¿Y qué fue del amor que me juraste?

by hergit11

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Es oficial, señores, John Boehner ya lo anunció. El vocero de la Casa de Representantes, la cual es mayoritariamente republicana, va a meter en la gaveta la ley de reforma migratoria.
¡Ay caramba, qué sorpresa! De qué manera tan impredecible e insospechada se comportan los humanos. ¿Quién jamás se lo hubiera imaginado?, ¿quién hubiera adivinado, después de que la ley del “ObamaCare,” PA-SA-RA, se intentára, contra toda norma, re-bloquearla?, ¿y que después de meses de tú me das esto que yo te doy aquello, la ley migratoria no seguiría su curso hacia la luz?, ¿ o que la administración de Barack Hussein Obama, luego de haber ganado las elecciones, en gran parte gracias al voto hispano, un voto que especificó muy, pero muy claramente cuán importante era para él la cuestión migratoria, deportaría a un número sin precedente de personas: más de 400,000 mil en el transcurro de 2012, a través del departamento de Immigration and Customs Enforcement (ICE)? -O el departamento que rige las leyes de inmigración y aduanas, como lo traduciríamos en cristiano-.
Pobre de Carlos, mi amigo a quien ICE detuvo en California y quien literalmente desapareció del mapa, como si lo hubieran secuestrado. En virtud del poder omnipotente de susodicho organismo, Carlos fue escupido desde un van sin nombre, a las nueve de las noche, en una de las calles desiertas del downtown de San Diego, tras haber sido privado de todo contacto con el mundo exterior, lo que incluyó que no le asignaran un número de identificación en el sistema localizador de detenidos y que le arrebataran indefinidamente el derecho a una llamada telefónica, provocando en el interín, días y días de llanto desconsolado y desesperación familiar.
Pobre de su madre, que luego de haberle limpiado no sé cuántas casas a un inversionista inmobiliario en Las Vegas, se quedó sin cobrar un centavo, porque a sabiendas de que ella no se atrevería a reclamar nada por su condición de indocumentada, el tipo se esfumó sin compensarla por su trabajo.
Pobre, pobrecitos de los once millones de indocumentados, sus mujeres y sus hijos, porque ¿a quién le importan un pito? Pobre de nosotros los ilusos, los que alguna vez tuvimos fe en un sistema que decía ser tal y cual cosa. Títeres, todos víctimas de la vana argucia y la demagogia.
¿Qué nos queda ahora?
A lo sumo, acaso, una balada llorona e impotente:
¿Y qué hiciste del amor que me juraste?
¿y qué has hecho de los votos que te di?
¿y qué excusa puedes darme si fallaste?
y mataste la esperanza que hubo en mí…

http://eltiempolv.com/articles/2013/11/21/opinion/doc528e7e4509d19576029896.txt

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