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Hablemos de educación

Tag: reforma educativa

Padres unidos no serán vencidos

Entra un nuevo jugador a la arena de las políticas públicas dirigidas a la educación escolar (K-12). Se trata de los padres, quienes hasta la fecha han estado en la mesa de negociaciones más como parte del menú que como agentes de cambio con voz y opinión propias.

Las encuestas políticas muestran la creciente importancia de la educación en la mente de los votantes, especialmente en los sectores más marginados de la sociedad norteamericana. En el pasado, la falta de conocimiento para organizase y movilizarse ha frustrado los intentos de hacerse sentir, pero ¡eso está a punto de cambiar!

Gracias a dos latinas frustradas con el sistema, se ha formado un sindicato de padres con todos los elementos estructurales del sindicato obrero. De hecho, Keri Rodrigues (Massachusetts) y Alma “La Comadre” Márquez (California) fueron en otros tiempos organizadoras de campañas políticas y movimientos sindicales.

La visión de estas mamás-ninjas es conseguir que el balance de poder se incline de una vez y por todas del lado de las familias. Para lograrlo, la National Parents Union (Sindicato Nacional de Padres, en español) aspira a capacitar a nuevos líderes y a compartir estrategias ya probadas que transformen la voz de los padres en un instrumento tan sofisticado como numeroso. Quieren nivelar la falta de equidad imperante dentro de la maquinaria de las escuelas públicas.

Ambas mujeres han tenido que batallar con la manera hostil en que fueron tratadas cuando tuvieron algún cara a cara con el distrito y las escuelas. Su situación era absurda. Por un lado, a los padres se les acusa de no involucrarse lo suficiente en la educación de sus hijos y, por el otro, algunos se molestan cuando están muy involucrados.

“Nos tratan como si fuéramos incapaces de pensar por nosotras mismas”, dijo Rodríguez en una entrevista. Históricamente, las prácticas y políticas públicas se han enfocado en crear nuevas escuelas, subir los estándares, pagar mejores salarios a los maestros, y otras decisiones que se toman entre tecnócratas, sin preguntar a las familias de escasos recursos. A estas últimas, a su vez, les preocupa la violencia y las armas, el acoso escolar, las necesidades especiales de sus hijos o el aislamiento que sufren los pequeños con enfermedades mentales. Al parecer, existe una profunda desconexión entre los que deciden y aquellos sobre quienes se decide.

“Los padres no queremos envolvernos ni mantener comunicación con gente irrespetuosa”, continuó Rodríguez. “Nosotros no vamos a marchar en pos de modelos gubernamentales. De la única manera que esto va a funcionar es si escuchamos auténticamente a los padres”. De lograrlo, serán ellos quienes propongan soluciones a los de cuello y corbata, y no al revés. Esto, en mi opinión, tiene mucho más sentido.

@hergit11
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Madres y padres unidos, jamás serán vencidos

Madres y padres unidos jamás serán vencidos


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Madres y padres unidos, jamás serán vencidos


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Madres y padres unidos, jamás serán vencidos

Madres y padres unidos, jamás serán vencidos

Madres y padres unidos, jamás serán vencidos

Para la educación, el futuro es hoy

de Hergit “Coco” Llenas

El progreso es indetenible; la expansión, inevitable. A medida que crece el entendimiento, las fronteras alzan sus tiendas y se ruedan unas cuantas yardas, metros o kilómetros más adelante. Nada es estático. Todo cambia. Lo evidencio a diario en el pulsar de dos pulgares que marcan las teclas de un teléfono móvil a una velocidad vertiginosa.

Ambos hemisferios cerebrales operando concomitantemente, escribiendo algún código desconocido hasta hace solo unos cuantos años: LOL, BFF, TQM (Laugthing Out Loud, Best Friend Forever, Te Quiero Mucho). Mis sobrinos saltan por encima de la gramática y la ortografía, reinventando un novedoso idioma cada mes.

Se burlan del afán inútil que tenemos los adultos en catalogar a sus amigos: ¿Es mexicano o de Hawái?, pregunta curiosa mi madre. – ¿Qué más da, abuela? Es mi amigo. ¿Y la escuela, m’hijo?, pregunto por enésima vez y por enésima vez se levantan los hombros en una subida a medio camino entre apática y despótica, que me da a entender que ahí dónde está el pupitre sobre el cual se posa el cuerpo de este chico, no está la mente, pues ha volado.

Vuela por encima de las cuatro paredes del aula, por arriba de la cerca que rodea el plantel, más allá de la puerta con rejas de la entrada y se esfuma con las alas expandidas sobrepasando la bandera tricolor y la cabeza del guardia armado de pie en el estacionamiento. La boca dice ¡presente!, mientras la maestra pasa inventario, pero la vida pareciera estar en otra parte, lejos de allí, ubicada de antemano en el futuro, como en una dimensión paralela.

Allí el mañana está preñado de soluciones. No hay sobrepoblación en las aulas, no hay maestros obligados a instruir en cómo pasar un examen, en lugar de enseñar. Allí ser maestro es una gloria; es decir, una posición reputada, bien remunerada que goza de gran latitud para innovar, inspirar y estimular. En ese bravo y nuevo mundo no faltan recursos, la brecha académica es casi inexistente, el acoso escolar se ha reducido a una mínima expresión y el clima general que se respira es de entusiasmo por enseñar y de ganas de aprender.

Han quedado en el olvido los salones-prisiones del pasado. Esos recintos grises, de sillas en fila, niños agrupados por fecha de nacimiento, una pizarra, un timbre para esto y otro para aquello; o sea, aquel anticuado ensamblaje de factoría ha sido desmantelado para dar paso a un nuevo sistema. Todos los avances tecnológicos y las riquezas del saber de la época se han volcado dentro de exitosos modelos. Modelos que más que estar acorde con los tiempos, se han adelantado a su tiempo.

Así, las soluciones brotan de ese manantial divino que son las mentes de los jóvenes. Lejos de un distópico filme hollywoodiense, la educación alcanza un punto álgido de conocimiento, equidad y justicia. Y ese momento es ahora, porque, como dijo la gran poeta chilena Gabriela Mistral: “el futuro de los niños es siempre hoy. Mañana será tarde”.

(Hergit “Coco” Llenas es una activista y escritora dominicana. Actualmente es la directora nacional de Participación Hispana para The American Federation for Children (https://www.federationforchildren.org), una organización sin ánimo de lucro que aboga por el derecho a opciones escolares, a fin de que todos los niños en edad escolar tengan acceso a una educación de alta calidad).

Para la educación, el futuro es hoy


Para la educación, el futuro es hoy
https://www.mundiario.com/articulo/sociedad/educacion-futuro-es-hoy/20191015130900166457.html
Para la educación, el futuro es hoy
Para la educación, el futuro es hoy
Para la educación, el futuro es hoy

Para la educación, el futuro es hoy

PARA LA EDUCACIÓN, EL FUTURO ES HOY

Para la educación, el futuro es hoy


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Para la educación, el futuro es hoy

El lugar de las niñas: juguetes y sexismo

POR HERGIT “Coco” LLENAS

Para madres y padres, la llegada de aguinaldos y villancicos supone ir a comprar juguetes para sus hijos. A veces, hacemos este ejercicio sin pensarlo mucho. Así, los legos, aparatos a control remoto —tales como robots, drones y barquitos de alta velocidad— son colocados en los escaparates destinados a los varones, mientras que las tacitas de té, barbies y bebés en miniaturas se venden como mercancía propia para las hembras.
La fuerza laboral más grande del mundo son las mujeres. Ellas ocupan dos tercios de toda la empleomanía del planeta. Y aunque representan el 60% de las egresadas de las universidades, de acuerdo con PwC España, ocupan menos de un 8% del total de puestos gerenciales. ¿Por qué?
Desde la niñez, y gracias a la imposición de modelos patriarcales, a las niñas se les enseña a estar relegadas al espacio interno del hogar. Es decir, juegan a hacer el papel de quien da de comer a un muñeco, cocinan en una estufita de plástico o cambian de ropa a una muñeca anoréxica de grandes senos.
Entonces, desempeñando estos roles, la niña aprende a verse a sí misma como un ente destinado a la reproducción, el cuidado de la familia y un objeto sexual visto desde la perspectiva de unos cuerpos imposiblemente delgados y poco realistas.
Desde el principio de su vida, negándole —sin querer o queriéndolo— el acceso a la aventura, a espacios abiertos, a momentos de creación intelectual, a las niñas se les va adoctrinando para que crezcan entendiendo cuál es “su lugar“. Y dicho lugar no es al lado del varón, sino detrás de él.
A raíz de este desbalance en las dinámicas de poder, está resurgiendo una cuarta ola de movimientos en defensa de los derechos de la mujer. #MeToo y las marchas multitudinarias que están ocurriendo en Chile y España, así como la denuncia de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe de que en República Dominicana más de 1,795 mujeres han sido asesinadas por sus novios o esposos entre 2010-19 son algunos ejemplos que ponen en evidencia la profunda crisis de valorización y revalorización de la mujer que
se está experimentando en la actualidad. Eso a gran escala.
A escala privada, en el terreno de familiar, como madres y padres que estamos a cargo de formar la próxima generación de hombres y mujeres, es nuestro deber reflexionar sobre algunas costumbres implantadas que ya no nos sirven.
La que nos atañe hoy día es la situación de desequilibrio en lo referente a los roles femeninos y masculinos a través de la selección de los juguetes que escogemos para nuestras hijas. Al salir de compras estas navidades, detente por un momento a pensarlo, no sea que también te conviertas en otro agente que avanza la perpetuación del problema.
@Hergit11

Juguetes y sexismo: El lugar de las niñas


https://www.mundiario.com/articulo/sociedad/juguetes-sexismo-lugar-ninas/20191203112549170612.html

Juguetes y sexismo: El lugar de las niñas


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Magisterio en crisis

De Hergit “Coco” Llenas

Cuando la sociedad machista permitió que la mujer saliera de su casa a trabajar, las estudiantes de la época no contaban con muchas opciones. Así, ciertas áreas se caracterizaron por darles entrada con mayor facilidad. Entre las alternativas más populares del entonces, se encontraban ser secretaria, enfermera o maestra. Hoy nos ocuparemos de la última.

En vista de que no podían convertirse en astronautas, cirujanas o gerentes de empresas, las mujeres ocuparon un gran espacio en el mercado laboral de la enseñanza, el cual recibió un flujo masivo de personas brillantes. Esto convirtió el gremio en uno desbordante de talento y, a la sazón, prestigioso. Además, otro aspecto positivo, fue la mucha variedad de aquellas que se dedicaron a la instrucción: mujeres de las zonas urbanas y rurales, blancas (las más) y negras, de clase media y media-alta, todas aportando su grano de arena.

No obstante, con el pasar de los años, la variedad y cantidad mermó. A medida que las mujeres se fueron abriendo camino y destacándose en otros ámbitos, el magisterio fue perdiendo su capacidad de reclutar la crème de la crème. Al vacío que produjo este éxodo, no se la ha encontrado todavía una solución. Por eso, este país sufre de un déficit de profesores tal, que cada año escolar las escuelas públicas abren sus puertas con un alto número de maestros sustitutos quienes tratan temporalmente de suplir la demanda y ¡no alcanzan!

No solo el problema es cuantitativo, si no que es también cualitativo.
¿Cómo motivar la gente más capaz a dedicarse a enseñar? Quienes han nacido con la vocación innata de servicio y amor por los niños, se motivan -casi- solos, aunque no son mayoría.

¿Y el resto?… El resto podría animarse si existieran buenos incentivos. ¿Es el salario un buen incentivo? En general, los educadores ganan menos en comparación con los profesionales de otras carreras. Existen algunas excepciones, por supuesto. En lugares como Alaska y New York el sueldo de un maestro es el doble que en Mississippi. Y de ahí que los miembros el sindicado de maestros salieran a protestar contra la práctica de asignarles pobres remuneraciones y se tiraran a la calle vestidos de rojo-ira en Arizona, Virginia, California, Oklahoma, entre otros Estados.

¿Prestigio? En países de Europa y Asia ser maestro escolar es muy respetado. Los colegios de educación escogen sus candidatos con rigor. Los preparan hasta alcanzar un grado de maestría y, una vez contratados, les pagan jugosamente. En los Estados Unidos, no tanto. Ni tanto rigor ni tanta preparación y ¡de seguro! tampoco mucha compensación.
El problema, como vemos, no es única y exclusivamente un asunto de dinero. Con suerte, al subir los salarios se aplacarán un poco las cosas. Aunque no hay garantía. En Arizona, los maestros recibieron un incremento de un 19% y luego, igual paralizaron la labor, cerrando cientos de escuelas. ¿Por qué?… Las razones no son del todo claras.
Lo cierto es que hay una crisis real de falta de educadores, de retención y de valoración de los mismos. Esta crisis no es de ahora y no mejora. Como sociedad cabe preguntarnos, aparte de huelgas, ¿qué haremos para resolverla?

Si me das, yo también te doy

De Hergit “Coco” Lenas

La introducción de un proyecto de ley que ayudaría a familias a pagar por una escuela privada fue anunciada la semana pasada por la Secretaria de Educación Betsy DeVos, quien busca expandir de esa manera el menú de opciones a la hora de los padres elegir donde enviar sus hijos a estudiar. Este proyecto aspira a ser un nuevo cauce de ingresos el cual emplearía las estructuras de programas estatales de este tipo, ya existentes en diversos Estados de la nación norteamericana, para que personas y/o empresas puedan hacer contribuciones a organizaciones sin fines de lucro conocidas como Scholarship Granting Organizations o SGOs, como se les llama por sus siglas en inglés. Éstas, a vez, redistribuirán las recaudaciones en forma de becas. Por su parte, los padres podrían solicitar sus becas a través de los procesos establecidos por las SGOs y una vez aprobados, pagarían por la colegiatura de una educación privada tanto a nivel de la primaria como de la preparatoria. Así mismo, podrían emplear estos fondos para cubrir la matricula en institutos técnicos y vocacionales.
Por otra parte, los donantes recibirían un incentivo que consiste en un crédito federal no reembolsable dólar por dólar, que es decir: por cada dólar donado se les otorgaría un dólar de crédito ¡y ni un centavo más! cuando hagan su declaración de impuestos. O sea, que con esta ley los mecenas y filántropos recibirán un crédito por sus contribuciones.
Este plan inyectaría cinco mil millones de dólares anuales a estos programas, sin tocar los presupuestos destinados a mantener las escuelas públicas, ni alterar los montos invertidos en aquellos estudiantes que asisten a una escuela pública.
Además, los estados decidirían si quieren o no participar de esta iniciativa. De acuerdo a esta propuesta de ley, si optan por participar, los estados estarían obligados a otorgar un 90% de las recaudaciones en forma de becas y el 10% restante se emplearía para los gastos relativos a correr estos programas: personal, campañas de concientización, gastos administrativos y demás.
La propuesta fue auspiciada por el Senador Tez Cruz y el representante Bradley Byrne y se la conoce como la Education Freedom Scholarships. Ellos tienen ahora la tarea de lograr que pase por las diversas cámaras y comités para su aprobación. Vale aclarar que esta propuesta no pretende crear un nuevo programa federal, sino crear una nueva forma de emplear los códigos fiscales.
Suponiendo que les vaya bonito, lo cual no es garantía dado el clima imperante en las colinas de Washington D.C., esta nueva fórmula facilitaría la creación de más oportunidades y más beneficios económicos para millones de estudiantes que quisieran- pero no pueden- acceder a una educación privada.

Dinero perdido


Cada año se dedican quince mil millones de dólares federales ($15,000,000,000) al programa de distribución de fondos escolares conocido como Title I, diseñado para dar más a quien tiene menos, a fin de cerrar la brecha académica y mitigar los efectos de la pobreza. Cincuenta y tantos años y múltiples estudios más tarde, la evidencia ha demostrado que Title I es inefectivo, poco equitativo y para nada transparente, según lo plantea la doctora Susan Pendergrass, directora de investigaciones en el área de políticas educativas para el Show-Me Institute, localizado en St. Louis, Missouri. Los resultados de su exhaustivo análisis han sido publicados recientemente bajo el nombre de “Bringing Title I into the Twenty-first Century”. (https://www.federationforchildren.org/wp-content/uploads/2018/12/Bringing-Title-I-into-21st-Century.pdf)
De acuerdo a la doctora, con el pasar de los años y a fuerza de cambios y/o adiciones, la ley ha perdido su intención inicial. Explicó que Title I debe su nombre al ser el primer acto de una ley de 35 páginas conocida como el Elementary and Secondary Education Act (ESEA). La ESEA fue creada en el 1965 y escrita por Fracis Keppel. Keppel fue el comisionado de educación para el presidente Lyndon B. Johnson, quien inició “la guerra contra la pobreza”. Un año antes de su incepción, en el 1964, otro acto vino a cambiar el panorama de los Estados Unidos: the Civil Rights Act, responsable de terminar –entre otras cosas- con la segregación racial en lugares públicos. Este acto de ley permitió que blancos y negros tuvieran acceso a las mismas escuelas públicas. Negados a aceptar la integración, los blancos huyeron a los suburbios, abandonando las zonas urbanas. El casco metropolitano de las grandes ciudades quedó entonces poblado por minorías raciales quienes ¡también! representaban los segmentos más desposeídos de la sociedad debido en gran parte a la discriminación laboral imperante.
En teoría, Title I vendría al auxilio de esta población, pero en la práctica, a la simple formula básica de asignación de fondos propuesta por la ESEA se le agregaron cientos de páginas de otras provisiones: the Concentration Grant, the Targeted Grant, and the Education Finance Incentive Grant (EFIG). La suma de las fórmulas que cada una de estas nuevas leyes añadió al programa, convirtió la tarea de identificar a los estudiantes más necesitados en una tela de araña tan compleja que las variaciones entre Estado y Estado dejan a los expertos boqui-abiertos.
Como resultado, y conforme a los datos recolectados entre 1992 y 2003 por el National Assessment of Educational Progress (NAEP), cuya función es administrar los exámenes para el Departamento de Educación de los Estados Unidos, “the size of achievement gaps between low-income and non-low-income students have remained steady for about 15 years”. Es decir, Title I no ha dado frutos.
No obstante, Title I puede ser modernizado. ¿Cómo?… Tendrás la respuesta en mi próxima entrega cuando exploraremos el derecho de los padres a escoger como posible alternativa para servir de manera más eficaz a los niños con desventajas socio-económicas de la misma forma que lo han hecho otras ayudas federales.
de Hergit “Coco” Llenas

Exámenes de mitad de año


Lo que no se practica, se olvida. Han pasado casi tres décadas desde que me enseñaron como calcular fracciones. De manera que, cuando mi sobrina me pidió ayuda con una tarea de fracciones mixtas y búsqueda de variables, tuve que confesarle un poco avergonzada: “no recuerdo cómo resolver este problema”. La niña está cursando el sexto grado en una escuela magnet dedicada a impartir un contenido enfocado en ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas, o STEAM como se le conoce en inglés.
Anticipando un por si acaso, mientras almorzaba en un buffet de comida de la India unos días antes, había tomado la tarjeta de un tutor de matemáticas. El tutor en cuestión es un ingeniero retirado proveniente de Sri Lanka, profesor de algebra a nivel universitario y es también nuestra única esperanza para que mi sobrina pase sus exámenes de mitad de año con éxito. Dichas pruebas serán impartidas antes de las vacaciones de invierno; es decir, dentro de las próximas tres semanas. Contratar a un tutor de la talla de Mr. Chandra no es barato y encontrar un espacio dentro de su apretadísimo horario, no ha sido fácil. Según me comentaba, la demanda por sus servicios continúa en aumento.
“Mi idea era hacer tutorías como un part-time, pero con la implementación del currículo de common core, más y más padres me refieren pues no saben o no pueden asistir a sus hijos con sus deberes. Y conste que muchos de mis clientes son padres quienes trabajan como médicos o son dueños de negocios y así por el estilo, me explicó este hombre manso en su inglés salpicado de notas con sabor a curry, el cual he traducido aquí con menos colorido que el de su entrega original.
La carga académica sobre los hombros de nuestros estudiantes no es broma. Muchos padres lo saben. Sin embargo, aún conscientes de la urgencia de la situación, no todos poseen tanto los recursos financieros como los intelectuales para servir de apoyo a sus pequeños.
¿Qué suerte le depara a un niño cuya familia carecen del aval necesario para sustentar su éxito escolar? La educación de kínder a la preparatoria (k-12) es un colador. Por sus agujeros cada vez más estrechos, pasan aquellos estudiantes cuya situación económica le permite pagar por servicios que remedian las lagunas académicas, aquellos que cuentan con una estructura de soporte sólida y/o aquellos cuya disposición y actitud los hace trabajar más fuerte que los demás. La combinación de las tres condiciones anteriores sería -en teoría- la fórmula ideal. Aunque, a falta de dinero, las otras dos (esfuerzo personal y asistencia familiar) serían la posible alternativa.
En Gattaca, una película de ciencia ficción de los noventa, se pinta un futuro donde solo los humanos con un cierto ADN, uno que ha sido limpiado de faltas en los laboratorios, tienen acceso a los mejores trabajos. Los nacidos con un ADN natural que padecen de propensiones a ciertas debilidades físicas o mentales, esos son descartados y en consecuencia destinados a limpiar pisos. De igual manera, los doce primeros años de educación escolar están filtrando a nuestros hijos. Sobrevivirán los más dedicados y trabajadores, quienes son ayudados por los adultos en sus vidas y los de las clases más pudientes, quienes heredaran (con o sin talento) las fortunas de sus ancestros. ¿En cuál grupo caerán tus hijos?…

de Hergit “Coco” Llenas

Deseo navideño


Quisiera que mañana hubiera llegado. Me gustaría poder mirar el sistema educativo actual desde un punto de vista situado 30 años más adelante. Imagínate que estamos en el 2050. En los Estados Unidos cada niño, pobre o rico, tiene acceso a una educación de alta calidad y sus padres se han acostumbrado a decidir qué es lo mejor para ellos. El trazar líneas imaginarias que forzaban al estudiante a asistir a una escuela en particular ha sido un concepto borrado y olvidado. De hecho, la gente recuerda esas reglas y se ríe de su ridiculez.
Mientras son guiados por un museo de paredes grises, el cual parece más una prisión que una escuela, un chico indagará:
– “¿Quién vivía en esas jaulas?”
-“No sé. Me cuesta creer que aquí, entre sillas alineadas como si fueran una factoría de ensamblaje, se cultivara la innovación e invención humana”, respondería la madre. ¿Por qué permitimos que el sistema de fosilizara? ¡150 años repitiendo lo mismo! –se cuestionarían todos en silencio…
Bueno, si no viene del pueblo, el cambio puede tardar una eternidad en llegar. El pueblo es quien decide cuando es tiempo de salir del sótano para encontrar la luz, diría en voz alta el guía, como si hubiera escuchado los pensamientos de los demás.
Si no te sirve, mi hijo, ¡SALTE! Ese fue el grito que encendió la llama en el corazón de aquellos reformadores que lucharon por una salida, un escape para miles de niños atrapados en escuelas desastrosas. Esos pioneros abrieron el camino hacia una nueva frontera en la educación escolar fundamentada en el acceso a recursos para gozar de otras opciones, un derecho que vendría a ser como aquel tren clandestino que sacó a los esclavos del sur para que pudieran vivir en libertad.
Finalmente, el sistema empezó a reajustarse, a aceptar la co-existencia alternativas, hasta que el derecho de los padres a controlar el destino educativo de sus hijos se convirtió en lo normal.
De la misma manera que los cambios ocurrieron en otras áreas, la educación fue re-inventada, como se reinventaron los matrimonios inter-raciales o el derecho de la mujer a votar y la desegregación de las escuelas públicas. (¿Desegregación?, ¡un momento por favor!) ¿Por qué la brecha académica entre blancos y negros nunca acaba de cerrarse? ¿Por qué la senda entre escuela y prisión sigue pavimentada por chicos de piel morena?,¿por qué el sindicato luchó tan duro para impedir el progreso? La lógica que ha permitido la persistencia de un sistema de escuelas públicas monolítico sonará tan bárbaro en el 2050 como suena en la actualidad que en los tiempos medievales los médicos no se lavaran las manos antes de una operación por desconocer la existencia de bacterias.

En estas navidades, es mi deseo que, sin tener que esperar a un futuro lejano, en todo el país se adopten opciones escolares y que este sea uno de los tantos derechos que cualquier familia pueda gozar.

de Hergit “Coco” Llenas

Rastreando el dinero

de Hergit Penzo Llenas
Directora Nacional de Participación Hispana
para American Federation for Children

A pocos días de haber sido dada a conocer la noticia de una nueva ley que permitiría crear en Puerto Rico escuelas charters (alianzas) y programas estatales de vales (o vouchers), el sindicato de maestros ha entablado una demanda en su contra.

Esta práctica es ya común por parte de este gremio, el cual tanto dentro como fuera de la isla, se ha dedicado por décadas a sofocar sistemáticamente todo proyecto legislativo que busque introducir otras opciones escolares para los estudiantes desde el kínder hasta el último año de la preparatoria.

Y usted –quizás- se preguntará: ¿cuál es el interés que tiene el sindicato de maestros de mantener las cosas como están?… Pues, los mensajes pagados por la multimillonaria agrupación dicen que lo hacen por salvar a nuestros niños de las garras de intereses que no tienen al estudiante como su foco de atención.

Aunque la verdadera razón detrás de la inversión de millones de dólares en campañas de difamación, más gastos de cortes y abogados, es mantener intacta una estructura que les genera miles de millones de dólares en recolección de fondos a nivel nacional, lo cual les convierte en uno de los gremios más ricos y poderosos del país.

Cada maestro que trabaja en una escuela pública está sujeto a pagarle mensualmente un costo de membresía al sindicato. A cambio, el sindicato negocia los términos laborales en acuerdos hechos con los distritos escolares. Dichos contratos establecen las condiciones de trabajo, los salarios y otras regulaciones que rigen al maestro empleado por una escuela pública.

Ahora bien, en un mercado abierto, donde los maestros podrían elegir dónde ir a ejercer su carrera, en un mercado que no dependa de la oferta de plazas creadas por un monopolio –el distrito-, se rompe la obligación de pagarle membresía al sindicato, puesto que los profesores podrían escoger entre un menú de empleadores diferentes. De igual manera, los padres, a su vez, podrían optar por inscribir a sus niños donde mejor les convenga, teniendo en cuenta las necesidades individuales de cada uno.

Siguiendo una lógica disparatada, el sindicato de maestros aboga por un sistema monolítico de escuelas públicas tradicionales que debe responsabilizarse de educar los niños de un país bajo un sistema de una sola talla que les sirva a todos. Esta lógica descarta la pluralidad de iniciativas enfocadas a servir al estudiante, para enfocarse en cómo servirse a sí misma.

Si seguimos de cerca el rastro del dinero, podemos ver con claridad que la motivación aquí no es el bienestar de nuestros hijos, pero la conservación y preservación de una estructura monetaria que se debilitaría con la introducción de cambios e innovaciones dentro del sistema educativo tradicional.

Este circo vergonzoso montado por el sindicato de maestro se repite ahora en Puerto Rico, como lo hiciera anteriormente ¡unas treinta veces! en el territorio continental.
A los padres de la Isla del Encanto les resta organizase y no permitir que les arranquen de las manos estas oportunidades tan necesarias para el futuro de sus hijos. Así que ¡a la carga, mis valientes!

de Hergit “Coco” Llenas