Coco'sWords

Hablemos de educación

Tag: Higher Ed

Bajo una montaña de deudas


¿Qué hacer si la educación universitaria cuesta tanto en los Estados Unidos que no puedes solventarla? ¿Estarías dispuesto a empeñar tu futuro ingreso incurriendo en préstamos universitarios?, ¿buscarías programas de becas o una subvención como la Pell Grant? ¿trabajarías y estudiarías al mismo tiempo? Todos los escenarios citados son posibilidades a considerar cuando la realidad excluye una alternativa más simple: una educación superior gratuita.
A diferencia de los Estados Unidos, en muchos países europeos la educación post-secundaria es gratis. Las universidades públicas cobran nada o casi nada en Bélgica, Chipre, Dinamarca, Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Finlandia, Francia, Grecia, Hungría, Irlanda, Islandia, Italia, Letonia, Lituania, Noruega, Países Bajos, Polonia, Portugal, República Checa, Rumanía, Suecia, Suiza y Turquía.
Desde luego, para poder inscribirse hay que vivir allí, lo que implica una inversión en alimentos y vivienda. Por ejemplo, una universidad del prestigio de Harvard, cobra unos 69 mil dólares el semestre, lo que incluye $16,000 de habitación y comida. Otras entidades más jóvenes y menos reputadas, cuestan unos 7,500 por semestre. En ambos casos, el costo puede llegar a ser exorbitante para algunas familias de la clase trabajadora.
De acuerdo a Forbes, existen hoy día cerca de 44 millones de estudiantes endeudados hasta las narices. Se estima que el monto total de la deuda es de 1.5 trillones de dólares. Un trillón es mil veces un billón. Es decir: 1,000, 000,000,000. Esos doce ceros después del uno son -casi- un simbolismo de los años que le toma a un joven profesional saldar su deuda universitaria. Porque, en efecto, un recién graduado puede tomarse hasta más de una década para pagar poco a poco sus préstamos universitarios y los intereses que se amontonan sobre ellos; con la excepción de aquellos estudiantes de bajos recursos quienes, luego de llenar la Free Application for Federal Student Aid (FAFSA), obtuvieron un Pell Grant. Para el resto, pagar es mandatorio. Una gran corporación puede declararse en bancarrota y no saldar sus obligaciones, pero la gente común y corriente carece de protecciones legislativas para evitar pagar un préstamo adquirido a fin de alcanzar una carrera. Si se trata de este tipo de deudas, no hay perdón.
No obstante, existen algunas provisiones, como tomar un empleo en ciertas divisiones gubernamentales donde persiste una escasez de personal capacitado. A fin de estimular la entrada de más talento, el tío Sam perdona o reduce los préstamos universitarios siempre y cuando se le dedique un número X de años, -cuantos en total va a variar en función de la rama-.
Si no eres lo suficientemente pobre para recibir una subvención como la Pell o no te apetece la alternativa de asumir una deuda colosal y/o de ir a trabajar en ciertas áreas para el señor de sombrero y barbita, ahora posees el regalo de una información valiosa: puedes contemplar adquirir tu título fuera de los Estados Unidos.
de Hergit “Coco” Llenas

Porque el que nada siembra…

mom_and_daughter_jpg_size__xxlarge_letterbox
¡Yo seré la primera persona en mi familia que irá a la universidad! afirmó una estudiante de último año de la escuela secundaria Rancho el pasado 5 de diciembre, cuando tuvo lugar una feria educativa sobre el tema de la educación superior. Allí estuvieron congregados representantes de diferentes universidades, agencias no lucrativas, las fuerzas armadas, escuelas vocaciones y colegios comunitarios, quienes informaron al estudiantado sobre los recursos y programas que estaban ofreciendo. En vista de que mi papel era hablar sobre becas, le pregunté a la citada estudiante si sabía cómo obtenerlas. –Sí.
-¿Has pedido a dos o tres maestros que te escriban cartas de recomendación?
-¡Claro!
-¿Tienes listo el ensayo que vas a utilizar para solicitar las becas?
-¡Por supuesto, ya le he pedido a una maestra que me lo ayude a corregir, porque sé que no debe tener faltas, me contestó con una sonrisa de oreja a oreja
-¿Y la transcripción de tus calificaciones?
-Aquí están, mire, y abrió una carpeta con las copias de los documentos sujetos con una grapa.
-¡Qué bien! veo que estás lista, le dije, muy contenta al ver que ella estaba muy enterada del asunto.
Unos minutos más tarde me tocó hacerle las mismas preguntas a un chico. Sus respuestas fueron: “¿ah?, ¿eh?, no y ‘I didn’t know I need it.”
–Tienes que hablar con tu consejero escolar para orientarte mejor, le digo.
–No sé quién es el consejero, contestó.
-¿Qué te gustaría hacer cuando termines la secundaria?
–No sé.
-¿Y tus padres, qué dicen?
–Nada.
-¿Cómo que nada?
-Ellos no se meten con eso, me respondió enfadado y se marchó.
¿Por qué a algunos jóvenes les entusiasma la idea de alcanzar una educación superior y a otros los pone de mal humor hablar de eso? ¿Por qué, dos adolecentes expuestos a la misma información, reaccionan de manera tan opuesta ante ella? De acuerdo a la Doctora Mathis, una veterana con treinta y cinco años de experiencia en el mundo de la educación, lo que hace la diferencia entre un estudiante motivado a continuar sus estudios y otro que lo no está, es el tipo de expectativa que de él tiene su familia. Si la expectativa reza: aunque aquí nadie obtuvo un título universitario, tú sí vas a tener uno, el estudiante tendrá claro que eso es lo que se espera de él y sabrá, entonces, hacia donde tiene que dirigirse. Por el contrario, si no hay una meta, si no existen expectativas depositadas en su futuro, los jóvenes no sabrán qué es lo que tienen que hacer con el resto de su vida académica. Por eso, señores, es importantísimo plantar la semilla de aspiraciones altas y bien definidas en la mente de los hijos, porque el que nada siembra… bueno, ustedes saben.

http://eltiempolv.com/opini%C3%B3n/aqu%C3%AD-entre-nos

http://www.eltiempolasvegas.com/articles/2013/12/12/opinion/doc52aa4794c4988315007455.txt