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Tag: Hergit LLenas

Dinero perdido


Cada año se dedican quince mil millones de dólares federales ($15,000,000,000) al programa de distribución de fondos escolares conocido como Title I, diseñado para dar más a quien tiene menos, a fin de cerrar la brecha académica y mitigar los efectos de la pobreza. Cincuenta y tantos años y múltiples estudios más tarde, la evidencia ha demostrado que Title I es inefectivo, poco equitativo y para nada transparente, según lo plantea la doctora Susan Pendergrass, directora de investigaciones en el área de políticas educativas para el Show-Me Institute, localizado en St. Louis, Missouri. Los resultados de su exhaustivo análisis han sido publicados recientemente bajo el nombre de “Bringing Title I into the Twenty-first Century”. (https://www.federationforchildren.org/wp-content/uploads/2018/12/Bringing-Title-I-into-21st-Century.pdf)
De acuerdo a la doctora, con el pasar de los años y a fuerza de cambios y/o adiciones, la ley ha perdido su intención inicial. Explicó que Title I debe su nombre al ser el primer acto de una ley de 35 páginas conocida como el Elementary and Secondary Education Act (ESEA). La ESEA fue creada en el 1965 y escrita por Fracis Keppel. Keppel fue el comisionado de educación para el presidente Lyndon B. Johnson, quien inició “la guerra contra la pobreza”. Un año antes de su incepción, en el 1964, otro acto vino a cambiar el panorama de los Estados Unidos: the Civil Rights Act, responsable de terminar –entre otras cosas- con la segregación racial en lugares públicos. Este acto de ley permitió que blancos y negros tuvieran acceso a las mismas escuelas públicas. Negados a aceptar la integración, los blancos huyeron a los suburbios, abandonando las zonas urbanas. El casco metropolitano de las grandes ciudades quedó entonces poblado por minorías raciales quienes ¡también! representaban los segmentos más desposeídos de la sociedad debido en gran parte a la discriminación laboral imperante.
En teoría, Title I vendría al auxilio de esta población, pero en la práctica, a la simple formula básica de asignación de fondos propuesta por la ESEA se le agregaron cientos de páginas de otras provisiones: the Concentration Grant, the Targeted Grant, and the Education Finance Incentive Grant (EFIG). La suma de las fórmulas que cada una de estas nuevas leyes añadió al programa, convirtió la tarea de identificar a los estudiantes más necesitados en una tela de araña tan compleja que las variaciones entre Estado y Estado dejan a los expertos boqui-abiertos.
Como resultado, y conforme a los datos recolectados entre 1992 y 2003 por el National Assessment of Educational Progress (NAEP), cuya función es administrar los exámenes para el Departamento de Educación de los Estados Unidos, “the size of achievement gaps between low-income and non-low-income students have remained steady for about 15 years”. Es decir, Title I no ha dado frutos.
No obstante, Title I puede ser modernizado. ¿Cómo?… Tendrás la respuesta en mi próxima entrega cuando exploraremos el derecho de los padres a escoger como posible alternativa para servir de manera más eficaz a los niños con desventajas socio-económicas de la misma forma que lo han hecho otras ayudas federales.
de Hergit “Coco” Llenas

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Deseo navideño


Quisiera que mañana hubiera llegado. Me gustaría poder mirar el sistema educativo actual desde un punto de vista situado 30 años más adelante. Imagínate que estamos en el 2050. En los Estados Unidos cada niño, pobre o rico, tiene acceso a una educación de alta calidad y sus padres se han acostumbrado a decidir qué es lo mejor para ellos. El trazar líneas imaginarias que forzaban al estudiante a asistir a una escuela en particular ha sido un concepto borrado y olvidado. De hecho, la gente recuerda esas reglas y se ríe de su ridiculez.
Mientras son guiados por un museo de paredes grises, el cual parece más una prisión que una escuela, un chico indagará:
– “¿Quién vivía en esas jaulas?”
-“No sé. Me cuesta creer que aquí, entre sillas alineadas como si fueran una factoría de ensamblaje, se cultivara la innovación e invención humana”, respondería la madre. ¿Por qué permitimos que el sistema de fosilizara? ¡150 años repitiendo lo mismo! –se cuestionarían todos en silencio…
Bueno, si no viene del pueblo, el cambio puede tardar una eternidad en llegar. El pueblo es quien decide cuando es tiempo de salir del sótano para encontrar la luz, diría en voz alta el guía, como si hubiera escuchado los pensamientos de los demás.
Si no te sirve, mi hijo, ¡SALTE! Ese fue el grito que encendió la llama en el corazón de aquellos reformadores que lucharon por una salida, un escape para miles de niños atrapados en escuelas desastrosas. Esos pioneros abrieron el camino hacia una nueva frontera en la educación escolar fundamentada en el acceso a recursos para gozar de otras opciones, un derecho que vendría a ser como aquel tren clandestino que sacó a los esclavos del sur para que pudieran vivir en libertad.
Finalmente, el sistema empezó a reajustarse, a aceptar la co-existencia alternativas, hasta que el derecho de los padres a controlar el destino educativo de sus hijos se convirtió en lo normal.
De la misma manera que los cambios ocurrieron en otras áreas, la educación fue re-inventada, como se reinventaron los matrimonios inter-raciales o el derecho de la mujer a votar y la desegregación de las escuelas públicas. (¿Desegregación?, ¡un momento por favor!) ¿Por qué la brecha académica entre blancos y negros nunca acaba de cerrarse? ¿Por qué la senda entre escuela y prisión sigue pavimentada por chicos de piel morena?,¿por qué el sindicato luchó tan duro para impedir el progreso? La lógica que ha permitido la persistencia de un sistema de escuelas públicas monolítico sonará tan bárbaro en el 2050 como suena en la actualidad que en los tiempos medievales los médicos no se lavaran las manos antes de una operación por desconocer la existencia de bacterias.

En estas navidades, es mi deseo que, sin tener que esperar a un futuro lejano, en todo el país se adopten opciones escolares y que este sea uno de los tantos derechos que cualquier familia pueda gozar.

de Hergit “Coco” Llenas

Opciones escolares: verdades y mitos

A pesar de que los padres demandan opciones en la educación de sus hijos, existen muchos mitos alrededor de este tema, especialmente cuando las opciones escolares son ofrecidas por instituciones privadas.
Uno de los mitos más populares sugiere que, cuando los padres optan por una beca, un vale educativo o cualquier otro mecanismo que le permite trasladar a sus hijos de una escuela pública a una privada, el sistema público se empobrece. En verdad, ocurre lo contrario.
Le cuesta más al contribuyente y al Estado educar a un niño en los distritos escolares tradicionales que fuera de ellos. La subvención para educar a cada pupilo combina el ingreso proveniente de tres fuentes públicas: el gobierno Federal, estatal y local o municipal.
A principios del año escolar, cuando la escuela hace el famoso conteo conocido en inglés como the headcount, esta busca establecer el número exacto de estudiantes que servirá durante un año escolar determinado. Por cada una de esas cabecitas contadas, el gobierno le manda a la escuela un cheque. El valor del cheque se conseguirá multiplicando el número total de niños (1,000 por ejemplo) por el costo por pupilo, al cual se llega calculando una serie de variables que no vamos a contemplar aquí y que incluye todos los servicios que el individuo recibe (docencia, comida, transportación, acomodaciones, libros, útiles, etc.). Digamos que en el Estado de Macondo se concluyó que el costo por pupilo es de $7,000. Entonces, la escuela X recibirá $7,000,000. (7,000 costo p/p x 1,000 estudiantes).
Ahora bien, si una empresa privada hace una donación a un programa de becas empleando una tax credit scholarship y esta beca se invierte en la colegiatura para pagar por una educación privada, el Estado de Macondo habrá educado un niño más quien no requirió un centavo de ninguna de las tres fuentes arriba citadas.
Digamos que, en lugar de pagar la colegiatura con una beca, el padre decide usar un vale educativo. Dicho vale no tendrá el mismo valor que el costo público por pupilo, si no que valdrá menos. ¿Por qué menos? De los doce programas de vales educativos en existencia en los Estados Unidos, ninguno puede tocar la parte de los fondos procedente del gobierno federal, teniendo que valerse únicamente de la porción local y -parcial o totalmente- de la estatal. De esta manera, un estudiante de escuela pública, cuyo costo por pupilo supongamos era de $7,000, al optar por un vale recibirá $5,700 ya que el vale no incluirá la parte correspondiente a fondos federales. De hecho, en los Estados donde actualmente actualmente se están implementando programas de vales educativos ha habido un ahorro de 13-120 millones de dólares anuales. Y esa es la realidad, no un mito.

Cuatro pilares para los niños ALPHA


Solo un 35% de los niños alfa (nacidos a partir del 2010) trabajará en un oficio que actualmente conocemos. El resto, un 65%, habrá de tener empleos en carreras que todavía no se han inventado. Y se proyecta que las carreras mejor pagadas serán aquellas asociadas con los campos de la ciencia, tecnología, ingeniería, arte y matemáticas o STEAM -como se le conoce por sus siglas en inglés-. Muchas escuelas, tanto públicas como privadas se especializan en STEAM. Dentro de las públicas, suele ocurrir, que se ofrece este currículo más comúnmente en las escuelas denominadas magnets o charters. Ahora bien, ¿cómo se prepara a un estudiante para algo que no existe?… ¡Este es uno de los retos más importantes de nuestro tiempo!
Mientras los alfa son nativos de un mundo altamente tecnológico, nosotros (sus padres y profesores) somos inmigrantes recién bajados del bote. No obstante, los maestros a la vanguardia de la educación entienden esta inusual coyuntura histórica que les ha tocado vivir; es decir, venir del siglo XX a enseñar en el siglo XXI. De ahí su visión de preparar esta generación NO para un trabajo, sino para sí misma, lo cual significa darle los conocimientos y las herramientas para funcionar inteligentemente en un futuro lleno de variables aún por descubrir.
Inteligentemente significa adaptarse. Según el famoso psicólogo, filósofo y biólogo suizo Jean Piaget, la inteligencia es la capacidad de adaptación a cualquier medioambiente. En ella radica, se pone a prueba y queda demostrada la inteligencia humana.
Para lograr la meta de adaptar los estudiantes al mañana, el maestro ¡y los padres! deberán capacitarlos en cuatro dimensiones de aprendizaje. Primero que nada, el niño(a) debe aprender a descodificar la lengua. Si para el tercer grado de primaria un estudiante no sabe leer y escribir, le será imposible pasar al siguiente paso, que es la comprensión; o sea, aprender a hacer: hacerse de una idea, hacer conclusiones, hacer comparaciones.
Luego, deberá aprender a convivir, lo cual implica usar lo aprendido para encontrar objetivos comunes y descubrir soluciones. La incapacidad para convivir ha sido el mayor problema del siglo pasado. Las guerras, los linchamientos, el holocausto, entre muchas otras atrocidades han sido el producto de una humanidad que nunca aprendió la convivencia. Y finalmente, el alfa debe aprender a ser competente. No le bastará con saber lo que está escrito en un libro y repetirlo como un perico. Su competencia implicará ser creativo, capaz de solucionar problemas, de pensar de manera crítica, de tomar decisiones, de relacionarse con los demás, colaborar, negociar, de comunicarse con eficacia, de tener inteligencia emocional y de estar dispuesto a servir. Con una preparación STEAM y estos cuatro pilares básicos, la generación alfa estará mejor posicionada para llevar las riendas del porvenir.

de Hergit “Coco” Llenas