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Así las imagino: escuelas del futuro

Me imagino las escuelas del futuro y las veo como centros de aprendizaje localizados, igual que las gasolineras, en cada esquina de las ciudades o comunidades rurales. En mi cabeza, este espacio ya no luce como una prisión, si no como una de esas tiendas blancas donde la gente va a comprar los últimos modelos de tabletas y teléfonos. Es decir, bien iluminada, limpia, brillosa, fluida y manejada por expertos que aman lo que hacen y atienden el estudiantado con entusiasmo. En este espacio gratuito los alumnos entran y salen a diferentes horas del día, siguiendo un horario establecido por ellos mismos. Los más grandecitos habrán hecho citas con uno o varios de los encargados de monitorear el progreso del plan de enseñanza individualizada que ha sido diseñado para ellos.
Quedarían como cosas olvidadas: pasar el examen, tener buenas notas, “dar respuestas equivocadas”, la segregación basada en la fecha de nacimiento, los horarios arbitrarios que obligan a levantase a nuestros niños tempranísimo, antes de que sus cerebros se despierten, o los mantiene ociosos verano tras verano; entre un montón de otras prácticas absurdas.
En lugar de eso, los estudiantes fijarían sus propias metas, a las cuales llegarían a su paso -según sus capacidades-, motivados por su curiosidad innata, cuidados por educadores emancipados quienes se han librado de los grilletes infligidos por un sistema que lleva demasiadas vidas pesando el conocimiento de los alumnos sobre la balanza de un test. Por fin liberada del bozal impuesto por un curriculum rígido, la maestra será capaz de ajustarse a la velocidad de comprensión de esos seres tan especiales que ocupan sus salones. En consecuencia, ya no se verá forzada a empujar solo aquellos que pueden adaptarse al ritmo impuesto por la norma arcaica.
Usando tecnología de punta que involucre múltiples sentidos, podrían nuestros niños adentrarse en un viaje maravillo por una molécula u otras galaxias y ver videos, documentales, acceder a una inmensa biblioteca virtual o jugar ajedrez con la inteligencia artificial de un Watson.
En mi imaginación, los padres habrán aprendido a jugar un papel activo en el éxito académico de sus hijos, al entender que mientras más involucrados están, más altas son las probabilidades de que sus hijas e hijos logren las metas que se han propuesto y que sueñan.
De hecho, junto con los maestros, estos padres decidirían cual modelo de aprendizaje mejor se acomoda a sus pequeños, poniéndose de acuerdo en cómo diseñar el camino ideal para guiar cada uno de ellos a ese lugar donde la creatividad humana puede florecer.
En este nuevo y valiente medio ambiente, pasar a los chicos de curso por vergüenza a retenerlos (tapando de esta forma las malas cifras), disciplinar los morenitos con mayor severidad que a sus homólogos blancos, la persistencia de la brecha académica, la falta de libertad para innovar, entre otras prácticas tan omnipresentes como dañinas, serían también cosas del pasado.
El concepto de individualización se convertiría en la regla y no en la excepción. Al fin, y de esta manera, nuestra prole gozaría de una educación integral de cuerpo, mente y espíritu. El concepto de individualización de productos y servicios es bastante común y corriente. Se aplica a casi todos los aspectos de nuestra vida moderna, desde la lista del supermercado hasta los apps del móvil, pasando por las opciones arquitectónicas para el interior de una casa o el tipo de carro que conducimos. No obstante, en el terreno de la educación escolar, los planes individualizados se reservan solo para niños “con problemas”. Y me pregunto: ¿No merecen nuestros hijos tener una experiencia de aprendizaje tan original como ellos mismos?… Cuando cierro los ojos, así lo imagino.

de Hergit “Coco” Llenas

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Hagámonos sentir

En teoría, los representantes estatales tienen el deber de velar por los intereses de sus constituyentes, (o sea nosotros) pero, en la práctica, muchos funcionarios electos trabajan para responder a los deseos de los grupos de intereses que subvencionan a sus campañas.
Una organización muy poderosa, con la capacidad de ejercer una fuerte presión sobre los políticos que aceptan sus contribuciones es el Sindicato Nacional de Maestros, conocido por sus siglas en inglés como la NEA. Y la NEA ha mantenido una postura muy definida en lo que se refiere a expandir la educación pública más allá del modelo tradicional existente. De costa a costa, este sindicato ha entablado decenas de demandas judiciales oponiéndose a programas de becas, vales y cuentas de ahorros para la educación, también conocidas como ESAs. El caso más reciente se escuchó en Puerto Rico, donde la Suprema Corte decidió a favor de los padres y en contra del sindicato. Ahora mismo en La Florida, un candidato a Gobernador ha prometido destruir un programa de becas que sirve a más de 100,000 niños de escasos recursos, la mayoría de los cuales, como él, son niños provenientes de las minorías. En Tennessee, Bill Lee lleva la delantera parcialmente gracias al apoyo de los padres que creen merecer el derecho a elegir.
¿Pueden coexistir otros modelos escolares -de acuerdo a la NEA- paralelamente con la educación pública tradicional?… Según dicen sus voceros, ¡NO! ¿Por qué?, “porque hay que invertir más dinero en las escuelas públicas”.
Sin embargo, los presupuestos escolares han ido en aumento y la calidad de la educación ha ido en deterioro. Si la crisis educativa en la que estamos sumidos se resolviera con dinero, ¡los Estados Unidos tuviera la mejor educación del mundo!, ya que gasta anualmente muy por encima del promedio global para educar a un estudiante. Mientras otros países del primer mundo invierten $10,759, aquí se gastan $16, 268 dólares al año por cada pupilo, como reportó la Organización para la cooperación y el desarrollo económico*, (OECD por sus siglas en inglés).
A través de su influencia sobre los legisladores, la NEA ha obstaculizado el crecimiento de opciones escolares, saboteado de esta manera nuestro derecho al acceso a mayores alternativas educativas. No nos cabe duda que los legisladores opuestos a los programas de opciones escolares entienden que nuestros estudiantes los necesitan, mas ellos no se sienten obligados a favorecerlos, ya que ¿para qué buscarse un problema con uno de sus más importantes patrocinadores?…
Entonces, cabe preguntarse, ¿y si se buscan un problema con nosotros? A los políticos les interesa tener o mantenerse en el poder. Como votantes, tú y yo podemos dar o quitar ese poder. Si se niegan a protegernos, nosotros le podemos negar la posibilidad de elegirse o re-elegirse. Así que, hagámonos sentir. Y recuerda que el 9 de octubre se cierra la ventana de oportunidad para registrarse a votar.

de Hergit “Coco” Llenas

La Brecha

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En la ciudad de Santiago de los Treinta Caballeros había una escuela llamada La Esperanza que fue construída y subvencionada por la Compañía Anónima Tabacalera. En La Esperanza los pálidos hijos del presidente de la fábrica y los hijos morenos de los obreros y campesinos recibían la misma educación.
La calidad de la docencia y del curriculum eran comparables a la de las mejores escuelas privadas de la época. El desempeño académico de los egresados de La Esperanza, apesar de la etnia oscura y el origen humilde de muchos de ellos, estaba a la altura de los alumnos procedentes de los institutos destinados a la clase alta, o media alta. Es decir, que no existía disparidad entre ricos y pobres, la condición racial o socioeconómica de los estudiantes no determinaba la calidad de la educación que recibían. En el argot educativo esta disparidad tiene un nombre, se llama:brecha académica. Esta es medida los Estados Unidos al recoger, entre otros, los resultados de los exámenes estandarizados, los grados, la tasa de deserción escolar y el número de graduados universitarios perteneciente a cada grupo.
La brecha académica existe en todas partes del mundo y aquí es más evidente entre los hispanos y afroamericanos, cuyos logros académicos están muy por debajo que sus contrapartes blancos. De hecho, la brecha académica entre los estudiantes hispanos y los blancos no ha disminuido en las últimas dos décadas, según un reporte publicado en 2011 por The National Center for Education Statistics (NCES), una subdivisión del Departamento de Educación de los Estados Unidos. Esta brecha, así mismo, es significativamente mayor en el caso de estudiantes en cuyos hogares no se habla el idioma inglés. Para estos estudiantes, el aprender un nuevo idioma se suma a la tarea de aprender a leer y a escribir. Son English Language Learners (ELL) y como tales tienen que trabajar más duro, decodificar más. Ahora bien, toda lengua es un código. Una vez el niño(a) aprende a descifrar el código de un idioma, puede transferir esa habilidad al otro. Por eso, y para ayudar a los hijos a recorrer parte del camino, los entendidos recomiendan que los padres alfabetizen sus chicos en su lengua natal. De esta forma los padres o tutores pueden ser parte de la solución en la titánica faena de cerrar la brecha académica. De ahí que, la participación activa de los padres en la educación de sus hijos es de rigor, pues no hay escuelas como La Esperanza en cada esquina y el actual sistema educativo no provee soluciones inmediatas o suficientemente rápidas para eliminar la distancia, a veces abismal, entre hispanos y blancos, ricos y pobres. Al problema de la disparidad hay que encontrarle soluciones. El soporte familiar es una de ellas, no es la única, pero es una que usted puede empezar a implementar ahora mismo.

El magisterio es sexy

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La profesión de educador carece del respeto y de la reputación que solía tener en la sociedad americana hasta hace apenas unas cuantas décadas. Debido a esta crisis (¿de percepción?) a nuestra juventud no le atrae esta carrera por considerarla un oficio menor. Cada día menos estudiantes se enlistan en el magisterio. Sin embrago, tanto a nivel estatal como a nivel nacional, el déficit de maestros va vertiginosamente en aumento.
Para ayudarle a entender la envergadura de este problema le voy a dar una imagen que vale cien mil palabras: yo he visto a un director de escuela ahogarse en lágrimas de impotencia y de frustración al pensar en la posibilidad de tener que abrir su plantel con seis o siete maestros sustitutos. ¿Por qué? Porque un sustituto generalmente carece del aval, la experiencia y el entrenamiento para darles a sus hijos, señores lectores, la clase de educación de calidad que ellos se merecen.
Al analizar la carrera de educador, ¿está el vaso medio lleno o medio vacío?
Por un lado, se dice que es una carrera pobremente recompensada y un verdadero martirio. Por otro, ¿no será la ocasión perfecta para redefinir la trayectoria de una vida, cambiar el curso de una historia, formar y reformar otro ser humano, quien, de lo contrario, pasaría por su tiempo sin haber explotado toda su potencialidad?
De esto último habló el cantante Clint Holmes, quien nos contó que debía su exitosa carrera en Las Vegas a su maestra de quinto grado. Ella “fue responsable de haber implantado en mi cerebro la idea de aprender a tocar un instrumento musical: el saxofón. Sin ella, hoy yo no estaría aquí,” dijo Clint.
¡Y es que de eso se trata! El magisterio, cuando está bien impartido, tiene la capacidad de desenterrar los talentos, de pulir las habilidades innatas, de ayudar a vencer los miedos, de elevar las habilidades naturales y presentes en cada niño a fin de vencer la batalla contra la ignorancia y el analfabetismo.
Se podría decir que un maestro es un semi-dios, cuya responsabilidad es convertir día a día el polvo en barro y el barro en una pieza magistralmente lograda. Un semi-dios íntimo, humano e imperfecto, pero igual, con el talento maravilloso de dar un giro al eje de una existencia.
Mi propia existencia tuvo su redentora. Fue mi maestra de tercer grado: Doña Lucía de Jesús Álvarez. Mi mentora y mi amiga hasta un día del 2012 cuando murió. Y es por personas como ella, que entienden el papel inconmensurable, vital e importante que juegan en nuestras vidas, que el magisterio es un vaso medio lleno, o como diría la Doctora Edith Fernández al referirse a esta bella vocación: “es una profesión sexy.”

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Para matar el ocio del verano

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A algunos les gustan las mexicanas, a otros las venezolanas o las colombianas, pero a mí desde joven me encantaron las brasileñas. Si las miramos de cerca, no son unas muy diferentes de las otras, pues al fin y al cabo, son puro melodrama. ¡Melodramáticas!, así se describen todas las telenovelas del mundo, sin importar su nacionalidad, ya que todas coinciden en presentar las emociones y los estereotipos humanos con mucha fuerza y gran aspaviento. Hace veinte y tantos años – y es muy posible que todavía hoy – los papeles principales eran representados por actores blancos y hermosos, los criados solían ser oscuros, la madre o una chica de alcurnia encarnaban al mismísimo Satanás, la protagonista era siempre pura e inocente, en tanto que el protagonista lo personificaba un galán musculoso, valiente y varonil quien estaba eternamente atrapado entre dos amores hasta el final de la serie, cuando, como era de esperarse, él elegía “la prota”. Así mismo, a casi nadie le faltaban un maquillaje impecable aunque se estuviera levantando de la cama a primera hora de la mañana ni se le chorreaba el negro de las pestañas a pesar de haberse metido en la piscina de pies a cabeza. La amnesia, el incesto, la pobreza de unos contra la riqueza de otros, la traición, la mentira, la infidelidad, los celos y otros temas por el estilo eran una constante. Por más años de los que me atrevería a admitir en público, me pegaba una hartura de diez horas semanales de culebrones, como le dicen en España, pero una noche me cansé. Y es que me daba la impresión de estar viendo la misma cosa una y otra vez, solo que con escenarios, vestuarios y rostros diferentes. Fue por ese entonces que mi padre me regaló mi primera colección de libros de ficción: La cabaña del tío Tom, Diez mil leguas de viaje submarino, Mujercitas, La vuelta al mundo en 80 días, etcétera. ¡Y menos mal! porque no sé adónde hubiera ido yo a parar con la mente ociosa y el cuerpo burbujeante de hormonas como una coca cola. Desde ese día, cuando le dije adiós a Dona Beija y demás diosas del Olimpo telenovelero, los libros me han salvado del aburrimiento, de la ignorancia y de las malas compañías. Como quien dice, me han salvado la vida. Aquí entre nos, es el mejor regalo que recibí de mi padre y es uno de los mejores obsequios que puedes hacerle a tus hijos este verano y ¿por qué no? a ti mismo.

 

La pasión de la enseñanza

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“Yo considero que es una falta de respeto al magisterio asumir que cualquier estudiante universitario inteligente, proveniente de cualquier reglón académico, esté listo para fungir como un maestro después de tomar unas cuantas semanas de entrenamiento. El modelo de Teach for America (TFA), dijo la doctora Aída Walqui, es una afrenta a la profesión de educador. Para enseñar no basta con una actitud al estilo de los voluntarios del Cuerpo de Paz: voy a tal sitio, hago una obra de bien y me siento a gusto. El magisterio es un arte y una ciencia, no es una actividad que cualquiera puede ejercer solo porque tiene deseos de ayudar a la comunidad.” ¿Qué es Teach for America? Es una  organización dedicada a eliminar la injusticia social en la cual viven millones de estudiantes nacidos en la pobreza y quienes carecen de una educación de calidad y por eso, según TFA, se quedan atrapados dentro de un ciclo perpetúo de miseria. Con el fin de elevar la calidad de la educación, la entidad no lucrativa busca, entrena y cultiva individuos comprometidos con la igualdad y los ubica dentro de los salones de clases en las escuelas de los barrios pobres, que es donde existe una mayor necesidad de ayuda. A su vez, la Dr. Walqui, es la Directora de Desarrollo Profesional para Maestros de WestED y está considerada como una lumbrera en el área de enseñanza y formación de maestros especializados en instruir estudiantes cuya primera lengua no es el inglés. Su crítica, citada al principio de esta columna, fue expresada  en una cima sobre alfabetización realizada el pasado martes en La Universidad Nevada Las Vegas (UNLV), la cual estuvo auspiciada por Nevada Succeeds. Su controversial punto de vista con respecto a Teach for America es compartido por otros educadores local y nacionalmente. De hecho, en alguna ocasión escuché  a una directora de escuela de nuestro distrito quejarse de “lo mucho que hay que invertir en desarrollarlos y entrenarlos (a los nuevos maestros de TFA) para que luego se vayan.” Pero como dicen en mi tierra: siempre hay que escuchar las dos campanas, y al otro lado de la controversia sobre este programa, nos encontramos con el planteamiento de que la pasión no se enseña, si no que se siente o no se siente. Y de ahí que, aunque los maestros de TFA son todos, o en su gran mayoría prácticamente inexperimentados, ellos están movidos por algo, una fuerza, una pasión hacia una causa y eso, aquí entre nos, no se aprende en un colegio de educación.  ¿Cuántos egresados de los colegios de educación son personas sin verdadero amor por la enseñanza y pésimos maestros? No pocos. ¿Cuántos jóvenes egresados de TFA logran un día convertirse en buenos o excelentes educadores? Algunos. Cabe argüir,  así mismo, que la ciencia del magisterio no es exacta, no es como las matemáticas: 2+2=4.  Es una ciencia que aspira a convertir las mejores prácticas en modelos efectivos, pero mientras más se profundiza y se investiga sobre estas prácticas, más variadas y discutidas resultan. ¿Quién tiene la razón?… ¿Dónde está la verdad?…La respuesta, por ahora, es ¡ya veremos!

Porque el que nada siembra…

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¡Yo seré la primera persona en mi familia que irá a la universidad! afirmó una estudiante de último año de la escuela secundaria Rancho el pasado 5 de diciembre, cuando tuvo lugar una feria educativa sobre el tema de la educación superior. Allí estuvieron congregados representantes de diferentes universidades, agencias no lucrativas, las fuerzas armadas, escuelas vocaciones y colegios comunitarios, quienes informaron al estudiantado sobre los recursos y programas que estaban ofreciendo. En vista de que mi papel era hablar sobre becas, le pregunté a la citada estudiante si sabía cómo obtenerlas. –Sí.
-¿Has pedido a dos o tres maestros que te escriban cartas de recomendación?
-¡Claro!
-¿Tienes listo el ensayo que vas a utilizar para solicitar las becas?
-¡Por supuesto, ya le he pedido a una maestra que me lo ayude a corregir, porque sé que no debe tener faltas, me contestó con una sonrisa de oreja a oreja
-¿Y la transcripción de tus calificaciones?
-Aquí están, mire, y abrió una carpeta con las copias de los documentos sujetos con una grapa.
-¡Qué bien! veo que estás lista, le dije, muy contenta al ver que ella estaba muy enterada del asunto.
Unos minutos más tarde me tocó hacerle las mismas preguntas a un chico. Sus respuestas fueron: “¿ah?, ¿eh?, no y ‘I didn’t know I need it.”
–Tienes que hablar con tu consejero escolar para orientarte mejor, le digo.
–No sé quién es el consejero, contestó.
-¿Qué te gustaría hacer cuando termines la secundaria?
–No sé.
-¿Y tus padres, qué dicen?
–Nada.
-¿Cómo que nada?
-Ellos no se meten con eso, me respondió enfadado y se marchó.
¿Por qué a algunos jóvenes les entusiasma la idea de alcanzar una educación superior y a otros los pone de mal humor hablar de eso? ¿Por qué, dos adolecentes expuestos a la misma información, reaccionan de manera tan opuesta ante ella? De acuerdo a la Doctora Mathis, una veterana con treinta y cinco años de experiencia en el mundo de la educación, lo que hace la diferencia entre un estudiante motivado a continuar sus estudios y otro que lo no está, es el tipo de expectativa que de él tiene su familia. Si la expectativa reza: aunque aquí nadie obtuvo un título universitario, tú sí vas a tener uno, el estudiante tendrá claro que eso es lo que se espera de él y sabrá, entonces, hacia donde tiene que dirigirse. Por el contrario, si no hay una meta, si no existen expectativas depositadas en su futuro, los jóvenes no sabrán qué es lo que tienen que hacer con el resto de su vida académica. Por eso, señores, es importantísimo plantar la semilla de aspiraciones altas y bien definidas en la mente de los hijos, porque el que nada siembra… bueno, ustedes saben.

http://eltiempolv.com/opini%C3%B3n/aqu%C3%AD-entre-nos

http://www.eltiempolasvegas.com/articles/2013/12/12/opinion/doc52aa4794c4988315007455.txt

¿Cómo se despide a un maestro?

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-¿Cuál es el procedimiento que ustedes siguen a la hora de despedir un maestro?, le preguntó Lily Eskelsen García al administrador de una escuela pública en su visita a Finlandia, país que se ha convertido en el modelo a estudiar para reformadores alrededor del mundo y que, de nuevo, ha sido el ganador del primer lugar en el Programme for International Student Assessment (por sus siglas en inglés PISA). PISA es una encuesta rigurosa que mide los logros académicos de estudiantes -originarios de 57 naciones- que están cursando la secundaria. Los estudiantes son evaluados en matemáticas, lectura, ciencias y en su habilidad para resolver problemas.
A su vez, Lily Eskelsen García, otrora maestra de primaria en Utah, es la vicepresidente de la National Education Association, conocida por sus siglas en inglés como la NEA, la cual es una organización laboral que agrupa a más de tres millones de miembros. Además, Lily fue una de las personalidades invitadas para hablar ante un selecto grupo de líderes de Nevada, en la tercera cumbre organizada por The Leadership Institute, el pasado jueves, 14 de noviembre (grababa por Nevada PBS).
En respuesta a la interrogante planteada por la líder sindical sobre cómo se despediría a un maestro, el administrador nórdico contestó con otra pregunta: -¿Y es que ustedes [en los Estados Unidos] contratan malos maestros?…
Esa es la pregunta del millón.
“En Finlandia, es más difícil entrar a la facultad de enseñanza que a la de leyes. El magisterio es considerado como una profesión muy distinguida y aquellos que en ella trabajan son considerados parte de una élite,” dijo la oradora, agregando que “para llegar a convertirse en un educador profesional, una persona debe pasar por un proceso minucioso de reclutamiento y de preparación que incluye la adquisición de un grado de maestría en la materia que se va a impartir.”
Dicho de otra forma, cuando los maestros son elegidos con mucho cuidado y están altamente capacitados, el dilema de deshacerse de las manzanas dañadas se resuelve casi por sí solo. Y esta es una noción que a nosotros nos convendría aprender de los finlandeses, (vea What the U.S. can’t learn from Finland about ed reform publicada en The Washignton Post) aunque ellos deban su éxito educacional a las innovaciones que asimilaron, nada más y nada menos, de los Estados Unidos.¡Oh, qué ironía!

El GED: a penas un buen diploma

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Cami Anderson, la famosa superintendente de distrito escolar de Newark (New Jersey), visitó Las Vegas hace unos meses. Durante su visita, la reformadora compartió su opinión sobre varios temas relativos a la educación, entre ellos el General Educational Development o GED, como se le conoce comúnmente.
EL GED es un proceso que ayuda a prepararse para pasar un examen que incluye cinco áreas de competencia académica: matemáticas, ciencias, estudios sociales, lectura y escritura. El mismo equivale, casi, a un diploma de graduación de la secundaria o el bachillerato.
Al remontarse a los orígenes del GED, Cami explicó cómo la creación de esta iniciativa respondió a la necesidad de encontrar una solución al problema de los soldados que fueron enviados a la Segunda Guerra Mundial. Éstos no alcanzaron a terminar la escuela y al retornar de los campos de batalla estaban pasados de edad para regresar a los salones de clases. Es decir, que el GED se inventó como un atajo para acelerar el proceso de reintegración a la fuerza laboral de los veteranos, aunque en la actualidad se utilice como alternativa “válida” para aquellos estudiantes que han desertado de las aulas.
La palabra válida aparece entre comillas porque, según la educadora: “El GED, hoy día, no es más que “a Good Enough Diploma,” lo que en este contexto se traduciría como un diploma a penas bueno o justo. A penas bueno para que a uno lo acepten en el ejército o a penas justo para ingresar a una academia vocacional donde se enseñan oficios como la plomería o similares. Dicho sea de paso, y de acuerdo a las proyecciones de los economistas, este tipo de oficios “van a representar una de las cinco posibles plazas de empleo en la sociedad norteamericana del futuro,” nos explicó la oradora.
O sea, que el GED no es suficientemente bueno para tener acceso a TODAS las opciones disponibles en el mercado laboral del mañana, opciones que sí estarían al alcance de alguien que haya alcanzado una formación académica más avanzada.
La prensa local ha estado divulgando la noticia de que al final de 2013 se van a implementar cambios que harán del examen en cuestión uno más profundo y complejo. Y aquí entre nos, ya era hora de que lo ajustaran a nuestros tiempos, pues “desde la II Guerra Mundial seguía siendo el mismo”. Sin embargo, ¡cuidadito! que un Good Enough Diploma no basta para alcanzar el sueño americano, porque es sabido (y está suficientemente demostrado) que existe una relación directa entre una excelente educación y un mayor número de oportunidades en la vida.
http://eltiempolv.com/articles/2013/11/14/opinion/doc52854da93b995064730533.txt

Cuando se reescriban los libros de Nevada, le van a tener que dedicar dos o tres capítulos a los programas de la Doctora Priscilla Rocha

El día que Priscilla vio el cuerpo de su abuelo descender dos metros bajo tierra, ella tenía veintidós años y aún no había terminado el octavo grado. En ese instante decidió que había llegado la hora de hacer algo al respecto. Y por eso, en honor a su abuelo, se convirtió en maestra.
Más tarde un famoso dignatario diría, con razón “ cuando se reescriban los libros de historia de Nevada, le van a tener que dedicar dos o tres capítulos a los programas de la Doctora Priscilla Rocha”.” Desde su llegada a Las Vegas en la década de los 90, Priscilla ha sido una verdadera defensora de aquellos menos afortunados, a quienes llama con dulzura mi gente.
Durante sus doce años como maestra en Halle Hewetson, sentó un precedente no solo como educadora, si no también como voluntaria y activista; abogando por la igualdad en la educación, recaudando fondos y ayudando a familias enteras a aprender el idioma y a adquirir las herramientas necesarias para triunfar.
Su pasión por la justicia social la llevo a convertirse en una de las oficiales electas del Departamento de Educación de Nevada, donde sirvió del 1998-2002. Y fue gracias a su esfuerzo que se aprobaron medidas para incrementar la participación de los padres en las aulas. “Los padres son esenciales para el éxito académico de sus hijos” dice. Así mismo, gano la batalla contra la propuesta legislativa de la ley English Only, movilizando estudiantes, haciendo marchas, viajando a Reno para debatirse cara a cara con los grupos interesados en pasarla.
Cuando a las madres se les dificultó venir a clases, ella creo el Success Express, una escuela rodante para adultos llevada hasta las mismas puertas necesitadas, en los barrios marginales.
Su nombre figura en Montgomery, Alabama sobre el mural dedicado a los derechos civiles y su labor ha sido usada como modelo por el Senador Reid, en el piso del senado.
Priscilla es viuda, madre de dos hijos y la directora de los servicios para adultos de adquisición del idioma ingles AELAS y la fundadora de la organización sin fines de lucro La Asociación Hispana de Alfabetización y Educación Bilingüe (HABLE, por sus siglas en ingles)
Por su generosidad, empuje y compasión, ha sido condecorada con el OHTLI, un premio otorgado por el Instituto de Mexicanos en el Exterior (IME) dedicado al altruismo de aquellos que como ella, han contribuido a mejorar la calidad de vida de sus compatriotas.
En una ceremonia sorpresa, algunos jóvenes que fueron sus alumnos de cuarto grado, se reunieron para decirle “Maestra Rocha, de no haber sido por usted, nosotros nunca nos hubiéramos graduado”. Y es con la voz temblorosa de la emoción que Priscilla nos habla de ese momento , haciendo evidente que su orgullo más profundo no reside ni en las batallas ganadas, ni los premios recibidos, si no en los logros alcanzados por su gente, que es nuestra gente ¡Y por eso hoy la celebramos!