantel. Armados con esta información, los educadores deben prepararse, ajustarse para enseñar a través de clases hibridas, a distancia, presenciales o cualquier otro modelo que responda a los escenarios tan inusuales que el ahora amerita. Y antes de decidirse por uno u otro modelo, lo recomendable sería que los padres y los estudiantes sean quienes decidan el método más adecuado para ellos. De manera que la respuesta esté en sintonía con sus propias realidades.

No es típico que las escuelas dejen decidir a los destinatarios cómo lucirá el producto de la educación, pero cabe preguntarse: ¿si no es ahora, entonces cuándo?… ¿Por qué no dejar que los maestros y los padres planeen cuanta enseñanza se impartirá en línea y cuanto en persona? De esta forma, sería el destinatario/usuario quien dictaría los términos y no, como suele ser el caso, que la cola menee al perro, en vez del perro menar la cola. Es decir, que los sistemas educativos se ajusten a las familias y no al revés.

Al mismo tiempo, los maestros que no quieren arriesgarse a volver a un salón, podrían continuar educando desde sus casas. Además, esta alternativa ayudaría a acelerar el desarrollo profesional de los docentes en cuanto a sus habilidades para impartir clases a distancia, lo cual favorecería la evolución general de las competencias y estrategias de esta modalidad.

Antes que lamentarse, las escuelas podrían asir esta oportunidad con valor para lograr la fortuna de diversificar la educación de una y vez por todas. A corto plazo, esta diversificación permitiría una reducción en el número de estudiantes por clase, facilitando así el distanciamiento social requerido bajo las presentes circunstancias. A la larga, esta flexibilidad expandería el acceso a otros y nuevos medios de entrega del servicio educativo. Ya, miles de familias requieren dicha flexibilidad por razones que van desde la salud hasta la ventaja de tener horarios más flexibles. Y desde luego, es de esperarse que los padres se motivarán a estar más involucrados.

Las escuelas que se empeñen en hacer las cosas como antes, arriesgan quedarse fuera de control y las más imaginativas, resurgirán fortalecidas si demuestran la capacidad de ajuste que nuestros niños tanto necesitan en estos momentos.

El poder de los padres

Hergit “Coco” Llenas
DIRECTORA DE PARTICIPACION HISPANA
PARA LA AMERICAN FEDERATION FOR CHILDREN

En este mes se cumplen 23 años de la muerte de Paulo Freire, un profesor y pensador que desarrolló el método Freire, el cual es un modelo educativo creado para alfabetizar las masas. Su nombre y su obra han marcado un punto y parte en la historia de la Educación en Latinoamericana y el mundo.

Para Paulo Freire la educación es un movimiento de carácter político. En uno de sus libros más famosos, La pedagogía del oprimido, el activista explica que, el problema educativo se resolverá cuando los oprimidos se concienticen de su situación y puedan lograr sus anhelos de cambio. Y para que esto ocurra, tendrán que entender que el cambio habrá de partir de ellos mismos y no del sistema. Ese sistema es parte de un mundo donde unos pocos tienen el poder, la riqueza y la tierra. A los dueños del poder, a quienes el revolucionario pensador describe como los opresores, no les interesa que la masa se eduque y piense por sí misma.

De la misma manera que encontraron oposición los campesinos que lucharon por la Reforma Agraria al querer poseer tierras y ser propietarios, así mismo en el ámbito de la educación, se llegará a un punto de plenitud y justicia social cuando los pueblos que viven sometidos a fuerzas sociales superiores se liberen del yugo de una educación tradicional. ¿Por qué?… porque la educación tradicional está diseñada para que los niños reciban cierto contenido y lo repitan sin cuestionar, el lugar de tener una visión crítica de la realidad.

Sostiene Freire que hay que desechar el modelo de enseñanza “bancaria” y remplazarla por una nueva manera de impartir docencia que no requiera la memorización y la repetición, sino el diálogo y el pensamiento crítico. La educación bancaria es descrita como “la concepción de la educación como un proceso en el que el educador deposita contenidos en la mente del estudiante”. El resultado sería entonces que “la pedagogía del oprimido, deja de ser del oprimido y pasa a ser la pedagogía de los hombres en proceso de permanente liberación”. Y agrega: “Mi visión de la alfabetización va más allá del ba, be, bi, bo, bu. Porque implica una comprensión crítica de la realidad social, política y económica en la que está el alfabetizado”.

De tal visión surgen las preguntas que cuestionan el estado de las cosas: ¿Por qué no tengo acceso a la educación que mis hijos merecen?, ¿por qué no enseñan educación financiera a fin que “el secreto” de hacer y multiplicar el dinero sea aprendido entre todos por igual? ¿por qué se hacen las decisiones más críticas sobre la educación de mis hijos sin mi participación?

En resumen, y parafraseando a Freire, hay que dejarse de ingenuidades y pensar que una nueva forma de entender el mundo va a ser un acto liberador gestionado por quienes inventaron la educación estandarizada. Aquellos que han creado la jaula ideológica no la van a desarmar por gusto. Les va a tocar a quienes buscan liberarse, padres, madres, masa, pueblo, unirse y empujar desde su empeño por un nuevo paradigma.

Lo que trajo la pandemia

Por Hergit “Coco” Llenas
Directora Nacional de Participación Hispana
para la American Federation for Children

La tarea de educar a nuestros niños en el hogar tomó a muchos por sorpresa, pero después de un mes de necesarios ajustes, las familias están encontrando su ritmo. Poco a poco, la memoria de cómo dejar que los estudiantes lleven la delantera ha regresado y, en muchos casos, ha regresado para quedarse.

Para Lila, una madre boliviana que vive en Florida y cuyo pequeño actualmente cursa la primaria, no habrá vuelta atrás. No solo ha decidido que su niño no volverá a un plantel tradicional, sino que además se ha lanzado a organizar otros padres para juntos fundar una cooperativa que le permita ocuparse personalmente de la educación de sus hijos.

La idea no es nueva. Más de dos millones de padres de Estados Unidos llevan años ejerciendo este derecho.

En el presente, entregar a un sistema la responsabilidad de educar a su niño, le parece una pesadilla de la cual tenía que despertar. Los días de hacer fila alrededor de la cuadra para dejarlo frente a los portones del campus, buscar quien pudiera estar disponible a la hora de recogerlo, pagar por su cuidado hasta salir del trabajo y todo lo demás que dicho proceso conllevaba, ha quedado en el ayer.

Lila posee una personalidad curiosa y, gracias a ella, dice haber encontrado tantos recursos que, “quien no conoce bien a sus hijos, se podría perder en un laberinto de materiales y clases en línea”.

“Fíjate, en tres o cuatro horas cubrimos una gran cantidad de material, quizás más de lo que se cubriría en una escuela, ya que mi atención no está dividida y la de mi niño tampoco. ¡He descubierto tanto sobre él!, lo que se le hace fácil o difícil. Ya no es un problema para mí ponerlo a trabajar, independientemente en lo que aprende con rapidez, y luego, sentarme con él a navegar las partes donde tiene menos fortaleza. Además, me tranquiliza pensar que ya no le acosan en la escuela, que come comida casera y que tiene la libertad de volcarse en aquellas cosas que le apasionan, como el arte y -en particular- el dibujo y la danza”, agregó.

Por su parte, Lila ha reinventado su negocio. Como life coach o instructora de vida, ha movido sus consultas a plataformas virtuales como Skype y Zoom. En el pasado, sus clientes se encontraban con ella en persona. Dadas las restricciones del momento, Lila ejerce su profesión desde la comodidad de su casa.

“Ambos (mis clientes y yo) hemos aprendido a hacer las cosas de manera diferente. Lo mismo está pasando con la escuela. Mi comunicación con la maestra y el personal también ha cambiado. Todo ocurre en línea, pero irónicamente siento que ahora es más personal y las conversaciones son mucho más significativas que antes”, reconoce.

Así, cada semana la maestra y la mamá se reúnen en un espacio virtual a conversar sobre los avances y los retos del niño. Las circunstancias no son ideales, pero la llegada de la pandemia está logrando con los padres lo que los reformadores se han pasado una vida proponiendo: que, de una vez y por todas, es tiempo de repensar y reinventar la educación escolar.

@hergit11

Lo que trajo la pandemia

La capacidad de recuperación de los sistemas educativos

Se estima que ya son 112 países donde se ha reportado al menos un caso del coronavirus y entre los grupos más afectados por el cierre de locales y eventos, se encuentran los niños, quienes han visto interrumpido su proceso de aprendizaje. De acuerdo a la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura ( UNESCO),  ahora mismo hay 363 millones de alumnos en todo el mundo que se han quedado sin escuela.

Para responder a la falta de acceso a los centros educativos y como medida preventiva para evitar la propagación de la enfermedad, la UNESCO ha sugerido buscar soluciones a través de la creación de una “comunidad de práctica más amplia para mejorar el intercambio de conocimientos, el aprendizaje entre iguales y la creación de capacidad en materia de aprendizaje abierto y a distancia.Estamos entrando en un territorio inexplorado y trabajando con los países para encontrar soluciones de alta tecnología, baja tecnología y sin tecnología para asegurar la continuidad del aprendizaje“, ha explicado la directora general de la UNESCO, Audrey Azoulay.

Además, la UNESCO ha compartido una lista de aplicaciones y plataformas de aprendizaje gratuitas a fin de que los maestros, padres y alumnos la empleen de manera inclusiva y con equidad. “Nos enfrentamos a una situación inusual con un gran número de países afectados por el mismo problema al mismo tiempo. Necesitamos unirnos no sólo para abordar las consecuencias educativas inmediatas de esta crisis sin precedentes, sino también para aumentar la capacidad de recuperación a largo plazo de los sistemas educativos“, ha dicho Stefania Giannini, subdirectora general de Educación de dicha organización.

A su vez, Ryan Baker, director del Penn Center for Learning Analytics, plantea la educación virtual como una de las posibles soluciones para lidiar con esta situación en particular. Si se pretende que las escuelas sigan funcionando, “deberán mudarse a sistemas de aprendizaje remotos. De esta forma, los niños no tendrán que exponerse al virus al ir a la escuela, pero no tendrán que sacrificar su tiempo de aprendizaje por ello”, declaró.

A fin de lograr este objetivo,será imprescindible que los profesores empiecen a familiarizarse con las herramientas de aprendizaje ofrecidas en el internet como Google Classroom, ASSISTments o Khan Academy. Así como también con nuevos espacios de interacción, como por ejemplo: las videoconferencias, las cuales quizás no sirvan para niños de primaria, pero podría ser una solución para alumnos de niveles más altos de preparatoria y a nivel universitario.

De hecho, Baker opina que, sobre todo en las escuelas de las zonas más adineradas, podría darse un drástico salto al estilo de aprendizaje basado en la web. Inclusive, puede ser que muchos de estos métodos se mantengan luego de pasada la crisis. No hay mal que por bien no venga, como reza un viejo proverbio y, al parecer, el coronavirus va a forzar el aceleramiento de medidas que promuevan la innovación, el acceso y la inclusión, con lo cual esperamos se mitiguen las desigualdades imperantes en la educación escolar

Maestros y soluciones al déficit

Las escuelas privadas emplean personal en ruta alterna al magisterio o sin el título de una facultad de educación. Curiosamente, es un dato que algunos grupos han empleado para demonizar la educación ofrecida por estas escuelas, culpándolas de ser negligentes.

La falta de maestros es uno de los tantos retos que enfrenta la educación escolar (K-12). Las facultades de educación no producen graduados en un número lo suficientemente alto para suplir todas las plazas disponibles. A fin de contrarrestar el déficit, los distritos escolares han creado alternativas para acceder al puesto de maestro.Con una especie de permiso temporal, un egresado de una carrera que no es la educación (por citar un caso) podría ejercer el profesorado, al tiempo que toma las materias correspondientes para capacitarse de manera formal. Esta opción le permite al sistema suplir con mayor rapidez la enorme necesidad de personal docente.

En algunos casos, los distritos recurren a reclutar maestros de otras ciudades atrayéndolos con un paquete de compensación más competitivo. Aunque esta idea le resuelve el problema al mejor postor, es solo una solución a medias porque se lleva los maestros de los distritos escolares con menos recursos, dejándolos en peor estado del que ya se encontraba. Al quitarle la ropa a un santo para vestir a otro, no se soluciona el problema general, únicamente se resuelve la situación local.

En ciertos estados, como Nevada, cada año escolar inicia con un déficit de 700-900 maestros, por lo que el Clark County School District ha optado por reclutar fuera del país. Así, se le han ofrecido visas de trabajo a profesionales de la educación de Filipinas, entre otros países donde existe una población universitaria con dominio del inglés como segunda lengua. El experimento ha tenido sus baches, en parte por el elemento de choque entre ambas culturas, pero también ha tenido sus éxitos.

Además, se ha recurrido incluso a la práctica de dotar a los dreamers con permisos de trabajo, siempre y cuando quieran entrar a estudiar, y luego a
ejercer, el magisterio. La propuesta huele un poco a soborno, pero en tiempos desesperados se necesitan disposiciones en igual medida desesperadas. Ojalá que la preparación y el permiso de trabajo vengan de la mano con una verdadera vocación de servicio. Los resultados están por verse.
Otra manera de mantener un flujo constante de maestros es a través de un programa que recluta a jóvenes recién egresados de las universidades. La organización laica más conocida en esta labor es Teach for América (TFA).
Entre los reclutados de TFA, que he tenido el placer de conocer, noto que lo que les falta en horas de preparación académica formal, les sobra de pasión y corazón.

Para estos muchachos y muchachas también hay un elemento de choque cultural. Un gran porcentaje de candidatos de TFA proviene de estratos socioeconómicos acomodados. Cuando los envían a trabajar en escuelas localizadas en los barrios más deprimidos de los cascos urbanos, para ellos es un despertar repentino a otra “américa”, una que he escrito en minúscula porque es una nación triste y desgarrada.

Entonces, para recapitular, las escuelas gubernamentales están repletas de personal en ruta a/o sin capacitación formal en el magisterio, y eso es aceptable, pero ¿no lo es para una escuela no-gubernamental? ¡Menuda paradoja!

Maestros: Déficit y alternativas

Carreras vocacionales

En los Estados Unidos existe un estigma cuando se trata de carreras vocacionales, según una encuesta publicada en noviembre que revela el mal entendimiento y la percepción negativa que existe en torno a las escuelas vocacionales, como lo expusiera Selene Rivera en su artículo: Hay demanda de trabajadores vocacionales, pero muchos jóvenes prefieren salarios mínimos.
Ninguna edad es muy temprana para comenzar a planear para el futuro de nuestros hijos. De hecho, lo ideal es comenzar a planear desde la escuela primaria. Sea un trabajo, una licenciatura, una escuela vocacional o técnica, hay que ir pensando en cómo ayudar al niño después de la graduación a encontrar su ruta o vocación.
Un estudiante puede tomar clases vocacionales desde el primer año de la escuela secundaria. A veces, esas clases apoyan el plan de estudios académico y son ofrecidas en escuelas especiales llamadas centros vocacionales. También los colegios comunitarios ofrecen programas vocacionales y técnicos de dos años, los cuales resultan ser una estupenda manera de capacitarse para una variedad de trabajos.
Una de las ventajas de escoger una escuela vocacional o comercial es poder adquirir una carrera a más bajo costo, pues “la deuda estudiantil en la cual se incurre es menor y facilita una entrada más rápida en la fuerza laboral que un título de cuatro años” según estableció un informe de Metal Supermarkets que es una firma internacional proveedora de metales.
“A pesar de las crecientes deudas de préstamos estudiantiles y la progresiva demanda mundial de puestos de trabajo calificados con gran seguridad laboral, la mayoría de los jóvenes todavía creen que asistir a la universidad tradicional es la única ruta hacia un futuro exitoso”, dice Stephen Schober, presidente y director ejecutivo de la compañía.
Para saber elegir un BUEN centro de formación vocacional o técnica, es menester preguntarse si la taza de graduación de dicho lugar es alta o baja. Es decir, ¿cuántos de sus estudiantes terminaron el programa? Pocos graduandos podría ser un indicativo de que a los estudiantes no les gusta el programa. Además, sería importante enterarse: -de las estadísticas de inserción laboral (que se traduce en el número de empleos encontrados una vez el estudiantado se gradúa). El nivel de endeudamiento al momento de la graduación (¿cuántos préstamos se tomaron para estudiar en esa escuela y qué porcentaje está atrasado con el pago?). Y qué opinan los estudiantes de sus experiencias como participantes de un programa determinado.
Mientras más informado logremos estar, mejor. De esta manera, se evita la falta de conocimiento sobre las escuelas y carreras profesionales, un desconocimiento que va en contra de las tendencias laborales actuales. Porque de acuerdo a Schober y al Departamento de Educación de Estados Unidos, las personas con educación comercial y técnica pueden tener más de probabilidades de ser empleados.
Planear el futuro de nuestros hijos