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Tag: educación

¡Ay, qué emoción!

No aprendemos solos y para aprender algo hay que emocionarse, explicó el José Ramón Gamo ante la audiencia que asistió a un Ted Talk en la universidad rey Juan Carlos. El profesor Gamo es un experto en neurodidáctica y además es el fundador de una organización dedicada a aplicar una metodología que combina la neurociencia con el arte de enseñar.
Los grandes avances tecnológicos de las últimas décadas han permitido comprender más a profundidad cómo opera el cerebro. Armados con este nuevo conocimiento, los maestros pueden aplicar métodos distintos a los encontrados hoy día en la mayoría de las escuelas del mundo.
Si entramos a un aula cualquiera, es muy probable que hallemos a un instructor brindando información mientras los estudiantes la consumen pasivamente. A su vez, las actividades son repetitivas, mecánicas, memorizadas y llevadas a cabo, por lo general, de forma individual. Después, los niños vuelcan en un examen la información embutida y este examen es usado para medir cuanto saben. A este estilo de enseñanza se le conoce como enciclopedista.
¿Qué dice la neurociencia sobre esta metodología? Pues, ¡que no funciona!, ya que la atención, la motivación y la memoria se estimulan gracias a las emociones. Más allá, la neurociencia propone que el cerebro es un órgano social, el cual requiere conectarse con los demás a través de la cooperación. Entonces, el yo soy mejor estudiante que tú porque terminé primero o saqué mejores notas, las tareas realizadas en soledad y todas las demás técnicas empleadas para aupar la competencia individual construyen poco o ningún conocimiento. Dice Gamo que, para construir el saber, los estudiantes deben ser enfrentados a problemas reales y hay que ponerlos a colaborar con otros compañeros. Así, juntos, buscarán soluciones e indagarán sobre las posibles respuestas.
De ahí que, el enciclopedismo sea un dinosaurio y las escuelas que lo utilizan como como método sean cuevas cavernícolas. En ellas, los estudiantes no adquieren las destrezas necesarias para resolver los problemas que estamos enfrentando en la sociedad y en el planeta. En consecuencia, debe de haber un cambio.
Para que exista una revolución en la educación, primero tiene que haber una transformación en la docencia, lo que va a implicar que las acciones dentro de las aulas se modifiquen radicalmente. Valiéndose de la neurociencia y la neurodidáctica, tanto padres como maestros, ahora pueden enseñar haciendo. Haciendo, en el cerebro se generan sustancias como la dopamina –entre otras- que nos emocionan. Con la emoción y desde la emoción y por la emoción nacen lo deseos de aprender. ¡Hay que llenar las escuelas de emoción!

de Hergit “Coco” Llenas

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Ser bilingüe: ¿ayuda?

de Hergit Penzo Llenas
Directora Nacional de Participación Hispana
para American Federation for Children

Hay padres que piensan: si le enseño a mis hijos a leer en español, luego se les va a hacer más difícil aprender a leer en inglés. De hecho, ¡es lo contrario!
Sin embargo, cuan provechosa sea la práctica del español en casa, dependerá en gran medida de cómo los adultos empleemos la lengua y cuales hábitos adoptemos en el hogar.
En general, y según afirman diversos estudios lingüísticos enfocados en la relación entre la lengua y el desarrollo de ciertas funciones cerebrales, el aprendizaje de un segundo o tercer de idioma es beneficioso para nuestros niños. Dichos estudios coincidieron en que los bilingües resolvemos problemas con mayor rapidez, tenemos una percepción más amplia del mundo y sabemos ponernos en el zapato del otro; es decir, tendemos a ser más empáticos cuando nos comparan con aquellas personas que solo dominan un idioma.
Ahora bien, dependiendo del uso que los padres hacemos del idioma, en especial durante los años formativos del niño, vamos a encontrar mayores o menores grados de aportes positivos. Por ejemplo, expresarse en oraciones enteras ayuda al pequeño a desarrollar su lenguaje. No es lo mismo emitir un monosílabo que comunicarles una idea completa. Si tu criaturita te pregunta: ¿mami, hay leche?, un simple “no” podría parecer suficiente, mas no es la respuesta ideal. Para ayudar a un niño a formar un vocabulario rico y a expresarse con sentido, es aconsejable que los adultos empleemos -o intentemos emplear tantas veces como sea posible- frases como: no, la leche se nos acabó esta mañana, pero tu papá ya salió a comprar más.
Sin importar nuestro idioma, es conveniente leer a nuestros niños y ¡mejor todavía si empezamos en edad pre-escolar! Pensar que por no saber inglés no puedes hacerlo, es un error. Aunque en la infancia temprana los niños no conozcan el alfabeto, sí serán capaces de entender cómo se lee por la forma en que tomas el libro, la dirección que se mueven tus ojos (de izquierda a derecha) y otras señales corporales (el dedo moviéndose bajo las palabras) que le ayudan a empezar a reconocer las mecánicas básicas asociadas con la lectura.
Además, se ha encontrado que la primera lengua sirve de mapa para el aprendizaje de la segunda. El estudiante que ha sido entrenado para descodificar una lengua, posee una ventaja sobre el estudiante que nunca ha sido expuesto a ninguna. De ahí que, es de rigor introducir en casa la lectura aun sea en la lengua natal, si es que aspiras a ver triunfar a tus hijos en una de las tareas más difíciles que embarca el joven cerebro de un humano: aprender a leer.