Coco'sWords

Hablemos de educación

Tag: k-12 corona virus

Escolaridad desde cualquier parte

            De la misma manera que el concepto de trabajar desde la casa ha abierto nuevas oportunidades sobre cómo y desde dónde se desempeñan las labores, el concepto de escolaridad desde cualquier parte también está echando raíces en la conciencia popular. Y es que, si estamos forzados a aprender remotamente, ¿cuál es el uso de solo aceptar lo que ofrece la escuela de la esquina, si podemos escoger cualquier otra opción dentro del amplio menú de programa educativos en línea?

Hasta hace muy poco tiempo hablamos de educar en el hogar como algo que hacían por su cuenta algunos padres “raros”. Ahora, nos sorprendemos al ver la variedad y la sofisticación de los programas ofrecidos en el internet. Esto debería poner en alerta a los maestros de escuelas públicas, quienes tal vez no advierten que su postura en contra de la apertura de las escuelas no les beneficia en lo más mínimo.

Cualquiera pensaría que el orden natural de las cosas es que los padres, preocupados por la salud de sus hijos, se opusieran a mandarlos a las escuelas, y que los maestros se pelearan por recibirlos. En ese orden, el maestro mantiene su relevancia y se convierte en alguien esencial. Sin embargo, resulta que el asunto es al revés: El gremio que representa a los docentes insiste en que el miedo a enfermarse debe mantener a los maestros en sus casas y los persuade de no regresar a sus respectivos salones de clases, lo cual nos deja un poco perplejos. 


De súbito, al observar el despegueque están han experimentado los módulos escolares organizados orgánicamente por las familias y la alta matriculación de las escuelas parroquiales, es evidente que el magisterio dentro de los distritos corre la suerte de volverse irrelevante. 
En la medida en que más y más familias se dan de baja de las escuelas públicas e inscriben a sus  hijos en colegios privados, algunos condados -como por ejemplo en Montgomery (Maryland)- han intentado prohibir la reapertura de instituciones privadas. 

Y aunque esos esfuerzos han triunfado en otros municipios, lo cierto es que nada puede impedir que una familia saque a sus niños de la escuela gubernamental y los pongan a estudiar desde la casa o en espacios conocidos como learning pods, que son pequeños grupos de estudiantes que de reúnen a aprender juntos con la ayuda de un maestro o tutor

Sin proponérselo, los representantes gremiales están promulgando la falta de importancia del maestro. Por un lado, existe un riesgo real de contagio. Por el otro, ese mismo riesgo lo han tomado pormeses todos los trabajadores del país considerados indispensables. 

Si los maestros de las escuelas públicas no pueden arriesgarse, entonces dicho acto los auto-clasifica como no esenciales. De este no ser el caso, entonces sería prudente que ellos fueran los primeros en empujar por la reapertura pronta y segura de los planteles públicos, porque mientras más se lo piensan, más familias se deciden por el éxodo prematuro hacia escolaridad desde cualquier parte. Y eso podría llegar a ser muy bueno para los padres y no tan bueno para los maestros sindicalizados.

Lo que trajo la pandemia

Por Hergit “Coco” Llenas
Directora Nacional de Participación Hispana
para la American Federation for Children

La tarea de educar a nuestros niños en el hogar tomó a muchos por sorpresa, pero después de un mes de necesarios ajustes, las familias están encontrando su ritmo. Poco a poco, la memoria de cómo dejar que los estudiantes lleven la delantera ha regresado y, en muchos casos, ha regresado para quedarse.

Para Lila, una madre boliviana que vive en Florida y cuyo pequeño actualmente cursa la primaria, no habrá vuelta atrás. No solo ha decidido que su niño no volverá a un plantel tradicional, sino que además se ha lanzado a organizar otros padres para juntos fundar una cooperativa que le permita ocuparse personalmente de la educación de sus hijos.

La idea no es nueva. Más de dos millones de padres de Estados Unidos llevan años ejerciendo este derecho.

En el presente, entregar a un sistema la responsabilidad de educar a su niño, le parece una pesadilla de la cual tenía que despertar. Los días de hacer fila alrededor de la cuadra para dejarlo frente a los portones del campus, buscar quien pudiera estar disponible a la hora de recogerlo, pagar por su cuidado hasta salir del trabajo y todo lo demás que dicho proceso conllevaba, ha quedado en el ayer.

Lila posee una personalidad curiosa y, gracias a ella, dice haber encontrado tantos recursos que, “quien no conoce bien a sus hijos, se podría perder en un laberinto de materiales y clases en línea”.

“Fíjate, en tres o cuatro horas cubrimos una gran cantidad de material, quizás más de lo que se cubriría en una escuela, ya que mi atención no está dividida y la de mi niño tampoco. ¡He descubierto tanto sobre él!, lo que se le hace fácil o difícil. Ya no es un problema para mí ponerlo a trabajar, independientemente en lo que aprende con rapidez, y luego, sentarme con él a navegar las partes donde tiene menos fortaleza. Además, me tranquiliza pensar que ya no le acosan en la escuela, que come comida casera y que tiene la libertad de volcarse en aquellas cosas que le apasionan, como el arte y -en particular- el dibujo y la danza”, agregó.

Por su parte, Lila ha reinventado su negocio. Como life coach o instructora de vida, ha movido sus consultas a plataformas virtuales como Skype y Zoom. En el pasado, sus clientes se encontraban con ella en persona. Dadas las restricciones del momento, Lila ejerce su profesión desde la comodidad de su casa.

“Ambos (mis clientes y yo) hemos aprendido a hacer las cosas de manera diferente. Lo mismo está pasando con la escuela. Mi comunicación con la maestra y el personal también ha cambiado. Todo ocurre en línea, pero irónicamente siento que ahora es más personal y las conversaciones son mucho más significativas que antes”, reconoce.

Así, cada semana la maestra y la mamá se reúnen en un espacio virtual a conversar sobre los avances y los retos del niño. Las circunstancias no son ideales, pero la llegada de la pandemia está logrando con los padres lo que los reformadores se han pasado una vida proponiendo: que, de una vez y por todas, es tiempo de repensar y reinventar la educación escolar.

@hergit11

Lo que trajo la pandemia

Ahora apremia pensar rápido


POR HERGIT “Coco” LLENAS
Directora Nacional de Participación Hispana para AFC

No habrá exámenes obligatorios para los estudiantes en el sistema escolar público hasta el próximo año escolar. La medida de suspender las pruebas por un año, proviene del Departamento de Educación como respuesta a la interrupción impuesta por el virus corona.

Para quienes han abogado por una profunda reforma en la educación K-12, esta crisis se ha convertido en el laboratorio forzoso para engendrar nuevas y no tan nuevas ideas. Abandonar las pruebas federales obligatorias, aunque solo sea temporalmente, es una (entre tantas) ideas largo tiempo debatidas. Ya que, dicen los ciertos expertos, dichos exámenes son un método poco justo para medir la comprensión y retención del material aprendido.

No les hace falta a los reformadores seguir gritando a los cuatro vientos que el sistema de educación escolar necesitaba ajustarse al presente. El presente ha llegado con sus urgentes circunstancias para pegarnos en la cara. Ahora no es asunto de sí o no, sino que se deben actualizar los procesos, incrementar la inventiva, permitir más latitud a la hora de impartir docencia, a fin de garantizar que, en todas partes, todos los estudiantes reciban la educación que merecen. Ahora apremia pensar rápido y reinventarse. ¡Y menos mal!

Así, y con la finalidad de incentivar la innovación, el Congreso está estudiando un proyecto de ley que permitiría entregar micro-subvenciones a padres y maestros por igual. En vista de que de un día para otro la educación virtual, la escuela a distancia y el aprendizaje desde el hogar se han convertido en la norma, en las zonas urbanas, en las remotas, en barrios pobres y en suburbios ricos la necesidad está pariendo soluciones a granel.

En algunos lugares, los maestros están haciendo citas diarias por teléfono para conversar y guiar a los padres. En los campos de Carolina del Norte, se han enviado autobuses con antenas WIFI para que los niños se puedan conectar a estudiar. En otras ciudades, los maestros están dando lecciones en vivo a través de las opciones como watch parties en Facebook, entre otras plataformas sociales.

A los estudiantes que carecían de los medios para comprar una tableta o dispositivo similar, se les están prestando los equipos para llevarlos a casa y desde allí continuar aprendiendo. A su vez, el Departamento de Educación está trabajando con los gobernadores de cada Estado para que los distritos escolares no se queden de brazos cruzados, demandando de las administraciones correspondientes una respuesta adecuada y efectiva.

En resumen, que esta interrupción sin precedentes ha traído consigo un replanteamiento de la educación escolar que va más allá de los estudios publicados por investigadores, y de las ideologías, para entrar en el espacio de cada familia y tocarla en carne propia. A partir de este instante, la imagen que solíamos “ver” dentro de nuestros cerebros cuando decíamos “escuela”, ha cambiado.

La nueva imagen es la de una escuela que toma la forma del niño que necesita aprender, y no a la inversa. La palabra escuela ya no nos ubica dentro de las cuatro paredes de un edificio, porque al fin comprendemos que la escuela no es un lugar de concreto y de contratos, como dijo John Schilling, presidente de la American Federation for Children, sino que es una comunidad de estudiantes, familias y maestros que trabajan juntos en pos de avanzar el conocimiento y el aprendizaje, donde sea que los estudiantes se encuentren.
https://eltiempolv.com/opinion/ahora-apremia-pensar-rapido-y-reinventarse-115093/
https://www.mundiario.com/articulo/sociedad/ahora-apremia-pensar-rapido-reinventarse/20200403162028180494.html

La brecha digital

De Hergit “Coco” Llenas
Directora Nacional de Participación Hispana para AFC

Imagínate que, de la misma manera que gozamos de Netflix para nuestro entretenimiento, existieran plataformas digitales para la educación. ¡Pues ya no hay que imaginárselo! Bajo las restricciones impuestas por la crisis de salud que estamos viviendo, las aplicaciones de la tecnología al ámbito formativo han llegado para quedarse. Y están creando un nuevo ecosistema en el cual la “formación es especializada y la calidad se democratiza con plataformas robustas, donde se pueden mantener actualizadas las competencias, crear ecosistemas de aprendizaje para aprender de los compañeros, aprender del mundo real y de las interacciones sociales,” según explicó Alberto de Torrres, director de un programa de educación universitaria en línea y gerente general de Nektiu.

No obstante, y paralelamente con el advenimiento de este nuevo paradigma, la división entre aquellas familias que gozan de óptimos recursos financieros y las que no es ahora más evidente que nunca. Debido al alto costo de las tecnologías de información y comunicación, la adopción y utilización de estas plataformas es muy desigual. Este fenómeno recibe el nombre de brecha digital.  

En el pasado se consideraba que la brecha digital como una cuestión principalmente de acceso, pero con el uso global de teléfonos móviles, la desigualdad actual se plantea entre aquellos que tienen más y menos ancho de banda y más o menos conocimiento para manipular las computadoras.
En un reporte publicado en octubre del año pasado por el Pew Research Center se encontró que el 40% de adultos en Norte American están atrasados con respecto al dominio y entendimiento de medio sociales, tecnología y manejo de datos. En mi experiencia asistiendo a comunidades donde el índice de pobreza es alto, he encontrado que muchos de los padres son iletrados o cuasi-iletrados en materia digital. Al mismo tiempo, estos son los padres a cargo de educar a sus hijos en casa. ¿Cómo lo están logrando?… Esa es la pregunta del siglo.

Muchos distritos escolares carecen de suficientes Chrome books (o cualquier otro instrumento requerido por la escuela) para prestar o regalar uno a cada estudiante. En algunos hogares, ni siquiera hay acceso a WIFI y mucho menos al dinero necesario para comprar una tablet para cada niño.
Así, proponemos que para cerrar la brecha digital se necesitará una suma de voluntades: el gobierno, el sector privado y las comunidades afectadas. Tenemos, entonces, que repensar el diseño y uso de los fondos educativos, así como imaginar nuevas fórmulas que hagan posible la conectividad de hogares de bajos ingresos y maneras de proveer entrenamiento a los padres. De lo contrario, lo que podría ser una magnífica oportunidad para democratizar la educación puede convertirse en otra manifestación de desigualdad e injusticia social.