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Hablemos de educación

Tag: education reform

Escolaridad desde cualquier parte

            De la misma manera que el concepto de trabajar desde la casa ha abierto nuevas oportunidades sobre cómo y desde dónde se desempeñan las labores, el concepto de escolaridad desde cualquier parte también está echando raíces en la conciencia popular. Y es que, si estamos forzados a aprender remotamente, ¿cuál es el uso de solo aceptar lo que ofrece la escuela de la esquina, si podemos escoger cualquier otra opción dentro del amplio menú de programa educativos en línea?

Hasta hace muy poco tiempo hablamos de educar en el hogar como algo que hacían por su cuenta algunos padres “raros”. Ahora, nos sorprendemos al ver la variedad y la sofisticación de los programas ofrecidos en el internet. Esto debería poner en alerta a los maestros de escuelas públicas, quienes tal vez no advierten que su postura en contra de la apertura de las escuelas no les beneficia en lo más mínimo.

Cualquiera pensaría que el orden natural de las cosas es que los padres, preocupados por la salud de sus hijos, se opusieran a mandarlos a las escuelas, y que los maestros se pelearan por recibirlos. En ese orden, el maestro mantiene su relevancia y se convierte en alguien esencial. Sin embargo, resulta que el asunto es al revés: El gremio que representa a los docentes insiste en que el miedo a enfermarse debe mantener a los maestros en sus casas y los persuade de no regresar a sus respectivos salones de clases, lo cual nos deja un poco perplejos. 


De súbito, al observar el despegueque están han experimentado los módulos escolares organizados orgánicamente por las familias y la alta matriculación de las escuelas parroquiales, es evidente que el magisterio dentro de los distritos corre la suerte de volverse irrelevante. 
En la medida en que más y más familias se dan de baja de las escuelas públicas e inscriben a sus  hijos en colegios privados, algunos condados -como por ejemplo en Montgomery (Maryland)- han intentado prohibir la reapertura de instituciones privadas. 

Y aunque esos esfuerzos han triunfado en otros municipios, lo cierto es que nada puede impedir que una familia saque a sus niños de la escuela gubernamental y los pongan a estudiar desde la casa o en espacios conocidos como learning pods, que son pequeños grupos de estudiantes que de reúnen a aprender juntos con la ayuda de un maestro o tutor

Sin proponérselo, los representantes gremiales están promulgando la falta de importancia del maestro. Por un lado, existe un riesgo real de contagio. Por el otro, ese mismo riesgo lo han tomado pormeses todos los trabajadores del país considerados indispensables. 

Si los maestros de las escuelas públicas no pueden arriesgarse, entonces dicho acto los auto-clasifica como no esenciales. De este no ser el caso, entonces sería prudente que ellos fueran los primeros en empujar por la reapertura pronta y segura de los planteles públicos, porque mientras más se lo piensan, más familias se deciden por el éxodo prematuro hacia escolaridad desde cualquier parte. Y eso podría llegar a ser muy bueno para los padres y no tan bueno para los maestros sindicalizados.

El que busca, encuentra

Muchos distritos escolares alrededor del país están planeando no abrir sus puertas este otoño. O, en el mejor de los casos, planean una combinación de educación mitad virtual y mitad en persona. A la sazón, las familias están clamando por un sistema educativo consistente que permita un retorno a la escuela menos caótico que el que les ha tocado vivir desde marzo.

Uno de los resultados de la crisis ha sido la creación de grupos de padres que, en el nuevo argot, se conocen como “pandemic pods”, según lo explicó Lindsey Burke, de la Fundación Heritage. Estos espacios se caracterizan por ser reducidos y auto-gestionados por las familias (en lugar de los distritos) y, en verdad, son cada vez más populares.

¿Qué son y cómo operan estos mini-centros educativos? Pues las familias se reúnen y combinan sus recursos para pagar juntos por un maestro(a), de manera tal que los niños reciban instrucción especializada por parte de un profesional varias horas al día. Reconociendo sus lagunas, algunos padres han optado por contratar a maestros, a fin de que ellos suplementen la instrucción recibida en línea que proveen los distritos escolares. Dicen Laura Meckler y Hannah Natanson en The Washington Post, que pandemic pods son “la versión de 2020 de lo que sería educación en casa, pero grupal y desde luego, pagada privadamente por los padres”.

En una entrada que resultó viral en Facebook, una madre llamada J Li escribió recientemente que “la formación de pequeños grupos de padres se está convirtiendo en una explosión masiva posible, gracias a los grupos de Facebook, matchups, spreadsheets, etcétera”.

J Li describe este fenómeno como un conjunto de familias que agrupan entre tres a seis niños de edades similares, que han mantenido entre sí una cuarentena más bien estricta y cuentan con un tutor para que maneje el apoyo académico que necesitan, dentro del hogar y al aire libre. Estos maestros ahora están en gran demanda, según explicó.

La tutora Christy Kian, del condado de County, en Florida, quien fuera profesora en una escuela privada, dijo que hará más dinero educando a cuatro niños (en el año escolar 2020-21) que lo que hacía anteriormente como empleada de una escuela. Aparte de la compra y venta de máscaras, el esfuerzo por encontrar y contratar maestros ha probado ser una las campañas de alcance comunitario más efectivas e intensas de este momento: “Startups have nothing compared to thousands of moms on Facebook trying to arrange for their kids’ education in a crisis with zero school-district support”, comentó la madre-activista Li.

Además, se han creado otros modelos análogos, como las micro-escuelas. Y en este campo, suplidores como Prenda han cobrado de pronto gran relevancia. Similar al estilo de educación en el hogar, las micro-escuelas permiten que un pequeño grupo de estudiantes trabajen juntos en medioambientes flexibles, dentro de los cuales los más jóvenes aprenden junto a los mayores, compartiendo tanto al maestro como a los recursos.

En resumen, la pandemia está catapultando las micro-escuelas al frente de las medidas para paliar la cuarentena. Mientras los gremios sindicales urgen a los distritos a permanecer cerrados, los grupos orgánicos de familias están reiterando con sus avances aquel viejo dicho que reza: “el que busca, encuentra”.

http://eltiempolatino.com/news/2020/aug/13/opinion-el-que-busca-encuentra/

Una buena noticia para la democracia

La Suprema Corte de Justicia de Estados Unidos emitió una decisión en el caso de Espinoza versus Montana Department of Revenue, que podría cambiar el panorama de toda la nación en lo que respecta a opciones escolares. También sobre el derecho de los padres a ejercer la libre selección de escuelas, cuando se trata de la educación escolar (K-12) de sus hijos.

Montana es uno de los 37 estados en los que existe una enmienda conocida como “Blaine Amendment”, promulgada en 1875 con el fin de excluir de la distribución de fondos públicos a cualquier escuela que profesara una afiliación religiosa. Usando la enmienda como herramienta, a una madre de Montana —Kendra Espinoza— se le negó el derecho de mantener a uno de sus hijos en una escuela privada/religiosa, a través de una beca de crédito fiscal o tax credit scholarship. Junto a otros padres, la familia Espinoza entabló una demanda contra el estado de Montana.

Con el veredicto a favor de Kendra, la Corte ha reconocido la naturaleza discriminatoria de la enmienda, afirmando por fin la constitucionalidad de los programas de opciones escolares. Al mismo tiempo, la decisión de la Suprema Corte revirtió el veredicto que la corte estatal de Montana tomara en contra del programa de becas. “El origen de leyes como Blaine proviene del siglo XIX y nació de un sentimiento de discriminación contra aquellas personas que profesaban la religión católica”, dijo John Schilling, presidente de la Federación Americana para los Niños (AFC, por sus siglas en inglés).

Los opositores han empleado la enmienda para desarticular el poder de los padres a escoger otra escuela que no sea la pública-tradicional. Y tanto en Montana como en otros estados, han sido exitosos arrebatando del menú toda oferta escolar que no fuera la laica. Así, el fallo recalca el derecho a la libertad religiosa y con tal medida queda estipulado que la Constitución de este país no permite discriminar contra nadie debido a la fe que profesa. Y esta es buena noticia para la democracia.

Este es el tercero de una serie de casos judiciales que se han ganado a favor del acceso a programas de opciones escolares. En 2002, los vales educativos fueron declarados constitucionales y en 2011, la Corte rechazó el argumento de que las escuelas privadas tienen prohibido participar en programas de becas de crédito fiscal. Dichas becas emplean recaudaciones de fondos de empresas y personas privadas, quienes a cambio reciben un crédito a través del Departamento de Recaudación de Impuestos.

Entonces, ¿qué pasará en los 37 estados cuya Constitución incluye una enmienda Blaine?

Pues, con esta decisión se abre una puerta para tener conversaciones reales con respecto al derecho de elegir la alternativa educativa que mejor se adapte a las necesidades de los niños. Además, es una oportunidad para que las opciones escolares se expandan en todo el país, lo que permitiría que la gran mayoría de padres logren cumplir su objetivo.

Se anticipa que el siguiente paso de este movimiento de reforma educativa será conseguir un programa de becas de crédito fiscal federal que sea sostenible e inclusivo. Pero esa es la próxima frontera. Por hoy, celebremos la victoria del caso Espinoza y los efectos favorables que el fallo tendrá en la vida de las familias de Montana y más allá.

Una buena noticia para la democracia

Para la educación, el futuro es hoy

de Hergit “Coco” Llenas

El progreso es indetenible; la expansión, inevitable. A medida que crece el entendimiento, las fronteras alzan sus tiendas y se ruedan unas cuantas yardas, metros o kilómetros más adelante. Nada es estático. Todo cambia. Lo evidencio a diario en el pulsar de dos pulgares que marcan las teclas de un teléfono móvil a una velocidad vertiginosa.

Ambos hemisferios cerebrales operando concomitantemente, escribiendo algún código desconocido hasta hace solo unos cuantos años: LOL, BFF, TQM (Laugthing Out Loud, Best Friend Forever, Te Quiero Mucho). Mis sobrinos saltan por encima de la gramática y la ortografía, reinventando un novedoso idioma cada mes.

Se burlan del afán inútil que tenemos los adultos en catalogar a sus amigos: ¿Es mexicano o de Hawái?, pregunta curiosa mi madre. – ¿Qué más da, abuela? Es mi amigo. ¿Y la escuela, m’hijo?, pregunto por enésima vez y por enésima vez se levantan los hombros en una subida a medio camino entre apática y despótica, que me da a entender que ahí dónde está el pupitre sobre el cual se posa el cuerpo de este chico, no está la mente, pues ha volado.

Vuela por encima de las cuatro paredes del aula, por arriba de la cerca que rodea el plantel, más allá de la puerta con rejas de la entrada y se esfuma con las alas expandidas sobrepasando la bandera tricolor y la cabeza del guardia armado de pie en el estacionamiento. La boca dice ¡presente!, mientras la maestra pasa inventario, pero la vida pareciera estar en otra parte, lejos de allí, ubicada de antemano en el futuro, como en una dimensión paralela.

Allí el mañana está preñado de soluciones. No hay sobrepoblación en las aulas, no hay maestros obligados a instruir en cómo pasar un examen, en lugar de enseñar. Allí ser maestro es una gloria; es decir, una posición reputada, bien remunerada que goza de gran latitud para innovar, inspirar y estimular. En ese bravo y nuevo mundo no faltan recursos, la brecha académica es casi inexistente, el acoso escolar se ha reducido a una mínima expresión y el clima general que se respira es de entusiasmo por enseñar y de ganas de aprender.

Han quedado en el olvido los salones-prisiones del pasado. Esos recintos grises, de sillas en fila, niños agrupados por fecha de nacimiento, una pizarra, un timbre para esto y otro para aquello; o sea, aquel anticuado ensamblaje de factoría ha sido desmantelado para dar paso a un nuevo sistema. Todos los avances tecnológicos y las riquezas del saber de la época se han volcado dentro de exitosos modelos. Modelos que más que estar acorde con los tiempos, se han adelantado a su tiempo.

Así, las soluciones brotan de ese manantial divino que son las mentes de los jóvenes. Lejos de un distópico filme hollywoodiense, la educación alcanza un punto álgido de conocimiento, equidad y justicia. Y ese momento es ahora, porque, como dijo la gran poeta chilena Gabriela Mistral: “el futuro de los niños es siempre hoy. Mañana será tarde”.

(Hergit “Coco” Llenas es una activista y escritora dominicana. Actualmente es la directora nacional de Participación Hispana para The American Federation for Children (https://www.federationforchildren.org), una organización sin ánimo de lucro que aboga por el derecho a opciones escolares, a fin de que todos los niños en edad escolar tengan acceso a una educación de alta calidad).

Para la educación, el futuro es hoy


Para la educación, el futuro es hoy
https://www.mundiario.com/articulo/sociedad/educacion-futuro-es-hoy/20191015130900166457.html
Para la educación, el futuro es hoy
Para la educación, el futuro es hoy
Para la educación, el futuro es hoy

Para la educación, el futuro es hoy

PARA LA EDUCACIÓN, EL FUTURO ES HOY

Para la educación, el futuro es hoy


https://rossanamusica.com/portal/para-la-educacion-el-futuro-es-hoy/

Para la educación, el futuro es hoy

Deseo navideño


Quisiera que mañana hubiera llegado. Me gustaría poder mirar el sistema educativo actual desde un punto de vista situado 30 años más adelante. Imagínate que estamos en el 2050. En los Estados Unidos cada niño, pobre o rico, tiene acceso a una educación de alta calidad y sus padres se han acostumbrado a decidir qué es lo mejor para ellos. El trazar líneas imaginarias que forzaban al estudiante a asistir a una escuela en particular ha sido un concepto borrado y olvidado. De hecho, la gente recuerda esas reglas y se ríe de su ridiculez.
Mientras son guiados por un museo de paredes grises, el cual parece más una prisión que una escuela, un chico indagará:
– “¿Quién vivía en esas jaulas?”
-“No sé. Me cuesta creer que aquí, entre sillas alineadas como si fueran una factoría de ensamblaje, se cultivara la innovación e invención humana”, respondería la madre. ¿Por qué permitimos que el sistema de fosilizara? ¡150 años repitiendo lo mismo! –se cuestionarían todos en silencio…
Bueno, si no viene del pueblo, el cambio puede tardar una eternidad en llegar. El pueblo es quien decide cuando es tiempo de salir del sótano para encontrar la luz, diría en voz alta el guía, como si hubiera escuchado los pensamientos de los demás.
Si no te sirve, mi hijo, ¡SALTE! Ese fue el grito que encendió la llama en el corazón de aquellos reformadores que lucharon por una salida, un escape para miles de niños atrapados en escuelas desastrosas. Esos pioneros abrieron el camino hacia una nueva frontera en la educación escolar fundamentada en el acceso a recursos para gozar de otras opciones, un derecho que vendría a ser como aquel tren clandestino que sacó a los esclavos del sur para que pudieran vivir en libertad.
Finalmente, el sistema empezó a reajustarse, a aceptar la co-existencia alternativas, hasta que el derecho de los padres a controlar el destino educativo de sus hijos se convirtió en lo normal.
De la misma manera que los cambios ocurrieron en otras áreas, la educación fue re-inventada, como se reinventaron los matrimonios inter-raciales o el derecho de la mujer a votar y la desegregación de las escuelas públicas. (¿Desegregación?, ¡un momento por favor!) ¿Por qué la brecha académica entre blancos y negros nunca acaba de cerrarse? ¿Por qué la senda entre escuela y prisión sigue pavimentada por chicos de piel morena?,¿por qué el sindicato luchó tan duro para impedir el progreso? La lógica que ha permitido la persistencia de un sistema de escuelas públicas monolítico sonará tan bárbaro en el 2050 como suena en la actualidad que en los tiempos medievales los médicos no se lavaran las manos antes de una operación por desconocer la existencia de bacterias.

En estas navidades, es mi deseo que, sin tener que esperar a un futuro lejano, en todo el país se adopten opciones escolares y que este sea uno de los tantos derechos que cualquier familia pueda gozar.

de Hergit “Coco” Llenas

Así las imagino: escuelas del futuro

Me imagino las escuelas del futuro y las veo como centros de aprendizaje localizados, igual que las gasolineras, en cada esquina de las ciudades o comunidades rurales. En mi cabeza, este espacio ya no luce como una prisión, si no como una de esas tiendas blancas donde la gente va a comprar los últimos modelos de tabletas y teléfonos. Es decir, bien iluminada, limpia, brillosa, fluida y manejada por expertos que aman lo que hacen y atienden el estudiantado con entusiasmo. En este espacio gratuito los alumnos entran y salen a diferentes horas del día, siguiendo un horario establecido por ellos mismos. Los más grandecitos habrán hecho citas con uno o varios de los encargados de monitorear el progreso del plan de enseñanza individualizada que ha sido diseñado para ellos.
Quedarían como cosas olvidadas: pasar el examen, tener buenas notas, “dar respuestas equivocadas”, la segregación basada en la fecha de nacimiento, los horarios arbitrarios que obligan a levantase a nuestros niños tempranísimo, antes de que sus cerebros se despierten, o los mantiene ociosos verano tras verano; entre un montón de otras prácticas absurdas.
En lugar de eso, los estudiantes fijarían sus propias metas, a las cuales llegarían a su paso -según sus capacidades-, motivados por su curiosidad innata, cuidados por educadores emancipados quienes se han librado de los grilletes infligidos por un sistema que lleva demasiadas vidas pesando el conocimiento de los alumnos sobre la balanza de un test. Por fin liberada del bozal impuesto por un curriculum rígido, la maestra será capaz de ajustarse a la velocidad de comprensión de esos seres tan especiales que ocupan sus salones. En consecuencia, ya no se verá forzada a empujar solo aquellos que pueden adaptarse al ritmo impuesto por la norma arcaica.
Usando tecnología de punta que involucre múltiples sentidos, podrían nuestros niños adentrarse en un viaje maravillo por una molécula u otras galaxias y ver videos, documentales, acceder a una inmensa biblioteca virtual o jugar ajedrez con la inteligencia artificial de un Watson.
En mi imaginación, los padres habrán aprendido a jugar un papel activo en el éxito académico de sus hijos, al entender que mientras más involucrados están, más altas son las probabilidades de que sus hijas e hijos logren las metas que se han propuesto y que sueñan.
De hecho, junto con los maestros, estos padres decidirían cual modelo de aprendizaje mejor se acomoda a sus pequeños, poniéndose de acuerdo en cómo diseñar el camino ideal para guiar cada uno de ellos a ese lugar donde la creatividad humana puede florecer.
En este nuevo y valiente medio ambiente, pasar a los chicos de curso por vergüenza a retenerlos (tapando de esta forma las malas cifras), disciplinar los morenitos con mayor severidad que a sus homólogos blancos, la persistencia de la brecha académica, la falta de libertad para innovar, entre otras prácticas tan omnipresentes como dañinas, serían también cosas del pasado.
El concepto de individualización se convertiría en la regla y no en la excepción. Al fin, y de esta manera, nuestra prole gozaría de una educación integral de cuerpo, mente y espíritu. El concepto de individualización de productos y servicios es bastante común y corriente. Se aplica a casi todos los aspectos de nuestra vida moderna, desde la lista del supermercado hasta los apps del móvil, pasando por las opciones arquitectónicas para el interior de una casa o el tipo de carro que conducimos. No obstante, en el terreno de la educación escolar, los planes individualizados se reservan solo para niños “con problemas”. Y me pregunto: ¿No merecen nuestros hijos tener una experiencia de aprendizaje tan original como ellos mismos?… Cuando cierro los ojos, así lo imagino.

de Hergit “Coco” Llenas

Hagámonos sentir

En teoría, los representantes estatales tienen el deber de velar por los intereses de sus constituyentes, (o sea nosotros) pero, en la práctica, muchos funcionarios electos trabajan para responder a los deseos de los grupos de intereses que subvencionan a sus campañas.
Una organización muy poderosa, con la capacidad de ejercer una fuerte presión sobre los políticos que aceptan sus contribuciones es el Sindicato Nacional de Maestros, conocido por sus siglas en inglés como la NEA. Y la NEA ha mantenido una postura muy definida en lo que se refiere a expandir la educación pública más allá del modelo tradicional existente. De costa a costa, este sindicato ha entablado decenas de demandas judiciales oponiéndose a programas de becas, vales y cuentas de ahorros para la educación, también conocidas como ESAs. El caso más reciente se escuchó en Puerto Rico, donde la Suprema Corte decidió a favor de los padres y en contra del sindicato. Ahora mismo en La Florida, un candidato a Gobernador ha prometido destruir un programa de becas que sirve a más de 100,000 niños de escasos recursos, la mayoría de los cuales, como él, son niños provenientes de las minorías. En Tennessee, Bill Lee lleva la delantera parcialmente gracias al apoyo de los padres que creen merecer el derecho a elegir.
¿Pueden coexistir otros modelos escolares -de acuerdo a la NEA- paralelamente con la educación pública tradicional?… Según dicen sus voceros, ¡NO! ¿Por qué?, “porque hay que invertir más dinero en las escuelas públicas”.
Sin embargo, los presupuestos escolares han ido en aumento y la calidad de la educación ha ido en deterioro. Si la crisis educativa en la que estamos sumidos se resolviera con dinero, ¡los Estados Unidos tuviera la mejor educación del mundo!, ya que gasta anualmente muy por encima del promedio global para educar a un estudiante. Mientras otros países del primer mundo invierten $10,759, aquí se gastan $16, 268 dólares al año por cada pupilo, como reportó la Organización para la cooperación y el desarrollo económico*, (OECD por sus siglas en inglés).
A través de su influencia sobre los legisladores, la NEA ha obstaculizado el crecimiento de opciones escolares, saboteado de esta manera nuestro derecho al acceso a mayores alternativas educativas. No nos cabe duda que los legisladores opuestos a los programas de opciones escolares entienden que nuestros estudiantes los necesitan, mas ellos no se sienten obligados a favorecerlos, ya que ¿para qué buscarse un problema con uno de sus más importantes patrocinadores?…
Entonces, cabe preguntarse, ¿y si se buscan un problema con nosotros? A los políticos les interesa tener o mantenerse en el poder. Como votantes, tú y yo podemos dar o quitar ese poder. Si se niegan a protegernos, nosotros le podemos negar la posibilidad de elegirse o re-elegirse. Así que, hagámonos sentir. Y recuerda que el 9 de octubre se cierra la ventana de oportunidad para registrarse a votar.

de Hergit “Coco” Llenas

¡Ay, qué emoción!

No aprendemos solos y para aprender algo hay que emocionarse, explicó el José Ramón Gamo ante la audiencia que asistió a un Ted Talk en la universidad rey Juan Carlos. El profesor Gamo es un experto en neurodidáctica y además es el fundador de una organización dedicada a aplicar una metodología que combina la neurociencia con el arte de enseñar.
Los grandes avances tecnológicos de las últimas décadas han permitido comprender más a profundidad cómo opera el cerebro. Armados con este nuevo conocimiento, los maestros pueden aplicar métodos distintos a los encontrados hoy día en la mayoría de las escuelas del mundo.
Si entramos a un aula cualquiera, es muy probable que hallemos a un instructor brindando información mientras los estudiantes la consumen pasivamente. A su vez, las actividades son repetitivas, mecánicas, memorizadas y llevadas a cabo, por lo general, de forma individual. Después, los niños vuelcan en un examen la información embutida y este examen es usado para medir cuanto saben. A este estilo de enseñanza se le conoce como enciclopedista.
¿Qué dice la neurociencia sobre esta metodología? Pues, ¡que no funciona!, ya que la atención, la motivación y la memoria se estimulan gracias a las emociones. Más allá, la neurociencia propone que el cerebro es un órgano social, el cual requiere conectarse con los demás a través de la cooperación. Entonces, el yo soy mejor estudiante que tú porque terminé primero o saqué mejores notas, las tareas realizadas en soledad y todas las demás técnicas empleadas para aupar la competencia individual construyen poco o ningún conocimiento. Dice Gamo que, para construir el saber, los estudiantes deben ser enfrentados a problemas reales y hay que ponerlos a colaborar con otros compañeros. Así, juntos, buscarán soluciones e indagarán sobre las posibles respuestas.
De ahí que, el enciclopedismo sea un dinosaurio y las escuelas que lo utilizan como como método sean cuevas cavernícolas. En ellas, los estudiantes no adquieren las destrezas necesarias para resolver los problemas que estamos enfrentando en la sociedad y en el planeta. En consecuencia, debe de haber un cambio.
Para que exista una revolución en la educación, primero tiene que haber una transformación en la docencia, lo que va a implicar que las acciones dentro de las aulas se modifiquen radicalmente. Valiéndose de la neurociencia y la neurodidáctica, tanto padres como maestros, ahora pueden enseñar haciendo. Haciendo, en el cerebro se generan sustancias como la dopamina –entre otras- que nos emocionan. Con la emoción y desde la emoción y por la emoción nacen lo deseos de aprender. ¡Hay que llenar las escuelas de emoción!

de Hergit “Coco” Llenas

Si no estamos sentados en la mesa, somos parte del menú

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De Hergit Penzo Llenas

Directora Nacional de Participación Hispana
para la American Federation for Children

Desde hace tiempo los legisladores de Tennessee han tenido la oportunidad de pasar diversas propuestas de ley que crearían Opciones Escolares*(ver articulo anterior). No obstante, las propuestas no han pasado, a pesar de que muchas encuestas hablan del inmenso interés que tenemos por ellas.

En teoría, el deber de los legisladores es representarnos, pero una cosa es la teoría y otra es la práctica. En la práctica, los funcionarios públicos están aliados con este círculo o con aquél.

Una organización muy poderosa, con la capacidad de ejercer mucha presión, es el Sindicato Nacional de Maestros, (conocido por sus siglas en inglés como NEA). La NEA tiene una postura muy definida en lo que se refiere a la Opción Escolar: simplemente, la odia.

De ahí que, haya entablado varias demandas judiciales oponiendo los programas de becas/vouchers/cuentas educativas de costa a costa. El caso más reciente se escuchó en la Florida, donde la Suprema Corte decidió a favor de los padres y en contra del sindicato. En Nevada, la NEA está peleando la Education Savings Account, una cuenta que permite dar fondos estatales a cualquier familia que elija educar a sus hijos fuera del distrito escolar.

¿Por qué odia “la unión” el derecho a estas opciones?…pues, una cosa es lo que ellos dicen y otra es la que sugiere el sentido común. Desde su punto de vista, todos los fondos destinados para la educación escolar le deben pertenecer a las escuelas públicas. Necesariamente, ¿hay que poner todos los huevos en una sola canasta?…

La evidencia demuestra que invirtiendo más dinero no se ha mejorado la calidad de la educación. Si no, ¿cómo se explica que en las últimas décadas los presupuestos escolares han ido en aumento mientras que la calidad de la educación ha ido en deterioro? Si el dinero resolviera el problema, EEUU tendría la mejor educación del mundo.

Usando el sentido común, argumentamos que la Opción Escolar da a los maestros la manera de trabajar independientemente. Por ejemplo, abriendo cooperativas, enseñando a domicilio, dando tutorías, solo por citar algunos escenarios. En estos escenarios, la sindicalización no es necesaria. ¿Puede un sindicato sobrevivir sin las contribuciones de sus miembros?…

A fin de asegurar su propia supervivencia, han obstaculizado el crecimiento de las Opciones Escolares para proteger sus propios intereses.Como archi-enemigo de la Opción Escolar, la NEA ejerce presión sobre los legisladores, a quienes le pagan por sus campañas. En consecuencia, el destino de nuestros niños a tener acceso a mayores alternativas educativas está atrapado en las redes de la politiquería.

Los legisladores entienden que los niños necesitan otras alternativas, mas no se sienten obligados a favorecerlas, ya que ¿para qué buscarse un problema con el partido o con el sindicato?

Ahora bien, cabe preguntarnos ¿y si se buscan un problema con nosotros? A nuestros legisladores les interesa mantenerse en el poder. Como votantes, nosotros podemos dar o quitar ese poder. Si se niegan a representarnos, nosotros le negamos la posibilidad de re-elegirse. Si usted quiere que en Tennessee existan Opciones Escolares para sus niños, hágase sentir.

Soplan Nuevos Vientos

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de Hergit “Coco” Llenas

Todo ha cambiado a nuestro alrededor. Ya no se ven en cada esquina ni teléfonos públicos ni Blockbusters.  En su lugar existe Netflix, con miles de películas disponibles al instante y diversos teléfonos inteligentes que cuentan con cientos de aplicaciones entre las cuales podemos escoger. No obstante, algunas cosas se han quedado estancadas en el tiempo de la abuelita. Una de ellas es la educación.

Nos mudamos a un vecindario y si tenemos niños en edad escolar, el sistema no nos ofrece varias opciones. Solo tenemos una : enviar a los niños a una escuela pública localizada dentro del perímetro de nuestro código postal. Con suerte, esa escuela contará con los recursos, el personal y las técnicas necesarias para educar adecuadamente a nuestros hijos. Aunque usted y yo sabemos que cada hijo es distinto y, en consecuencia, no todos van a caber dentro de un mismo molde.

Digamos, por poner un ejemplo, que su niño no está avanzando en lectura con la rapidez que avanzaron sus hermanitos. Tal vez le da vergüenza leer en voz alta, quizás tiene una discapacidad o sencillamente él es uno de esos niños cuyo cerebro aprende de manera diferente, lo que es un fenómeno muy común. De hecho, investigadores (ver Understood.org) han dado a conocer que por cada cinco estudiantes, hay uno cuyo cerebro opera de manera diferente. Esto no implica que tenga un retraso, simplemente así funciona. Es posible que la maestra lo note y que la escuela rápidamente ajuste su programa de enseñanza para facilitar el proceso de aprendizaje del niño. De manera que, sin pérdida de tiempo, su niño recibe el soporte idóneo para triunfar académicamente y ¡en la vida!, porque ya sabemos que sin una buena educación nuestros hijos no podrán competir en el mundo del mañana.

¿Qué ocurriría si el escenario escolar del ejemplo anterior fuera lo opuesto?, ¿qué opciones tendría usted si la escuela pública no le puede ayudar? Supongamos que hay otra escuela, una privada o una academia virtual o una cooperativa de maestros y ellos le dicen: nosotros podemos ayudarle. No obstante, a usted no le alcanza el dinero para pagar por la colegiatura. ¿Y entones?…

Entonces, si vive en un estado donde existe Opción Escolar, usted tendría acceso a fondos estatales para pagar por otra alternativa. Ejerciendo el derecho a la Opción Escolar, las familias calificadas reciben un regalo del Estado (total o parcial) para pagar por la educación de sus hijos fuera del sistema público.

Porque creemos que todos nuestros niños merecen tener acceso a una educación de alta calidad, nosotros promovemos y defendemos la Opción Escolar. Somos la American Federation for Children y estamos trabajando en Tennessee para crear más oportunidades educativas para nuestra comunidad. Visítenos: http://www.federationforchildren.org y/o escríbanos CLLenas@FederationForChilden.org Estamos para servirle.