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FEMA da 13,000 Millones a la Isla del Encanto $$$

El viernes 18 de septiembre, Puerto Rico recibió casi 13,000 millones de dólares de parte de la Agencia Federal de Manejo de Emergencias, conocida por sus siglas en inglés como FEMA. Nuestros hermanos boricuas se vieron forzados a escapar de su país, en parte, debido a la devastación causada por el huracán María, el cual abatió la isla hace tres años. La falta de electricidad, agua potable, refugio, servicios médicos y escuelas hábiles causó que miles de dueños de negocios, profesionales, padres de familias y trabajadores de diversos sectores, tales como maestras, enfermeras y doctoras, se mudaran al territorio continental, dejando tras de sí un vacío con poca esperanza de ser llenado… ¿hasta ahora?

Las repercusiones de esta gran diáspora tocan tanto aspectos políticos como económicos. Miles de negocios jamás volvieron a abrir sus puertas, cientos de casas y almacenes quedaron sin reparar y aún se pueden ver desde las ventanillas del avión las carpas azules que cubren los techos arrancados por el viento. Las casas y almacenes abandonados corren el riesgo de convertirse en guaridas para drogadictos y personas sin hogar. A su vez, la fuerza policial ha sido diezmada paulatinamente en el transcurso de los últimos cinco años.

El anuncio de la asistencia adicional de la administración del presidente Trump servirá para reconstruir la red de electricidad (9,600 millones), para que los edificios escolares sean reparados (2,000 millones) y, en general, para levantar las infraestructuras barridas por el huracán e incentivar la agricultura.
La iniciativa llega enhorabuena y, también, es un movimiento estratégico para congraciarse con los votantes puertorriqueños. En esencia, creemos que los puertorriqueños tienden a ser conservadores en lo relativo a lo económico, aunque menos conservadores en asuntos de índole social. Social y económicamente, Ron DeSantis (Gobernador de la Florida), se ha ganado la buena voluntad del pueblo en éxodo, a quienes rápidamente se les prestó asistencia y cuyos niños fueron absorbidos de golpe por los distritos escolares del Sunshine State.

Mientras tanto, en la isla, la Gobernadora Wanda Vázquez ha celebrado que la Casa Blanca haya firmado el desembolso de la aprobación más grande en la historia de FEMA: “largest approval in FEMA history”. Además, en una rueda de prensa que tuvo lugar en la tarde del viernes 18 del presente mes, el presidente prometió traer de regreso a Borinquén los contratos de factorías y distribución de medicamentos que al marcharse colapsaron el mercado de trabajo local.

La industria farmacológica de Puerto Rico fue desbandada después que Bill Clinton pasara una ley (Small Business Job Protection Act of 1996) que retirara los incentivos fiscales a esas compañías. Estas luego se mudaron a China, India e Irlanda, lo que provocó el desplome de una economía que iba en alza. Así, el huracán sólo vino a dar el golpe de gracia a una situación ya de por sí precaria ¡y por mucho tiempo!

Si los fondos destinados a Puerto Rico fueran debidamente empleados, es posible que la trayectoria en picada de la Isla del Encanto se detenga y se corrija. Sin embargo, si la plaga feroz de la corrupción mantiene el país bajo su yugo, tal vez eso no ocurra, pero eso es harina de otro costal. La pregunta del millón ahora es: ¿Podrá el incentivo de FEMA persuadir a los boricuas de votar a favor de los conservadores?… ya se verá.

Desvistiendo un santo

De Hergit “Coco” Llenas

Mientras los haitianos cruzan la frontera y emigran a la República Dominicana, los dominicanos cruzan el Canal de la Mona para llegar a las costas de Puerto Rico y los puertorriqueños, a su vez, se montan en un avión para ubicarse en la Florida y otros Estados del continente americano. Este éxodo masivo de los últimos lleva tantos años que el fenómeno tiene nombre propio: la diáspora boricua. Esta diáspora se agravó en el 2017 cuando el huracán María azotó la isla. En los días que siguieron al desastre natural, según diversos estudios, se estimó que 175,000 habitantes abandonaron la Isla del Encanto, dejando atrás sus casas medio destruidas, un paisaje apocalíptico de árboles sin hojas y centenares de planteles escolares semi-despoblados.
Con una salud económica profundamente deteriorada, con la ayuda federal y el pago de los seguros moviéndose a cuenta gotas, Puerto Rico es todavía un escenario de troncos colapsados sobre los techos de las viviendas, edificios sin techo y solares baldíos llenos de desechos. Eso es lo tangible. Lo intangible ha sido un trauma cuya secuela psicológica ha sumido a la población en una actitud de sálvese quien pueda. Ahora Boriquén no sospecha, pero sabe a ciencia cierta de su desamparo.
Ante la imposibilidad de arreglar la situación a tiempo, se desvistió un santo para vestir a otro.
Así, familias enteras se re-ubicaron, trayendo a nuevos distritos escolares un influjo masivo de estudiantes muchos de los cuales no hablan el inglés. Para los distritos que han absorbido estos estudiantes, la tarea de adaptación no ha sido un paseo en el parque. Esto se debe a muchas razones: la falta de maestros entrenados para lidiar con niños que son English Language Learners (ELL), la sobrepoblación súbita de los salones de clases, la integración y/o choque cultural para ambos, las familias y los administradores de escuelas, entre otras más. Eso por un lado.
Por el otro, el santo desnudo dejado atrás anda gestionando ponerse ropas nuevas, lo que implicaría -de acuerdo al plan de recuperación- convertir a Puerto Rico en un destino turístico de primera en el Caribe, en lo relativo a la economía. En cuento a la educación, el proceso ha consistido en el cierre de escuelas, la re-estructuración del distrito a fin de descentralizarlo, la apertura a nuevos modelos de escuelas y/o programas tales como la Libre Selección de Escuelas y escuelas charter o alianzas como se les llaman allí.
Si de verdad del choque viene la luz, las posibilidades de inversión en bienes inmuebles, de re-invención de la educación, de rehabilitación de la economía prometen encaminar el país por el sendero del progreso. Sin embargo, para lograrlo se va a requerir algo de continuidad, lo que resulta más fácil de decir que de hacer dada la tendencia cultural de nuestros pueblos a pasar borrón y cuenta nueva cada vez que podemos. Una costumbre que nos ha estancado en una adolescencia perpetua de proyectos a medio terminar y visiones sin materializar que algún día, yo espero, podamos finalmente superar.