Parece imposible hasta que está hecho

by hergit11

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El héroe y líder sudafricano Nelson Mandela acuñó la frase: -“It seems imposible, until is done.” Parece imposible hasta que está hecho. Ahora que parece imposible un acuerdo bipartidario sobre la reforma migratoria, ahora que parece que no hay manera de saltar el muro de obstáculos que el sistema ha puesto ante nosotros, ahora más necesario que nunca, indispensable, de rigor, que recordemos las palabras de Mandela. Por imposible que parezca, la reforma migratoria va a ocurrir y será una realidad. No hay espacio para la duda. No hay tiempo que perder. No podemos aceptar un no por respuesta. No podemos aceptar un veremos o un hasta que se pueda. ¡Sí se puede! Y se puede ahora. Cada día que pasa sin que exista una reforma migratoria justa, es otro día en el cual se perpetúa la injusticia, es otra miríada de familias separadas, desplazas, atropelladas, humilladas, desesperadas, arrinconadas, asediadas, familias llorando, gimiendo, corriendo, huyendo, escondiéndose, dándose golpes en el pecho de impotencia, de dolor, de horror, de angustia, de no saber qué será de ellos porque su vida está aquí, en los Estados Unidos. Aquí están sus hijos, aquí están sus negocios, aquí están sus casas, sus vecinos, sus iglesias, sus escuelas, sus médicos, su historia personal. Aquí han contribuido, con su sudor a la fuerza laboral, con sus inversiones a la economía, con su consumo al producto interno bruto, con su sabor a la diversidad cultural, con su comida a la variedad culinaria, con valores familiares a la mejoría de la sociedad donde viven, con su ética laboral a elevar los estándares del lugar donde laboran.
Cada día que pasa, sin que pase nada, ocurre una tragedia. Hoy, Ingrid, madre de cinco niños, todos ciudadanos americanos y tres de los cuales requieren de cuidados especiales, está siendo deportada. Poco importa que fuera una persona de buena moral, que pagara impuestos, que se involucrara en el escuela de sus hijos, que creara un negocio propio, que pagara a un abogado, que se arrodillara ante un oficial de inmigración y rogara entre lágrimas que no la enviara a esa aldea que la vio nacer en su nativo país de Guatemala, que la considerara, por piedad, ya que su marido mexicano está detenido esperando, a su vez, la deportación, que entendiera que sin ella sus hijos se convertirán en huérfanos y que, de llevárselos, les arrancaría el derecho a una educación, a cuidados especializados, a una vida que a ellos les pertenece por ser legal, irrefutable, indiscutiblemente AMERICANOS, pero nada de esto importó. Ingrid cometió un error cuando fue deportada por primera vez hace diecisiete años y osó volver. Para su error no hay remedio. La ley migratoria actual no permite una excepción, una solución, una salida. Es una ley sin provisiones reales para problemas reales, es una porquería de ley y hay que reformarla, lo antes posible, ayer, hace muchos-muchos años. Hoy Ingrid, junto con miles de otras madres y padres de familias, está siendo deportada. Por eso, por ella, por todos no puede haber más espacio para el silencio o la duda, no podemos aceptar un no por respuesta ni un veremos tampoco. El tiempo para la reforma migratoria ha llegado y pronto dejará de parecer un imposible para convertirse en lo que tiene que ser: un hecho consumado.

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